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miércoles, 12 de julio de 2017

¿Dónde nos colocamos? Seamos electivos como Varela




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com   

Crecimos  en la irreverencia de las canciones de Silvio Rodríguez, sus herejías las hacíamos nuestras y por ahí poníamos el mundo que nos dolía ante los que solo tenían sus verdades y no admitían otras, aunque las expresáramos desde posiciones revolucionarias. Ha pasado el tiempo y el blog Segunda cita de Silvio ampara hoy esas irreverencias necesarias, lúcidas, cuando algunos están decretando lo “políticamente correcto”  y otros se están responsabilizando con fundamentarlo desde elevadas estaturas intelectuales; títulos académicos y libros publicados. Las herejías han sido siempre las mejores compañeras de los procesos emancipatorios;  muy pocas veces lo liberador se genera desde los centros de poder cultural.

Siempre he creído que los etiquetajes tienen  intenciones excluyentes, sobre todo si vienen de focos grupales con funciones doctrinales,  esos que pudieran llamarse amplificadores de ideología política, que muchas veces, son más conservadores que las mismas corrientes de izquierda o derecha, centro izquierda o centro derecha; la cuestión medular hoy es entender la Cuba compleja que tenemos que refundar en medio de un asedio de símbolos, donde nos van las oportunidades surgidas con un socialismo estatista que pensó más que en nadie en los condenados de la tierra; pero hirió otras sensibilidades y apartó de la nación a muchos que tomaron el camino de la migración. Esos también son cubanos, aunque sean anexionistas, reformistas o siete mesinos. Nuestro debate actual debe incluirlos, persiguiendo esa máxima de Fidel Castro, de que hasta los enemigos, podemos convertirlos en amigos y sumarlos a un independentismo liberador,  donde las palabras mayores sean: SOCIALISMO PARTICIPATIVO Y DEMOCRÁTICO Y LA JUSTICIA MÁS ALTA QUE LAS PALMAS REALES.   

Hace unos días estuve viendo una conferencia del expresidente de Ecuador, Rafael Correa, sobre el capitalismo en Israel; la cuestión de fondo que analizaba era lo efectivo del sistema allí, sus eficiencias mostradas en parámetros internacionales de probada credibilidad y no pude evitar orientarme teóricamente hacia la ley de la transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos, donde lo nuevo como instancia de cambio, no niega totalmente lo viejo, sino que asume lo mejor suyo y lo transforma en una calidad superior;   en esa coyuntura es que se empolla   la nueva entidad llamada SOCIALISMO PARTICIPATIVO, CREATIVO Y DELIBERATIVO.

Por lo dicho hasta aquí, no me cabe otra cosa que pensar que el debate sobre el “Centrismo”, es uno de esos  momentos claves, donde los que quieren lo mejor para Cuba, tienen derecho a expresarse desde sus referentes doctrinales, pero sin etiquetajes, exclusiones y malabarismos ideológicos.  ¿Cabe entonces el punto medio entre lo mejor del Socialismo y el Capitalismo, para edificar esa sociedad ideal? ¿De qué socialismos estamos hablando? ¿De  cuáles capitalismos? Si somos marxistas  dialécticos, la respuesta es más que evidente.

Si aspiramos a una Cuba justa, ¿caben todas las posiciones?. En esto prefiero asumir el electivismo de Félix Varela, ese que, desde una honestidad autóctona, no se plegó a veleidades o a intereses estrechos y produjo lo más perdurable y sólido de lo cubano. De hecho, esa condición,  fue la que nos dio una personalidad histórico-cultural definida, expresada como actitud crítica ante sistemas y patrones culturales e ideológicos en boga, con independencia del credo dominante en grupos y pensadores.

Bienvenidas las contradicciones argumentales;  son saludables, si están orientadas a la búsqueda del proyecto de nación, donde quepamos todos y para el bien de todos; donde las negaciones impliquen algo más que una espiral  y seamos una horizontalidad saludable, una nación en la diversidad cultural  e ideológica, unos herejes incómodos, para algunos, pero con una causa quijotesca que defender llamada CUBA.  

jueves, 7 de mayo de 2015

José Martí y la reconstrucción del cubano en el siglo XXI



La Sociedad Cultural, en su filial de base de Contramaestre, invitada a todos los interesados, a su mesa teórica: “José Martí y la reconstrucción del cubano en el siglo XXI”, este viernes a las nueve de la mañana que será moderada por el escritor Eduard Encina y contará con destacados panelistas de la vida intelectual de este municipio del Oriente cubano. 


Participantes:


Antonio Domínguez: Educación para la libertad en José Martí

¿ Cómo evoluciona el concepto  educación en José Martí?

¿Cuál  es la relación entre educación y libertad en José Martí?

¿Por qué es necesario volver a la educación para la libertad desde el pensamiento  y la obra de José Martí?


Luis E. Jerez: Ética para la libertad

¿Cómo evoluciona el concepto ética en José Martí?

¿Cuál es la relación entre ética y libertad en José Martí?

¿Por qué es necesario volver a la ética para la libertad desde la obra de José Martí?


Adrián Isidro: El Dios de José Martí

¿Cómo José Martí ve a Dios?

¿Cómo evoluciona el pensamiento de José Martí relacionado con Dios?

¿Por qué es necesario el Dios de José Martí en la vida actual y futura de los cubanos?


Arnoldo Fernández: Socialismos vistos por José Martí

¿Qué socialismos conoció José Martí?

¿Por qué Martí alerta sobre los peligros  de esos tipos de socialismo?

¿Por qué el socialismo del siglo XXI  no puede ignorar  a José Martí?


Antonio Isaac: Luces martianas en Remanganaguas

¿Qué relación existe entre Remanganaguas y José Martí?

¿Por qué Remanganaguas es un capítulo pendiente de la ciencia histórica cubana?

¿Por qué hace falta el referente martiano desde Remanganaguas  en la Cuba actual y futura?

miércoles, 15 de abril de 2015

Hacia qué socialismos vamos en Cuba



¿Hacia qué socialismo futuro debemos llevar el arado?

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu


Si le preguntan a cualquier cubano de a pie,  si el camino al socialismo es la opción al futuro, responderá: ¿cuál socialismo?, ¿cuáles socialismos?, ¿acaso hemos hecho el socialismo? Y no dejan de tener razón esos cubanos, pues el cauce recorrido no permite definir todavía ¿qué es el socialismo?. ¿Cómo entonces ilusionarnos con una armazón teórica que nos hizo creer un posible nunca tocado en lo concreto?. La realidad, mientras creíamos avanzar hacia él, más se alejaba.  Entonces llegaron las revisiones.

El socialismo de corte estalinista dejó su huella en el pensamiento político de la revolución, nadie puede negarlo hoy; tantas investigaciones realizadas lo demuestran. La pregunta que se cae de la mata es: ¿Hasta dónde nos hizo daño ese socialismo de corte totalitario que cercena los derechos inalienables de las personas en la consecución de su fines? ¿Por qué marxistas de la talla de Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras, Ernesto Guevara y Raúl Roa se apartaron de los caminos de Moscú y fueron críticos lúcidos de los desafueros de ese socialismo antilibertario? ¿Por qué no han sido estudiadas hoy esas zonas de su pensamiento? ¿Por qué el socialismo jacobino de Guiteras sigue en el olvido y no es un referente autorizado para la Cuba actual? ¿Alguien conoce este tipo de socialismo promulgado por el máximo inspirador de Joven Cuba?

Al mirar el pasado uno se hace tantas preguntas, y a veces resulta traumático entender porque fuimos a dar un socialismo de corte europeo, muy influenciado por los dictados de Moscú, en detrimento de un pensamiento autóctono bien fundamentado en hombres que tenían muy claro  lo que estaba sucediendo en la Unión Soviética y hacia donde iba ese proyecto social. ¿Por qué no incorporamos esos paradigmas a la concepción liberadora que veníamos y venimos haciendo?

¿Cuál socialismo me gustaría para mi pueblo en el futuro? Muy sencillo, aquel que permita a la gente pensar, hacer y expresarse sin hipocresía alguna, inspirado en el culto a la dignidad plena del hombre, sin doble moral, sin retóricas divorciadas de la realidad. Me gustaría que ese socialismo creara las condiciones cívicas para el saneamiento moral de la sociedad, e hiciera posible que las personas vivan honradamente de su trabajo y no tengan que delinquir en todo momento para sobrevivir materialmente.

Creo, tenemos el potencial cultural e intelectual para dar esa vuelta de tuerca, si queremos salvar un proyecto que puso en todas las casas la independencia nacional como fin supremo de la Patria. Esa batalla hay que darla en la actualización del modelo, sin temor  a los métodos verticalistas que todavía reinan en muchos directivos, pero también en los jefes que se visualizan así mismo como señores feudales que deben saber todo y autorizar cuál verdad puede decirse, dónde y a quién o quiénes.

El socialismo debe ser, como decía Raúl Roa, libertario por excelencia. Verdades tenemos todos y hay que aprender a escucharlas si queremos hacer una sociedad cada vez más justa, donde el hombre desarrolle un pensamiento crítico inherente a la libertad que soñamos. El socialismo futuro debe dar entrada a todas las Cubas dispersas por el mundo.


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