Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com
Uno sale a la calle el fin de
semana y siempre lo mismo. La gente como
yo, que pasamos los 40, no tenemos opciones. Personas muy especiales, de otros
países, dicen que el viernes es el mejor día, pues se van junto a la familia a
comer a algún lugar decente, o sencillamente a recrearse con las múltiples
opciones a su disposición. Donde vivo –Contramaestre se llama-, el viernes es
cualquier día, no me canso de decirlo, aunque no lo crean, -quizás sea así en todos los municipios de Cuba-. El sábado es
homogéneo, “reguetones” enjaulados en pantallas gigantes; jóvenes congregados
allí por unos cuantos pesos la entrada;
la guerra de marcas en la moda, los pelados exuberantes, los celulares a
la vista como los antiguos pistoleros del oeste. Las cervezas caras de mano en
mano; los cigarros mentolados y sus volutas al cielo; todo me parece un gran
circo donde los que andan entre 13 y 35 años se sienten como pez en el agua y
la gente como yo no sabe qué hacer: ¿si quedarse en casa a ver las viejas
películas que ponen en la televisión o escuchar Nocturno en Radio Progreso?;
pero la verdad, ya uno no quiere eso, necesitamos espacios donde escuchar
nuestra música, conversar, tomar un café de verdad, buenos vinos, bailar con sentido del respeto, sin necesidad de
ahogarse en el humo de los cigarros, las palabras obscenas, la maldita
prostitución a la cara, los cuerpos recorriendo la calle, arriba, abajo, las
motos y sus muchachos encima, los caballos alados de Europa, Estados Unidos,
raptando ninfas de cabellos plateados y uno desde el portal de la casa mirando
a la joven ciudad morirse en algo que no tiene que ver nada con nuestras vidas.
¿Acaso los de mi edad somos dinosaurios? ¿Será que no hay ni siquiera un bar
donde pasarla bien, sin ser estruendosamente asaltado el bolsillo por los
precios? Antes leía mucha teoría sobre “el tiempo libre en el socialismo”, sus
propósitos, parece que todo eso ha quedado en los libros, pues qué hacer,
adónde ir, qué tomar, qué ver en la
tele, qué escuchar en la radio, a qué playa ir, a qué lugar del río
Contramaestre, si está contaminado. Si analizamos fríamente las estadísticas,
mi generación es mayoría en Cuba. Añoramos los buenos café literarios como en
Medellín, o la misma Villa Clara, o tal vez lugares donde escuchar Son, Guaracha, Filin y no sólo la Década Prodigiosa que ya tiene
sus públicos. Nos hacen falta sitios para apreciar trova tradicional y actual, espectáculos
de teatro; sentir que el fin de semana uno puede oxigenarse para regresar al
trabajo y ser más creativo, eficiente;
pero nada cambia, siempre las mismas ofertas, los mismos lugares y esas
cosas que alguien se atreve a llamar “tiempo libre en el socialismo”. ¿Cómo salir de la inercia del fin de semana?
¿Sentirse vivo? La vida pasando a toda máquina. Algunos dicen, no hay
profesionales del arte, otros, los pocos que hay no tienen convocatoria, los
menos afirman que no se hace el estudio de públicos y no se proyectan espacios
según esos intereses generacionales. La verdad, el fin de semana es el mismo en
todos lados, la misma música, las mismas cosas, las mismas caras. Creo que la
mayoría de mi edad prefiere quedarse en casa, o cuando tiene dos pesos guardados,
ir a Bayamo y comer con la decencia de una persona que necesita momentos así,
para sentirse vivo y no ser tomado por
los cañones del cuentapropismo y sus
precios delirantes.

