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lunes, 19 de junio de 2023

MIS VIEJOS Y EL COMUNISMO

Mis viejos y el comunismo

Por Arnoldo Fernández Verdecia 

Nací cuando  se impuso  en  las escuelas  la aspiración  del hombre nuevo, inspirado en el mito de Che Guevara. Así lo expresó el Líder, Fidel Castro, cuatro años antes de yo venir al mundo, el 18 de octubre de 1967: 

"Si queremos decir cómo queremos que sean los hombres de las futuras generaciones, debemos decir: ¡Que sean como el Che! Si queremos decir cómo deseamos que se eduquen  nuestros niños, debemos decir sin vacilación: ¡Queremos que se eduquen en el espíritu del Che! Si queremos un modelo de hombre, un modelo de hombre que no pertenece a este tiempo, un modelo de hombre que pertenece al futuro, ¡de corazón digo que ese modelo sin una sola mancha en su conducta, sin una sola mancha en su actitud, sin una sola mancha en su actuación, ese modelo es el Che! Si queremos expresar  cómo deseamos  que sean nuestros hijos, debemos decir con todo el corazón de vehementes revolucionarios: ¡Queremos que sean como el Che!"

Nací cuando la gente conversaba  muy bajito en sus casas, sobre los efectos de la Ofensiva Revolucionaria de 1968; sobre el hambre, el terror y la miseria que parecían venir;  sobre la Iglesia Católica y su posición antagónica ante los cambios revolucionarios.  

Nací cuando Educación y Cultura se unieron en un Congreso que cerró filas  contra todo tipo de colonialismo  y propuso el objetivo de educar a las personas sobre la base de un relato espartano de Patria o muerte,  Socialismo o muerte, como esencias de la Revolución. A partir de ahí, Patria, Revolución y Partido Comunista, fueron una misma entidad en el discurso ideológico de la Nación. 

Nací cuando  nadie podía escapar al mito de culpar a Estados Unidos de los fracasos del Estado, cuando se alimentó el relato ideológico de llamarlo enemigo histórico contra el que había que luchar hasta las últimas energías. 

Nací cuando se llamó oscurantismo, ignorancia, atrazo, a las viejas costumbres y creencias de las familias. 

Nací en un tiempo de grandes movilizaciones a la zafra azucarera, el café, los planes citricolas... Cuando se construyeron más escuelas que nunca en toda la historia. 

Según el Calendario Chino, 1971, era el Año del cerdo; para nosotros,  el ascenso de una mediocracia al poder, responsable de dictaminar lo políticamente correcto, la pureza del ideal comunista, la batalla contra el diversionismo ideológico, la consigna de ser el país más culto del planeta.  

A partir de ese año, escuelas, universidades y calles, serían para los revolucionarios. Lemas, consignas, planes quinquenales de tipo estalinista, ganaron espacio en el vocabulario del pueblo. Era el lenguaje de la Revolución.  

Tuve la suerte de vivir en la propiedad de mi abuelo, una pequeño feudo donde crecí en plena libertad, hasta que cumplí los cinco años. Gracias a mis viejos,  aprendí el pasado que ellos me contaron y enseñaron; crecí con esa cultura que se resistió a llamar atrazo, ignorancia, oscurantismo, al mundo sobre el cual se construía el nuevo. 

Tuve un profesor que me educó en el espíritu de José Martí. Me enseñó que el socialismo se hacía con la gente de a pie, que la burocracia era enemiga del pueblo, que los funcionarios del Estado,  por sus privilegios de casta, se volvían contra ese pueblo que debían defender. 

Supe que Martí no quería un Estado que concentrara todas las funciones, porque se convertiría en un tipo de esclavitud de la que sería muy complejo liberarse. 

Martí me enseñó que la riqueza pública  debía equilibrarse, para que los hombres pudieran acceder a ella y construirla, desde el libre albedrío de sus talentos y oportunidades. Me enseñó que el hombre debía  asociarse con sus afines para crear un auténtico espíritu de prosperidad, el único que haría posible una libertad robusta e indestructible. Las instituciones que saldrían de ese espíritu, serían la cultura de libertad del hombre futuro. 

La cultura que recibí de mis viejos, de mi profesor, entró en conflicto con la de la escuela, el ejército, la universidad, el trabajo, la sociedad... Cincuenta años después, soy el niño que nació en 1971 en un pequeño feudo, campo adentro.  El espíritu de mis viejos y de aquel profesor, aún me acompañan.

martes, 4 de octubre de 2022

"NO ES POSIBLE DESTRUIR LAS OPINIONES A PALOS..." (Réplica abierta a Mirely Elias)


Por Arnoldo Fernández Verdecia 

Mirely Elias un revolucionario lo primero que tiene que ser es sumamente crítico consigo mismo; si ve un problema, o varios problemas y los ignora, o se va por otro lado para no enfrentarlos, lleva en sí gérmenes  muy peligrosos:  el acomodamiento, la cobardía, quedar bien con los jefes y no con la ética, con el pueblo. 

Decir consignas, cuestionar aquí en Facebook a personas que se expresan desde perfiles personales con absoluta honestidad, no te hace más revolucionaria que nadie. 

Dialogar con respeto y argumentos eso sí, pero creo te falta eso que Fidel llamó "mística de un revolucionario". 

Si eres dogmática y cuestionas la decencia de una persona por expresarse desde lo que cree correcto, entonces con personas como tú no hay nada que hablar, porque sencillamente no piensan, están enfermos de un nacionalismo que no sabe distinguir y convierte en enemigo a todo aquel que no piense como ellos. 

El país no podrá avanzar mientras no sacuda la mata para que caigan los mangos que sólo piensan en ellos y en sus intereses personales, en robarle al Estado, en mentirle al pueblo, en aplastar las opiniones contrarias, en difamar del que piensa diferente...  

Reitero, cuando un revolucionario cierra los ojos y los oídos y se niega a enfrentar la verdad con dignidad, entonces puede pasar lo que sabiamente Fidel advirtió en 2005 en el Aula Magna: 

“¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? (…) Esta Revolución puede destruirse… nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”(...)".

Con personas como usted no hay diálogo, es imposible imaginarlo, porque lo que llaman "combatir en las redes", "estar al pie del cañón", lo confunden con manuales de verdades absolutas y caen en un pecado ominoso: atacan a cualquiera que tenga una opinión contraria a la suya. A personas como usted les recuerdo aquella valoración del Che Guevara: 

“Opinión que haya que destruirla a palos  es opinión  que nos lleva ventaja a nosotros…No es posible destruir las opiniones a palos y precisamente  es lo que mata todo el desarrollo, el desarrollo libre de la inteligencia”.1

“…el socialismo es para satisfacer las necesidades y necesidades siempre crecientes de la gente, si no, no vale la pena ser socialista”. 2

Referencias:

1. Citado en Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2012, p.178.

2. Ernesto Guevara: Apuntes críticos  a la economía política, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2012, p. 322.

domingo, 22 de abril de 2018

Mejor Díaz Canel que jugar a la Asamblea de Guáimaro




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

Verlo con su cabello largo, metido en jean, pulóver ajustado, siempre en la vanguardia del pueblo de Villa Clara, me hizo seguirlo en su carrera política;  era muy cercano a los jóvenes que éramos entonces. Saberlo amante de las artes, amigo de artistas e intelectuales, impulsor de lugares como el Mejunje donde los homosexuales se reunían, me hizo admirarlo más. No es cualquier dirigente en Cuba el que sabe interactuar ante lo diverso, lo escucha razonablemente y toma decisiones para ayudarlo a cambios progresistas de fondo.

Recuerdo que en la universidad hablamos acaloradamente sobre, “El socialismo y el hombre en Cuba” de Che Guevara, y el modelo de dirigente socialista que debíamos tener. Por nuestras valoraciones pasaron aquellos que hasta para orinar iban en auto y sus familiares no podían imaginar la vida sin ese medio de transporte, y un ocio programado en lugares suntuosos, que el hombre noble y altruista que construía el socialismo no podía aspirar. El dirigente que más se acercaba a nuestras representaciones del dirigente comunista, era Miguel Díaz Canel. Es la verdad, siempre lo creímos así, además de tener algo que muchos debían aprender para guiar a los seres humanos, saberlos escuchar, confrontar y tomar las mejores decisiones. Canel es de esos, siempre lo fue; de ahí nuestra admiración en aquellos tiempos.

Era de los dirigentes que iba en una forever (bicicleta china) al trabajo día por día y no era politiquería como afirman algunos. No llevaba seguridad alguna, pues como hombre de pueblo, nadie tenía interés en hacerle daño a una persona que trabajaba por el bien común.

Otra cosa admirable era que, todos los días, se levantaba oscuro y se iba a trotar para mantenerse en forma. Nunca se percibió así mismo como un hombre de guayabera y levita, sino un ser nacido de las entrañas del pueblo, hijo de padres humildes;  de ahí su vocación de servicio al prójimo.

Muchas son las anécdotas que circulan en la oralidad popular sobre esta joven figura, nacida en 1960;  algunas mal intencionadas, otras evidencian desconocimiento de su trayectoria vital. En el caso de los primeros,  buscan minar la credibilidad de la elección, argumentando todo tipo de versiones; la segunda intenta poner a su lado a otras figuras que han hecho carrera política en la Revolución en diferentes zonas vitales;  a estos últimos les recuerdo, que algunas de esas personas que mencionan  fueron formados por Díaz Canel cuando era secretario del Partido Comunista en Villa Clara, elogiada en aquellos años del Período Especial por ser la provincia más estable en el desarrollo de la isla y cantera de cuadros  para el país. De ahí salieron muchos que harían vida política después hasta llegar a cargos claves. No digo nombres, para no ser mal interpretado, pero honor a quien honor merece.

¿Qué me hubiera gustado a mí? Bueno, como hombre de pueblo que otros estuvieran nominados junto a Díaz Canel y que su probada hoja de servicios, fuera el aval suficiente para ganar los 604 votos de la Asamblea Nacional. Estoy convencido que hubiera obtenido la mayoría de los votos por amplio margen, porque creo que nadie en Cuba tiene tantos méritos como él para conducir los destinos de la isla. Es un dirigente que cuenta con la aceptación de los intelectuales, los hombres de ciencia, los artistas, los jóvenes universitarios, en fin, con la mayoría del pueblo cubano. No fue alguien nombrado a dedo como dicen algunos, sino alguien que trabajó por décadas para, llegado el momento, merecer esa elección.

El método de elección ha traído discusiones, valoraciones encontradas incluso;  pero no cabe errar y jugar a la Asamblea de Guáimaro aquí, el mundo anda fabricando guerras sucias, desarmando procesos populares, el tío Sam ha regresado con el “divide y vencerás”;  Cuba no está en una urna de cristal, de espalda a todo eso;  así que debe obrarse fino para mantener la paz y crear las condiciones  que conduzcan a un país mejor;  pero sin improvisaciones.

Qué Raúl Castro permanezca al frente del Partido por un tiempo determinado es algo estratégico; cualquier hegemonía que se respete lo haría si el mundo anda orbitando en una locura demasiado demencial; desde esa posición, tendrá que quitarle varios años a su familia y seguir atento, a todo lo que vaya sucediendo; alertar, orientar y enjuiciar cuando sea necesario. Lo mismo tendrá que hacer Díaz Canel en sus dos períodos sucesivos de gobierno (por diez años);  en sus manos estarán concentrados todos los poderes políticos y de gobierno; tendrá que construir el proceso de cambio, sin dar espacio a improvisaciones e ingenuidades. El nuevo presidente que salga electo, luego de Díaz Canel, tendrá a este último como máximo secretario del Partido por tres años y a él tendrá que subordinarse, hasta tener las condiciones óptimas que le den la concentración estratégica de poderes para asegurar la unidad de los poderes de la nación cubana.

Las hegemonías se construyen, tienen momentos de consensos, crisis, reorientación. Cuba vive un momento de cambio generacional, es algo biológico, histórico;  desconocerlo es un error;  preparar el cambio es vital;  no puede ser, reitero, una Asamblea de Guáimaro, sabiendo que primero hay que ganar la guerra y luego hacer la República;  Céspedes tuvo muy claro eso, aunque camagüeyanos ingenuos y habaneros idealistas estuvieron contra él;  en la hora actual, no cabe el “contra sí” que sabiamente analizó Joel James en un magnífico libro.

En la coyuntura de la isla: ¿quién podría llevar los destinos de la nación, gozando del consenso de todos y creando los puentes culturales de la próxima década? Con toda honestidad, pienso que Díaz Canel y ahí está su hoja de servicios. Los que no piensen como yo; están en su derecho;  mi criterio es sano, no es viral, ni busca efectismos instantáneos que llamen la atención sobre mi valoración del clima generacional que vive Cuba. Creo que se ha hecho lo correcto.

sábado, 8 de octubre de 2016

Volver al Che Guevara



Una fotografía restaurada a color del Che.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Cuba está inmersa en un proceso de cambios profundos, no son un barniz para simular el desgaste que por más de cincuenta años funciona con un mismo motor, varias veces golpeado por el tiempo y los permanentes asedios. Se trata, sobre todas las cosas, de retomar el camino de un socialismo a lo Guevara. Por eso quiero llamar la atención  sobre el momento que recoge el actuar del Che Guevara como líder paradigmático. El mismo comprende desde 1959 hasta 1964 y lo tiene como principal artífice de un pensar y hacer propio, sujeto a las vivencias de la construcción del proyecto que vive.

Guevara lee toda la papelería disponible de Marx, Engels, Lenin, proceso que le permite desarrollar una conciencia crítica ante los manuales estalinistas que limitan el rumbo propio.(1) Comprende que el “Socialismo real” tiene máscaras que es necesario quitar. Su visita a la Unión Soviética, en esos años, termina de conformar esa visión y vaticina una caída estrepitosa, por la crisis profunda de los valores sobre los que descansa ese sistema. Comprende que no debe copiarse de un proyecto carcomido en sus principales esencias, lleno de formalidades, donde las masas son vistas como cuestión de estadísticas y no como protagonistas críticos en la construcción del modelo.

Al regresar a Cuba, advierte sobre lo que ha visto y genera una polémica de fondo, poco valorada por sus contemporáneos, incapaces de tomar distancia del, hasta ese momento, único experimento objetivo sobre el camino al socialismo. Señala hacia el factor subjetivo como dinamizador principal de la transición. La movilización de las capacidades del hombre debe tener motivaciones profundas en su conciencia, para que participe creativamente en los cambios y transformaciones gestados.

En cuanto al rumbo económico, desde un primer momento, complejiza cada acción que lleva adelante en las diferentes tareas que le impone el proceso. Crea tres revistas para polemizar sobre el conjunto de preocupaciones presentes en la transición, llega a tocar cuestiones claves al decir: “El socialismo económico  sin la moral  comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo contra la alienación (…) si el comunismo descuida los hechos de la conciencia puede ser un método de repartición, pero deja de ser una moral revolucionaria”.(2)

Según el ensayista Fernando Martínez Heredia: “…transición significa que el capitalismo está presente de mil modos: hay que tenerlo en cuenta para superarlo, y se debe utilizar  todo logro obtenido bajo el capitalismo que sea conveniente y factible”. (3)

Hacer posible una verdadera transición cultural hacia el socialismo implica, según Guevara, transformaciones de la individualidad en el plano psicológico, por ello señala: “Para cambiar de manera de pensar hay que sufrir profundos cambios interiores y asistir a profundos cambios exteriores, sobre todo sociales”. (4)

Martínez Heredia es puntual al enjuiciar esta fecunda etapa al afirmar: “El Che fue muy lejos: su conducta  rigurosamente acorde con sus ideas, el tipo de relaciones que promovía  entre las prácticas políticas y la actividad teórica y doctrinaria, el contenido de pensamiento social y su concepción del papel de las prácticas al interior de la producción teórica, resultaron cuatro rasgos antitéticos al llamado socialismo real”.(5)

Por lo dicho hasta aquí, todo revolucionario crítico de estos tiempos se hace varias interrogantes: ¿Por qué fue ignorado el pensamiento económico y cultural del Che, luego de su muerte? ¿Por qué se perdió la capacidad de polemizar hacia afuera y hacia adentro que tanto usó en la solución de los problemas de fondo del pensamiento socialista? Guevara decía algo un tanto olvidado por el funcionarismo ideológico: “Opinión que haya que destruirla a palos  es opinión  que nos lleva ventaja a nosotros…No es posible destruir las opiniones a palos y precisamente  es lo que mata todo el desarrollo, el desarrollo libre de la inteligencia”.(6) Sus apreciaciones del socialismo real lo convirtieron en un incómodo centinela que debía ser postergado: ¿por qué permitimos sucediera algo así?

El carácter abierto  de su posición teórica y práctica pudiera ser referente indispensable en la actualización del modelo cubano.  No olvidar un criterio puntual expresado en El socialismo y el hombre en Cuba: “…el Estado se equivoca a veces. Cuando una de esas equivocaciones se produce, se nota una  disminución el entusiasmo colectivo por efectos de una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza  hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes;  es el instante de rectificar”.(7)

A propósito de esta última idea del Che, debo decir que si las acciones dirigidas a actualizar el modelo no están acompañadas del propósito de construir cambios culturales de fondo que liberen las energías dormidas de los revolucionarios críticos, y no de los acartonados en privilegios, retóricas y rutinas  incapaces de marchar al ritmo de una dialéctica inteligente, contextualizada en las realidades del pueblo, será muy difícil perfeccionar la herejía de un socialismo con rostro humano y construir el joven rebelde con causa del presente camino al futuro, a 90 millas de la potencia cultural y económica más poderosa del planeta. Por eso vale la pena recordar a ese Che vivo en la memoria de los que creemos en un mundo mejor: “…el socialismo es para satisfacer las necesidades y necesidades siempre crecientes de la gente, si no, no vale la pena ser socialista”.(8) 

Referencias bibliográficas y notas

1. Ver de Ernesto Guevara: Apuntes críticos de la economía política, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2012. P.7-52.

2. Citado en Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2012, p. 83.  

3. Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2012, p. 288.

4. Citado en Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2012, p. 285

5. Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2012, p. 283.

6. Citado en Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2012, p.178.

7 . Ernesto Guevara: El socialismo y el hombre en Cuba, Casa Editora Abril, La Habana, 2015, p. 24.

8.  Ernesto Guevara: Apuntes críticos  a la economía política, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2012, p. 322.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Los héroes se equivocan, flaquean



Pasó con el Che Guevara, cuantas veces repetimos queremos ser como él, pero como era él, que parte de él podíamos o queríamos tener y cuál no.

Por Marianela Fonseca (Colaboradora de Caracol de gua) 

La historia está llena de verdades a medias o medias verdades, depende del cristal con que se mira, en cuanto a valoraciones, pero en cuanto a hechos, no; entonces los hechos cualesquiera sean hay que contarlos y si el hijo de Martí participó en tal o mas cual acto, no hay que ocultarlo, invisibilizarlo.

Los héroes son personas, por tanto se equivocan, flaquean, si los convertimos en seres infalibles, los deshumanizamos y por tanto dejan de ser paradigma. Pasó con el Che Guevara, ¿cuántas veces repetimos queremos ser como él?, pero ¿cómo era él?, ¿qué parte de él podíamos o queríamos tener y cuál no?. ¿Podíamos ser como el Che en muestras circunstancias?  Una palabra y concepto clave para entender al hombre, al ser humano.

La historia toda hay que contarla, tal cual. Una vez Eusebio Leal dijo que negar la pseudo república, es negarnos a nosotros mismos, pues si esa etapa no hubiera sucedido, no fuéramos hoy lo que somos, y yo estoy de acuerdo. Nadie es absolutamente malo, ni absolutamente bueno, hay que contar hechos y vivencias y dejar que las personas hagan valoraciones, ese es el mayor pecado en la enseñanza de cualquier historia.

sábado, 16 de agosto de 2014

Ser dirigente en Cuba


Joel Macías Rivas. (Periodista)

No he tenido la oportunidad, quién sabe si en alguna ocasión, de participar en un evento, reunión o debate de barrio, donde no haya estado presente el tema de los dirigentes y su eficiencia. ¿Es que son tan importantes…? Yo pienso que sí, y recordemos que el Ché Guevara los definió como la columna vertebral de la revolución.

Ahora bien, ¿de qué dirigentes estamos hablando y de cuál es el que se habla bien…? Para ser honestos: de muy pocos se habla bien, actúen o no, bajo los más ajustados principios de la ética y la moral. Y se afirma que hay razones para ello, porque se será bueno o malo a partir del lente a través del cual se mire y se les mire.

De ahí que, a veces, algunos dirigentes estén preocupados por la apariencia para que no digan esto o lo otro, y entonces descuidan la exigencia, la calidad y el control y finalmente se convierten en personas chapuceras, a las cuales la sociedad les está pidiendo cuentas y, definitivamente, tendrá que pasarle la cuenta.

Nuestro Sistema Político puede y debe funcionar con eficiencia, pero para que así sea, tendremos que ser eficientes en todos los niveles de gestión, y es ahí, precisamente, donde se nos complica el panorama.

Creo yo que en Cuba estamos construyendo una de las sociedades más justa de la tierra, sin embargo, tenemos que seguir cultivando toda la justicia, y ello implica desterrar la corrupción, el paternalismo, el igualitarismo, el exceso de burocracia; implica, además, ser sistemáticos y creíbles, de ahí la tremenda responsabilidad que tienen los dirigentes como columna vertebral de la revolución.

Pero, las columnas no escapan a los defectos; pensemos en las que sostienen a nuestros cuerpos: a veces duelen, padecen hernias y hasta pueden coger sus curvaturas, no obstante, y a pesar de esa realidad, estamos en la obligación de dignificar el cuerpo para que se sostenga la columna. Como sentenciara nuestro Héroe Nacional José Martí: “todo hombre está obligado a honrar, con su conducta privada y pública, a su patria.

martes, 24 de junio de 2014

Ser yo en mi penitencia cotidiana



Al menos queda la resistencia y el optimismo.

 Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu
A la memoria de Guillermo Vidal.

Estoy cansado de la vieja bruja que todo lo maldice, de las palabras gastadas, del agradecimiento  que uno y otra vez mi padre me reitera como un zombi. De que roben en el mercado todos los días y no tenga formas de defenderme, a no ser con los puños y una cara de perro rabioso. La carne cara. El arroz por las nubes. El jabón desaparecido.  Los frijoles ni con dos días de trabajo puedo pagarlos.

A veces siento unas ganas locas de matar; huir a 90 millas. Creer que soy libre por unos minutos. Que no tengo necesidades materiales. Que Martí aprueba desde su pedestal mis acciones; pero la razón se impone y entonces, sólo entonces, comprendo  que viejos tornillos aferrados a mis tobillos no me dejan ser yo mismo.

Cuánto diera por ser yo mismo, en la puerta de la casa, el barrio, la guagua, el trabajo, el amor. Pero ser yo mismo es buscarse problemas; saber que otros desgajan a tus espaldas y comen el vino de las entrañas purificadas en el fuego del atardecer, normal en todo hombre normal.
 
Donde vivo ser yo mismo es una herejía. Todos maldicen al diferente. Con ellos no hay quien pueda. Aunque al menos queda la metáfora del “Quijote” o los delirios de “Magallanes”. Ser o no ser pudiera ser el conflicto de elección, pero con tanta hormiga mordiendo sueños, cuesta mucho ser elefante y conducir una manada a puerto seguro.

Pienso en la casa inconclusa, los hijos que no llegan, -los años no perdonan-, la cámara rota y sin pilas, la dieta de vegetales tan cara a mi bolsillo intelectual y me digo, “voy palante”, entonces un amigo dice: “¿Cómo puedes ser tan optimista?” Y respondo: “Compadre, estoy vivo, la vida es bella, no me voy a sentar a esperar la muerte en la puerta del cuarto donde duermo”.

Miro a mi mujer y la nieve sombrea su largo cabello, me hubiera gustado llevarla al lugar donde asesinaron al Che Guevara, a la estatua de Bolívar en Venezuela, pero no estoy entre las prioridades de un país y debo recorrer –conforme- el mismo trillo todos los días de regreso al “hogar, dulce hogar”. No hay carne, no hay detergente, no hay tornillos, no hay cemento, no hay persianas, no hay puertas, no hay tubos para canales. Las chicas mudan de hombre como de ropa interior. Pero avanzamos, alguien se encarga de anunciarlo por un alta voz, mientras otros hacen una mueca de disgusto.  

Vuelvo a Martí y le pregunto: “¿Maestro, merecen los hombres y mujeres buenos lo que está sucediendo?”,  su respuesta fue un himno para los que defendemos las verdades aunque nos cueste la vida: “Los hombres justos no se ponen de rodillas, conquistan sus derechos con la mirada puesta en el horizonte. A las hormigas se les ignora, o sencillamente se aplastan”.  

Mi cotidianidad es el Himno Nacional: “…morir por la Patria es vivir”, es Heredia y esas palmas deliciosas. Al abrir los ojos, creo estar en una pompa de jabón y saco fuerzas para romperla y al menos aguantar el golpe seco al caer el suelo. Soy Adán resucitado por Dios, regalo una de mis costillas para tener a mi mujer conmigo nuevamente. No quiero a Viernes en la Isla donde el sargazo devora las mieles del alma.

Con ese manual bajo el brazo me lanzo a la historia y por un momento creo ser yo en mi propia penitencia cotidiana. Al menos queda la resistencia y el optimismo.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Llego a la edad de los apóstoles desde Cuba

Ojalá y aprehenda a ser ciudadano universal, sin las falsas vanidades de aquel aldeano tan criticado por José Martí.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Reza un viejo adagio que la vida de un hombre no está completa si no ha escrito un libro, ha plantado un árbol y tiene hijos. Llego a la edad en que murió José Martí, el apóstol de las libertades de Cuba, 42, sin haber logrado la suma de esa trinidad que hace al hombre profeta en su tierra.

Cuando quise tener mis hijos, el Periodo Especial rugía arrollando todo lo profundamente humano; perdí a la mujer amada, pues un caballo alado, procedente de la lejana Europa cargó con ella y la llevó al reino donde tenía todo lo que mi menguado bolsillo no podía darle. Recuerdo con tristeza la despedida, estábamos a 21 de marzo de 1994, ese día se maquilló como nunca lo había hecho, calzó los mejores zapatos, de los dos pares que tenía, puso su mejor vestido y salió a la calle, recordé un estribillo que de niño me gustaba cantar: “te miraste en el espejo y te viste juvenil...”, no quise seguirlo hasta el final, no podía quitarme de arriba ese destino. El amor  se iba en vuelo chárter. No me quedó otra cosa que agarrarme a la poesía. Desde ese tiempo doloroso fui romántico, bebedor hasta morirme; las personas que me conocían de antes no daban crédito al cambio, no era posible esa metamorfosis, pues antes fui humanista, yo diría que profundamente humanista, al extremo de creerme el hombre nuevo que imaginara el Che Guevara; ahora me sentía otro ser, atento a la señal de las brújulas.  

No llegaron los hijos, pues mi casa la habitaban varias familias y cada una se las arreglaba para salvarse mezquinamente; la última vez que la cigüeña tocó a mi puerta, busqué auxilio en los atardeceres y sólo llegaban a mis argumentos sombras negadas a la posibilidad de abrigar aquella vida que Dios me enviaba. Todo se apagó a partir de entonces, pues de tanto escapar de lo más natural que todo ser humano quiere, la vida se encargó de recordarme mis errores, mis miedos y todo quedó congelado. He salido muchas veces a asomarme a las ventanas, pero las cigüeñas nunca más regresaron.

Árboles he plantado muchos, no recuerdo cuántos, pero no se qué sucedió con ellos, pues nunca lo hice atado a un territorio, sino en aventuras quijotescas por muchos lugares de la isla. No sé si dieron frutos, si aún permanecen en pie, o algún huracán los tiró al suelo y nadie los recuerda. Lo cierto es que ahora tengo tres pequeños mangos en el patio y dos de papaya, tardarán mucho en llegar a adultos, pero es la primera vez que lo hago anclado a un pedazo de tierra. Dios permita y a la sombra de los mangos florezcan los sueños no logrados en tiempos pasados. Dios permita y el espíritu de Paulo Freire imante desde sus raíces a los jóvenes rebeldes con causas que montarán los rocinantes del futuro.

De mis libros, qué decir, me han dado alegrías compartidas por amigos, soñadores al igual que yo; todos escritores, muy pocos tribunos, escasos soldados de fortuna, a nuestro lado, en esta cruzada; siempre en minoría en los trajines del espíritu, enfrentando malas interpretaciones, narraciones mezquinas de los que se complacen en sembrar sombras para nivelar a los hombres y hacerlos dóciles a los hilos del poder. Traiciones sobraron en este tiempo de enemigos por todos lados, siempre el “enemigo”, los “enemigos”, un lenguaje bélico que desarma razones y encadena las energías vibrantes de la individualidad. El enemigo siempre estará apostado, nos esperará en una emboscada donde seremos blancos de sus armas; no quedará otra opción que escribir libros que armen de sueños a la gente, para seguir creyendo que los sueños son posibles, aunque otros digan tenerlos secuestrados.

Llego a la edad de los apóstoles y no quiero ser mártir de una fe aprendida  a fuerza de golpes, quiero ser yo, al menos al sentarme a la mesa junto a mi mujer y no tener que fingir una felicidad que no tengo; vestir una máscara para cada momento y saber decir no, cuando mis razones lo manden, ojalá y aprehenda a ser ciudadano universal, sin las falsas vanidades de aquel aldeano tan criticado por José Martí.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Volver al Che Guevara para construir el rebelde joven con causa

“el socialismo económico  sin la moral  comunista no me interesa".

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Cuba está inmersa en un proceso de cambios profundos, no son un barniz para simular el desgaste que por más de cincuenta años funciona con un mismo motor, varias veces golpeado por el tiempo y los permanentes asedios. Se trata, sobre todas las cosas, de retomar el camino de un socialismo a lo cubano. Decir esto último puede parecer un facilismo, sin embargo, en las diferentes etapas, de la llamada transición cubana, sucedieron cosas que es bueno enjuiciar desde una mirada desprejuiciada.

Hoy quiero llamar la atención sobre la que recoge el actuar del Che Guevara como líder paradigmático. La misma comprende desde 1959 hasta 1964 y tiene al Che como principal artífice de un pensar y hacer propio, sujeto a las vivencias de la construcción del proyecto que vive. Che lee toda la papelería disponible de Marx, Engels, Lenin y rechaza manuales estalinistas que limitan el rumbo propio. Comprende que el “Socialismo real” tiene máscaras que es necesario quitar. Su visita a la Unión Soviética, en esos años, termina de conformar esa visión y vaticina una caída estrepitosa, por la crisis profunda de los valores sobre los que descansa el sistema.

Comprende que no debe copiarse de un proyecto carcomido en sus principales esencias, lleno de formalidades, donde las masas son vistas como un número, y no como protagonistas críticos en la construcción del modelo. Al regresar a Cuba, advierte sobre lo que ha visto y genera una polémica de fondo, poco valorada por sus contemporáneos, incapaces de tomar distancia del, hasta ese momento, único experimento objetivo sobre el camino al socialismo.

Señala hacia el factor subjetivo como dinamizador principal de la transición. La movilización de las capacidades del hombre debe tener motivaciones profundas en su conciencia, para que participe creativamente en los cambios y transformaciones gestados.

En cuanto al rumbo económico, desde un primer momento, complejiza cada acción que lleva adelante en las diferentes tareas que le impone el proceso. Crea tres revistas para polemizar sobre el conjunto de preocupaciones presentes en la transición, llega a tocar cuestiones de fondo al decir: “el socialismo económico  sin la moral  comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo contra la alienación (…) si el comunismo descuida los hechos de la conciencia puede ser un método de repartición, pero deja de ser una moral revolucionaria”.

Según el ensayista Fernando Martínez Heredia: “…transición significa que el capitalismo está presente de mil modos: hay que tenerlo en cuenta para superarlo, y se debe utilizar  todo logro obtenido bajo el capitalismo que sea conveniente y factible”.

Hacer posible una verdadera transición cultural hacia el socialismo implica, según Guevara, transformaciones de la individualidad en el plano psicológico, por ello señala: “Para cambiar de manera de pensar hay que sufrir profundos cambios interiores y asistir a profundos cambios exteriores, sobre todo sociales”.

Martínez Heredia es puntual al enjuiciar esta fecunda etapa al afirmar: “El Che fue muy lejos: su conducta  rigurosamente acorde con sus ideas, el tipo de relaciones que promovía  entre las prácticas políticas y la actividad teórica y doctrinaria, el contenido de pensamiento social y su concepción del papel de las prácticas al interior de la producción teórica, resultaron cuatro rasgos antitéticos al llamado socialismo real”.

Por lo dicho hasta aquí, todo revolucionario crítico de estos tiempos se hace varias preguntas: ¿Por qué fue ignorado el pensamiento económico y cultural del Che, luego de su muerte? ¿Por qué se perdió la capacidad de polemizar que tanto usó en la solución de los problemas de fondo? ¿Sus apreciaciones del socialismo real lo convirtieron en un incómodo centinela que debía ser postergado? ¿El carácter abierto  de su posición teórica y práctica pudiera ser referente indispensable en la actualización del modelo cubano actual?

Finalmente debo decir que si las acciones dirigidas a actualizar el modelo no están acompañadas del propósito de construir cambios culturales de fondo que liberen las energías dormidas de los revolucionarios críticos, y no de los acartonados en privilegios y rutinas  incapaces de marchar al ritmo de una dialéctica inteligente, será muy difícil hacer la herejía de perfeccionar un socialismo con rostro humano y construir el joven rebelde con causa, a 90 millas de la potencia cultural y económica más poderosa del planeta.

lunes, 28 de octubre de 2013

Mentalidad en Cuba necesita rebeldes con causa

“…lo que nos corresponde es levantar el ánimo y el espíritu de combate y enfocarnos en la gigantesca y paciente tarea de revertir la situación creada”.(Raúl Castro Ruz,  7 de julio de 2013)
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu 

Cambiar la mentalidad es un proceso largo y trabajoso que el cubano debe recorrer, si quiere hacer un país que se parezca a sus reales intereses. La pregunta que todo isleño encerrado en su caracol nocturno se formula es: ¿cambiaremos la mentalidad realmente?

Para responderla me auxilio de algunas ideas del pedagogo Paulo Freire: “…sólo quien piensa acertadamente puede enseñar a pensar acertadamente, aún cuando, a veces, piense de manera errada, y una de las condiciones para pensar acertadamente es que no estemos demasiado seguros de nuestras certezas”. 

No imagino un resultado a corto plazo sobre el cambio de mentalidad que estamos necesitando en Cuba, pues en la práctica, la mayoría nos comportamos sobre la base de certezas fundamentadas en la experiencia y no damos margen a cambios necesarios que transformen rutinas y modos de hacer las cosas.

Otro aspecto necesario es cómo conducir esos procesos para despertar  cambios de mentalidad a mediano y largo plazo. ¿Quiénes los llevan adelante? ¿Son los tipos ideales para hacerlo? En sus modelos, jefes e instituciones admiten “rebeldías éticas” que denuncien lo negativo y propongan soluciones. Me pregunto, siguiendo al educador brasilero mencionado: ¿Existe una curiosidad crítica formada en el cubano para rearticularse subjetivamente y llegar a niveles óptimos de inversión y despliegue de sus capacidades? Aquí utilizo argumentos tomados de mi experiencia como profesor durante años. Nuestra pedagogía es estrictamente formalista, trasmite esquemas de pensamiento que los alumnos reproducen mecánicamente. No hay facilidades para construir “rebeldes”.  En la letra dice acogerse al paradigma histórico cultural, pero en la práctica  funciona de modo verticalista, sin margen a la creación vinculada a los problemas latentes, donde los sujetos construyen la personalidad.

También me preocupa el giro de 90 grados que viene registrándose en el sistema de educación, al priorizar la formación técnica, sin los necesarios soportes humanísticos para ayudar al ser humano a ejercer una profesión u oficio con una calidad moral y ética. Nuestros hijos cada vez funcionan más como máquinas; de las 24 horas del día, la mayor parte la dedican a videos juegos, muy poco tiempo a la lectura silenciosa, principal artífice del pensamiento crítico, del “rebelde con causa”. Los buenos libros son una ausencia en los hogares cubanos.

Nuestra sociedad tiene muchos problemas morales, el propio presidente Raúl Castro con absoluta claridad lo informó en un discurso, que sembró muchas perplejidades en ortodoxos encartonados, sin la capacidad crítica de mirarse y encontrar las barreras que le impiden marchar al ritmo de los tiempos.

¿Es posible una “rabia justa y metódica” en la sociedad actual? ¿Qué puede venir para el sujeto crítico dispuesto a llevarla con dignidad? Muchos son los resortes que se activan para limitar el oxígeno al que se atreva a hacerlo, y no estoy hablando de los poderes élites, sino de los poderes locales, cargados de viejas rutinas y prejuicios, enquistados en dogmas y consignas, que no propician espacios al diálogo fecundo. Si un sujeto protesta contra los desaciertos de la administración, inmediatamente se articulan formas de anulación que lo sacan del juego, entonces es mejor acogerse al comodín, como dice el hombre mayoría, de no buscarse problemas y seguir la corriente.  

Con este tipo de sociedad acostumbrada a desiciones verticales, sobre todo las que emanan de los poderes centrales del Estado: ¿se pueden dar pasos seguros hacia una mentalidad cambiante, que permita hacer efectivos los procesos en marcha para actualizar nuestro modelo económico? ¿Tenemos el reservorio indispensable para crear ese sujeto crítico que reclama la sociedad actual? ¿Es posible la irreverencia lúcida para mejorar métodos y hacer posible soluciones a corto plazo? ¿O hay que decretar esa necesidad para que jefes e instituciones construyan un sujeto crítico probeta? De suceder esto último, todo el engranaje que ha comenzado a moverse en términos económicos y sociales no llegará a ningún lado.

Pienso, siguiendo al Che Guevara, que “hay que conversar con todo el mundo, investigar los males que hay, promover las discusiones  abiertas, libres, sin ninguna clase de coacción; críticas absolutamente. Recoger  con toda honradez todas las críticas.” De hacerlo a tiempo, las personas desencadenarán una dialéctica de valoraciones revolucionarias y ayudarán a la construcción del “rebelde con causa”, para llevar oxígeno a los procesos de ese motor, ya en despegue. 


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