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lunes, 25 de agosto de 2014

Caracol de agua cumple cinco años hoy en la aldea global

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu

Mi Caracol de agua llega este 25 de agosto a cinco años de navegación en Internet. La tripulación a bordo era escasa en los comienzos, sólo creían en la fortaleza de la nave, mi yo interno y un buen amigo que ya no está entre nosotros: Orlando Concepción Pérez, que a pesar de sus más de siete décadas de vida, fue su colaborador más entusiasta.

Así que zarpamos un 25 de agosto de 2009. Había tormenta y primero bojeamos el río Contramaestre, hasta caer en las aguas del Cauto y seguir otros afluentes de Cuba hasta salir a mar abierto. El azul de las aguas no nos intimidó. La isla en peso de Virgilio Piñera era  mi diario de navegación: “La maldita circunstancia del agua por todas partes / me obliga a sentarme en la mesa del café. / Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer / hubiera podido dormir a pierna suelta.

“...un pueblo se hace y se deshace dejando los testimonios: / un velorio, un guateque, una mano, un crimen, / revueltos, confundidos, fundidos en la resaca perpetua, / haciendo leves saludos, enseñando los dientes, golpeando sus riñones, /un pueblo desciende resuelto en enormes postas de abono, / sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes...”

El primer post que registra el nacimiento, en medio del aguacero caluroso, tiene con ver con el escritor Leonardo Padura; no fue casual, mi generación  tenía una fiebre de padurismo que todavía hoy sigue, sobre todo con sus dos últimos libros: El hombre que amaba los  perros y  Los herejes. En aquel momento, Adiós Hemingway, sirvió de pie forzado.

Luego siguieron otras reseñas y mi aventura parece que se reduciría a una inmersión en lo literario. Alguien, desde el poder, se encargó de recordármelo para evitar equívocos en el futuro;  pero la pasión de bloguear me hizo comprender las serias limitaciones que tenía y es cuando decido no temer a la profundidad de las aguas. Las advertencias llegaron pronto. Un funcionario, de esos que la burocracia empodera, dijo que era necesaria una reunión para aprobar lo que se publicaría en Caracol de agua. Las amenazas subieron de tono y por un instante creí que todo terminaría en el primer año de navegación.

Hubo un momento en que  circularon una cadena de mensajes, vía correo electrónico, para anularme definitivamente. Era un post contrarrevolucionario  al que atribuían mi autoría. En aquel fatídico momento, desde un municipio del Oriente cubano, llamado Contramaestre, sin experiencias de este tipo, escribí lo que sigue: “A esas personas no les importa la astucia con que escribo / en la tardecita tomaron café / donde siempre / inventaron lo nacional /y lo circularon en misterioso pergamino /a las 2 de la tarde / llegó la milicia a mi casa / desde ese día / el bardo de la esquina /entona salmos a mi conciencia”.

También recuerdo que recibí mensajes como estos: “¿Hasta dónde te dejaste llevar por esa ilusión de libertad que da el mundo virtual y te olvidaste de tu cotidianidad? ¿Hasta dónde te creíste demasiado el personaje que actuaba como "la voz lúcida en medio de la aldea"?. Tal vez nunca lo sabremos. Si es necesario relee a Martí, habla con tu familia, con esa gente que te quiere y en la cual  todavía confías, incluso ellos podrán estar de acuerdo con nosotros”.

Sin embargo, un buen amigo, poeta por más señas, escribió palabras muy generosas, a partir de dos breves poemas de Saramago:

    ENIGMA
    Un nuevo ser me nace a cada hora
    El que fui, ya lo he olvidado. El que serè
    No guardarà del ser que soy ahora
    Sino el cumplimiento de cuanto sé.

    DE VIOLETAS SE CUBRE
    De violetas se cubre el suelo que pisas,
    De aromas de nardo el aire se estremece:
    En estas sinuosas alamedas, imprecisas,
    Miro hacia el cielo por donde tu sombra pasa

Mi amigo Rogelio Ramos, desde Songo la Maya, me dijo: “A quienes no comprenden tú literatura: ¡qué lástima!, ¡cuántas bellas cosas se pierden!”

En el café de la ciudad, escritores y profesores universitarios hacían de las publicaciones de Caracol de agua la comidilla diaria; nadie creía en su alcance y seriedad. El tiempo se encargó de decir la última palabra y años después estaban sentados en un aula recibiendo clases mías de periodismo digital y queriendo tener el ABC necesario para llamarse blogueros. A partir de ahí surgió la fiebre de tener un blog y otras publicaciones on line, pero cuánto caminar para llegar a esas libertades.

Hubo otros momentos en que casi me ahogo, pero floté y puse proa al tiempo. El sol brilla y tiene manchas, dijo nuestro Héroe Nacional José Martí; los agradecidos bendicen la luz, los otros, sólo tienen ojos para los lunares. De todas maneras, estos últimos, siempre son necesarios, pues ayudan a corregir debilidades  y  a  apuntalar fortalezas conquistadas. 

Experiencias agradables me han sucedido muchas, como la de encontrarme a un asturiano en el parque de la ciudad donde vivo, y decirme entre serio y risueño: Yo también soy guajiro, o Esos son los bueyes que tenemos, o "La estafa de Cuquita" sacudió La Habana, o sencillamente una cubana-americana en una policlínica que me dijo: Usted es Arnoldo, en mi casa todo el mundo sigue su blog. Es muy bueno. Hemos estado al tanto de la evolución de su salud. Cuídese”.

No puedo dejar de mencionar a amistades cercanas, que me han dicho: “habla como somos los cubanos, como vivimos, hace la crónica de la vida difícil de nuestro tiempo, por eso la sigo, por eso la siguen amigos y amigas de la isla residentes en Estados Unidos”.

De esa alegría, construida en el roce con la gente del mundo y la de mi Patria, se alimentan mis páginas para seguir creyendo en la utilidad de la virtud y en una vida futura mejor.
 
HOY CARACOL DE AGUA LLEGA A CINCO AÑOS DE VIDA. Felicidades a todos los que creyeron en él; también a los que hicieron leña del árbol caído e incluso prepararon fuego para quemar al que alguna vez llamaron: VOZ LÚCIDA DE LA ALDEA.


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