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sábado, 29 de octubre de 2022

CUANDO SEA A CAMISA QUITADA EN TODA CUBA: ¿QUÉ PASARÁ EN PROVINCIAS Y MUNICIPIOS CON BURÓCRATAS Y CORRUPTOS?


Por Arnoldo Fernández Verdecia 

Luego de leer Cubadebate y apreciar algunos fragmentos de la reunión del Consejo de Ministros por la televisión, durante el análisis de las prioridades que se han planteado para los próximos meses, tengo algunas interrogantes: 

1. ¿Qué estrategia tienen concebida para sacar al país de la peor crisis de los últimos 60 años de historia económica? 

2. ¿Cómo enfrentar la corrupción y las ilegalidades, si en los gobiernos locales, luego de decretada la autonomía de los mismos, algunos burócratas y funcionarios han construido alianzas donde predomina el nepotismo (familiares, amigos, socios,  ocupando plazas dentro de la administración de bienes y servicios del Estado)

3. ¿Quiénes serán la contrapartida de esa burocracia corrupta que ha engordado sus bolsillos desviando recursos y favoreciendo a aquellos que no son el pueblo trabajador? ¿Incluso a la hora de distribuir los escasos recursos, a quién o quiénes privilegia esa burocracia corrupta, cómo desmantelar esa red invisible, pero eficiente para el pillaje? 

4. ¿Hay ejemplaridad en los gobiernos locales, para gestionar prácticas éticas en su ejercicio como servidores públicos? 

5. Los gobiernos locales gozan de credibilidad en el pueblo? 

6. ¿Serán capaces los llamados medios públicos de mostrar el rostro de aquellos burócratas y funcionarios que sean defenestrados por sus prácticas corruptas y se comprueben sus ilegalidades como servidores públicos? 

Hace algunos días alerté que había que mover la mata de mangos, pues había muchos podridos y lo que llaman "Revolución" podía irse a bolina. Recuerdo que fui duramente criticado por unos cuantos extremistas, incluso mi casa fue saboteada dentro de ese contexto de crítica social.   La realidad expresada  por el Consejo de Ministros,  corrobora que el Estado y su red de instituciones están al borde de un abismo, sino movilizan sus bases populares a favor de la verdad.

Nota: Aquí pueden leer la información publicada por Cubadebate: http://www.cubadebate.cu/noticias/2022/10/27/consejo-de-ministros-analiza-a-camisa-quitada-ilegalidades-y-manifestaciones-de-corrupcion/amp/

martes, 29 de marzo de 2022

NUESTRA ODISEA CUBANA (Crónica)

Por Arnoldo Fernández Verdecia.  

Un hormiguero de personas va, viene; en sus rostros asoma una oscura agonía, necesitan un puñado de esperanza para creer que mañana será un poco mejor; pero mañana, pasado, llega y no sucede nada. 

La vida se va en esa secreta utopía de creer que mejorarán las cosas y valdrá la pena vivir sin sobresaltos, sin ese encono que aniquila el espíritu y nos embrutece hasta rabiar por creer en la esperanza. 

Un país se está yendo por mares, selvas, continentes lejanos. Sangre de nuestra sangre, espíritu de nuestro espíritu, sueños de nuestros sueños, las mejores ramas del árbol; nada parece detener esa estampida en masa de los que una mañana veías camino a la universidad, la escuela, el trabajo y de repente desaparecieron sin dejar huella. 

Luego te enteras que emigraron, así, de la noche a la mañana y cuesta creerlo; atrás quedan los que no se atreven, los que no tienen como hacerlo, los que  vieron sus vidas pasar aferrados a un paraíso color purpura que nunca llegó y cada vez es menos creíble alcanzarlo. Lo real es una caricatura de lo que alguna vez fue.  Vivir es una odisea innombrable. Morir también los es. 

La familia, ese cálido grupo donde alguna vez nos sentimos seguros, vuela en millones de fragmentos;  abuelos, padres, tíos, temen al mañana; aquellos que trajeron como semillas al mundo no están, se han ido, andan por lugares lejanos trabajando, sobreviviendo, empezando de cero otra vez. Duele mucho, sobre todo si los viejos horcones tenían el anhelado propósito de cerrar los ojos y saberlos ahí, en ese instante donde se convierten en polvo cósmico. 

Cualquiera sin rostro, ni obra, ni una vida pública conocida, cuestiona en las redes sociales con una vulgaridad inadmisible, lo mismo a encumbradas figuras de la cultura, que a los políticos, personas de bien, o a los que se atrevan a cuestionar el orden. Algunos los llaman troles, gusanillos necesitados de comer cualquier llama que pueda volverse incendio. 

Ese igualitarismo mediático donde lo banal, lo mediocre, asoma para difamar, oscurecer, aniquilar, parece imponer sus reglas del juego. Los sistemas se valen de sus garras para soltar perros entrenados allí, conceden facilidades para que naveguen en esos mares revueltos; lo mismo amenazan, atacan, vigilan; su trabajo es el otro y sus narrativas; por eso están atentos, muy rabiosos, para  verter camiones de heces sobre el que se atreva a cruzar la raya, mostrar su yo.  

Hay un mundo afuera, adentro, de nuestros pueblos, de nuestro yo, que es preciso equilibrar; hay naciones que no consiguen darle orden al caos, gobernantes que tienen en sus manos jugueticos que pueden acabar con la humanidad. Así va la vida, el entorno inmediato fracturado; el otro al borde de un conflicto nuclear.  

Alguna vez tuvimos líderes, hombres que pensaban y construían sueños; muchos creímos en ellos porque era racional hacerlo; la verdad de un líder era la de millones. Hoy la verdad es una magra caricatura, propaganda que no consigue entretener, ni proporciona paz, seguridad, porque ya no es creíble. 

La impunidad gana en todas partes. Algunos jefecillos sentados en tronillos de cristal gestionan la pobreza con hambre calculada, desvían ríos, mares, los convierten en parques temáticos donde reina la codicia, el pillaje, una molicie que solamente ellos pueden darse. 

Las calles mueren, costurones inmensos pueden verse en sus cuerpos que el tiempo parece vencer. Sitios de ensueño se desploman, nadie hace nada por detener su caída. Nuestro pasado casi es polvo, los nuevos Midas lo quieren así, lo necesitan para gobernar mejor. 

Personas van, vienen, no consiguen imaginar cómo será mañana, si hoy es terrible vivir, amar, soñar... Mañana es propiedad de unos que piden sacrificio montados en caballos de coral, rosados, hasta hermosos porque su piel no sufre los rigores del clima. Mañana no existe, aunque todavía algunos ingenuos pretendan convencernos alegando que será mucho mejor. Mañana es la nada. 

lunes, 1 de noviembre de 2021

DESESPERACIÓN


Por Arnoldo Fernández Verdecia

Mi amada Carolina: 

El muro separa nuestras palabras. En su medio, mi amigo intenta la resistencia. Sus hijas residen en provincias lejanas, no pueden ayudarlo. Vive solo.

Lo veo extinguirse en una tristeza infinita. Teme salir a la calle, nadie quiere venderle alimentos por su edad. Las multas exorbitantes acechan a todos, pueden aparecer por cualquier lado. La desesperación lo lleva al límite. 

Alguien le dice que el pollo llegará cada seis meses; el aceite, cada tres. Lleva sus manos a la cabeza. Cierra los ojos. La leña es su balita de cocina. El papel sanitario, los periódicos que sigue comprando a pesar del precio. 

El pago de la jubilación lo hace paqueticos: corriente, agua, canasta básica, teléfono, periódico, especias, las medicinas del tarjetón; escribe sobre ellos, hasta terminar y mirar al cielo, pedir un milagro a Dios; porque apenas alcanza para unos días; los demás, una odisea, donde unas veces come; otras, se acuesta sin hacerlo. 

El día que puedo hago llegar a sus manos un tazón de potaje; no sabe cómo agradecerme; se pierde en el sabor del alimento y duerme feliz.  Cuando mi fogón se rompe, ahí está él, presto a repararlo sin cobrarme un centavo. 

De lejos ve las colas donde venden módulos asignados. Nadie lo recuerda en esas ventas. Alguna vez fue útil a la sociedad; hoy ha sido olvidado. Millones como nosotros sufren el desabastecimiento; pero no pierden las esperanzas, creen que algo bueno sucederá pronto y todo volverá a ser como antes. 

Afuera pasan los pregoneros. Sus oídos siguen ansiosos las palabras, pero los precios estallan como fuegos artificiales: 

- Carne de cerdo a 150.

- Jamón a 160.

- Arroz a 60.

-Aceite a 350

-Frijoles a 100

-Boniatos a 15

-Culantros a 10 

-Ajo a 15

-Pata de Cebollas a 250

-Chorizos a 20

-Polvo de café a 10

-Lata de sardina a 250                                            

-Lata de puré de tomate a 150

-Libra de pollo a 150

-Libra de yuca a 10

-Libra de queso a 190

-Litro de sirope a 30

-Libra de malanga a 60

-                                                                    

Se esconde tras las paredes; triste, sabiendo que sus horas de vida están contadas. 

Aún la pandemia asoma su cola en muchos lugares del pueblo.  Temeroso ve las casas aisladas, la gente adentro, atrapadas en las dudas, el pánico, el hambre, la rabia; una espera que se vuelve interminable, desesperante... 

Dicen que traerán módulos de dulces, pan, jugos de frutas por la libreta de racionamiento, pero pasan los meses y a su bodega ni asoman. 

Llega el panadero y no le queda más remedio que comprar la bolita de todos, no importa si un día está buena y la mayoría no. 

Amor, el muro separa nuestros susurros, pero no el café recién colado en la mañana; las noticias compartidas; la vida de nuestras familias distantes. Le cuento de las tres caminatas semanales, campo adentro, a salvarme el alma. Sonríe con franqueza sin igual. Es bueno para tu salud, me dice y retorna al silencio de una realidad subvertida, enconada, aplastante. Mejor esconder las valoraciones, me dice, porque siempre alguien está a la caza de las palabras.

domingo, 18 de agosto de 2019

Emergencia intelectual



Por Javier Montes Miclin (Filósofo)

Este, probablemente sea el atisbo más notable de la crisis imaginativa de nuestro tiempo, dicha crisis se refleja en la mediocridad repetitiva de la producción literaria o periodística.Ciertos usos del lenguaje, por parte de grupos de interés, dominados por discursos, envueltos en sofismas y galimatías,  sorprendentemente construidos en una gramática quizás un poco coherente, están por conquistar nuestro tiempo. 

 ¿A qué o a quién me dirijo?

Considero que la gente entiende de manera muy limitada el significado de una palabra tan vasta; (Intelectual) y a propósito,   cito a Jean Paul Sartre: ´´Un intelectual es todo aquel que pertenece a una determinada corriente política, social, institucional o cultural, pero jamás deja de cuestionarla´´.   

Algo sublime al respecto de esta cita, la ciencia es el ejemplo taxativo de dicho concepto, dado que ella progresa en la medida que se cuestiona constantemente sus logros.

Vivimos tiempos en los que se premian las falacias, en pos de la megalomanía poética de individuos con una capacidad endeble. El resultado será la destrucción cognitiva de los lectores.

La especulación reflexiva es un arte que debe ser alimentado, escrutando fundamentalmente literatura práctica. Ojo con el amor excesivo a uno mismo, cuando se deja en libertad, puede exacerbar la irracionalidad.

Los que estamos en el lado de la crítica, debemos suscitar el florecimiento de las impugnaciones, basándonos en datos fácticos para dinamitar las construcciones psicológicas sin ningún correlato empírico, que son hilvanadas por parte de gente ignominiosa, que apoyada en una percepción de pundonor alocado, esparcen sus aberraciones a través de los diversos estratos de la difusión masiva.

Si no tomamos conciencia, inexorablemente nos transformaremos en sociedades intoxicadas por la frivolidad que emana de la ilusión del conocimiento.

Y cierro mi nota, con otra cita: “Cuando la intensidad del mito se combina con la ignorancia, despliega su fuerza como un huracán sobre la superficie sin resistencia del océano.” (HERVER FISHER).

sábado, 16 de noviembre de 2013

Educar el espíritu en Cuba es lo difícil

La gente olvidó los moldes simbólicos de una cultura familiar trasmitida de padres a hijos

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Aprecio con mucha inquietud los problemas espirituales del cubano en la actualidad, sobre todo a partir de las palabras del presidente Raúl Castro en la Asamblea Nacional, donde habló a corazón abierto de la profunda crisis de valores que padecemos y la pregunta que me hago, que se hacen muchos, es: ¿Puede educarse el espíritu de los cubanos?

Si partimos de una interpretación materialista de la historia, entonces las conclusiones son dolorosas: la base económica determina la superestructura de la sociedad, por tanto todo lo que sucede, en esta última, es reflejo de lo que ocurre en aquella. ¿Qué razones permiten demostrarlo? Analicemos algunas.

El cubano, a partir de 1992 y hasta hoy, ha sido sacudido en todas sus esencias espirituales, que han castrado, diría yo, sus fortalezas morales y resulta harto complejo sacarlo, en una operación quirúrgica, de esas aguas sucias y montarlo sobre un nuevo corcel y darle oxígeno natural para que actúe a partir de referentes propios que guíen su comportamiento.

La economía ha caminado varios  cauces, desde la despenalización del dólar, hasta empresas mixtas con capital foráneo; cada estructura económica asumida en una coyuntura determinada, ha impactado lo social para bien o para mal, pero lo cierto es que originaron, originan, problemas de fondo que tocaron, tocan, el tejido espiritual del cubano.

Una filosofía depredadora extiende tentáculos sobre el hombre masa, y poco a poco se impone la necesidad pragmática de tener para ser, y no ser para ayudar al otro. Me pregunto: ¿es posible, filantrópicamente hablando, creer que se puede modificar esa filosofía emergente nacida en el sobrevivir diario?

Algunos me dirán que el Estado controla todas las instituciones y eso hace más fáciles las cosas, si queremos crear las condiciones para los cambios de mentalidad necesarios; pero pregunto: ¿Esas instituciones no han sido impactadas también por una base económica en crisis hace más de una década? ¿Las fórmulas emergentes adoptadas por esas instituciones, para sobrevivir la crisis, no han limitado la efectividad de las mismas en su intervención social?

Por ejemplo una institución clave es la familia, sin embargo: ¿qué ha sucedido con la misma? En una especie de nostalgia ingenua conversamos varios amigos sobre los moldes espirituales en que se educaron nuestros abuelos: el hecho de pedir la bendición a personas mayores ligados a ellos por vínculos de sangre o afectos; decir los buenos días, las buenas tardes, o las buenas noches; o sencillamente asumir la alimentación como un proceso cultural y no como mera necesidad biológica, en otras palabras, unirse en torno a la mesa y disfrutar el acto de comer, con el padre y la madre en ambas cabeceras, sabiendo los límites que esas jerarquías implicaban. ¿Por qué perdimos esos moldes? ¿Cómo recuperarlos?

Alguien de forma pesimista dijo, no se vive del pasado, no me quedó más remedio que ripostarle: los recuerdos sirven para no tropezar dos veces con la misma piedra.  Acudí al Martí visionario para fundamentarle mis razones: “Los hombres necesitan quien les mueva a menudo la compasión en el pecho, y las lágrimas en los ojos, y les haga el supremo  bien de sentirse generosos: que por maravillosa  compensación de la naturaleza aquel que se da, crece;  y el que se repliega en sí, y vive de pequeños goces, y teme partirlos con los demás, y sólo piensa avariciosamente  en beneficiar sus apetitos, se va trocando  de hombre en soledad, y lleva en el pecho todas las canas del invierno, y llega a ser por dentro, y a parecer por fuera, -insecto.”

No le quedó otro remedio que ripostarme con estudiada energía: ¿por qué antes el hombre crecía espiritualmente al darse al otro, a los otros y lo asumía como una filosofía de vida? Su pregunta me obligó a pensar largo tiempo; luego respondí; Marx se posicionó de mi espíritu sugiriéndome una extraña reflexión: “cada cual se mueve en un círculo exclusivo de actividades, que le viene impuesto y del que no puede salirse”. De ser así, las estructuras  económicas nos obligan a comportarnos según el círculo donde estamos ubicados en la sociedad y desde el cual hacemos visible la palabra. ¿Cómo remontar esos círculos desde una subjetividad llena de contenidos para transformar las cosas que nos circundan? ¿Tenemos reservas espirituales suficientes para construir esa subjetividad?  El Che Guevara salió del pedestal donde lo hemos tenido relegado y habló: es necesario “crear riquezas con la conciencia, y no conciencia con las riquezas”. “Si el comunismo descuida los hechos de la conciencia puede ser un método de repartición, pero deja de ser una moral revolucionaria.”

Me das la razón dijo mi amigo y se explayó en consideraciones lógicas: antes la familia era un grupo cerrado herméticamente al interior de la propiedad, todo giraba en torno a la tierra, a los bienes que generaban la satisfacción de necesidades básicas, por eso nadie se atrevía a transgredir los límites que los padres nos ponían en la formación. Al desintegrarse esa estructura económica, la sociedad se dinamitó en sus relaciones sociales y ello condicionó una reubicación de las personas; los límites se derrumbaron para bien o para mal. La gente olvidó los moldes simbólicos de una cultura familiar trasmitida de padres a hijos; el Estado asumió esa responsabilidad y los años nos convencieron que no debió ser así. Ahora tenemos el propósito de que el hombre regrese a la tierra, produzca bienes, restituya la moral familiar con el trabajo. Muchas preguntas nos hacemos íntimamente, sin tener las respuestas: ¿Será posible convertir el trabajo honrado en fuente de toda riqueza? ¿Será posible que el trabajo no genere formas de alienación del sujeto invisibles al poder político? ¿Creemos realmente en el comodín marxista de a cada cual según su trabajo?

Las preguntas de mi amigo fueron expuestas con vibrante energía; pensé en mi madre y aquel hermoso apotegma que guió mi vida: “con parches en la ropa, pero honrado”; o las veces que me llevó dándome fuete hasta una casa donde había cogido un juguete que no era mío para enseñarme a respetar lo ajeno; o sus lecciones al sentarme a la mesa a comer y aprender con ello a ser respetado en ese momento sublime; o ¿por qué unos recibían más alimentos que otros?. Mi madre tenía conciencia de estadista, sabía distribuir en correspondencia con el mérito y aportes dados a la familia.  Ninguno de los hijos tenía moral para criticarle algún acto, ella, en un hecho sin igual, era la que menos comía, la que más trabajaba, y la más responsable en el cumplimiento de los propósitos familiares. ¿Es posible recuperar esos propósitos familiares en los momentos actuales de la sociedad cubana? ¿La sobrevivencia agónica del día a día no habrá matado la conciencia de estadista de la madre? ¿No habrá entrado el egoísmo en los hogares dándole paso a los goces triviales que envenenan el espíritu? ¿No tendrán en el pecho todas las canas del invierno? ¿No parecen por fuera insectos enfrascados en pequeñeces egoístas que matan el larvario del darse a los otros y crecer con ello?

Mi amigo tenía razón, yo también la tenía, pero en eso de pensarnos en permanente bullir está la salvación; en esas alteridades que acuden una y otra vez a visitarnos debemos encontrar las fortalezas del espíritu, para entonces sentirnos quijotes y montar muchos rocinantes en una cruzada espiritual en la búsqueda de la esperanza posible.


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