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miércoles, 21 de diciembre de 2022

AZUCENAS PARA MI MADRE (Hoy cumpliría 107 años)


Por Arnoldo Fernández Verdecia 

Un lucero aparecía en la madrugada sobre la cocina donde mi madre hacía el café. Siempre el candil como única luz en una de sus manos o sobre una vieja repisa de madera -en casa no hubo corriente eléctrica hasta el 31 de diciembre de 2000-. Ver los destellos asomarse en mi pequeño cuarto era mi despertador, saltaba de la cama y me iba con ella al fogón de leña. ―Busca unas brusquitas de leña para prenderlo, querido hijo —Eran sus palabras de bienvenida, acompañadas de un beso y abundantes caricias sobre los cabellos de un niño de cuatro años. Recorría el campo con alegría infinita, sin temor al rocío, ni a la noche que aún cubría su manto sobre el nacimiento del nuevo día; en breves minutos cumplía su encargo. Pronto, un humo azuloso salía entre el guano y un viejo árbol que nadie sabía el nombre. El olor a café recorría cada pedazo de tierra. El primer chorrito del colador lo tomaba mi madre, nadie podía disputárselo. Con ella aprendí que es el mejor, el más agradable al paladar. Me enseñó el punto ideal, no debía estar ni dulce ni amargo; lograr esa esencia me llevó años. Fue normal, por mucho tiempo, que yo le colara su café. Sabía identificar cuando salía de mis manos. Si otro lo hacía, la cubanía salía a flote: ―Está dulce ―O sencillamente lo llamaba aguachirre, en abierta alusión a su mala calidad. Si tenía el punto ideal, sus ojos brillaban como el lucero que nos recibía cada madrugada y decía: ―Lo coló mi hijo―. Con esa alegría de hacerle el “verdadero café” la acompañé muchos años. Mi ex-esposa nunca logró colar una infusión que se acercara a la esencia deseada por mi madre. Sus nueras tampoco se acercaron al sabor divino que un día aprendiera de la vieja Llalla en el caserío de Las Lajitas, lugar donde nació, cerca del poblado de Maffo, un 21 de diciembre de 1915. 

El 28 de noviembre de 2011, lunes, a las 3:55 de la mañana, bajo un frío terrible, el espíritu de mi madre se fue de este mundo. En la morgue su cuerpo dormía. Todos nos despedimos, la besamos, fui el último en hacerlo para que llevara mi olor a la eternidad. El mismo lucero que nos acompañó en las madrugadas estaba allí. Ese día tomé café, mucho café, pero ninguno se parecía al que hacía para mi vieja.  

Un día después de su muerte, regresé a mi casa natal, en el viejo armario seguía el perfume que le había regalado por su cumpleaños 95, las pantuflas blancas frente a la cama, el talco de tocador, la bata de flores, la toalla que tanto quería, la frazada de corazones rojos para el invierno... Su mota tenía un olor que no quiero olvidar, en su peine algunos de sus cabellos... Puse mi cabeza en su almohada y pude sentirla respirar, soñar incluso... Cerré los ojos, me parecía verla apagar el candil con una de sus manos, en un movimiento que nunca pude aprender antes de caer en los brazos de Morfeo; la vi macerar granos de café tostados en el pilón durante las madrugadas, o apurar el primer buchito del colador para que nadie que no fuera yo la viera, o alborotar a las gallinas con su pi-pi-pi, la canción que más me gusta recordar en su voz Recorrí la casa. Llegué al fogón de leña del que nunca quiso desprenderse, a pesar de los tiempos modernos; en el patio seguían sus flores, perfumadas, tan hermosas; todo parecía normal, pero faltaba algo irrecuperable... Fui al viejo balance, mi cuerpo descansó allí por un largo rato, sentí sus manos en mí apagado cabello y sus frases de aliento ante mis derrumbes: ―Tienes que seguir, hijo, no puedes detenerte. No dejaré de cuidarte, una madre nunca se va. Un aluvión de lágrimas invadió mis ojos. Ya nunca más estaría mi vieja amada, pero mi espíritu no quería aceptarlo. 

Una semana después visité su tumba, mis ojos buscaron la palma cercana donde dormía el sueño eterno, sólo había un tronco, al parecer un rayo le puso fin. Con tristeza infinita recordé el amor de mi vieja por aquel árbol tan cubano, tan real. Cierro los ojos y aún me parece verla en la madrugada, con el sombrero de yarey protegiendo su cabeza. Evoco aquellos días memorables en que fui muy feliz a su lado. En mi mano derecha el ramo de sus más amadas flores, azucenas y mariposas. Me inclino ante la placa de mármol y converso como siempre lo hacíamos, tengo la certeza de que me escucha en las entrañas de la tierra; hablé de mis preocupaciones, esperanzas, futuros inmediatos, susurré tu nombre amor mío y un ligero sobresalto recorrió mi cuerpo, por un momento creí que me respondería y esperé. Cerré los ojos, la busqué en la memoria, la encontré a mi lado como siempre lo hizo, entonces recobré las energías silenciadas por el dolor y volví a un presente que nunca más sería el mismo. Tomé un coche tirado por caballos; atrás, el viejo tronco de una palma, un torrencial aguacero y unos huesos que veneraré mientras tenga vida.

domingo, 4 de septiembre de 2022

CUMPLIRÍAS AÑOS HOY (77 padre mío)


Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

Querido viejo:

Nunca te defraudaré, seré decente hasta con mis enemigos. 

Me empeño en no torcer ese camino que me enseñaste y llegar al final de la vida como lo hiciste tú: digno, respetado y sobre todas las cosas, justo. 

Hoy te recuerdo alegre como lo eras en vida. Un padrazo como usted es luz, porque inspira el bien y lo bello, incluso  desde el cielo. 

Desde esa altura viejo has podido verme día tras día; cumplí cada mandato tuyo, estuve al lado de nuestro padre viejo, como me pediste, hasta que la tierra lo arropó en su calor.

Vivirás siempre en mí hasta que Dios disponga de mi cuerpo. 

Me enseñaste a ser sensible, así seré hasta el último día. 

Te amo viejo. Te amo mucho.

domingo, 19 de diciembre de 2021

CUMPLO 50 AÑOS

Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

Hoy 19 de diciembre es un día como cualquier otro, nació el poeta José Lezama Lima, el físico Albert Einstein visitó La Habana, y nací yo, el hijo de Enma, Sulpicio y Arnoldo en el oriente de Cuba. 

Fui bendecido por la mano de Dios: me dio dos padres y una madre. 

Crecí en el campo. 

Viví una infancia muy feliz. 

No me faltó nada material, ni eso que llaman amor. 

Me enseñaron a cultivar la dignidad y el respeto, como mayores atributos de un ser humano. 

Por robar cualquier cosa recibías un castigo, tan severo, que nunca más pensabas en repetirlo. 

Soy de los que tuvo la suerte de tener en sus primeros años de vida los juguetes que venían por la libreta, uno básico y dos secundarios.  Podrán imaginar entonces que no me faltaron las canicas, una máquina de pedales, aviones, ametralladoras, soldaditos

En mi casa era religioso celebrarme el cumple. 

Los regalos que más felicidad me daban eran los libros. Mi padre aparecía sobre una loma y sentía el chiflido anunciando su llegada; yo corría muchos metros, saltaba a sus brazos y hacía la pregunta del millón: ― ¿Qué libros me trajiste?― Respondía: ―Es una sorpresa querido hijo―, pero me permitía buscar en sus cosas y ante mí surgía ese olor a papel que me hacía cerrar los ojos y aún hoy me hace experimentar el mismo placer. Ese día mí madre ponía ganas en la cocina y un exquisito fricasé de pavo, gallo o gallina de guinea, eran sus delicadas maneras de hacerme feliz. Mi padre abuelo también hacía su parte, pues me sorprendía con un jolongo de raspaduras y turrones de Jiguaní. Mis primos Daniel, Susy y Mindalia, siempre tenían detalles hermosos. Los tíos Libo y Luca se aparecían con seleccionadas polluelas para que aprendiera a tener patio propio. Así fueron mis cumpleaños de la niñez y la adolescencia; después perdieron aquella intensidad por muchas razones, que ni los economistas mismos han sabido explicar, así que no hablare de eso. 

No me pondré a contar toda mi vida creyendo que por ser mí cumple soy el ombligo del mundo, pero bueno, algunas pequeñeces ―inmensas en lo personal―, vale la pena compartir: 

Estudié, crecí profesionalmente y logré algunas cosillas, entre ellas ejercí el magisterio, la dirección, el periodismo, escribí libros y trabajé el campo. 

Cometí errores, me esforcé por superarlos y aprender de ellos para no repetirlos. 

Me decepcionan los arribistas mediocres, que a golpe de maniobras turbias escalan y ocupan puestos. Los he combatido en todos los lugares que he estado. 

No resisto la intolerancia, la guataquería, la mediocridad, el fanatismo, los dogmas… 

Creo en la Cultura como único modo de ser libre y virtuoso. 

Finalmente recordar que mi último año de vida no ha sido bueno; perdí grandes amores que dieron orden y fundamento a mis días: mi padre viejo, mi mascota Cuquita, el trabajo y la patria chica donde vine al mundo. 

A mí amada Alejandra, que siempre ha estado ahí ―apoyando mis proyectos, mi resistencia, queriéndome con mis defectos―, muy pronta recuperación. 

Así que no tengo nada que celebrar, a no ser el hecho de estar vivo y saber quiénes son amigos, familia, esencia de nuestro ser en lo espiritual. 

martes, 20 de abril de 2021

Cumples 106 años hoy


Por Arnoldo Fernández V.

Llegas hoy a los 106 años. ¡Dicha grande! ¡Júbilo en los que te amamos sin faltarte nunca!, los más humildes, los que menos tenemos, pero siempre encontramos la forma de que tengas lo necesario y sobre todo, mucho AMOR.  

Cuando Madre murió, creí que no podrías soportarlo; sin embargo, ya hace 10 años y sigues retando al tiempo, timonel de un cuerpo que aún responde y unos pensamientos que hablan de la inmensa lucidez de tu cerebro. 

De niño a hombre guiaste mi crecimiento espiritual. Nunca olvido la muerte de tu padre y el dinero que había puesto en tus manos, allá por el Machadato; mucha plata de una venta de reses; podías haberte callado, pero pasado el entierro, llamaste a tu madre y entregaste una cifra memorable; ella te abrazó y elogió una seriedad que, en lo que a mí persona respecta, inculcaste siempre.  

Una sola vez me castigaste por unas sucias palabras dichas por un niño de seis años. Recuerdo cuánto corrí huyendo la reprimenda, hasta que no me quedó más remedio que entregarme y conocer el rigor de una paliza eterna, de la que nunca he podido olvidarme, pero que me enseñó el respeto a los mayores como algo sagrado. 

Me inculcaste la pasión por la pelota; la de aquellos tiempos y la de ahora, la del Habana y el Almendares, la de Orientales y Serrano. Del boxeo, qué placer escuchar tus disertaciones. ¡Cuánta sabiduría viejo.  

Las tardes, una y otra vez las evoco, pegados a la radio para escuchar Campo Alegre, Ritmos Latinoamericanos, La Gran Aventura de la Humanidad; o las noches junto a Sector 40, Alegrías de Sobremesa y Nocturnos. ¡Qué vida más sana,viejo! En mis pensamientos están todas tus narraciones, desde las más surrealistas, hasta las más cotidianas; por ejemplo, la de aquel aparecido en tus noches mostrándote señales de un dinero enterrado; el que sentías como una presencia incómoda cuando ibas a caballo a lugares lejanos; o las apariciones de tu padre cuando la muerte te ha rondado mostrándote un camino y abriéndote los brazos. 

En mis pensamientos están todas tus narraciones, desde las más surrealistas, hasta las más cotidianas; por ejemplo, la de aquel aparecido en tus noches mostrándote señales de un dinero enterrado; el que sentías como una presencia incómoda cuando ibas a caballo a lugares lejanos; o las apariciones de tu padre cuando la muerte te ha rondado mostrándote un camino y abriéndote los brazos. 

Gracias a la vida, por darme el regalo de tus 106 años. Espero, Dios lo permita,  sigas retando al tiempo; y en cada estocada, ganarle siempre, empeñado en recorrer el mismo camino que empezó un 20 de abril de 1915. 

lunes, 28 de enero de 2019

El último cumpleaños de José Martí en Nueva York


Posible apariencia de José Martí durante los últimos meses de vida. Reconstrucción realizada por Jorge Chinique y Luis Rodríguez. (Tomada de http://www.josemarti.cu)

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

¿Cómo celebró José Martí su último cumpleaños?  Es una pregunta que hoy respondo, pues muchas personas desconocen lo relacionado con este acontecimiento en la vida del cubano más universal.

El 28 de enero de 1895 Martí llegó hasta El Delmonico, uno de sus restaurantes favoritos en Nueva York. Amigos íntimos le ofrecieron una comida especial donde no faltó pargo frito, arroz a la vizcaína, ensalada de vegetales, vino Mariani y frutas tropicales de su América más amada.

A la comida asistieron Carmen Millares, María Mantilla, Gonzalo de Quesada, el doctor Ramón Luis Miranda, Gustavo Govín y Luis Rodolfo Miranda.

El cumpleaños fue discreto, pues agentes de la Pinkerton seguían los pasos de Martí y había una orden de captura vigente, luego de saber España, todo lo relacionado con el Plan de Fernandina.

Martí se había escondido por dos semanas en la casa de su médico personal, el doctor Ramón Luis Miranda. El 28 de enero lograron burlar a la Pinkerton y El Delmonico ofreció su última comida a Martí. Cumplía 42 años de vida.

Una vez más, Nueva York era su Patria de afectos, cuidados, familias que lo llamaron Apóstol.  Dos días después lleno de fe y esperanza en que Cuba sería libre, se despidió de los suyos y partió a Santo Domingo, acompañado del joven Manuel Mantilla, a encontrarse con Máximo Gómez.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Celebrando mi cumpleaños con amigos y familiares en Cuba

No quedó nada en la olla, ni siquiera la nata que alarma, principalmente a las mujeres, por el esfuerzo que hay que hacer para fregarla.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Celebré mi cumpleaños con buenos amigas y amigos que llegaron hasta mi casa, aquí en Cuba, cargados de libros, frascos de ron cubano, guitarras soneras y sobre todas las cosas, un enorme cariño.

Ayer comprendí que la amistad es un campo que debe cultivarse para que de frutos eternos. Allí estaba Osmani Rosabal, amigo a prueba de años, más de tres décadas, sobrellevándonos en las buenas y en las malas.

El escritor Eduard Encina, hermano, por encima de las diferencias, tan normales en los seres humanos que piensan con cabeza propia; logró encontrar para mí, Órbita de Virgilio Piñera, libro deseado y que en acto de alquimia poderosa, puso en mis manos con una hermosa dedicatoria.

Mi tío Israel, junto a su adorable nieto, estuvieron conmigo, ellos fueron los responsables de hacer el ajiaco milagroso que todos degustaron hasta saciar los deseos. No quedó nada en la olla, ni siquiera la nata que alarma, principalmente a las mujeres, por el esfuerzo que hay que hacer para fregarla.

No puedo dejar de mencionar a mi esposa, y, por supuesto, a mi padre, embajadores principales del amor sembrado en todos los que acudieron a mi casa, para felicitarme y desearme salud. Brindo en la copa de la amistad, con amigos y enemigos, ignorando barreras que anulan y dividen a los hombres. ¡Viva la amistad!  
Eduard Encina, hermano, por encima de las diferencias, tan normales en los seres humanos que piensan con cabeza propia.
 
Junto a mi sobrino y mi tío.
Junto a mi padre y mi esposa.
Junto a una joven que me regaló dos interesantes libros del Che Guevara.
Junto a buenos amigos que acudieron a felicitarme a pesar de su trabajo.
 
Junto a mi adorable esposa.
Junto a mi sobrino.


lunes, 19 de diciembre de 2011

La magia de Facebook en mi cumpleaños

Cumplo 40 años. Puede ser la mitad de la existencia, quizás estoy en el final, nadie sabe. Pero hoy, al abrir mi página en Facebook, respiré profundo. Algunas lágrimas me visitaron. ¡Cuántos amigos estaban ahí, deseándome lo mejor, felicitándome! Era la magia de las redes sociales, sus encantos. Hoy soy muy feliz porque tengo amigos en todo el mundo. Abrazos sinceros y brindo, con cada uno de ellos, en la copa de la amistad.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Es 19 de diciembre. Cumplo 40 años. ¿Cuántas cosas uno haría el día de su cumpleaños? Sin embargo, hoy caminaré las calles de mi pueblo natal, e intentaré encontrar razones para seguir adelante. Siempre hay razones, pero hay que saber buscarlas.

Hoy estaría junto a mi Madre, muerta el pasado 28 de noviembre, celebraríamos con alguna cena, tendría un día feliz, si es que esa palabra existe y se puede entender en su total dimensión. Junto a ella, esa palabra tenía todos los sentidos imaginables. Sin ella, es difícil encontrarle significados más allá de la tristeza.

Cumplo 40 años. Puede ser la mitad de la existencia, quizás estoy en el final, nadie sabe. Pero hoy, al abrir mi página en Facebook, respiré profundo. Algunas lágrimas me visitaron. ¡Cuántos amigos estaban ahí, deseándome lo mejor, felicitándome! Era la magia de las redes sociales, sus encantos. Hoy soy muy feliz porque tengo amigos en todo el mundo. Abrazos sinceros y brindo, con cada uno de ellos, en la copa de la amistad.


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