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Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
Su perfume grosero tiene el aliento de la noche
el cuerpo respira al apaleado que una vez rindió cuenta a los altares
ahora repta sobre el piso de la mañana la palabra tiene carga en sus labios
todo en ella es anormal lo humano le es ajeno diría el sabio sentado
en la piedra de la tarde pero ella sigue en su pose construye un reino de vanidades
burla el discurso del jefe no interesa el poeta el hombre
ella es otro le basta el clítoris de la otra en el suyo
alguien la llamó como la letra de una salsa puertoriqueña
pero a ella le basta una falda cortica
para esconder la noche que lleva en su alma.
