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jueves, 7 de agosto de 2014

Gabriel Pierre pide refugio en Estados Unidos por ser Testigo de Jehová

"He sido víctima de marginación, fui apartado sin posibilidades de salir al exterior como entrenador, debido a mis creencias religiosas”, confesó Pierre, que pertenece a los Testigos de Jehová junto a su familia.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu 
La noticia la da el mismo canal por donde nos enteramos, hace algunos días, que Antonio Pacheco solicitó el estatus de refugiado político en los Estados Unidos. Casi los mismos móviles, aunque con la diferencia de que el Capitán de Capitanes no ofrece declaraciones políticas, alegando  que  lo suyo “es la pelota, enseñar y convertirse en entrenador de las Grandes Ligas”. Gabriel Pierre, junto a su familia, si concede una entrevista en Miami y los argumentos esgrimidos, por él y su esposa, para justificar el cambio de aires, aluden a la discriminación religiosa de que fue víctima por ser Testigo de Jehová en Cuba. De ser ciertas, abren un capítulo a debate sobre el que regresamos en Caracol de agua con particular fuerza. ¿Qué consideraciones pueden argumentarse sobre un asunto tan delicado?

El hecho de que Pierre fuera invitado a casi todos los juegos de las estrellas retiradas del beisbol cubano, en los últimos años, niega el hecho de ser un marginado por su condición religiosa. Incluso, en la demostración de habilidades previas, en ese tipo de evento, él era uno de los elegidos en el bateo de largo alcance. 


Sin embargo, sobre Pacheco, Kindelán y Pierre pesa una decisión errada de la  Comisión Nacional de Beisbol que en el programa televisivo Confesiones de grandes fue fundamentada por ellos con mucho dolor;  pues fueron apartados  de las series nacionales cuando estaban en el mejor momento de sus carreras deportivas. ¿Acaso hay heridas no cerradas en estas estrellas, que llevan a dos de ellos a tomar decisiones como la de solicitar el estatus de refugiado en el país que por más de 50 años consideraron el peor enemigo de Cuba?


Pierre habla de darle una mejor vida a sus hijos. Pidió, a través del citado medio de prensa, ser contratado como entrenador de algún equipo de las universidades estadounidenses. Su esposa puso la nota clave, al informar sobre la invisibilidad que anuló la vida personal del estelar pelotero, desde que disidiera profesar la religión de los  Testigos de Jehová.  ¿Será cierto esto? 


Creo, con toda honestidad, que Cuba ha cambiado en los últimos años y nadie es marginado por profesar una u otra religión, incluso la Constitución de la República es clara en su artículo 8: “El Estado reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa. En la República de Cuba, las instituciones religiosas están separadas del Estado. Las distintas creencias y religiones gozan de igual consideración”.


No obstante, si algo tarda en cambiar en cualquier sociedad son las mentalidades. No dudo que todavía queden militantes del Partido Comunista aferrados al dogma de ver con mala vista a algunas corrientes religiosas, entre ellas la de los Testigos de Jehová. Ojalá y me equivoque en esta apreciación, pero tenemos que profundizar en elementos socioculturales que minan, para desgracia nuestra, la unidad de la nación, en momentos donde se potencia la diversidad y  pluralidad de voces y grupos. Cuba cambia, pero muchos siguen anquilosados en viejas creencias. Ojalá y lo de Gabriel Pierre sea una construcción mediática suya para insertarse en esa sociedad  y no errores de las autoridades deportivas al darle tratamiento como religioso.

Sobre  la relación religiosos, militantes del Partido Comunista en Cuba recomiendo leer los siguientes post: 

*Militantes del Partido vs Religiosos en Cuba

*Perfil estalinista de algunos militantes del Partido en Cuba

lunes, 26 de mayo de 2014

Militantes del Partido Comunista vs Religiosos en Cuba



 Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu

¿Qué le sucedería a una persona en Cuba, militante del Partido Comunista por muchos años, si decidiera entregarse a Dios? Es una interrogante que muchos formulan en privado, pero muy pocos se atreven a expresarla públicamente. También se han preguntado: Si un militante del Partido pide su liberación: ¿Se la darían sus camaradas? ¿Dejaría de ser revolucionario en sus acciones comunitarias?

Constitucionalmente existen dos artículos que expresan claramente la importancia de una y otra forma de la conciencia social: “5. El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista   leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”. “8. El Estado reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa. En la República de Cuba, las instituciones religiosas están separadas del Estado. Las distintas creencias y religiones gozan de igual consideración”.

Sin embargo, algunas personas, muy enfermas, prefieren ser  incondicionales al Partido sin importarle lo que suceda con sus vidas. Ser militante exige para ellas, una entrega sin límites donde familia, salud, amigos y vida social, deben posponerse para lograr los propósitos fijados. Las preguntas que se hacen algunos jóvenes y adultos son: ¿Pueden esas personas solicitar su liberación de las filas sin ser malinterpretadas ideológicamente? ¿Pueden escoger la opción religiosa como norte de sus comportamientos?

Si importantes figuras de la esfera pública, -religiosos paradigmáticos por cierto-, dieron los primeros pasos hacia su conversión al Partido: ¿Por qué militantes, de probada  trayectoria, no pueden incorporarse libremente a una iglesia determinada? ¿Ateísmo marxista e idealismo cristiano pueden convivir en un mismo ser? Cambiar la mentalidad es un proceso a largo plazo. Todavía tenemos muchos estancos en la cabeza para atravesar esa ruta y salir más fortalecidos culturalmente.

Conozco la historia de un buen amigo, más de veinte años siendo militante, de sus 38 de vida, que un día no quiso seguir en las filas porque quería dedicarse por entero a su familia, al trabajo y a la religión;  sus compañeros lo interpretaron como debilidad ideológica.  Hoy es una excelente persona y un trabajador ejemplar. Lo único malo que hizo fue irse del Partido a la Iglesia, pudiera argumentarse, pero: ¿Acaso el ser humano no es  libre  al elegir sus creencias y asociarse a una institución religiosa cualquiera?

En esto último, la sociedad cubana debe madurar mucho más, para no errar en sus decisiones y traer de regreso el nocivo contra sí, demostrado por Joel James en un ensayo titulado: Cuba 1900-1928: La República dividida contra sí misma. La memoria histórica alerta que no es tiempo ahora de abrir las puertas al catalizador de las discordias.

Cuba es hoy más plural que nunca en su cultura. Bienvenida pues la unidad de los revolucionarios, pero sin dogmas, espíritu de secta, fundamentalismos ideológicos, ni fanatismos absolutos. Las  personas tienen derecho, por  sí mismas, a elegir como serán más útiles a la actualización del modelo. La religión ha desempeñado un importante papel en los procesos emancipadores vividos. Hombres y  mujeres, de probada virtud, salieron de su seno: ¿Por qué no aceptar entonces, como algo natural, el paso del Partido Comunista a la religión?


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