miércoles, 7 de abril de 2010

Una enfermedad en el interior de Cuba: el Síndrome de Eróstrato

De hombres así está lleno el camino del infierno, es difícil soñar y tener a una hormiga sobre ti a cada paso. Sólo queda una opción: aplastarla y seguir, eso es lo menos que se le puede hacer a los que padecen el Síndrome de Eróstrato.

Por Arnoldo Fernánd
ez Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Vivir en el interior de Cuba tiene sus encantos, pero también sus crueldades, entre las que cito y argumento una de ellas: el Síndrome de Eróstrato, ya muy normal en personajes que creen, por obra y gracia del espíritu santo, estar dominados por la razón universal. Nunca se equivocan.

Esos personajes se presentan ante figuras públicas o personas comunes y deciden por la mayoría, incluso obran sin tener en cuenta a la comunidad social o virtual a la que deben su notoriedad.

De esos tipos está lleno el camino del infierno, me diría un caballero de oscuro linaje, sin embargo le objetaría, ¿pero debemos ser mansas ovejas y seguir sus dictados?, ¿acaso les debemos el grano de maíz o la flor de loto?

Eróstrato fue una persona que, para inmortalizar su nombre, incendió el templo de Artemisa (Diana) en la ciudad de Efeso, la misma noche en que nació Alejandro Magno, el 21 de julio del año 356 a.C. La obra estaba considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo. A pesar de los intentos por reprimir a los que mencionaran su nombre a partir del hecho, nadie pudo impedir el uso del mismo en el devenir de la humanidad.

Un artista de teatro, muy mediocre por cierto, John Wilkes Booth, padeció el Síndrome de Eróstrato, no construyó una obra a base de talento y temía pasar al olvido, por eso planeó asesinar a Lincoln. Es cierto que nadie ha podido olvidar su nombre en la historia, pero el precio de la fama, cuando se consigue sobre la base de lo sucio, no trasciende y al referirse a su figura lo hacen lacónicamente.

Otro señor de una trayectoria mediocre en el devenir de la humanidad fue Lee Harvey Oswald, asesino de Kennedy, su nombre trasciende hacia el futuro gracias a la pesada carga que recayó sobre él, no hizo nada humano, ni grande para merecer la gloria, sencillamente padecía el Síndrome de Eróstrato.

En Cuba, un ser excepcional, José Martí, un hombre que hizo todo lo humanamente posible para liberar a los hombres de las tiranías, devino apóstol por la fuerza de sus argumentos y la conducta ejemplar que siguió para hacerlos efectivos en la práctica, sin embargo, a su lado florecieron personas como Enrique Trujillo, enfermo de envidia, que gana notoriedad por traicionarlo; en silencio le facilitó a la mujer de Martí, Carmen Zayas Bazán y al hijo, los pasajes para que lo abandonaran.

Con esos golpes bajos, los que padecen el Síndrome de Eróstrato, terminan en el interior de Cuba con los afanes creativos de muchas de las personas que intentan robarle una madrugada a la luna, o grabar en versos los sucederes diarios, tras la zarza ardiendo que viera Dios en uno de sus viajes.

De hombres así está lleno el camino del infierno, es difícil soñar y tener a una hormiga sobre ti a cada paso. Sólo queda una opción: aplastarla y seguir, eso es lo menos que se le puede hacer a los que padecen el Síndrome de Eróstrato.

Gloria a los que defienden una idea limpiamente, empalamiento a los que despedazan al otro para ganar notoriedad pública y olvidan que en el reino de la tierra, todos los hombres somos hermanos.

3 comentarios:

Eugenia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Eidis Caballero dijo...

Es triste ver cuántos padecen de este sindrome, lamentablemente no puedo ni contar los que conozco, y hacen que "los otros", se sientan como el último de los Buen Día con el pellejo hinchado por las hormigas para que la estirpe de soñadores no tenga una segunda oportunidad sobre la tierra.

Anónimo dijo...

Yo conosco a 2 y nacieron en biran

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