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viernes, 9 de diciembre de 2011

Por el páramo hasta la ciudad de los caballeros: vivencias de una médico cubana

Por Dra. Odalis García Paneque. odalis.garcia69@yahoo.es

El 29 de junio, en medio de aplausos y júbilo intenso, la brigada médica 24 del 2011 llegó al aeropuerto internacional Simón Bolívar, Estado Vargas, en Venezuela.

Mi primera visión, desde la ventanilla del avión, los cerros de Katia la Mar. Conocí de su existencia en el 2002, cuando su pueblo, movido por una fuerza superior, bajó hasta el palacio de Miraflores a reclamar el retorno de Hugo Chávez.

Al pisar la Venezuela soñada, recordé a Martí: “… y cuentan que un viajero llegó a caracas y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó donde se comía ni donde se dormía, sino donde estaba la estatua de Bolívar…”

Trámites aduanales por unas horas. Luego, una noche en el hotel “Las15 letras”. Otros compañeros, menos favorecidos, pernoctaron en el campamento de las diferentes misiones.

En la mañana, del siguiente día, los colaboradores que fuimos designados para el Estado Mérida tomamos la buseta, un pequeño ómnibus con capacidad para unas 20 personas. Comenzó así una travesía que duró unas 16 horas, y nos acercó, por primera vez, a la naturaleza venezolana, llena de contrastes. Atravesamos llanuras, ríos, montañas, pueblos campesinos, grandes ciudades, cambios de clima que, en algunas zonas, el calor nos hizo deshacernos de casi todos nuestros atuendos; y unas horas después, el frío nos obligaba a tomar los abrigos. Sentimos el cansancio de las horas de viaje y el deseo de probar comida caliente para calmar el estómago, que ya extrañaba la comida criolla de nuestra casa; ahí fue donde comencé a sentir la solidaridad de este pueblo, cuando el chofer venezolano, de forma amable pagó mi primer almuerzo. Con el citado hecho, inició mi identificación con este pueblo.

La experiencia más dramática, de la travesía, fue sin duda la cruzada por los páramos andinos; un paisaje lleno de pueblos antiguos, con los más disímiles contrastes constructivos; montañas con cumbres nevadas. Los sembrados. En las noches, luces que parecen como suspendidas en el aire. El organismo, no adaptado a tales alturas, siente el llamado “mal de páramo”, una sensación de desfallecimiento, unido a mareos y vómitos que obligó a parar la buseta en muchos sitios.

Así fue que llegamos a Mérida, la conocida mundialmente como ciudad de los caballeros, muy agotados, pero plenos de sueños.

Han transcurrido ya 5 meses, y he tenido emociones que han ido a los extremos: dolor por la muerte de mi padre a los 5 días de llegar aquí, víctima de una enfermedad cancerosa. El diagnóstico, pocos días después, de cáncer de pulmón a mi madre, la que hoy en Cuba, de forma valiente, enfrenta su enfermedad, con fe en Dios y la medicina cubana.

En el otro extremo, un pueblo generoso que nos acogió desde el primer día. Amigos venezolanos que, desde entonces, han hecho suya cada dificultad que hemos enfrentado.

Desde mi puesto de trabajo, en el Centro de Alta Tecnología de Mérida, he tenido el disfrute de brindar atención médica especializada a todos los que han llegado hasta aquí.

Cada día recibimos una sonrisa, un apretón de manos y el agradecimiento a Chávez y Fidel por llevar atención médica gratuita a todos. Nos sentimos premiados. Me atrevo a decir, en nombre de mis compañeros, que nuestras expectativas personales y profesionales han sido cumplidas.

domingo, 13 de noviembre de 2011

¿PERIODISTAS DE ACADEMIA? UFF en nuestra islilla existen muy pocos….

Pintura: La Escuela de Atenas. En la misma aparecen Platón y Aristóteles dialogando y sosteniendo cada uno sus obras. La obra la concibió Rafael y es una recreación de lo que pudo haber sido la Academia* de Platón.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Siempre he valorado con recelo las clasificaciones intelectuales y las etiquetas, sobre todo si vienen de una persona cercana, una cabecera provincial o la capital de un país.

Generalmente las clasificaciones y etiquetas son excluyentes y persiguen, sobre todas las cosas, marcar territorios donde establecer señoríos para moverse libremente y no ser cuestionados por el otro diferente.

Así llegamos a una clasificación sospechosa, al menos para mí, “Periodistas de Academia”. ¿Quiénes se recogen bajo esta denominación excluyente? Bueno, para comenzar, demiurgos sembrados en prácticas llamadas por algunos doctos: “Diarismo”.

Casi nunca, por no decir nunca, los abanderados del “Diarismo”, asumen el ejercicio periodístico como un hecho creativo, de ahí que no lo imaginen como un tipo de literatura que exige cultura y dominio de la lengua. A ellos sólo les interesa el diario vivir, y más allá de esas miradas, no conciben otra cosa.

A esos peligrosos miembros del rebaño del “Diarismo”, todo lo diferente les es ajeno y censurable. No conciben individualidades en su entorno; la mayoría reina y anulan cualquier afán creativo. En otras palabras, no tienen bandera y navegan en todas las aguas.

Sin embargo, no pretendo caer en la trampilla de los señores del “Diarismo”. No clasificaré, ni marginaré a nadie con una etiqueta o una tipificación excluyente. Sólo les preguntaré a estos señores: ¿Su práctica periodística se oxigena con la crítica necesaria para liberar las sustancias porosas que la anulan? ¿Escucha usted al otro diferente, y más allá de foros, o reuniones de ocasión, se ha mirado por dentro alguna vez para calificarse egocéntricamente como un Periodista de Academia?

Tengo algunas respuestas para los señores del “Diarismo”.

Primero. Periodista de Academia es aquel que teoriza a partir de la práctica y sobre la práctica. Elabora definiciones, teorías, propone modelos, implementa cursos de posgrados, maestrías y doctorados para concretar las mismas.

Segundo. Periodista de Academia es el que refleja en una práctica el conjunto de teorías de su profesión y las enriquece continuamente con nuevas iluminaciones a partir de la realidad, que muchas veces supera a las conceptualizaciones, de ahí su misión de describir y fundamentar el nuevo universo que se revela ante él.

Tercero. Periodista de Academia es aquel que tiene un grado científico, o un título académico relacionado genéricamente con su profesión, o con las humanidades en general y lo refleja en una práctica consciente, más allá de falsas atribuciones y clasificaciones excluyentes. El sabio por tendencia es humilde y sabe escuchar al otro. El mediocre se alza con la verdad, y para él, es la única ante cualquier situación.

Cuarto. Periodista de Academia no es el que tiene un título universitario que condiciona esa clasificación. Graso error. El título universitario certifica que usted tiene un conjunto de habilidades profesionales e investigativas que puede desarrollar con éxito en el ejercicio de su profesión, ello no quiere decir que ya es una persona de la Academia; para alcanzarlo tendrá que lograr muchos títulos académicos y grados científicos que avalen sus afanes creativos en el gremio.

Quinto. Periodistas de la Academia son aquellos doctores, master, y publicistas, que generan teorías desde su práctica, y renovan los procesos en decadencia dentro del gremio, con nuevos hallazgos y aportes a la profesión.

Así que por lo dicho hasta aquí, es bueno terminar con estas marginaciones simuladas y excluyentes, que en verdad esconden propósitos decadentes y falsos. Nadie es Periodista de Academia porque estudió esa profesión en la universidad. Por favor, entonces todos los graduados de la universidad en Cuba pertenecen a la Academia. UFF, pongo punto final aquí, porque “Periodistas de Academia”, en nuestra islilla, existen muy pocos….

*Academia:

Academia antigua, la que formaban los discípulos directos de Platón: Espeusipo, Xenócrates, Polémon, Crates de Atenas, o Crantor de Soli, cuya obra no se ha perpetuado, pero que seguían la doctrina de su maestro: que el conocimiento está basado en creencias verdaderas justificadas.

Academia media, fundada y representada por Arcesilao de Pitana en 244 a.C., y se caracteriza por la vuelta al método socrático, mediante el empleo de la ironía, la interrogación y la duda en las controversias filosóficas.

Academia nueva, a partir de 160 a.C. y representada por Carnéades, que sin caer en un escepticismo absoluto, enseñaba que no se puede alcanzar más que lo probable, es decir, que es imposible tanto la certeza total como la incertidumbre completa.

Academia sueca: Su fundación esta dada en 1786 por el rey Gustavo III de Suecia, con el objeto de fomentar el uso del idioma sueco siguiendo como modelo la Academia Francesa (misma academia sobre la que se modela la Real Academia Española). Consta de 18 miembros, sus funciones eran inicialmente similares a su homóloga francesa. Su objetivo principal consiste en servir la pureza, el vigor y la majestad de la lengua sueca. Todos los años la Academia sueca designa al laureado de Premio Nobel de literatura, uno de los premios instaurados por Alfred Nobel en su testamento.

viernes, 28 de octubre de 2011

Sobre la prensa en Cuba

"Yo creo que debía haber un cuerpo colegiado integrado por dirigentes partidarios e institucionales pero también por trabajadores y personalidades de suficiente y probada autoridad como para no disponer algo que vaya contra su conciencia y su prestigio.

Este órgano debía proponer los directores de los otros periódicos, las revistas y los espacios noticiosos radiales y televisivos de alcance nacional, que serían electos por período de tres años, prorrogables a otros tres". (Leer todo el artículo y opinar)

Por Guillermo Rodríguez Rivera.


Los amigos de Espacio laical(*) me han distinguido llamándome, otra vez, para tomar parte en un dossier de esos que pueden contribuir a aclarar algunas cosas que hace mucha falta aclarar. Quieren mi opinión para que se incluya en lo que, sin duda, será un debate sobre la prensa en general y, específicamente, sobre la prensa en Cuba.

Quisiera empezar por decir que alguna vez, allá en mi ya lejana adolescencia, acaricié el propósito de ser periodista. Nunca llegué a matricular en la Escuela de Periodismo que existía en Santiago de Cuba, la ciudad donde nací y crecí. Y cuando, casi al triunfo de la Revolución mi familia decidió mudarse a La Habana –donde ya vivían mis hermanos médicos-- , tampoco quise estudiarlo porque, leyendo las crónicas del mayor de los periodistas que ha dado Cuba, José Martí, y que nunca había estudiado periodismo, comprendí que el periodismo no era un saber sino una habilidad, un oficio que hay que desarrollar desde una formación humanística. Hacer una crónica o un reportaje (más aún un artículo de opinión) se aprende a hacer leyendo a los maestros y, ante todo, escribiendo. Claro, si uno tiene la capacidad para hacerlo.

Lo cierto es que casi mi primer trabajo fue de periodista. Digo casi porque inicialmente trabajé en una oficina a mis diecisiete años, pero rápidamente me vinculé a la Dirección de Cultura de la Asociación de Jóvenes Rebeldes. Allí conocí a Ines Martiatu y a Sara Gómez, entonces tan jóvenes como yo, y no sé ni cómo empecé a escribir crítica de cine para la revista Mella, el órgano oficial de la AJR. Esther Ayala, que entonces era su jefa de redacción, me convenció para encargarme de otros trabajos, y al rato andaba yo escribiendo crónicas y hasta reportajes sobre casi todo lo humano y casi nada de lo divino.

Todavía, mientras cursaba mis estudios de filología, fui periodista en Radio Reloj Nacional, por invitación de mi amigo Edel Suárez y en la Revista Cuba, donde fui secretario de redacción y tuve como jefe a Darío Carmona, periodista republicano español, con quien aprendí casi todo lo que sé del oficio. Pero preferí dedicarme a la más desasida, a la más intemporal literatura porque empecé a comprobar que el periodismo socialista se regía por normas muy peculiares.

Si uno hurgaba en una bibliografía al alcance de todos, empezaba a descubrir que las reglas que establecían las coordenadas del periodismo socialista eran las que había establecido Lenin en diversos artículos. Lo que ocurría es que, si uno miraba los años cuando se escribieron, las fechas de esos artículos de Lenin eran 1910 ó 1911. Esto es: eran normativas para la prensa socialista clandestina.

Esas fueron las normas que Stalin –gran maestro de la descontextualización– escogió para regir la prensa del socialismo en el poder. Ese es uno de los signos del dogmatismo y la manipulación: la afirmación que se hizo en una circunstancia, pretende establecerse como válida para todas las circunstancias.

La prensa socialista clandestina, que debía defender contra sus enemigos la supervivencia de una organización perseguida, se convirtió, en el poder, en la reina del secretismo: que se diga lo menos posible, que es lo que prefiere el que hace las cosas mal y quiere ser inmune a los reclamos.

Los partidarios del “secretismo” han tratado de hacer creer que a una revolución, que afecta los intereses de los poderosos y por ello siempre tiene enemigos de cuidado, no le hace bien airear las imágenes de lo negativo que pueda existir en el ámbito donde gobierna, pero esto jamás podrá esgrimirse como un principio legítimo. Los males deben conocerse para poder combatirlos y eliminarlos. Cualquier médico sabe que sin diagnóstico no hay curación. Lo que se precisa es que la caracterización de lo mal hecho se realice con honestidad y precisión.

Cuando único cabe el control y el invocar la seguridad nacional para que la prensa actúe con absoluta disciplina, es cuando la patria está siendo atacada y no debe decirse nada que pueda ser usado por el agresor. Ese principio legítimo puede también pervertirse: la administración del expresidente George W. Bush militarizó la prensa en las guerras de Afganistán e Irak, pero estaba claro que esas guerras eran injustificadas, porque no se combate a un grupo terrorista bombardeando e invadiendo una o dos naciones y estaba claro que la seguridad de los Estados Unidos no estaba en peligro.

No es lo mismo una guerra en la que un país se defiende de una agresión, que la guerra en que el gobierno de una potencia está agrediendo a otro pueblo.

El invocar la defensa de la unidad del país para ocultar el mal manejo de una administración o de cualquier hecho de la vida civil, es también pervertir peligrosamente el que debía ser un principio sagrado. Es devaluarlo, porque se le está usando para ocultar lo mal hecho y así, se le hace cómplice de ello.

La defensa de la Revolución y de la patria no es la defensa de las administraciones que funcionan mal.

El presidente Raúl Castro ha invocado la necesidad de un cambio de mentalidad que nos permita reencauzar la Revolución. Hay que pensar de otra manera para poder cambiar las cosas.

Yo creo que la prensa constituye un instrumento esencial para ello y que, por ello mismo, la burocracia que se opone a los cambios hará todo lo que pueda para evitar que nuestros medios informativos participen de ese cambio. Y los que temen por la seguridad de su cargo, tratarán de no arriesgarse. La burocracia tiene muchas maneras para coartar, atemorizar, retardar lo que no quiere que ocurra.

Hace apenas unos meses, el Dr. Esteban Morales, eminente politólogo y hombre de probada trayectoria revolucionaria, escribió un artículo valorando el peso negativo que tiene la corrupción en el país y explicando cómo ello puede ser más dañino para la Revolución que las mismas actividades de la disidencia interna. Invocaba el caso de muchos de los antiguos países socialistas, donde los socialistas corruptos fueron esenciales para la restauración del capitalismo.

El comité del PCC en su municipio sancionó a Esteban a la máxima pena: nada menos que separándolo como militante comunista, lo que nos pareció escandaloso a muchos. Él apeló a las instancias que correspondían y finalmente fue suprimida la sanción y le fue devuelto su carné de militante. Fue una hermosa y necesaria victoria. Pero la página web donde publicó su opinión no ha vuelto a ser la misma. Se ha cargado de una prudencia que está a un paso del temor, porque entre la prudencia y el miedo, media el mismo paso que va de lo sublime a lo ridículo. En este sentido, la sanción surtió efecto.

El Dr. Morales, uno de nuestros mayores conocedores de la política de los Estados Unidos y frecuente invitado a la Mesa Redonda, no ha vuelto a aparecer en el programa, cuando se han tratado temas en los que es una autoridad. A mí me parece que su reivindicación debía ser completa.

La perversión del uso del principio de unidad degrada la defensa de la patria a la defensa de los funcionarios y, generalmente, de los funcionarios que no merecen ser defendidos.

El “secretismo” crea una ley no escrita mediante la cual las noticias no existen hasta que la instancia pertinente aut-*orice su existencia, si pensaba que la existencia de esa noticia era conveniente a la política del país, o para lo que el censor piensa que son los intereses de la nación.

Cuando la información se publicaba, hacía mucho rato que todo el mundo la sabía, porque en el mundo en que vivimos, el de la Internet y el email, es fácil propagar la mentira, pero casi imposible ocultar la verdad.

La excusa para ocultar una noticia es, casi siempre que, el saberla, laceraría la conciencia revolucionaria de nuestro pueblo. Y ello es subvalorar al pueblo que tenemos, instruido, con una verdadera cultura política y hondamente identificado con nuestra revolución, veterano de todas las batallas de estos cincuenta años; un pueblo que ha sabido asumir a fondo profundos sacrificios. Hay muy pocos pueblos que sean más capaces de conocer todas las verdades sin flaquear que el cubano.

Cometen una gran injusticia o un gran error de apreciación por no conocer por dentro los órganos informativos cubanos, los que juzgan a los periodistas como cómplices del silencio que hace la prensa ante muchas realidades negativas. La autocensura es casi siempre la consecuencia de la censura. Cuando a un periodista le rechazan continuamente sus artículos críticos, termina por aprenderse la lección: la dirección del periódico no quiere que se hagan esas valoraciones, así que lo mejor es ni escribirlas, porque estoy obligando a los jefes a censurarme y, no sólo lo harán, sino que además me culparán de ello porque, con mi insistencia, los estoy obligando a ejercer el feo oficio de censores. Estoy obligándoles a que hagan explícita su posición.

Es cierto que hay algunos que averiguan cómo procede el jefe y actúan en consecuencia, pero son los menos y de todos modos, son también un producto de la censura.

Yo espero que esté al producirse un cambio en el funcionamiento de nuestra prensa. No podrá ser sólo un cambio de figuras, aunque ese cambio pueda estar incluido. Si el sistema sigue siendo el mismo, los resultados serán iguales o muy parecidos.

El socialismo ha demostrado tener, para la información que lo critica, eso que se llama en el boxeo “poca asimilación”. El boxeador tiene que golpear pero, a la vez, asimilar los golpes del contrario. El boxeador que se cae al primer golpe, dicen los especialistas que tiene “mandíbula de cristal”. El socialismo tiene que aprender a asimilar porque ello le es imprescindible para mejorar. Puede hacerlo, pero tiene, como pide Raúl, que cambiar la mentalidad, o la mandíbula.

No debería atemorizarse, aunque es cierto que cualquier problema de la sociedad cubana es enfocado y magnificado por sus enemigos, pero es hora de que dejemos de darle importancia a lo que no lo merece. No podemos vivir subordinados a la apreciación del enemigo.

Si un gobierno detestado por el poder de los Estados Unidos hubiera tenido la cuarta parte de los conflictos que está viviendo y las violaciones de derechos que comete el régimen derechista de Sebastián Piñera en Chile, estarían las Naciones Unidas –incitadas ya se sabe por quién-- buscando mecanismos para decretar desde un embargo económico, hasta ese eufemismo que se llama “zona de exclusión aérea”, mediante la cual impido que otro bombardee a los civiles y los mate, bombardeándolos y matándolos yo.

No hay defensa alguna de los derechos humanos.

No hay casi prensa en el mundo que no este visiblemente manipulada y controlada y no responda a determinados intereses que no son necesariamente los de la legítima información.

La prensa del mundo capitalista es prensa privada y responde a los intereses de sus propietarios, o a los que sus propietarios se alían.

La prensa socialista ha sido manejada por un partido único que se ha fundido con los concretos intereses de los organismos de gobierno actuantes o, más exactamente, con las personas que rigen esos organismos, porque aunque ello no está en el programa, la mayor parte de las alianzas no son entre las instituciones, sino entre los funcionarios que las dirigen, que se relacionan y se protegen.

El Comandante Fidel Castro dijo no hace mucho que un problema muy grave es que nadie sabía cómo se construía el socialismo. Me pregunto: ¿y alguien sabía cómo se organizaba la prensa del socialismo?

Yo pienso que el sistema que tenemos no funciona adecuadamente. El Granma debería hacer los enfoques oficiales que son los que aprueba y respalda con responsabilidad el CC del PCC, del cual es órgano oficial. Su director sería nombrado, tal como ahora, por esa entidad. Pero en la prensa en su conjunto, no pueden circular únicamente aquellos criterios que se consideren como “política oficial”. Tienen que circular valoraciones que enriquezcan el pensamiento, e incluso contribuyan a modificar lo que es hoy la “política oficial”: ese es un acervo del que la sociedad no puede prescindir porque la nutre y la desarrolla.

Yo creo que debía haber un cuerpo colegiado integrado por dirigentes partidarios e institucionales pero también por trabajadores y personalidades de suficiente y probada autoridad como para no disponer algo que vaya contra su conciencia y su prestigio.

Este órgano debía proponer los directores de los otros periódicos, las revistas y los espacios noticiosos radiales y televisivos de alcance nacional, que serían electos por período de tres años, prorrogables a otros tres.

Esos directores tendrían plena autoridad para disponer lo que se publica y sólo serían impugnables por tres razones: 1) porque publicaran información falsa bien por mala intención y/o por probada negligencia en la indagación 2) por ocultar informaciones que deben ser divulgadas; y 3) porque publicaran información que atentara contra la seguridad de la nación.

Esta propuesta habría de discutirse y, seguramente, ser mejorada.

¿Es esto una propuesta descabellada? ¿Es esto un desvarío imposible de concretar? Tendrían que demostrármelo tanto los dueños de periódicos que publican lo que les interesa, cómo los que apoyan la prensa controlada del socialismo, que no cumple las funciones que debía cumplir.

Creo que vale la pena ensayar lo que parece imposible porque, como dijo mi amigo Silvio Rodríguez, “de lo posible se sabe demasiado”.

(*) Espacio laical: órgano del Consejo arquidiocesano de Laicos de La Habana: http://espaciolaical.org/
Tomado de http://segundacita.blogspot.com/


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