Por Arnoldo Fernández Verdecia.
Gracias a José Martí aprendí que el rencor envenena el alma. Hay hombres que viven en el pasado, imaginan glorias en su tránsito apresurado por la vida, no pueden liberarse de esa mala energía. Donde quiera que vivan o estén, ese tipo de hombres no tolerará la luz de otros. El deber de un hombre honrado es estar allí donde sea más útil. Martí en las páginas de su Diario de campaña se invisivilizó para darle voz a otros. Hay que aprender a invisibilizarse para que otros existan. Yo creo que cada generación tiene derecho a hacer sus sueños y es honrado acompañarlos, sin querer que la gloria sea una y los errores de otros. Bienvenidos los hombres montañas, esos que superan el pasado y crean nuevas evangelizaciones de la esperanza. Yo creo en los que hacen, por encima de los que anulan y oscurecen a los hombres. Con los que hacen, liberados de esencialismos primordialistas, yo siempre estaré.
*Obra del artista Daniel Faxas.
