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| El guarapo de caña debiera ser la bebida nacional del pobre en Cuba. |
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu
Día por día el hombre va
hasta el lugar donde venden guarapo de caña, toma varios vasos; una extraña felicidad lo invade cuando aquel
líquido mágico baja a través de su garganta rumbo al estómago.
No imagina el día que falte,
pues consumir otros jugos es casi imposible donde vive; por ejemplo, un litro con
una extraña mezcla de manzana, pera y melocotón cuesta unos $60, que desde su
lógica ordinaria suman varios días de trabajo y ese lujo nunca podrá dárselo.
El guarapo de caña debiera
ser la bebida nacional del pobre, piensa, sus bolsillos vacíos pueden cubrir ese gasto
de forma diaria, sólo cuesta un peso en moneda nacional y generalmente muelen
Media Luna, variedad muy valorada por su
calidad y sabor.
Mientras Cuba socializa el
acceso justo a ese monstruo que se llama MERCADO y el bolsillo del
hombre humilde gana en respeto, no queda otra alternativa que acudir a milagros
como el guarapo, bien cubano y sobre todas las cosas, un gasto que puede cubrirse
con el salario mensual. Bienvenido entonces ese camarada llamado GUARAPO DE
CAÑA, dice el hombre y sale a caminar rumbo a su
cotidianidad.
