En
Baire, pueblito de tremenda historia en Cuba, conocido por lo ocurrido en su
parque el 24 de febrero de 1895, tomé este martes uno de los mejores guarapos
de la isla. La ubicación de “La cubanita”, pues así se llama, está entre la Terminal y una pequeña
tienda en divisas, frente a la
Carretera central, a unos 882 kilómetros de La Habana. El precio del
guarapo, solamente un peso cada vaso en moneda nacional. La caña, molida a la vista del
paseante, da un jugo muy agradable a la vista y al paladar, invita a volver, gracias
también al trato y la higiene exhibidos por sus expendedoras. El tráfico de
personas por “La cubanita” es permanente. Sus inquilinas, son dos jóvenes
hermosas, la hija del dueño, nombrado Hildo Rosales; para sus cercanos,
Manduley, y la otra, de estatura pequeña, pero tan agradable como el guarapo
que se vende allí. Mi vista se perdió en la cola, una y otra vez molían; la
gente bajaba de las guaguas de ómnibus nacionales Astro y empinaban los vasos;
al concluir se veían satisfechos. No pude evitar la tentación de tomar otro; en
el trayecto a mi estómago pensé en los orígenes de la nacionalidad, la caña
traída por los españoles, el viejo trapiche del abuelo donde se molía para producir mieles, raspaduras y
alcoholes; entonces entendí mejor la
cubanía que nos viene de lo profundo, allá donde un negro bajo un sol abrasador
hizo posible el milagro del refrescante guarapo, condimentado con jugo de
limón, en aquel otrora cunyaye, todavía registrado en la memoria insular. Baire, pueblito de tremenda historia, nos invita a
volver. El guarapo de “La cubanita”
puede ser un buen pretexto.
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jueves, 14 de enero de 2016
jueves, 5 de marzo de 2015
Guarapo de caña es la bebida del pobre en Cuba
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| El guarapo de caña debiera ser la bebida nacional del pobre en Cuba. |
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu
Día por día el hombre va
hasta el lugar donde venden guarapo de caña, toma varios vasos; una extraña felicidad lo invade cuando aquel
líquido mágico baja a través de su garganta rumbo al estómago.
No imagina el día que falte,
pues consumir otros jugos es casi imposible donde vive; por ejemplo, un litro con
una extraña mezcla de manzana, pera y melocotón cuesta unos $60, que desde su
lógica ordinaria suman varios días de trabajo y ese lujo nunca podrá dárselo.
El guarapo de caña debiera
ser la bebida nacional del pobre, piensa, sus bolsillos vacíos pueden cubrir ese gasto
de forma diaria, sólo cuesta un peso en moneda nacional y generalmente muelen
Media Luna, variedad muy valorada por su
calidad y sabor.
Mientras Cuba socializa el
acceso justo a ese monstruo que se llama MERCADO y el bolsillo del
hombre humilde gana en respeto, no queda otra alternativa que acudir a milagros
como el guarapo, bien cubano y sobre todas las cosas, un gasto que puede cubrirse
con el salario mensual. Bienvenido entonces ese camarada llamado GUARAPO DE
CAÑA, dice el hombre y sale a caminar rumbo a su
cotidianidad.
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