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jueves, 10 de diciembre de 2009

Juan Fajardo Vega. El último de los mambises cubanos

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu


Juan Fajardo Vega, el último de los mambises cubanos, un hombre que mereció la gloria, a pesar de morir en un oscuro rincón del oriente cubano, lejos de La Habana y Santiago, las ciudades más importantes de Cuba. Había nacido el 15 de agosto de 1881, en el poblado de Contramaestre, actual provincia de Santiago de Cuba, formando parte de una familia pobre, sustentada en las labores agrícolas.

Este hombre de mirada humilde, tuvo la suerte de compartir la lucha con figuras como el general Saturnino Lora, del que confiesa: “me impresionó tanto, que aunque después pude contemplar al gran general Antonio Maceo, la imagen que guardo mejor y con más detalles es la de Lora montando aquella yegua rocín, cuando me conducen a su presencia y me enseñan como un candidato guerrero”.

Siendo apenas un niño, unos catorce o quince años, se lanza a la guerra contra España, convencido de que el único camino es la libertad y la independencia de Cuba por encima de cualquier ambición personal: “En un libro importante de Carlos Roloff, estaba anotado que yo, Juan Fajardo, con el número 20992, ingresé en la guerra con el grado rasante de soldado”.

“Lo que hicieron fue darme enseguida tareas de armero. Reparar carabinas, fusiles, escopetas. Yo en la guerra fui ayudante de armero”.

En los años de la República Neocolonial tiene vivencias que lo marcan, entre las que se cuentan la Guerrita de la Chambelona, un hecho que pasó a la historia de Cuba, como algo triste, pues cubanos deshonestos se enfrentaron con aspiraciones arribistas de ambos lados.

En La Chambelona, Fajardo Vega estuvo a favor de la libertad de Cuba, sin compromiso de partido alguno, siempre con el honor como escudo y los ideales libertarios como armas.

En las luchas desarrolladas por el Ejército Rebelde liderado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, participó como armero del III Frente Oriental. El triunfo revolucionario del primero de enero de 1959 lo sorprende con la carabina al hombro, ya no es el bisoño mambí que tuvo la desdicha de llevarse a la tumba la última imagen de Antonio Maceo vivo, es un hombre dedicado a las faenas agrícolas, un simple campesino que no escribió libros sobre la guerra como lo hicieran muchos de sus contemporáneos.

Este sencillo hombre de campo se comprometió con la causa de Fidel Castro y es de los que se vincula a las diferentes acciones que emprende la Revolución.

No dejó obra escrita que lo inmortalizara, ni ningún poeta cantó sus glorias. Como hombre anónimo salido de lo más profundo de lo cubano, su misión fue darse a los humildes con los que compartió suerte como uno más, no tuvo grandes hechos de guerra, ni se distinguió por sus hazañas militares, pero sus ojos fueron los últimos que vieron al Ejército Libertador, los últimos que vieron a Antonio Maceo vivo.

Esas razones son más que suficientes para que la Revolución entierre sus restos mortales en el Cacahual, junto al invicto general Antonio Maceo y su joven ayudante Panchito Gómez Toro.

Juan Fajardo Vega es el hombre humilde que dijo ante el tribunal de la historia:

“Cada vez que la Patria ha estado en peligro, he dejado mis oficios y me he puesto al servicio de su defensa y cuando volvía la paz, de nuevo a mis oficios. ¡Nada de estar viviendo de la Patria!”.

3 comentarios:

Pepín dijo...

Arnoldo: Me gustó el articulo, en particular su convicción de no vivir de la Patria¡ Eso es ser cubano con mayuscula !

Abrazos: Pepín

Leonardo dijo...

Una crónica excelente donde narra con una oratoria clara la vida del último mambí. te felicito porque fajardo se lo merece aun después de haber fallecido.Gracias

Leonardo dijo...

Una crónica excelente donde con una clara oratoria narra la vida de Juan Fajardo Vega el último mambí,su ejemplo debe perdurar y ser tomado por muchos que no han hecho nada en su accionar por la Revolución y viven de ella

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