lunes, 29 de noviembre de 2010

Algo de razón en la locura de Juan

Por Arnoldo Fernández Verdecia.

De niño escuché historias tenebrosas asociadas a un loco. Una vez dijeron viene y casi me morí del susto. Recorría las calles en la noche y durante el día. Decía frases inconexas: “Vamos para la caña”. “Cómo tiene el ojo la yegua”. “¡Cógela! ¡Cógela!”. “¡Vieja linda!”. “¡Bayamo! ¡Bayamo!”.

Después aprendí a quererlo, sobre todo al saber que protegía a las mujeres si los hombres intentaban abusar de ellas. Varias veces hizo correr, piedra en mano, a algunos frente a mi casa. “No te ha hecho nada. “¡Abusador! ¡Abusador!”.

Otras veces sufrí el dolor de ver como algunos jóvenes abusaban de su desaliñado cuerpo, lo tiraban de un lado a otro y se burlaban de él. El pobre Juan lloraba y decía: “Tú verás con Mariano. Tú verás con Mariano”.

Una noche de invierno lo desnudaron, parecía un Cristo negro con su pelo ensortijado y la barba teñida de nieve. Mi padre le arrojó una manta y dijo: “Juan, no puedes pasar ese frío, debes ir con tu familia”. “Yo no tengo familia. Yo no tengo familia”. Fueron sus palabras.

Un lord de ébano, especializado en fibras, me contó que Juan tiene actualmente 53 años y sus apellidos son González Fabat. Nació el 27 de marzo de 1957. Hijo de Mariano González Naranjo y Encarnación Fabat Cabrales, ambos fallecidos hace algún tiempo. Tiene siete hermanos, seis gozan de buena salud; uno de ellos terminó alcohólico y falleció a causa de una cirrosis hepática.

También conocí que Juan a los dos años fue víctima de la fiebre amarilla y casi lo dieron por muerto. Había nacido sin problemas de salud; sin embargo, aquella enfermedad lo dejó inválido y con problemas de articulación en el lenguaje.

La niñez de Juan fue triste, tenía que arrastrarse por el suelo y nadie entendía sus palabras. Lo llevaron a varias clínicas especializadas pero sus problemas se multiplicaron y le sobrevino un delirio del que nunca pudo recuperarse.

A Juan nadie le ha celebrado un cumpleaños el 27 de marzo, y todavía hoy deambula como un fantasma, por las calles de la ciudad, sin nadie reparar en su desconsolada figura.

El hermano artista esculpió un Quijote negro, tal vez es la imagen de Juan que pretende sacarlo de la pobreza y convertirlo en el Mesías de los chiflados, quizás movido por esa frase emblemática del filósofo Federico Nietzsche: “Siempre hay un poco de locura en el amor. Pero siempre hay algo de razón en la locura”.

8 comentarios:

Ana Aliaga Mendoza dijo...

Arnoldo.
También conozco a Juan hace mucho tiempo, todo lo que refieres es exactamente así, pero puedo añadir algo porque he sido testigo de otras cosas que le incomodan y es que delante de él no se puede regañar a un niño y mucho menos intentar levantarle la mano, hasta sus propios padres "se la buscan" con él.
Para los que vivimos aquí ya Juan se ha hecho una persona de todos, nadie lo maltrata, pero a nadie le acepta que le regales o le des algo de comer... Si lo tratas con cariño siempre te reconocerá.
Bueno que ya Juan es un personaje de los nuestros y como tal lo aceptamos brindándole amor.

Ana Aliaga Mendoza

jorge dijo...

El alto valor humano de este tarbajo me hace me hace sumarme al autor. Perosnaje como Juan nos encontramaos frecuantemente a nuestro paso; a vece sufrimos la burla de que son objeto de parte de insensibles ante el dolor ajeno.
¿Es que estos personajes son así porque quieren? ¿Están los indolentes, u hijo, cualquier familiara, excentos de caer en estado similar por accidentes cerebrovascuales u otra razón?
Si no pueden ayudarlos, déjenlos en paz?

Martha Cabrales dijo...

Hola, Arnoldo:

Tengo un vaga idea de quien era o es Juan: en la bruma de tantos años creo recordarlo...

Rogelio Ramos dijo...

Es grato saber que alguien mira con ternura lo que muchos desprecian, estos personajes abundan. En estados Unidos existió uno llamado Joshua Graham Norton que se autoproclamó emperador de Estados Unidos y hasta se publicaban sus edictos y fue defendido por el mismísimo Mark Twain. La Habana tiene su caballero de París, Bayamo su Rita la caimana y Santiago recuerda personajes como El diablo rojo ,y te voy a decir más , un grande como Carlos Embale murió en su metáfora y solo algunos pocos como Edesio Alejandro le prestaron ayuda. Ya sabes no solo Juan ha vivido de esa manera , la suerte de él es que haya gente como tú Arnoldo que se sensibilicen de esta manera.

rita victoria dijo...

ARNOLDITO, EN ESTA HISTORIA DE JUAN EL LOCO, COMO TODOS LE DECIAMOS SE VE LA NOBLEZA DE TU ALMA, QUE DIOS TE BENDIGA SIEMPRE Y LA VIDA ESTA LLENA DE ESTAS HISTORIAS AGRIDULCES, COMO LA DE JUAN Y YO SIEMPRE VI EN LOS OJOS DE JUAN MUCHA BONDAD.................

Carlos M G Rodriguez dijo...

Mi esposa y yo somos de Contramestre.Cuando fui creciendo conocí a esta persona que con el paso inexorable del tiempo es querido por muchos.¿A cuantos camioneros no les presto sus servicios cargandoles el pasaje al grito de ¡Palma,palma un camió, pá palma!,amén de otras historias. Contramaestre tiene historia y personajes que estarán en sus páginas.

Angel del Toro dijo...

Juan es parte de la sabia que mantiene vivo a Contramaestre. Historia y memoria conviven en un cuerpo aparentemente sin razón: resulta que nadie, absolutamente nadie en el mundo ha podido descubrir las razones de la locura.
!Que sería del ser humano si faltaran en el mundo estas aristas también humenas!
Gracias Arnoldo por tan amplio elogio a lo aparentemente rechazable. Juan es también un gran ser humano

Juan Antonio dijo...

Juan es un símbolo del mundo marginado de Contramaestre. Presentar su imagen con todos sus matices es una suerte para los seres sensibles de este planeta.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Aviso a los lectores de Caracol de agua

Este blog admite juicios diferentes, discrepancias, pero no insultos y ofensas personales. Revise su comentario antes de ponerlo y debatiremos eternamente sobre lo que usted desee. Los comentarios son propiedad de quien los envió. No somos responsables por su contenido.