sábado, 27 de febrero de 2010

“Soy como soy/ y no como tu quieres”

Por Orlando Concepción Pérez. (Escritor y periodista)

Como si presintiera el nacimiento del blog CARACOL DE AGUA, José Martí escribió en 1880: “Los poetas son como los mares, fluyen y refluyen”. (O.C.15:418). Desde las páginas de Internet, un poeta-periodista, Arnoldo Fernández Verdecia, cursó la invitación para que, en representación de la membresía de la UNEAC, pudiera aparecer en su blog, alguna contribución semanal para un caracol destinado a que, en todos los continentes, pudiera iluminarse el universo artístico con imágenes escritas sobre las ramas del Contramaestre del siglo XXI.

Dejar constancia de una profunda gratitud es tan solo un gesto protocolar que nunca alcanzará a dimensionar un sincero reconocimiento. El periodista que dice “Presente” en “Caracol de Agua”, es la mejor expresión de la puesta en práctica de una prédica martiana: “No hay mejor monarca que un periodista honrado”. (O.C. 10-383).

Los miembros de la UNEAC en el municipio Contramaestre, han sido honrados con la invitación. No resulta tarea fácil, ¡no puede serlo!, seleccionar los temas culturales que merecen circular, como nubes limpias, en las naciones del planeta Tierra, en el horizonte infinito de Internet. Cuando el marco propicio es un blog especializado, la profesionalidad del escritor enfrenta un reto sin igual.

Sintetizar el pensamiento para que florezca un par de cuartillas, como si quisiera rivalizar con las complejidades de un cuento breve, reclama una pericia que a veces está muy por encima de las posibilidades creativas de un narrador o un ensayista.

Mucho reconocimiento cabe en las palabras destinadas a servir como mensaje de gratitud a Fernández Verdecia, más que por la invitación, por el galardón de encontrar viajando por el mundo el fruto de las ideas de un lugareño empecinado en convertir en certeza lo afirmado por Martí en “Nuestra América”: “Pensar es servir”. (O.C. 6:25).

Llenar una hoja en blanco con citas martianas, no es el más loable recurso para decir “Gracias”, esa palabra tan útil como insuperable. Quisiera estar dotado del talento que tanto abunda en el campo intelectual cubano, para embellecer lo redactado con metáforas insospechadas, que nada tuvieran que envidiar al “Romancero Gitano” de Lorca. Sin el ánimo de la semejanza textual con uno de los boleros tradicionales, puedo afirmar que “Soy como soy/ y no como tu quieres”.

Ando con el sano orgullo a cuestas porque mis humildes colaboraciones han permitido a contramaestrenses ausentes de muchas maneras, expresar sus criterios, coincidentes o no, pero más que nada, sentirse felices en la distancia porque el pueblo natal, o simplemente residencial de alguna etapa, puede exhibir sus colores naturales sin afeites de artificio.

Negarse a cumplir una petición de Arnoldo, es algo así como esquivar la responsabilidad de ocupar el lugar reservado a los que piensan y por lo tanto tienen el derecho a actuar, hacer, y también a equivocarse. Ojalá este “Caracol de Agua” pueda resistir los embates del desequilibrado siglo XXI, como si fuera una génesis permanente.

Fotografía: Escritores de Contramaestre: Arnoldo Fernández Verdecia, Eduard Encina Ramírez y Orlando Concepción Pérez.

viernes, 19 de febrero de 2010

¿Pingüinos en Contramaestre?

Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
Fotografía: Lazaro Quero Almenares.

La llegada del último frente frío a la ciudad nos trajo una espesa lluvia, era difícil salir a la calle y no agarrar una gripe o sencillamente como decimos en buen cubano “helarse hasta los huesos”.


Nunca imaginé que en este pueblo habitaran pingüinos, sí, y es una curiosidad, que tal vez obedece al calentamiento global o tal vez a los caprichos de la naturaleza que no comprende hasta donde llegará la irracionalidad del hombre.

Lo cierto es que en la tarde del 17 de febrero el matrimonio de Ernestina Salazar Reyes y Rodolfo Quintana Torres, nativos de Guayabal, uno de los pueblo rurales del municipio Contramaestre, visitaron nuestra redacción con un pingüino en brazos. La sorpresa fue general y enseguida lo fotografiamos para dejar memoria del hecho y un día poder contarle a nuestros hijos.

La mayoría dudará de lo que escribo, pero observen bien la foto, el andar erguido, la posición erecta todo el tiempo, víctima de un nacimiento con dificultades, dio origen a este ser vivo que ya cumple cuatro meses y tiene una hermana con similares características.

Se puede afirmar que el invierno trajo la agradable noticia de tener gallinas pingüino por estos lares, donde es normal ver un cerdo, un carnero, ¡pero ese fenómeno! Quizás formaría parte de la galería de personajes de Cien años de soledad, donde era normal ver esas rarezas, propias de pueblos como Macondo. Hoy día puede verlo si se decide a visitar a la pareja de enamorados Ernestina Salazar Reyes y Rodolfo Quintana Torres, en un pueblo con nombre de fruta.

miércoles, 17 de febrero de 2010

"Un día roto en el más humano de los países”

Por May Yudit Serrano. (profesora universitaria)

Apenas tengo tiempo. Me reubico constantemente en la corriente de los días. El de hoy no parece ser uno de los buenos para mí. El niño no se queda con la abuela y debo llevarlo conmigo al trabajo, bien entrada la mañana, el sol sobre las cejas apenas me deja distinguir a las personas, compañeros, amigos que saludan. Pareciera que no, pero siempre puede aplicarse el sarcasmo de la ley aquella que reza “todo lo que va mal, puede ir peor”. Sucede que sí.

Un carro blanco, moderno, desconocido para mí, se ha detenido muy cerca, en el mismo centro de la ciudad, con un contenido que asusta: perros de todas clases, tal vez diez perros. Altos, pequeños, compartiendo una expresión de perplejidad casi humana. Y un hombre extraño, sin expresión, moviéndose con un no sé qué de funcionario infernal. Un “hombre” tomando un perro como se toma un saco de basura, obligándolo, empujándolo delante de todos, mi niño incluido, restregando ese perro que para él es un paquete, contra la puerta mínima. Una puerta con un mecanismo diabólico, pues una vez dentro al perro le es imposible salir. Todos quedamos como borrachos de malestar, preguntándonos ¿Adónde llevarán a esos perros?

Alguien nos devuelve el aliento. Dice que hay un centro en Santiago donde los atienden, algo pagado por una organización internacional. Dudo si creer que semejante bondad puede derivarse de estos actos. ¿Tú crees? Sí, me aseguran. Y yo quiero llegar tranquila, y trabajar un poco, el poco que pueda trabajar con mi pequeñín alrededor, que no tiene círculo. Necesito estar tranquila conmigo misma y me creo lo del Centro para perros en Santiago. Tengo que creer que no los van a “sacrificar”, que no alimentarán a los leones del Zoológico con ellos (como aseguran algunos transeúntes).

Me repito que este es el país más humano del mundo, aunque suene chauvinista, que no cerramos los ojos ante el desamparo de los animales domésticos -sin domo- vueltos callejeros porque a algunos se les “escaparon”, o su mascota parió más de la cuenta y no los pudieron regalar, o simplemente por ser hijos de otros perros “de la calle”. Me repito que hay muchos que saben, como lo sé yo, que la diferencia entre estos perros anónimos y los malcriadillos de la casa está simplemente en nuestro amor, en nuestro apego a los cercanos y en la indiferencia hacia los otros.

Transcurre la sesión. Al anochecer me espera en casa mi segundo bebé. Mi perro pequeño, delicado, torpe gracias a una catarata que no he podido operarle porque no sé dónde ni cómo. Un pequeño perro que no es como los demás porque, tal como cuenta la zorra de “El Principito”, las cosas son únicas cuando nos domestican, o cuando las domesticamos.

Viene otro día, y otro. Me entero que mi salud no anda muy bien y voy a consultar un médico. En menos de media hora me atienden y me recetan no uno, sino seis medicamentos diferentes, que compro inmediatamente en la farmacia. No obstante a la enfermedad repentina, psicológicamente estoy bien, las cosas fluyen. Regreso al trabajo casi contenta, bromeando sobre las inyecciones que me pondré en los próximos siete días. Alguien menciona la alternativa “afrocubana”, menos invasiva que la científica...

Par de gestiones y otra vez me encuentro con el amigo que el otro día me regaló un poco de paz, hablándome del centro para perros de Santiago: ¿Quieres sentirte mal de verdad… tan mal como yo? me dice hoy. La pregunta es cruel, pero me es imposible callar, no puedo escapar a mí misma: Cuéntame (creo que respondo). Con una sonrisa de amargura me relata: Los perros que vimos sí los llevaban para matarlos… Los tiraron cerca de mi casa… algunos borrachos fueron a buscar algunos para comer… Yo dejo caer mi jovialidad sobre la mesa, casi no puedo creerlo… roto mi día, ahora sí está roto mi día. Cómo sonreír después de esto. Cómo llegar a casa, y encender el televisor, y mostrarle a mi hijo, historias de todo tipo cuyos protagonistas son perros, aman los perros, respetan la naturaleza, sacrifican su tiempo por un mundo mejor para ellos y nosotros…

Ingenua, demasiado ingenua, creí lo del centro de Santiago, creí lo de la Organización extranjera, creí que aquellos perros –que ni siquiera estaban enfermos- tendrían una segunda oportunidad. Creí que había un grupo de humanos como yo en esta ciudad, y en este país, para los que el amor a los animales es más que un episodio intelectual, o un material didáctico para entretener a sus hijos en crecimiento. Roto mi día… y maltrecha de paso, mi fe en la humanidad.

Foto: Mascota Cuquita, de Arnoldo Fernández Verdecia.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Los dilemas de un bloguero cubano

Escribir sobre Cuba hoy, desde un municipio del interior, me recuerda al español Alfonso Sartre y los dilemas del escritor contemporáneo: ¿Implicarse con qué? ¿O con quiénes? Desde afuera se sugieren fórmulas y diagnósticos a veces acertados, otras no. La pregunta es medular ¿implicarse con qué?

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Escribir es un acto de gran responsabilidad pública, y más si se hace para el ciberespacio, lugar de confluencias de culturas, ideologías, utopías, confrontaciones, en fin, muchas cosas que escapan a la imaginación del hombre cotidiano que recorre las avenidas de Contramaestre diariamente.

Desnudar el extraño tejido de ese individuo, implica ante todo colocarse en su realidad e intentar comprenderlo, hecho que lleva muchas veces a rechazarlo, pero también a confabularse, de lo que se trata es de nombrarlo con sentido de eticidad, sin caer en las trampas de lo exótico e intentar asombrar al orbe con las cosas que pasan por estos lares, desconocidas para un ruso, un español o un estadounidense.

No, esos tiempos ya pasaron para los cubanos, y pienso que es muy cómodo desde una butaca en Londres, Madrid o Moscú decir “debéis hacer esto o aquello”, “seguid adelante para lograr tales cosas”, y un sin fin de propuestas que se razonan con facilidad, si estás fuera del proceso y las llamas están muy lejos.

Escribir sobre Cuba hoy, desde un municipio del interior, me recuerda al español Alfonso Sartre y los dilemas del escritor contemporáneo: ¿Implicarse con qué? ¿O con quiénes? Desde afuera se sugieren fórmulas y diagnósticos a veces acertados, otras no. La pregunta es medular ¿implicarse con qué?

La verdad es relativa y es banal acudir a una frase tan hecha, pero también, tan desecha. ¿Con qué verdad me comprometo? ¿Con cuál quiere el ínternauta que consume asuntos cubanos me comprometa?

Un hombre de la sabiduría de José Martí escribió: “Historiar es juzgar, y estar por encima de los hombres y no soldadear de un lado de la batalla. El que puede ser reo, no ha de ser juez. El que es falible, no ha de dar fallo. El que milita ardientemente en un bando político, o en un bando filosófico, escribirá su libro de historia con la tinta del bando. Más la verdad, como el sol, ilumina la tierra a través de las nubes. Y con las mismas manos que escribe el error, va escribiendo la verdad. La pluma, arrebatada por un poder que no conoce, va rompiendo las nubes que alza”.

El referente aludido es demasiado autorizadísimo para desmentirlo. De hecho no debe olvidarse un apotegma de Carlos Marx, también válido para estas líneas: “cada cual se mueve en un círculo exclusivo de actividades, que le viene impuesto y del que no puede salirse (...).

Para mi son muy claros los sentidos de la llamada implicación, no se puede jugar con fuego y pretender ser bombero a la vez.


Notas:
1. José Martí, José. Italia, Obras Completas, Tomo 14, Pp.399-400.
2. Carlos Marx. Obras Escogidas. Tomo I, P.32.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Aviso a los lectores de Caracol de agua

Este blog admite juicios diferentes, discrepancias, pero no insultos y ofensas personales, ni comentarios anónimos. Revise su comentario antes de ponerlo, comparta su identidad y debatiremos eternamente sobre lo que usted desee. Los comentarios son propiedad de quien los envió. No somos responsables éticos por su contenido.