sábado, 30 de noviembre de 2013

A solas con mi madre en el cementerio

Camino al cementerio  la primera imagen que  aparece es un angelito; en un segundo plano brotan flores de pascua, y al final, erguida, se levanta la palma que ubica el lugar exacto donde está mi madre.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

No pude visitar, este 28 de noviembre, el cementerio donde está mi madre enterrada;  razones laborales me llevaron a Santiago de Cuba;  regresé bien tarde en la noche, por eso el 29, mi primera acción fue cumplir con el sagrado deber de llevarle flores, limpiar su tumba y conversar como siempre lo hicimos,  en un ambiente libre, sin las anulaciones que imponen cercanías poco constructivas, de seres regidos por goces triviales y muy parecidos espiritualmente a los insectos.
Camino al cementerio  la primera imagen que  aparece es un angelito; en un segundo plano brotan flores de pascua, y al final, erguida, se levanta la palma que ubica el lugar exacto donde está mi madre;  un rayo se enseñoreó con sus pencas y todo parece indicar que morirá. Madre no tendrá más en el futuro su sombra, al menos estarán las flores, las verdaderas flores nacidas del amor de los que no la olviden cada 28 de noviembre.

Al llegar, la yerba cubría la tumba, un pequeño ramillete de copetuas   yacía sobre  la jardinera; con tristeza supe que había sido mi padre el único en visitarla este 28; nadie más había dejado flores, ni se apreciaban huellas de visitantes. Puse mis flores en su memoria, y azada en mano limpié todo; afloraron los recuerdos, las visitas al río, el café en la madrugada, la sazón de su comida, los mimos  que me hacía cuando las derrotas me cercaban. ¡Cuánta falta me haces vieja!, mis enemigos florecen como ortiga, envenenan el aire con difamaciones; gracias a tus consejos obro recto y sigo fiel a la máxima que me enseñaste: “Pobre, pero honrado”.

Mis ojos recorrieron tus vecinos cercanos; a unos pasos   está  el sitio donde fuera enterrado el mártir del Moncada, Gregorio Careaga Medina; a continuación, Rodolfo Rodríguez Benítez, combatiente de la última lucha liberadora, junto a su adorable madre Artemia, que tantas veces me recibiera en su casa con una limonada; un poco más allá están los restos del comandante mambí, Rondón Barrero. Llamaron mi atención también un rosario de viejas tumbas abandonadas, sin nombres identificativos, acompañadas del rumor de la yerba y la aridez de la tierra.

Entre sepulcros memorables y  otros olvidados está mi madre. Respira en las alas del angelito, las flores de pascua y los héroes épicos que la acompañan. La humildad de su tumba nos recuerda, sobre todo a los hijos, que ella fue y es nuestra matrona ejemplar, la que siempre estaba cuando más falta nos hacía. Nunca debemos olvidar el permanente tributo que merecen sus restos mortuorios.
Sepulcro donde fuera enterrado el mártir del Moncada, Gregorio Careaga Medina.
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Sepulcro donde están los restos de Rodolfo Rodríguez Benítez, combatiente de la última lucha liberadora, junto a su adorable madre Artemia.
Sepulcro donde reposan los restos del comandante mambí, Rondón Barrero.
Tumba abandonada acompañada del rumor de la yerba.
Tumba abandonada acompañada del rumor de la yerba.
Tumba abandonada acompañada por la aridez de la tierra.
Entre sepulcros memorables y  otros olvidados está mi madre.
La humildad de su tumba nos recuerda, sobre todo a los hijos, que ella fue y es nuestra matrona ejemplar, la que siempre estaba cuando más falta nos hacía.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Carlos Rodríguez Almaguer: "No cree el hombre de veras en la muerte hasta que la madre no se le va de entre los brazos. La madre, esté lejos o cerca de nosotros, es el sostén de nuestra vida. Algo nos guía y ampara mientras ella vive; la tierra, cuando ella muere, se abre debajo de los pies." JOSÉ MARTÍ. ¿Pero en nombre de ese amor infinito hay que seguir adelante, hermano. U abrazo.

Anónimo dijo...

Carmen Yero Chao: mis saludos colega, también perdí la mia hace cinco años, en el mes de octubre.a eso nadie se acostumbra , ni nos conformamos., cuando medito en eso, no sé describir que siento, como lo estoy sintiendo hablando contigo este tema.

Anónimo dijo...

Diannis Sotomayor Hernández: Lo siento mucho...segura estoy que desde algun lugar aprecia ella la valentia y la responsabilidad que caracteriza a su hijo amado.

Anónimo dijo...

Rosa María Muiña: Hermoso recordatorio....ella seguiria orgullosa de ti. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Juan Leonardo Alexey Moreno Gallardo: Las madres son amor y no razon,cuando ya no estan fisicamente con nosotros las llevamos eternamente en el corazon.Sus enseñanzas son la brujula que nos guia en la vida...

Anónimo dijo...

Marcel Allard: Me gusta este recordatorio de tu madre.

Anónimo dijo...

Eddy Gil: Arno con respeto, como pudieste conversar con tu querida madre si eres un aferrado comunista?

Angel del Toro dijo...

Si algún día se descubren nuevas verdades sobre las leyes de la Biología, si la Genética nos sigue asomando a las interioridades de la transmisión de sentimientos a través de las sucesiones humanas, si los seres humanos probamos que lo más humano que podemos conservar es el recuerdo del ser querido que nos formó y que el carño refuerza el recuerdo, entonces tendremos más pruebas todavía de que las reencarnaciones son reales. ¿Ycómo sino como reencarnación del amor de madre, puede catalogarse el recuerdo sincero de un hijo, el reconocimiento del padacito que uno llevará siempre por dentro aunque algunos no lo quieran reconocer? Lo entiendo perfectamente Arnoldo, es de humanos ... y de los buenos, no conformarse. Yo trato de prepararme y no se como enfrentaré esa temporada dura e inacabable ... solo lo que está por venir nos alienta.

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