viernes, 26 de enero de 2018

¿Por qué Cuba debe leer Un cadáver ideal?

Jorge Labañino Legrá, autor del libro "Un cadáver ideal"


Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

Un psicoanalista no recomendaría este libro;  mucho menos un político; ambos tendrían la certeza de lo escatológico, del límite entre lo real  y la locura. Un profesor de literatura cubana lo apartaría de su programa, porque estaría viendo una película de terror no apta para sus alumnos. Nada que esperar de los historiadores, -como avecilla de alto vuelo-, pasaría por ellos.
 
El mismo título es una suerte de ironía socrática: “Un cadáver ideal”.  ¿Acaso alguno puede serlo? O ¿Se necesita idealizarlo para su futura resurrección?

Dice Mario Vargas Llosa que los escritores  tienen que desprenderse de sus libros anteriores. Así sucedió con “La casa verde”, nada que ver con “La ciudad y los perros”; o uno que me gusta tanto; para mí, la mejor novela histórica que se ha escrito en lengua hispana: “La fiesta del chivo”.

Jorge Labañino Legrá, este hombre con apellido de Héroe, al que llamaremos Puro porque es más cercano; tiene muy claro el acierto de Vargas Llosa. Sus libros anteriores, “Oración del que traiciona” y “Rumor de higuera”,  no tienen nada que ver con esta nueva entrega. El que venga a leer a un Puro sublimado en la torre adonde ascienden los elegidos únicamente, se llevará un susto tremendo. “Un cadáver ideal”, es un Puro diferente, con la lucidez de saber que el poema tiene que bajar a la polis y dialogar con los zombis, aunque los zombis jamás lo hagan, porque son sólo eso, Zombis;  pero siempre hay un loco que encuentra lo subterráneo y el poema puede revelar un nuevo acontecer histórico; porque de lo contrario, la poesía se lee así misma y no testimonia el tiempo, no  comunica esa sensibilidad profunda.

Quizás la crítica pudiera decir que estamos ante un libro de poemas, demasiado cubano, atrapado en el laberinto de lo inmediato, casi como un periódico que refleja en titulares el mundo que acontece y lo fustiga desde los géneros más audaces. ¿Qué habría de universal en estas páginas? Yo creo que es un texto  que forma parte ya del expediente social de la América Hispana, sobre “Nuestra América mestiza”, porque de alguna manera testimonia las voces acosadas en lo insular y las visibiliza   con una lucidez, tan sencilla,  que a veces uno teme  a los cazadores de frases, a los lectores entre líneas, a esos mismos Zombis que quieren odas, decimillas rocambolescas y cancioncillas demasiado sentimentales, para estar en paz con los héroes, la misma Historia, los líderes.

Este es un libro nacido en los límites, allí donde alguien grita y nadie escucha, donde alguien muere y nadie se entera, donde la vida pasa  y nadie la registra. Donde “Cortar cabezas  es el fundamento y el plan”, donde “hay que jugar con sigilo para no perderla”, “Donde la cabeza es la próxima patada que se espera”.

¿Por qué Cuba debe leer un libro así?, me diría un funcionario de cuello blanco y barriga regordeta, de esos que se hacen los cheches montados en sus yipisotes, como diría Guillermo Vidal Ortiz  en “Las alcobas profundas”. Respondería: Porque Cuba necesita restaurar la fe, el diálogo de esencias, la utilidad de la virtud. Conseguirlo requiere la certeza del cadáver, sus gusanos, el hedor, la oscuridad, el asco, el mismo vomito si fuera preciso,  para que se produzcan los estados nacientes y el hombre sea árbol de su destino.  

“Un cadáver  ideal”, es algo más que el humano ante su librero buscando el cadáver de la rata amarilla que apesta y el líder que yace bajo ella. Es un libro que busca el sol, aunque se empeñe como Sísifo, en ir una y otra vez adonde el hedor es impuro y los rayos acribillan a los que se atreven a nombrarlos.

POEMAS EN LA VOZ DEL AUTOR

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