miércoles, 25 de abril de 2018

Ayúdame Freud


Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

El calor me sacude el alma, intento el globo de Matías Pérez, pero la noche allí, tan sencilla. Es un cocuyo de amplio vuelo. Siempre asusta verla llegar, porque uno no sabe si cerrar los ojos es vivir o sencillamente morir. Dicen los psicoanalistas que uno sigue despierto cuando duerme. Uno sueña lo que no consigue en lo real, pues los centinelas se relajan y las realizaciones lúdicas, imposibles durante el día, salen a sus danzas y uno cree que está viviendo;  al despertarnos, la sensación de que algo ha sucedido, pero todo afuera, igual, la misma penumbra, el sol ardiendo al mediodía, la humedad haciendo de las suyas; uno creyendo que se irá por los enormes mares de sudor que van al océano de la nada. Entonces uno no sabe si es mejor estar dormido, que despierto; al menos el sueño permite lo imposible, lo necesario;  lo real me es ingrato, porque vivo hoy y mañana veré cómo será la cosa. En el reino de los sueños uno come lo deseado;  durante el día lo que pueda encontrar. A veces uno no sabe si es mejor estar dormido para siempre, que vivo en toda una eternidad. Al menos dormir es la posible realización de los sueños;  uno quiere estar cerca de la mujer amada y lo consigue; estar a la cabecera de su cama durante la enfermedad y también es posible;  al despertar, estás fijado a la nada, allí clavos enormes toman tus alas y las necesidades terminan venciendo esas dosis de imaginación que nos hacen tan humanos, donde se espera una epidemia de zombis. El calor apostado; mi cuerpo busca el agua del tanque alto, pero de tan caliente, escapó de la ducha;  quiero frijoles colorados  con trozos de tocino, acompañados con malanga, arroz blanco, yuca con mojo y quizás un bistec  de lo que fue una vez Mariposa, la vaca amada de mi padre viejo;  pero estoy soñando, lo real me atornilla las ideas y siento la caída. Ayúdame Freud. En mi resurrección, tal vez no arrastre la cruz de los sueños, porque quizás viva en la taiga y conduzca un trineo  tirado por palomas junto al mismísimo Santa Claus. 

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