domingo, 8 de abril de 2018

Chavarría es un Caballón



Daniel Edmundo Chavarría Bastélica
San José de Mayo, 23 de noviembre de 1933-La Habana, 6 de abril de 2018​)


Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Siempre que he estado en alguna biblioteca o librería,  he sentido curiosidad por ver qué leen los más jóvenes. Lo mismo una muchacha de dorados cabellos, que un apolíneo de musculoso torso. Parecían  zombis cuando hablaban, pues todos pedían lo mismo. Entusiasmado por aquello, indagué con bibliotecarias y libreras y la sorpresa fue mayor. “Lo buscan como al mismísimo reguetón”, dijo una señora de tes oscura, tras unos espejuelos bifocales. En mis recorridos por escuelas secundarias, de bachillerato y universitarias, la misma pasión, o yo diría tremendo desborde. Veía pasar de mano en mano unos librillos y me preguntaba qué hacer como escritor para ser leído como pan caliente y sabroso, acabadito de sacar del horno. Fui hasta una chica melancólica y me interesé  por lo que tenía ante sus ojos: “Aquel año en Madrid. Es una delicia, tiene todo lo que vale para engancharte hasta la última página”. Seguí hasta uno de los dormitorios y allí andaba de mano en mano “Príapos”; pregunté a uno “¿Macho, qué es eso que leen? Y me respondió, lo mejor mano, no se puede perder el tiempo leyendo basura. Chavarría es un Caballón, de esos que uno quiere hasta imitar, porque compadre, leerlo es sentir a las palabras salirnos por los poros; uno se pone eufórico. Para nosotros –hablaba por un grupillo en torno a la conversación-, es el mejor escritor cubano”. Seguí mi camino y una amiga, autora de cuentos sórdidos,  ahora vive en Brasil, aunque es de Baire, me dijo: “Arnoldiño, no puedes dejar de leerte El rojo en la pluma del loro;  para mí, afirmó con una seriedad enorme, es uno de los mejores libros de Daniel”. Luego habló del resto de su literatura;  sus guiones para el cine, en fin el hombre cultísimo que llegó a finales de la década del 60 del siglo XX a Cuba y  tenía un altísimo humor que lo hacía tan cubano como los mismos cubanos, a pesar de su nacionalidad uruguaya. Luego supe de bueno tinta que según los métodos de control de lo que se lee en bibliotecas cubanas, Daniel Chavarría es el autor más leído por la gente de esta isla; “vaya  suerte, -me dijo uno de los mayores poetas de mi pueblo-; pero hace concesiones al lector para embrujarlo, truca mucho y eso no va conmigo”; incómodo riposté, “seguro te encantaría que tus libros se leyeran así”, ahhhhh compadre, -me dijo-, recuerdas nuestras discusiones por la obra de Dan Brown; Chavarría es ese personaje para los cubanos, tiene maña para sacarle  plata a los lectores y por eso vende tanto. Hasta se llama igual, Daniel”. Pero eso no está mal, precisé casi molesto, entonces me dijo: “Allá ustedes los que leen libros menores”. El tiempo me convenció de algo: “El rojo en la pluma del loro”, “Príapos”, “El ojo de Cíbeles” y “Aquel año en Madrid”, son libros vitales, a ellos volveré una y otra vez porque me produce un placer enorme leerlos, quizás me sucede como a los muchachos de las escuelas, aunque sin ser absoluto. Chava compadre, te quedaste para siempre en los jóvenes, donde quiera que estés seguirás siendo un “Caballón”.

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