miércoles, 30 de mayo de 2018

Últimos días de una perrita callejera



Esta imagen es de hoy en la mañana en el parque de la ciudad.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Con los claros del día la veo siempre en los mismos lugares. Tiene una mirada muy triste y un andar pesado que habla de su edad. Lo mismo come un trozo de pan sin nombre, que un hueso, mendrugos de arroz, cualquier cosa que alivie su hambre de perra callejera.

La fijé una vez en la memoria cuando la vi bajo un carrito de ventas ligeras, con un eslogan curioso: “Pasaje a lo desconocido”;  yacía allí, oculta ante un torrencial aguacero. Me dolía mucho verla desprotegida, viviendo donde la tomara la noche, comiendo cualquier piltrafa, recibiendo insultos de un país entero, maltratos físicos.

De tanto verla en mi cotidianidad inmortalicé su imagen y no puedo evitar pensar en ella. Quizás no tuvo dueño nunca; tal vez vino al mundo de una madre que nunca pudo darle amor; lo cierto, desanda las calles con una profunda tristeza en sus ojillos.

Ayer supe, gracias a dos personas que saben de mi filantropía por  los animales, que había tenido un parto complejo y uno de los perritos yacía muerto en su barriga. “Se va a morir Arnoldo. Tarde o temprano la infección la mata”. Desconsolado escuché aquellas palabras, pero era callejera, podría morderme si la llevaba al médico; quién la cuidaría luego, hasta se quitaría los puntos y moriría desangrada, -pensé-.

Seguí a casa, la olvidé en la profundidad del miércoles. Con el jueves y la mañana asomando con un sol bravo, pude verla de nuevo; yacía en el césped del parque Jesús Rabí, con sus ojitos llenos de lágrimas. Sentía la muerte aproximarse. Me miró como diciéndome: “es la última vez que veraz mi imagen hombre bueno”.

Corrí a casa, busqué la cámara y vine a captar estas imágenes, me conmueven sobremanera, -verla viviendo sus últimos minutos en el más inhospitalario de los abandonos-; es la soledad metida en el cuerpo de una perra callejera que llega a sus últimos días. Pudiera interpretarse metáfora de pueblo viejo, insensible, que olvida a sus venerables ancianos cuando más necesitan afectos, mimos.   

Mal anda un país en sus valores cuando ninguna institución o persona,  tienen sensibilidad para dar protección a los animales.  Quizás eso del mejor amigo, es tan sólo un eufemismo de los tantos compartidos en nuestra televisión. 

4 comentarios:

  1. El mejor amigo es hoy solo un eslógan repetido hasta el cansancio, ya no se cree en el dolor de un animal callejero, aunque como dices, no hay que ir tan lejos, es la metáfora perfecta de una sociedad que ya no cree en valores

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  2. Extraordinaria frase hermano Fabricio, tiene la esencia de lo que nombra allí donde todo parece estar perdido.....Abrazos desde la Cuba guajira, campo adentro, Contramaestre para más señas....

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  3. Es impresionante la insensibilidad en Cuba hacia los animales y en la medida que pasan generaciones se hace más produnda esta actitud tan fría. Me da mucha tristeza ver como yacen en lo mas profundo del abismo humano, la mayoría de los valores que en algún momento caracterizaba al cubano. Pero lo mas penoso es que no haya ley o institución de vergüenza que proteja estos indefensos seres y si las hay, es solo nominalmente.

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