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| Entre sus rasgos se destacan la verborrea y el recurso a las citas de autoridad, creen robarse el auditorio, porque sencillamente ellos son el auditorio. |
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com
Leí hace algunos años “El hombre mediocre”, de José Ingenieros, y experimenté ilusiones propias de seres románticos que se agarran a un ideal y emprenden el camino de la existencia para conquistarlo.
Eso ocurrió hace tres lustros, hoy comprendo lo difícil del empeño, sobre todo, por la existencia de seres trasnochados que prueban carrera en una y otra profesión y al final solo les queda morbo y frustración. Esas personas tienen un perfil retorcido, para ellos nada intelectual es ajeno, aunque den a entender otra cosa.
Entre sus rasgos se destacan la verborrea y el recurso a las citas de autoridad, creen robarse el auditorio, porque sencillamente ellos son el auditorio, Narciso ante las aguas es la mejor comparación.
Presumen de estar en todos los lugares, saben de todo, hablan de libros inéditos, famosas editoriales, se creen los dueños de determinados temas, y hasta presentan artículos a famosas revistas literarias, nunca publicados por su mala calidad.
Sencillamente, son como la cotorra, mientras hablan brillan, pero al escribir se sabe quienes son.
