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jueves, 3 de mayo de 2018

No es tiempo de bufones




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoiente@gmail.com 

Siempre algún bufón sale a la calle a anunciarse ante los incrédulos;  comenta noticias, amplifica historias; es feliz con ese modo de ser, no imagina otra manera de vivir que no sea la de generar lo que me atrevo a llamar, “efecto infamante”.

Algunos ingenuos, también anacoretas, reproducen ese esquema de información y al final pierde la cultura, la historia, la vida misma. Artistas y escritores terminan divididos por esa labia venenosa; no hay manera de separar el trigo de la paja; el pueblo mismo no puede encontrarse en la diversidad.

El bufón imagina la grandeza del toro, quiere su brillo, la fuerza de su empuje;  pero de tanto inflarse y contemplar  la imagen en el charco, termina explotando como nigua perdida en el monte.

Día por día atrae a las cornetas chinas portadoras de sus megalomanías. Suenan en todos los lugares del pueblo; algunos oídos son tragados por esa cloaca sin obra, ni sentidos; necesitada de grandeza, no importa el precio, los que una vez fueron amigos, amigas.

Siempre habrá bufones que hagan del hombre un estado inalcanzable, del poeta un semidiós, del político, alguien irrepetible.

A veces el bufón hace falta, pero hay que saber usarlo, porque con el tiempo se vuelve peligroso y puede convertirse en un dictadorcillo huracanado, soltando veneno allá, acá, y donde antes hubo un pueblo vigoroso, instituciones unidas, intelectuales sensibles; puede germinar la semilla de la discordia, la desidia, la repartición de “falsos méritos”, en fin, eso que José Ingenieros llama “la fuerza del rebaño, el reino de la costumbre”.

Son tiempos de unirnos en las diferencias, respetando a los otros, con los ideales susceptibles de ser mejorados;  pero con una certeza irrefutable: si dejamos a los bufones estrenarse en el teatro de los días, terminaremos  fajados a  trompones, creyendo enemigos a los que siempre han estado a nuestro lado haciendo Patria, Cultura.

lunes, 17 de mayo de 2010

Mientras hablan brillan al escribir…

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Leí, hace algunos años, “El hombre mediocre” de José Ingenieros y experimenté sublimes ilusiones, propias de seres románticos que se agarran a un ideal y emprenden el camino de la existencia para conquistarlo.

Eso ocurrió hace tres lustros, hoy comprendo lo difícil del empeño, sobre todo, por la existencia de seres trasnochados que prueban carrera en una y otra profesión y al final solo le queda el morbo y la frustración.

Esas personas tienen un perfil retorcido, para ellos nada intelectual es ajeno, aunque den a entender otra cosa.

Entre los rasgos se destacan la verborrea y el recurso a las citas de autoridad, creen robarse el auditorio, porque sencillamente ellos son el auditorio, Narciso ante las aguas es la mejor comparación.

Presumen de estar en todos los lugares, saben de todo, hablan de libros inéditos, famosas editoriales, se creen los dueños de determinados temas, y hasta presentan artículos a famosas revistas literarias, nunca publicados por su mala calidad.

Sencillamente, son como la cotorra, mientras hablan brillan, pero al escribir se sabe quienes son.

Enlace relacionado:
Manual del intelectual exótico
Más sabe el diablo por viejo que por diablo

sábado, 16 de enero de 2010

Manual del intelectual exótico

Entre sus rasgos se destacan la verborrea y el recurso a las citas de autoridad, creen robarse el auditorio, porque sencillamente ellos son el auditorio.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 
 
Leí hace algunos años “El hombre mediocre”, de José Ingenieros, y experimenté ilusiones propias de seres románticos que se agarran a un ideal y emprenden el camino de la existencia para conquistarlo.  
 
Eso ocurrió hace tres lustros, hoy comprendo lo difícil del empeño, sobre todo, por la existencia de seres trasnochados que prueban carrera en una y otra profesión y al final solo les queda  morbo y  frustración. Esas personas tienen un perfil retorcido, para ellos nada intelectual es ajeno, aunque den a entender otra cosa. 
 
Entre sus rasgos se destacan la verborrea y el recurso a las citas de autoridad, creen robarse el auditorio, porque sencillamente ellos son el auditorio, Narciso ante las aguas es la mejor comparación. 
 
Presumen de estar en todos los lugares, saben de todo, hablan de libros inéditos, famosas editoriales, se creen los dueños de determinados temas, y hasta presentan artículos a famosas revistas literarias, nunca publicados por su mala calidad. 
 
Sencillamente, son como la cotorra, mientras hablan brillan, pero al escribir se sabe quienes son.



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