Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoiente@gmail.com
Siempre algún bufón sale a la
calle a anunciarse ante los incrédulos; comenta noticias, amplifica historias; es feliz con ese modo de ser, no
imagina otra manera de vivir que no sea la de generar, lo que me atrevo a llamar,
“efecto infamante”.
Algunos ingenuos, también
anacoretas, reproducen ese esquema de información y al final
pierde la cultura, la historia, la vida misma. Artistas y escritores terminan divididos por esa labia venenosa; no hay manera de separar el trigo de la paja; el
pueblo mismo no puede encontrarse en la diversidad.
El bufón imagina la grandeza del
toro, quiere su brillo, la fuerza de su empuje;
pero de tanto inflarse y contemplar
la imagen en el charco, termina explotando como nigua perdida en el monte.
Día por día atrae a las cornetas
chinas portadoras de sus megalomanías. Suenan en todos los lugares del
pueblo; algunos oídos son tragados por esa cloaca sin obra, ni sentidos;
necesitada de grandeza, no importa el precio, los que una vez fueron amigos, amigas.
Siempre habrá bufones que hagan del
hombre un estado inalcanzable, del poeta un semidiós, del político, alguien
irrepetible.
A veces el bufón hace falta, pero hay que saber usarlo, porque con el tiempo se vuelve peligroso y puede convertirse en un dictadorcillo huracanado, soltando veneno allá, acá, y donde antes hubo un pueblo vigoroso, instituciones unidas, intelectuales sensibles; puede germinar la semilla de la discordia, la desidia, la repartición de “falsos méritos”, en fin, eso que José Ingenieros llama “la fuerza del rebaño, el reino de la costumbre”.
A veces el bufón hace falta, pero hay que saber usarlo, porque con el tiempo se vuelve peligroso y puede convertirse en un dictadorcillo huracanado, soltando veneno allá, acá, y donde antes hubo un pueblo vigoroso, instituciones unidas, intelectuales sensibles; puede germinar la semilla de la discordia, la desidia, la repartición de “falsos méritos”, en fin, eso que José Ingenieros llama “la fuerza del rebaño, el reino de la costumbre”.
Son tiempos de unirnos en las
diferencias, respetando a los otros, con los ideales susceptibles de ser
mejorados; pero con una certeza
irrefutable: si dejamos a los bufones estrenarse en el teatro de los días,
terminaremos fajados a trompones, creyendo enemigos a los que
siempre han estado a nuestro lado haciendo Patria, Cultura.


