a los demás: “intelectuales vitrina”, pues le falta a la mayoría lo que a él le sobra. Ha llegado a decir que hace literatura, pues tiene manía de mezclar las cosas y quiere discursar para ganarse un asiento en la Real Academia de la Lengua Española, aunque en verdad, no sé por qué número opta. Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
En una conversación de Café, alguien me decía que muchos intelectuales nuestros tienen conocimiento, pero no son buenos comunicadores, y es muy aburrido escucharlos.
Al instante pensé en los que tienen ínfulas y construyen discursos donde quiera que están y no se dan cuenta que se escuchan a sí mismos, no tienen auditorio.
Ese intelectual exótico, como lo llamaré en lo adelante, se pasea por la ciudad y mira de soslayo al que no le cae bien, hasta arma intrigas el muy descarado para sentirse feliz. Habla largo, disperso, pero no pasa de ahí.
Es un tabaco que permanentemente se apaga y no hay manera de reanimarlo.
Escribe correos electrónicos repletos de faltas de ortografía y amenaza con llevarse el idioma a casa, pues lo cree una de sus propiedades.
El tipo es presumido y pretende evaluarlo todo a partir del reino que ha construido en años de servicio a las ideas.
Sus párrafos no tienen respiración, quince o veinte líneas, un dolor de cabeza para cualquier editor que tendrá que rearmarlo y luego sentarse a convencerlo de los necesarios cambios.
Este señor llama a los demás: “intelectuales vitrina”, pues le falta a la mayoría lo que a él le sobra. Ha llegado a decir que hace literatura, pues tiene manía de mezclar las cosas y quiere discursar para ganarse un asiento en la Real Academia de la Lengua Española, aunque en verdad, no sé por qué número opta.
El colmo llegó cuando en su delirio dijo que ganaría el Nobel de Literatura. ¡Tamaña locura!, diría García Marquéz, si se entera de que este hombre, escribe sus libros bajo tratamiento facultativo por disfunción sexual.
Nada, ¡que hay cada gente por estos lugares!. Lo mejor que uno hace es ignorarlos, aunque de vez en cuando le aplaudas la cara con un buen poema, una exquisita novela o lo reduzcas a cenizas bajo la elocuencia de Cicerón.
Fotografía: Caricatura del escritor Enrique Núñez Rodríguez uno de los que más sabía en Cuba sobre el asunto de esta crónica. (Autor: Pedro Méndez Suárez).
1 comentario:
Me gusta este artículo porque retrata a mucho de los personajes que vive la bohemia por ese lugar, tipos que se creen dueños de la verdad y ofenden a toda persona honesta que pretende edificar sobre la base de lo bueno y sin caer en miradas colonizadas. Sigue adelante muchacho, eso es lo que hace falta, gente comprometida con las cosas de la revolución, pero sin caer en triunfalismos y otras cosas que a veces laceran la imagen de Cuba en el extranjero.
Saludos desde Colombia. Lorenzo.
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