![]() |
| El mediocre es como Sancho, siempre busca la mejor sombra para vivir en ella. |
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com
Hay
hombres que son como el pastor de la fábula, las cosas han sido siempre así y seguirán
siéndolo, desde la tierra que pisan hasta el rebaño que cada mañana llevan a comer a una misma hora. Sus pensamientos no pueden salirse de ese círculo, porque no tienen oxígeno y mueren enseguida.
Sus
rutinas y prejuicios son eternamente
invariables; su obtusa imaginación no concibe perfecciones pasadas ni venideras; el estrecho horizonte
de su experiencia constituye el límite
forzoso de su mente.
No
pueden formarse un ideal. Siempre serán espíritus sectarios por su limitada
capacidad de razonamiento.
El
mediocre no inventa nada, no crea, no empuja, no rompe; en cambio custodia celosamente el armazón de
automatismos, prejuicios y dogmas acumulados
durante siglos, defendiendo ese capital común contra la asechanza de los inadaptables.
Cuando
se arrebañan son peligrosos. Imponen la fuerza del número: se unen por
millares para oprimir a cuantos desdeñan encadenar su mente a los eslabones de sus rutinas.
Viven
siempre en la mentira, comen de ella, la siembran, la riegan, la podan, la
cosechan. Así favorecen el mundo que les interesa salvaguardar.
Arman
una telaraña para cazar a los
diferentes, a los creadores, los genios,
los santos, los héroes. Cierran el corral cada vez que sienten el vuelo de los
grandes pensamientos que traerán los cambios que ellos no quieren porque tirarán abajo sus rutinas.
NOTA:
Los interesados en leer sobre el perfil de los mediocres, recomiendo el libro:
El hombre mediocre, de José Ingenieros, es una lectura ética imprescindible en las actuales circunstancias
de la sociedad cubana.


