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miércoles, 14 de agosto de 2024

NO ESTAMOS CIEGOS NI SORDOS


Por Arnoldo Fernández Verdecia

Hay un cinismo colosal, se ha metido en casi todas las instituciones, si no pagas por debajo de la mesa, engrosas la lista infinita que no avanza. 

Ese cinismo casi siempre  muestra su rostro detrás de un buró, es un rostro grotesco, pero rostro al fin que te aplasta si no juegas sus leyes matojeras. 

De haber sido un país donde todos nos creíamos con derechos, hemos pasado  a ser un país donde los derechos tienen un costo impagable. 

Los Juan Criollo de la novela de Carlos Loveira florecen como mala hierba, están en todos lados, viven a la sombra de la burocracia, porque ellos mismos son el corazón de la burocracia y la burocracia es imposible extirparla cuando no tiene cura. 

Los peores cínicos son los que hacen fortuna a costa de la burocracia, los que por cualquier cosa que uno necesita medran para tener barriga llena y corazón contento. 

El cinismo entró en el alma nacional, mató la piedad, no le importa los que sostienen su mentira. El cinismo es inefable con los humildes, los mastica en sus oficinas  y luego los escupe como saliva  inservible.

#Cuba #burocracia #burocratas #Valores #cinismo

sábado, 29 de octubre de 2022

CUANDO SEA A CAMISA QUITADA EN TODA CUBA: ¿QUÉ PASARÁ EN PROVINCIAS Y MUNICIPIOS CON BURÓCRATAS Y CORRUPTOS?


Por Arnoldo Fernández Verdecia 

Luego de leer Cubadebate y apreciar algunos fragmentos de la reunión del Consejo de Ministros por la televisión, durante el análisis de las prioridades que se han planteado para los próximos meses, tengo algunas interrogantes: 

1. ¿Qué estrategia tienen concebida para sacar al país de la peor crisis de los últimos 60 años de historia económica? 

2. ¿Cómo enfrentar la corrupción y las ilegalidades, si en los gobiernos locales, luego de decretada la autonomía de los mismos, algunos burócratas y funcionarios han construido alianzas donde predomina el nepotismo (familiares, amigos, socios,  ocupando plazas dentro de la administración de bienes y servicios del Estado)

3. ¿Quiénes serán la contrapartida de esa burocracia corrupta que ha engordado sus bolsillos desviando recursos y favoreciendo a aquellos que no son el pueblo trabajador? ¿Incluso a la hora de distribuir los escasos recursos, a quién o quiénes privilegia esa burocracia corrupta, cómo desmantelar esa red invisible, pero eficiente para el pillaje? 

4. ¿Hay ejemplaridad en los gobiernos locales, para gestionar prácticas éticas en su ejercicio como servidores públicos? 

5. Los gobiernos locales gozan de credibilidad en el pueblo? 

6. ¿Serán capaces los llamados medios públicos de mostrar el rostro de aquellos burócratas y funcionarios que sean defenestrados por sus prácticas corruptas y se comprueben sus ilegalidades como servidores públicos? 

Hace algunos días alerté que había que mover la mata de mangos, pues había muchos podridos y lo que llaman "Revolución" podía irse a bolina. Recuerdo que fui duramente criticado por unos cuantos extremistas, incluso mi casa fue saboteada dentro de ese contexto de crítica social.   La realidad expresada  por el Consejo de Ministros,  corrobora que el Estado y su red de instituciones están al borde de un abismo, sino movilizan sus bases populares a favor de la verdad.

Nota: Aquí pueden leer la información publicada por Cubadebate: http://www.cubadebate.cu/noticias/2022/10/27/consejo-de-ministros-analiza-a-camisa-quitada-ilegalidades-y-manifestaciones-de-corrupcion/amp/

lunes, 10 de octubre de 2022

¿UN RENEGADO DEL SOCIALISMO? (A propósito de dos años de discriminación sobre mi persona)



Por Arnoldo Fernández Verdecia 

Un día como hoy, hace dos años, pensé que el mundo me caería encima, pues yo creía que el mundo era mi trabajo como periodista en una emisora municipal del oriente de Cuba, donde había laborado por más de 16 años.  

Yo entendía, obstinadamente, que no se podía vivir sin aquel trabajo, sin la edificación donde permanecía ocho horas diarias de mi existencia, incluso sábados y domingos, porque lo primero eran los oyentes, los ínternautas, la verdad. Creía que el ombligo del mundo era lo que hacíamos;  incluso imaginé que me retiraría allí. 

Era tanta mi ingenuidad, pero tanta, que el día que me vi fuera me costó aceptarlo; casi me vuelvo loco, porque una burocracia ideológica, dogmática, ciega, enferma de un localismo estrecho, difamó sobre mí por todos los cuatro puntos cardinales. Llegó a decir que era un connotado contrarrevolucionario; presentó fotos a mis antiguos compañeros como evidencias irrefutables de mi herejía a la Patria. Yo era un peligro, así lo comunicó el caudillo de aquella locura increíble a los trabajadores.  

Con mi dignidad intacta salí a lo desconocido, no podía pensar de otra manera porque nunca hice nada contra el sistema, -ni lo he hecho después-; sencillamente traté de ser consecuente con los valores morales en los que me había formado mi familia, junto a  maestros y profesores inolvidables; pero esos saberes no eran necesarios, ni valorados en mi “centro de trabajo”; la burocracia ideológica de allí, atragantada con un localismo informativo indigerible, no admitía verdades, por muy objetivas y honestas que fueran. Había que estar bien con el inmortal. Salir de esos límites era la hoguera y fui quemado. 

No había defraudado a nadie, moralmente hablando, pero la burocracia ideológica hacía varios años me acosaba con una censura insoportable,  todos mis escritos,  mis trabajos periodísticos eran revisados y cuestionados ácidamente; en pocas palabras, pretendían desarmar mi rebeldía ante lo  que yo creía incorrecto.   

Me llevaron a tantos juicios ideológicos, a tantos, pero tantos, que salía de aquellas purgas cerebrales con inmensos dolores de cabeza. Podía haber optado por la comodidad de rendirle culto a la burocracia ideológica y su adalid  en aquel trabajo, pero la decencia tiene un precio alto y es preciso vivir con honor, así que me fui sin mirar atrás, convencido de que no podía volver a un sitio donde me habían sucedido cosas abominables en términos espirituales. 

Al principio quise buscar trabajo, me acerqué a muchas entidades en las que podía ser útil por mi currículo y las destrezas aprendidas en más de 27  años de entrega incondicional al sistema. Un título de oro y una maestría en ciencias sociales las consideraba mis principales atributos, además de mis libros publicados, los reconocimientos recibidos, los honores que distinguían mi vida profesional;  pero no, ninguna puerta se abrió, ninguna y he tenido que vivir discriminado en mi pueblo natal, difamado a mis espaldas, censurado en los medios públicos del municipio, en fin, dejé de existir para una nomenclatura ideológica que no investiga, no contrasta, no verifica y acepta opiniones manipuladas, para dejar a una persona desarmada moralmente ante la res pública de la tierra donde construyó su existencia. 

Gracias a DIOS y al AMOR, no me ha faltado nunca un plato de comida y no he tenido que negociar mis ideas con ningún cacicucho de abultado estómago para sobrevivir. Alguien llamó a eso falso orgullo, yo lo llamo: DIGNIDAD, ese es el socialismo en el que yo creo. 


viernes, 14 de diciembre de 2012

Las frases favoritas de los jefes en Cuba


 “Se maneja”, “Lo estamos manejando” o “Se va a manejar”….

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

“Se va a manejar”. “Lo estamos manejando”. “Se maneja”. Son frases que aluden a un mismo sentido en Cuba: falta de competencia de la burocracia administrativa para darle solución a los problemas de su entorno inmediato.

Las escuché por vez primera en la voz de un amigo que reclamaba el círculo infantil para su hija y siempre el jefe le respondía: “se manejará...”. Jocosamente mi amigo me decía ¿sabes del curso de chóferes nuevo? En lo personal, ni noticias tenía. Entonces hacía la historia de las vilipendiadas frases tomadas del argot automovilístico.

En la soledad de mi refugio escritural medité sobre el alcance de las mismas. Mi amigo tiene razón; la extrapolación es correcta, pues las frases tienen connotaciones que aluden a la falta de fe en la gestión de ciertos jefecillos empoltronados tras un buró, y desde esa posición, creen solucionarlo todo: “Se maneja”, “Lo estamos manejando” o “Se va a manejar”….

Argelio Santiesteban me hará un guiño cómplice desde sus Vericuetos del Idioma. Manejar en Cuba significa “guiar un automóvil”, pero también “desenvolverse con habilidad en los asuntos diarios”. Esta última acepción se acomoda bien a los sentidos  otorgados por el pueblo a esos banales eruditos que, desde su automóvil, lo resuelven todo. 


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