Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com
Prefiero dos palabras para nombrar un personaje de la vida cotidiana que ha convertido una bicicleta en un triciclo para transportar dos pasajeros a bordo. Es un taxi de pasaje, con la diferencia de que el motor es el propio ser humano, que asume pedalear para ponerlo en movimiento. Pero no haré aquí la historia del triciclo en Cuba, hoy quiero llamar la atención sobre el “humano” que lo conduce en Contramaestre, un pueblo de provincias, en el oriente de la isla, en el tramo del Edificio Rodríguez al Hospital Orlando Pantoja Tamayo; tan sólo un kilómetro de distancia. ¿Qué sucede en ese itinerario?
La
persona que tiene a alguien de la familia ingresado en el Orlando Pantoja y
debe recorrer ida y vuelta seis veces al día, para llevarle desayuno, almuerzo
y comida, a sus allegados, ¿cuánto gasta? Alarmente la cifra: 18 pesos en
moneda nacional (m.n), si cuesta sólo 3 m.n. Imagine usted el gasto del personal de
salud, que debe viajar diariamente a la citada instalación hospitalaria. Todavía el transporte público
no cubre la demanda de personas que
acuden allí; así que en esos
horarios muertos del día, el conductor de la bici-taxi (bicitaxeros), fija un
precio de partida, $3 m.n; ahí empieza
todo y se aferra a la llamada oferta y demanda, así que lo mismo puede pedir
$5, que $10; en el primero de los casos serían $25 al día, en el segundo $30.
¿Qué bolsillo aguanta eso?
Pero
lo mas complejo de todo, es que las personas a veces con ingenuidad creen que
cuesta $2, porque es sólo un kilómetro y no hay elevaciones, ni tramos
difíciles; además transitan por la Carretera
Central, una propiedad social del pueblo; así que lo abordan en cualquier lugar; al llegar al destino, el conductor con voz
grotesca dice: “Son $5 m.n”; la impotencia
se apodera del pasajero; pero si no
tiene a nadie para proteger sus derechos, qué puede hacer; pues darle el precio
y enojarse por el estado actual de las cosas.
En
lo personal lo viví en carne propia
durante una semana y asumo que no hay bolsillo que aguante. Uno de esos
siete días abordé una bici-taxi, apenas a medio kilómetro del Hospital; al llegar, el tipo me dijo, “son $3 m.n”, me
indigné porque no podía costar eso; el
cubano de a pie se despertó en mi y le dije: “Te doy 2 m.n; no más”, la respuesta del bicitaxero fue
letal: “Si fuera más dinero; habría sangre hoy aquí; pero no me caeré por un peso”. Me puse en guardia enseguida, por si las
cosas; pero el tipo salió como un bólido,
pedaleando su oferta y demanda, esa que martilla día por día al pueblo y lo
único que le importa es romperle los bolsillos. Imagine usted si me hubiera
pedido 20 m.n,
que a veces durante la noche lo exigen, y yo hubiera reaccionado como lo hice; entonces
no podría escribir esta historia y la sangre estaría llegando al río.
