Mostrando entradas con la etiqueta Contramaestre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Contramaestre. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de mayo de 2017

Las Bici-taxis y sus monstruos




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Prefiero dos palabras para nombrar un personaje de la vida cotidiana que ha convertido una bicicleta en un triciclo  para transportar dos pasajeros a bordo. Es un taxi de pasaje, con la diferencia de que el motor es el propio ser humano, que asume pedalear para ponerlo en movimiento.  Pero no haré aquí la historia del triciclo en Cuba,  hoy quiero llamar la atención sobre el “humano” que lo conduce en Contramaestre, un pueblo de provincias, en el oriente de la isla, en el tramo del Edificio Rodríguez al Hospital Orlando Pantoja Tamayo; tan sólo un kilómetro de distancia.  ¿Qué sucede en ese itinerario?

La persona que tiene a alguien de la familia ingresado en el Orlando Pantoja y debe recorrer ida y vuelta seis veces al día, para llevarle desayuno, almuerzo y comida, a sus allegados, ¿cuánto gasta? Alarmente la cifra: 18 pesos en moneda nacional (m.n), si cuesta sólo 3 m.n. Imagine usted el gasto del personal de salud, que debe viajar diariamente a la citada instalación  hospitalaria. Todavía el transporte público no cubre la demanda de personas que  acuden allí;  así que en esos horarios muertos del día, el conductor de la bici-taxi (bicitaxeros), fija un precio de partida,  $3 m.n; ahí empieza todo y se aferra a la llamada oferta y demanda, así que lo mismo puede pedir $5, que $10; en el primero de los casos serían $25 al día, en el segundo $30. ¿Qué bolsillo aguanta eso?

Pero lo mas complejo de todo, es que las personas a veces con ingenuidad creen que cuesta $2, porque es sólo un kilómetro y no hay elevaciones, ni tramos difíciles; además transitan por la Carretera Central, una propiedad social del pueblo;  así que lo abordan en cualquier lugar;  al llegar al destino, el conductor con voz grotesca dice: “Son $5 m.n”;  la impotencia se apodera del pasajero;  pero si no tiene a nadie para proteger sus derechos, qué puede hacer; pues darle el precio y enojarse por el estado actual de las cosas.

En lo personal lo viví  en carne propia durante una semana y asumo  que  no hay bolsillo que aguante. Uno de esos siete días abordé una bici-taxi, apenas a medio kilómetro del Hospital;  al llegar, el tipo me dijo, “son $3 m.n”, me indigné porque no podía costar eso;  el cubano de a pie se despertó en mi y le dije: “Te doy 2 m.n;  no más”, la respuesta del bicitaxero fue letal: “Si fuera más dinero; habría sangre hoy aquí;  pero no me caeré por un peso”.  Me puse en guardia enseguida, por si las cosas;  pero el tipo salió como un bólido, pedaleando su oferta y demanda, esa que martilla día por día al pueblo y lo único que le importa es romperle los bolsillos. Imagine usted si me hubiera pedido 20 m.n, que a veces durante la noche lo exigen, y yo hubiera reaccionado como lo hice; entonces no podría escribir esta historia y la sangre estaría llegando al río.

martes, 18 de abril de 2017

Los 90 del Cachao de Maffo



El sonero más grande de Maffo en todos los tiempos cumplió 90 años este 14 de abril.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com  

Suena un tres en la tarde y rompe el Son a Maffo. Parece un juglar escapado del San José, con su sombrero calado, la guayabera y esa voz inconfundible que produce una calidez contagiosa. Enseguida uno está repitiendo el estribillo de la canción y adorando a Oscar Mora Fornaris, uno de los soneros más importantes del oriente cubano y el más grande de Contramaestre.  

Por sus palabras conversadas con el realizador de radio, Paco Miranda, este domingo en la casa de cultura Chile Morín de Maffo,  supe de los 40 centavos que nunca reunió para comprar aquel tres añorado, junto a sus amigos del cuarteto Mije. La mayoría consiguió la cantidad acordada, pero Mora Fornaris no pudo y sus camaradas empezaron a llamarlo a partir de ahí, “Cachao”. En lo adelante, ese  fue su nombre artístico, así todos lo conocemos hoy; con el mismo ganó el “Premio Memoria Viva 2014”.

Cachao confiesa a Paco, que desde los nueve años ya tocaba el tres. A los quince crea el primer conjunto del barrio de Maffo, llamado casualmente Mije; después convertido en cuarteto y muy famoso en las fiestas del San José. Años después crea el apreciado trío Alba, del que forma parte durante décadas, hasta que finalmente decide hacer su vida musical en solitario.

Al cumplir los 90 años este 14 de abril, muchas acciones culturales se hicieron en Maffo para celebrarlo, entre ellas, la realización en vivo del programa de radio “Ecos de un laúd”, dedicado completamente a su obra creativa. Importantes valores  del patio como Ubenilde Bello, el cuarteto Guaicán y Derlis Rosales, entre otros; dedicaron sus creaciones a  la emblemática  figura de la música local.

En sus palabras de agradecimiento  “Cachao” dijo: “Felicidades a mi pueblo de Maffo aquí y fuera de fronteras. Dios los acompañe donde quiere que estén. Los amo a todos por igual. Pido salud a Dios para seguir haciendo lo que me gusta”. 

Galería con momentos especiales dedicados a Cachao en su 90 cumpleaños

 

domingo, 16 de abril de 2017

Cuando yo era un Siete pesos



Cuando  yo tenía 17 años.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 
 
Cualquier parecido con la realidad es pura ficción.
“¡La guagua de los nuevos reclutas! ¡Jajajajaja!.  Míralos con el pelito largo. ¡Qué  bigotitos más chulos! ¡Jajajajaja!.”. Parecía que habíamos llegado al reino de los jodedores. Eran la gente  del Llamado 24 en pleno vacile. Descendimos. Un mono de trapo con una soga al cuello apareció sobre un pasillo del cuartel que nos recibió. “Nuevecitos; ahórquense...”, nos decían con sorna; se creían los cheches, caminaban con el hombro derecho caído y las gorras las usaban viradas a un lado. Pasamos toda la mañana tirados en el suelo; nadie se fijó en nosotros, excepto los guardias viejos que seguían con el bonche. “Vamos a ver cuál es maricón, al apretar la cosa salen como hormigas, eso no falla”. “¡Blanquitos flojos!”, dice un negrón musculoso y muestra su enorme rabo. “¡Pronto comeré sus culitos y lavarán mis calzoncillos!”. Sonaron dos campanazos (¡Bommmm!, ¡bommmm!). “Debe ser la merienda”. “Arriba guardias, a formar”, dice un tenientito negro que muestra un casquillo en uno de sus dientes. Somos los últimos en pasar. Volvemos al mismo pasillo hasta la hora de la comida. Se repite el campanazo una y otra vez para todas las cosas (¡Bommmm!, ¡bommmm!) y aquello se vuelve un reloj que no camina. Me dio por pensar en las mujeres que tuve a ver si el tiempo se movía. Por mi mente pasaron Pili, Magalis, la profesora de Historia, ¡aaaaaahhhhhhhhh la profesora...! “Qué estará haciendo; seguro un tipo se la tira a esta hora y le dice lo mismo que a mí”. Desde el Polígono de infantería alguien nos grita: “¡Nuevos, a formar! A partir de este momento son guardias de esta unidad. ¡Es una vida de cojones! Mañana los van a pelar al rape. Se afeitan ya”. De allí salimos y nos metieron en una ropa que alguien dijo era china y nos mandaron todos los días para el terreno como decían los jefes, a recibir táctica, marchas mixtas, campo de tiro, guardias  nocturnas, retenes, etc. Los días de semana se iban rápido. Lo malo era el fin; las únicas opciones que teníamos era irnos a un cañaveral, al río, al 43, al 15, o batirnos una paja y luchar todas las comidas posibles, porque el hambre nos doblaba. Si había cerveza en el pueblo cercano, llegarnos y vacilar, siempre con mucho cuidado, pues los de Prevención (boinirojos le decíamos a los nos vigilaban siempre), andaban como tigres dándole caza a los siete pesos como nosotros. La infantería me tenía jodido. Odiábamos a los sargentos instructores. Hijoeputas, se la pasaban dando infantería, se hacían los bestias y eran tremendos pendejos. “Firmes. Derecha. Izquierda. Media derecha. Izquierda. Izquierda. Media derecha. Derecha. Todo guardia debe conocer y respetar el Reglamento”. Nos castigaban por cualquier mierda: Elsido, 100 viejitas por llegar tarde a formación; Matellán, 30 vueltas al Polígono por uso incorrecto del uniforme; Ulises, a lavar baños por reírte”.  Al principio nos cogieron la baja, pero cuando nos enteramos que eran unas putas, nunca más pudieron. “Fulano, tantas viejitas”. “Vete a la mierda sargento; méteme preso si te da la gana; me tocan los cojones tus palabritas mima; coge los cordones so puta; chivato; toma el sambrán mami”, le decíamos y virábamos la boca como el teniente del casquillo. Una vez caí en un calabozo siete días por fugarme. Me quitaron todas las prendas de vestir. Tuve que ponerme una cosa extraña con un olor a guardado de mil demonios. Me mortificaban diciéndome que habían avisado al jefe para que viniera a buscarme. Era mentira. La fetidez del calabozo se me metió hasta los huesos, la ropa. La piel tomó un pálido añejo…Lo único bueno que me pasó en el Verde (así le decíamos al Servicio Obligatorio) fue Raiza, una muchacha del primer llamado voluntario de mujeres. La vi una tarde entre el montón de muchachas y decidí fajarle, me correspondió con una sonrisa, era la única blanca, arrastraba la r. Nos encontramos en la noche, le hablé de amores, me respondió que sí. La abracé como un loco, el tolete se me partía de lo erguido. Me dijo, “no te apures, lo haremos más tarde. Busca un lugar”;  le respondí: “Ya lo tengo”.  Fuimos a la turbina donde dormía el Oso, -así le decíamos a Manolo, un socio del barrio-, en su cama lo hicimos muchas veces. “Siempre debería ser así”, me decía cada vez que lo hacíamos.  Pero Raiza quería subir a las estrellas. Un día la  vi junto al Tte coronel Leveque, desapareció en una de las oficinas;  molesto le dije: “Qué mal gusto tienes hija”, me respondió: “Dentro de unos meses te vas y  sigo con esta vida.” Los socios se burlan de mí por tarrú. “Te dejó por un oficialazo. La tipa quiere estrellas, eres un siete pesos. Esas mujeres quieren el cielo men”. Raiza, quien lo iba a decir, tan delicada, arrastrando la r, su perfume bebito, el talco en las axilas... Me pasé el resto del tiempo solo. Las del servicio voluntario no querían siete pesos como yo.  Un día me encontré a Raiza  y me dijo, “nunca Leveque me ha  templado como tú”,  “Pero déjalo mujer”, -le dije-. “No puedo, y sabes porqué”. Le respondí que no estaría más con ella. Decidí borrarla para siempre y seguí adelante. Se fue un año de mi vida…Meses después una noticia me colmó de alegría. “¡Llegó la blanca!”, decían todos a coro y se abrazaban, se daban hasta besos y corrían por el Polígono dando gritos como locos. Tomé aquel sobre blanco y me uní al coro de locos; corrí mucho; grité; hasta unos cañambrazos de un licor extraño me di. Vivíamos el día 21 de julio de 1989.  “¡Cuantos días he rayado en el almanaque! ¡Dios mío…!” Del Polígono salimos en unos Gaz 64 (camiones de carga  rusos) a nuestros municipios. Atrás quedaba la unidad militar donde nuestra adolescencia maduró en menos tiempo de lo que canta un gallo. Los rones movían las palabras. Cantábamos "Lágrimas negras" a coro. Caminamos sin temor las calles de Palma Soriano donde tantas veces tuvimos que correr huyéndole a los boinirojo. “¡Qué se atrevan ahora!, ¡qué se atrevan!, ¡somos civilotes cojone!  ¡Nunca más siete pesos!”, gritábamos bien alto  para que todo Palma nos pudiera oír.

martes, 21 de marzo de 2017

"Satanás" era mi mejor amigo*



Orlando Concepción Pérez. Fot tomada del archivo de Arnoldo Fernández.

Por Eduard Encina (Editor del blog Cimarronzuelo Oriental 

Me dijeron que tuviera cuidado con él en Contramaestre; se creía el ombligo del mundo; había participado en todas las guerras; conocía a todas las celebridades; tenía la verdad absoluta; jugaba en el equipo de los buenos y los malos; en fin, Orlando Concepción no significaría  para mí un viejo árbol y una buena sombra, en realidad, era un verdadero peligro.  

Otro amigo advirtió que no me iría bien, se rumoreaba su participación en juicios sumarios y en ajustes de cuentas al principio de la Revolución.  Después, la propia Revolución lo “tronó” por haberse atrevido a cuestionarla. Al parecer, detrás de aquella figura contradictoria, de ojos pequeños y difíciles, se ocultaba el mismísimo Satanás. ¿Existiría en verdad un hombre así?  

La tentación me empujó un día hasta su casa. Apenas me atreví a tocar la puerta; enseguida apareció Sonia Ducasse, su esposa, abrió y ante tanta amabilidad recuperé el aliento. Salió del cuarto y como un resorte me puse en pie, él estrechó la mano, había escuchado mi nombre y al instante percibí su gran sentido del humor: “¿Así que eres el escritor que quiere hacerme competencia?”

Mucha gente interrumpió nuestra primera conversación: “vienen en busca de información, decía, les cuesta trabajo leer”. Enseguida fue al librero y me trajo “Los cachorros”, de Vargas Llosa y “Las flores del mal”, de Baudelaire. Sonia Ducasse, como un hada volvió a aparecer, ahora con una inolvidable taza de café.

“La casa del Diablo” era el mejor sitio para estar. Se convirtió en mi primer destino cada día al llegar a Contramaestre.  Habitarla era vivir una clase de historia, matizada de cuestionamientos y un espíritu rebelde. Poco a poco descubrí la raíz de su mala fama.

Orlando Concepción no era manipulable, no negociaba sus principios, ni sus convicciones; no militaba en la obediencia sino en el conocimiento, en la conservación de una cultura que había heredado de la República. Un hombre así no cabía en una sociedad caótica, en pleno estado de descomposición ética.

Desde entonces me convertí en blanco de sus críticas “no tienes agenda calendario, no fechas tus escritos, no actualizas tu currículum, no eres puntual en las citas…” Comprendí que la gente sataniza lo que no puede hacer. Nadie habla de los detalles. No olvidaba los cumpleaños de sus amigos, siempre estuvo en el minuto malo, en el del dolor. Era el látigo de los funcionarios públicos; el poeta de las mujeres y el abuelo más chocho del mundo.

Un 21 de marzo de 1932 nació en el batey del Central América. Al inicio de la primavera es imposible ignorar a quien siempre nos recordó; hoy cumpliría 85 años, pero un Linfoma no Hawkins se interpuso, aunque no logró derrotarlo. Sonia me había dado la noticia, cuando me vi ante él y no pude contener el llanto. Me puso la mano sobre el hombro y dijo: “Tengo que enfrentar la enfermedad con dignidad”. Nunca vi tanta valentía. Orlando Concepción no era perfecto, la muerte tampoco.



* Tomado del blog CimarronzueloOriental

domingo, 19 de marzo de 2017

El primer disparo del cañón Don Pepe en el San José de Maffo



Cartel oficial promoviendo el San José del Maffo insular.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaonline@gmail.com 

En el pueblo de Maffo se desarrolló este jueves 2 de marzo, la peña El cañón Don Pepe, en el horario de 3 a cuatro de la tarde, bajo la conducción del poeta y pintor René Emonides Quintana. La sede de la cita se produjo en la casa memorial Orlando Pantoja Tamayo, institución encargada de organizar el evento junto a la Sociedad Cultural José Martí en Contramaestre.

Durante la velada vespertina se presentaron talentos artísticos del pueblo, entre los que sobresalió Cachao, Premio Memoria Viva, encargado de, a toque de guitarra y con el Son a Maffo, darles la bienvenida a los participantes que pasaban las veinte personas. Juan Antonio, el Polo de Maffo, deleitó a todos con versiones de la obra de Polo Montañés, muy apreciadas por el público.
 
Cachao alegró a todos con el Son a Maffo. 

Hubo momentos de reflexión sobre lugares emblemáticos de Maffo, como Los Tinajones; Las Lajitas, también se conversó con mucha inteligencia sobre el valor de la obra martiana como fuente liberadora del pensamiento y hubo una exposición de una de las mujeres creadoras más destacadas del municipio, Josefa Tamayo.

René Emonides Quintana condujo el espacio con desenfado y según el miembro de la Junta Provincial de la Sociedad Cultural José Martí, que  participó en la misma, hubo  calidad en todas las entregas ofrecidas por El Cañón Don Pepe, especialmente la destreza con que lo hizo su animador Emonides Quintana.

La primera edición de la peña se dedicó al 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer y a las fiestas por el San José de Maffo a celebrarse este 18 y 19 de marzo.

A las ofertas artísticas se unió un momento de reflexión para compartir buen café cubano  y  té  de anís, acompañado de una sabrosa panetela cocida en los hornos hogareños de una de las casas de Maffo.

La peña El cañón de Pepe se realizará todos los día 2 de cada mes y colaboran en los aseguramientos de la misma, el Presidente del Consejo de Poblado, Benedicto Enamorado, así como la escuela Mariana Grajales y la casa de cultura Gerardo Morín Frías.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Piedra fría y sin alma estatua de Olo Pantoja en Contramaestre

El blog Caminante cubano viene siguiendo hace algunos años la ejecución de una obra pública de valor simbólico y patrimonial para las personas de Contramaestre, conocida oficialmente con el nombre plaza Orlando Pantoja Tamayo (Olo). 

Se especula sobre el valor financiero de la misma, su plazo de entrega; lo real es que la estatua de Olo  no acaba de exhibir el rostro definitivo, por lo que autoridades de Servicios Comunales en Contramaestre decidieron taparla con un nylon negro.  

¿Cuál fue la reacción de Sarezka  Pantoja Escalona ante la publicación de Caminante cubano sobre la actual situación? Caracol de  agua reproduce sus palabras y el enlace donde podrán leer el post de Alfredo Ballesteros, miembro de la Sociedad Cultural José Martí y de la Asociación Hermanos Saíz,  aquí en Contramaestre. 

Sarezka  Pantoja Escalona: “Para mi es una falta de respeto mayúscula con los hombres que dieron lo único que tenían, la vida. Una falta de todo a su memoria.

“Por mí, que tiren el monumento ese a la basura, a los hombres como mi padre se les recuerda en la memoria del pueblo, ése es el monumento, el amor de su pueblo.
“Con relación a esa piedra fría y sin alma con la cara tapada con un nylon negro, o la terminan o la sacan de ahí y me dirijo al gobierno de Contramaestre y a su partido, me dirijo como hija de un hombre que fue símbolo de humildad, generosidad y amor a su tierra.

“Gracias Alfredito por tu esfuerzo y tu dedicación a esto”.

 Leer: Piedra fría y sin alma, estatua de Olo Pantoja  en Contramaestre

viernes, 10 de febrero de 2017

La zafra y el bagacillo




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Vivo en un pueblo de provincias en el oriente de Cuba llamado Contramaestre donde un viejo central, llegado en los inicios del siglo XX, contamina la atmósfera con una lluvia permanente de bagacillo. 
Días y noches reciben sus efectos. Es imposible vestir de blanco.  Si no proteges la cabeza con un algún sombrero, gorra, pañoleta o sombrilla, el cabello es tomado por este señor de ropa negra y enorme poder para tiznarlo todo.

Uno piensa en China, la gente con nasobucos ante la contaminación del aire;  pero aquí los lugareños no tiene percepción de riesgo y se han adaptado a respirar un aire denso; llevan las fosas nasales al descubierto  y con resignación barren la casa una y otra vez, yo diría que tantas veces como el no grato inquilino hace acto de presencia.

Al conversar con la especialista de medio ambiente en Contramaestre, ella reconoce este factor de riesgo para la salud;  por eso insiste en la necesidad de adquirir tecnología de punta que mitigue la lluvia de bagacillo que hace casi imposible la vida de las familias por estos lares.

Al terminar este texto,  la lluvia de negro se lanza con fuerza sobre mi pequeña casa; cerré puertas y persianas para rechazarla, pero siempre alguna hendija dejaba entrar la brizna quemada y al pasar mis manos sobre el cabello, salían pintadas con la noche terrible de un inquilino que ya nos acompaña por más de un siglo.    
Al salir a la calle, grandes llamaradas a la vista; la gente a trote para verlas; era un cañaveral cercano; también se sumaba al concierto del bagacillo, porque la brizna subía a lo alto del cielo, y desde allí, junto a la humareda negra, caía sobre el pueblo sin clemencia alguna.

lunes, 6 de febrero de 2017

Lo dulce y trágico de una locomotora de sueños




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

El domingo 5 de febrero parecía un día más en Contramaestre, ciudad del oriente de Cuba; las mujeres lavando;  los hombres asegurando el sobrevivir económico; pero un ama de casa rompió con esos moldes cotidianos de pueblo de provincias y presentó ante un parque Jesús Rabí abarrotado de personas: “Una locomotora de sueños”.

Así tituló Nancis Vega Garcés su primer libro, según ella, “escrito gracias al concurso de mis nietos,  responsables principales de cada una de las historias que escribo”.

Vega Garcés se reconoce como “un ama de casa que tiene muchas historias dolorosas que compartir”, por eso dialogó sobre su azarosa vida y  los problemas que una y otra vez la asedian.

En las palabras de Osmel Valdés, encargado de la presentación del mismo en Contramaestre,  se reconoció la calidad de “Una locomotora de  sueños”, según él, entre las mejores obras escritas para niños en Santiago, junto a “Niebla” y “El silencio de los peces”, de Teresa Melo y Eduard Encina, respectivamente.

Sugerente puede considerarse la valoración de Valdés cuando dijo a título personal: “Aquí hay una poesía que va de lo dulce a lo trágico. Historias que nos hacen mirarnos en el espejo de  lo que Nancis escribe. En principio el libro se llamaría “Trueques y números”, pero  los leyistas de la literatura no lo consideraron adecuado y el poeta Eduard Encina terminó proponiendo “Una locomotora de sueños”, que finalmente fue aceptada y funciona de maravilla para el conjunto de la obra”.

Algunos poemas, por la brevedad y calidad de los  mismos, merecen compartirse en las páginas de Caracol de agua: 

Cleptomanía 

La rata oscura

vive escondida

en lo profundo

de su guarida.

Saca el hocico

sin que la vean

por un segundo

nos ofaltea.

La rata oscura

sale de noche

rompe el silencio

todo lo rompe.

Se roba el queso

roba el jamón

y se lo come

con el ratón. 

Escape al futuro 

Tarros de acero

rompió la soga

rompió la cerca

rompió el establo.

Ha roto todas

las ataduras

que lo tenían

hecho un  buey manso.

Saberse libre

saltar correr

sin soga ni amo

es su gran sueño.

Sentir la hierba

y con sus tarros

cortar el aire

vencer el tiempo.

“Una locomotora de sueños”, es un texto de la Colección Farolito, de Ediciones Santiago, con ilustraciones de Andrés Batista Valdés y  la corrección editorial a cargo de Rainer Martínez.

Tiene razón Eduard Encina, en la nota de contracubierta, cuando afirma sobre la autora: “Hay una parte en ti que desconoces, una parte  que vive en las palabras. Nancis Vega lo sabe y por eso  escribió este Libro-Locomotora…”

Nancis se sobrepuso al ama de casa atrapada en el dominio de la mujer doméstica, cuando este domingo arrancó su locomotora en  la ciudad de Contramaestre y anda ya pitando por Cuba y el mundo, junto a las escritoras Yulexis Ciudad y Mai Judit Serrano; las únicas hasta ahora con libros publicados, más allá de esas retóricas lírico depresivas de municipio que tanto nos desaniman.

viernes, 6 de enero de 2017

El héroe troyano de mi pueblo no se llamaba Héctor



El héroe de mi Troya cercana. Fot. archivo familiar.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Amado Rosales Rosabal (Amadito), es considerado un héroe de la Patria por sus hazañas guerrilleras en Contramaestre; casi todos aquí las conocen,  pero muy pocos saben que antes de ser un gran guerrero, tuvo una vida sencilla y murió como el Héctor de la Ilíada de Homero.

Ya el diminutivo decía hasta donde había calado en la sociabilidad popular: Amadito. En ello tuvo que ver el hecho de ser chófer de alquiler en el tramo Contramaestre-Venta de Casanovas y el trato ligero usado allí por todos sus colegas de labor. Era primo segundo de mi abuelo por parte de madre; incluso trabajaron juntos.

Amadito era un hombre de palabra fácil, trato afectuoso. Así que el achicamiento del nombre lo describía muy bien.
Esta imagen habla de sus días como chófer de alquiler. Fot. archivo familiar.
Nació en el seno de una numerosa familia el 19 de marzo de 1931. Tenía 13 hermanos. Sus padres eran Amado Rosales y Argelia Rosabal. Por los documentos de la época, a los hijos siempre se inscribían en la cabecera municipal, por ese entonces Jiguaní. Allí aparece registrado su lugar de nacimiento ante la historia, cuando en realidad hizo su vida en Maffo y sobre todo en Pueblo Nuevo.

Como cada cubano reyoyo, era aficionado a la pelota y al dominó,   así que se le veía jugar béisbol en Maibío, La Graciana, Baire, América. Al segundo de los pasatiempos, también le dedicaba momentos de ocio; dicen que era bueno, no de los que solo sabía poner fichas.

De Reina Bárzaga, su esposa, con la que estuvo legalmente casado, casi no se habla.  Fue su amor ideal, hasta que se involucró en la lucha contra Batista, primero en la clandestinidad,  quemando cañaverales, repartiendo propaganda subversiva, incluso fue de los que se atrevió a prenderle fuego  con dinamita al tramo de ferrocarril que unía a Contramaestre y Baire.

Cuando ya estaba tostado, como se dice en el argot popular, porque se sabía de su obra clandestina; tuvo que irse a la Sierra Maestra, donde peleó a las órdenes del comandante Juan Almeida Bosque. Almeida le ordenó operar en Matías, como parte del Tercer Frente Oriental. Por su bravura e inteligencia, fue ascendido al grado de teniente.

El 17 de noviembre de 1958, durante una acción militar, es mortalmente herido. ¿Cómo ocurrió el hecho? Junto a sus hombres colocó una mina en un tramo de la Carretera Central a dos minutos aproximadamente del Cruce de la Anacahuita. Se retiraron a un lugar seguro. El objetivo era un medio blindado del ejército de Fulgencio Batista (una tanqueta).  Al producirse la detonación, Amadito regresó al lugar a recoger armas de los supuestos caídos, pero la tanqueta no sufrió daño y venía escoltada por el sargento Beto Venero, uno de los matones más temidos de todo Jiguaní. Lo acribillaron a tiros. Su cuerpo fue colocado sobre el capó de un jeep como trofeo de guerra y lo exhibieron por toda la Carretera Central desde Contramaestre, Cruce de Anacahuita, La Ratonera, Pueblo Nuevo, Baire, Jiguaní y  Santa Rita. Finalmente lo enterraron en el cementerio de Bayamo.

Actualmente sus restos están en el campo santo de Baire, al que fueron trasladados, gracias a la gestión de familiares y amigos. Puede verse su nombre en el Panteón de los Mártires de allí. 
Obelisco que fija ante la historia el lugar donde fue abatido por las balas del matón Beto Venero. Fot. tomada por A. Fdez.
En lo personal, estudié en la escuelita rural Domingo Portela, a unos trescientos metros del lugar donde fue asesinado en combate. Crecí escuchando sus hazañas;  los pormenores de su muerte. En mi casa de Anacahuita se hablaba con respeto de Amadito. Dice abuelo que tomaba café fuerte casi todos los días, sentado cómodamente en un taburete, mientras una avioneta del ejército sobrevolaba la zona.

Para mí siempre será Amadito, el héroe de mi Troya cercana, el que a muchos niños como yo les hubiera gustado ser. Inexplicablemente la escuela donde hice mis estudios primarios no tiene su nombre. ¡Cuántos Amaditos hubieran salido de sus aulas! Pero detrás de un buró alguien decidió de un plumazo y la historia se fue muy lejos.

viernes, 23 de diciembre de 2016

El parque de Contramaestre resucita en los siete días con la Wi-Fi



Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Contramaestre, en el oriente de Cuba, vino con el proyecto de urbanización de la Cuba Railg Road Company  fechado el 27 de abril de 1912. En Camagüey, el agrimensor Manuel Breton y el Comisionado de Terrenos Agustín Agüero, a nombre de la citada compañía, pensaron los usos que se les daría a lo que sería el pueblo fundacional. Jesús Rabí fue el nombre que querían para las obras públicas más distinguidas; la avenida principal la nombraron así, lo que sería el parque también; en fin, el llamado General de los humildes debía estar en todos lados. A ese proceso Marial Iglesias lo ha llamado “reescritura toponímica”, pues “se desmontaban los emblemas de la autoridad colonial española”  y  un nuevo “gesto simbólico”  mostraba la ruptura con el pasado. Al inaugurarse oficialmente el parque, las autoridades respetaron la voluntad de los proyectistas. En lo adelante, el Jesús Rabí se convertiría en el espacio de sociabilidad más importante del territorio. 

En un momento de la historia, cuando el danzón estaba en su apogeo, las mujeres lo recorrían por uno de sus laterales abanicándose;  los hombres lo hacían por el otro; al darse cruce, el lenguaje de los abanicos tenía la última palabra y de allí nacieron relaciones que hicieron posible el surgimiento de  distinguidas familias que hoy prestigian el pueblo.

La Banda Municipal de Conciertos creada por el maestro Miguel Milanés en la Academia Wagner, estrenó su primera obra, en el citado parque, un 25 de diciembre de 1952.

Con la prosperidad de los 80 del siglo XX, devino espacio de encuentro de las parejas jóvenes. Sus bancos eran el sitio ideal para enamorarse, darse un beso a luz de las farolas o planificar una cita en alguno de los hotelillos de la ciudad. Las bodas lo tenían como locación ideal para fotos.

En los 90 llegó el silencio. La gente en casa rumiaba sus precariedades; no había tiempo para flirteos; ni ingenuas conversaciones de parque. Algunos tomaron sus bancos y  al compás de Lágrimas negras amanecían soneando, o haciendo el amor a la luz de las farolas. 

El 2000 cambió las cosas. Regresaron al lugar las fotos, esta vez de los que se habían ido con la crisis  venían a encontrarse con la huella de su niñez o juventud. El sábado volvió a ser el más importante. Las farolas volvieron a prenderse y los enamorados, ahora con celulares colgados a las orejas y todo tipo de fanfarrias  tecnológicas, se adueñaron de la escena. Novia linda equivalía a portátil avanzado, novia fea o pobretona, el resultado de ser un escachado.

Internet se veía llegar, pero mientras eso sucedía, la gente se fajaba con los paquetes audiovisuales y lo alternativo en materia de consumo cultural empezó a imponerse: Grammys Latinos, estrellas mediáticas del fútbol, el atletismo, las series, los documentales; lo cubano entró  así en crisis y  se empezó a vivir lo que me atrevo a llamar “efecto zombi”;  pues lo único que servía era lo que venía de la yuma, no solo de Estados Unidos, sino de cualquier país de los primer mundistas. 

El parque Jesús Rabí se convirtió en el escenario ideal para ostentar esas nuevas tecnologías. Cada padre de familia era acosado por sus hijos; sino se exhibía un celular de primera generación en el paseo del sábado, equivalía a ser un escachado. Los hijos de leñadores, cocineros, jardineros, o de  sencillos profesores, obligaron a sus mayores a criar puercos y hacer piruetas inimaginables en el mundo del dinero para ponerlos a la altura del momento histórico. El parque solo tenía un día para ser grande: el SÁBADO. El resto de la semana permanecía en silencio, aunque una de las esquinas servía activamente para reunirse y hablar de deportes.


Pero el pasado 21 de diciembre de 2016, a las diez de la mañana, una noticia se expande cual pólvora. Contramaestre tiene una zona Wi-Fi con señal propia. Río de jóvenes. Cola para tarjetas de acceso. Algunos chateando. A otros los atrae la curiosidad. Los menos a la viva, en sus mentes el negocio de las tarjetas. El Jesús Rabí es la zona Wi-Fi. Es la mejor noticia del 2016, dicen algunos.  Día tras día mares humanos allí. El sábado pierde el reino; ahora todos los días son sábado. El parque resucita en el imaginario como sitio ideal para marchar al ritmo de los tiempos.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Aviso a los lectores de Caracol de agua

Este blog admite juicios diferentes, discrepancias, pero no insultos y ofensas personales. Revise su comentario antes de ponerlo y debatiremos eternamente sobre lo que usted desee. Los comentarios son propiedad de quien los envió. No somos responsables por su contenido.