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domingo, 7 de mayo de 2017

Las Bici-taxis y sus monstruos




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Prefiero dos palabras para nombrar un personaje de la vida cotidiana que ha convertido una bicicleta en un triciclo  para transportar dos pasajeros a bordo. Es un taxi de pasaje, con la diferencia de que el motor es el propio ser humano, que asume pedalear para ponerlo en movimiento.  Pero no haré aquí la historia del triciclo en Cuba,  hoy quiero llamar la atención sobre el “humano” que lo conduce en Contramaestre, un pueblo de provincias, en el oriente de la isla, en el tramo del Edificio Rodríguez al Hospital Orlando Pantoja Tamayo; tan sólo un kilómetro de distancia.  ¿Qué sucede en ese itinerario?

La persona que tiene a alguien de la familia ingresado en el Orlando Pantoja y debe recorrer ida y vuelta seis veces al día, para llevarle desayuno, almuerzo y comida, a sus allegados, ¿cuánto gasta? Alarmente la cifra: 18 pesos en moneda nacional (m.n), si cuesta sólo 3 m.n. Imagine usted el gasto del personal de salud, que debe viajar diariamente a la citada instalación  hospitalaria. Todavía el transporte público no cubre la demanda de personas que  acuden allí;  así que en esos horarios muertos del día, el conductor de la bici-taxi (bicitaxeros), fija un precio de partida,  $3 m.n; ahí empieza todo y se aferra a la llamada oferta y demanda, así que lo mismo puede pedir $5, que $10; en el primero de los casos serían $25 al día, en el segundo $30. ¿Qué bolsillo aguanta eso?

Pero lo mas complejo de todo, es que las personas a veces con ingenuidad creen que cuesta $2, porque es sólo un kilómetro y no hay elevaciones, ni tramos difíciles; además transitan por la Carretera Central, una propiedad social del pueblo;  así que lo abordan en cualquier lugar;  al llegar al destino, el conductor con voz grotesca dice: “Son $5 m.n”;  la impotencia se apodera del pasajero;  pero si no tiene a nadie para proteger sus derechos, qué puede hacer; pues darle el precio y enojarse por el estado actual de las cosas.

En lo personal lo viví  en carne propia durante una semana y asumo  que  no hay bolsillo que aguante. Uno de esos siete días abordé una bici-taxi, apenas a medio kilómetro del Hospital;  al llegar, el tipo me dijo, “son $3 m.n”, me indigné porque no podía costar eso;  el cubano de a pie se despertó en mi y le dije: “Te doy 2 m.n;  no más”, la respuesta del bicitaxero fue letal: “Si fuera más dinero; habría sangre hoy aquí;  pero no me caeré por un peso”.  Me puse en guardia enseguida, por si las cosas;  pero el tipo salió como un bólido, pedaleando su oferta y demanda, esa que martilla día por día al pueblo y lo único que le importa es romperle los bolsillos. Imagine usted si me hubiera pedido 20 m.n, que a veces durante la noche lo exigen, y yo hubiera reaccionado como lo hice; entonces no podría escribir esta historia y la sangre estaría llegando al río.
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