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| Tres conceptos atraviesan toda su obra, y nos sirven de brújula ante los naufragios que el egoísmo, la intolerancia y la indiferencia traen consigo: Dignidad, Sensibilidad y Conocimiento. |
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
En el caso de su mundo moral, tres conceptos atraviesan toda su obra, y nos sirven de brújula ante los naufragios que el egoísmo, la intolerancia y la indiferencia traen consigo: Dignidad, Sensibilidad y Conocimiento. Sin el primero, nadie puede elevarse, sentirse útil, creer en el otro, reconocerse en la diversidad a partir de sus valores personales. Sin el segundo (Sensibilidad), no es posible experimentar el dolor ajeno, colocarse en su lugar y desde esa experiencia luchar por un mundo mejor. Y sin el tercero (Conocimiento), no se pueden ejercitar los derechos conquistados por la humanidad en el devenir de la historia y nos convertimos en reos de caudillos, o esclavos del fanatismo.
Su antimperialismo conscientemente asumido es otra de las bases que nos lega Martí, para erguirnos en la diferencia con el vecino del norte, Estados Unidos, y comprender los milagros económicos de este coloso, pero también el oficio de águila que mueve el espíritu de su gente, regida por las leyes ciegas del mercado. Saber que un país de esa naturaleza tarde o temprano terminará por absorbernos en su seno, coloca en nuestras manos la honda de David y reedita mesiánicamente el mito grande-pequeño, y las formas de evitar ser deglutido por ese gigante.
Y finalmente debo referirme a su vindicación del cubano como pueblo, pues en toda su obra, a pesar de los 16 años y medio de vida, que sólo vivió en su patria natal, su obra pertenece por entero a la defensa de la cultura e identidad de los nacidos en esta isla del Caribe. Martí escribe para fortalecer la autoestima del nativo, para que comprenda sus fortalezas identitarias y conquiste toda la justicia posible, para que se reconozca en la diversidad de pueblos e identifique el alma de su nación y la multiplique con aportes que la hagan más habitable y solidaria, para que el hombre tenga libertad de pensar con cabeza propia y exprese dudas y certezas de forma honrada, obviando el comportamiento hipócrita que lastra el espíritu.
Desde las dimensiones señaladas aquí se alza majestuoso José Martí, y sentado en el fuego de los tiempos, señala el camino a seguir para no torcernos en los rumbos inciertos de los pueblos que olvidan su identidad y cultura como soportes del futuro.
