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miércoles, 16 de diciembre de 2020
VIÑETAS ISLA ADENTRO (La suerte está echada)
Abordo un taxi después de una breve mañana con mi padre de 106 años. Alguien de voz gruesa dice al fondo: - Después de viejos no vamos a dejarnos morir de hambre. Nadie más habla. El silencio apoya lo dicho. El auto rueda sobre la carretera de Machado y los campos pasan veloces ante la muchedumbre de ojos que añora el verde, una invasión de verdes que salven la casa, los días, la cena de Año Nuevo; pero el verde no escucha y nuevamente al fondo la misma voz: -Viejos, pero daremos la batalla por la vida. Como Julio César, una frase vino a mi mente, pero no en el latín de entonces: "La suerte está echada". En 2021 cruzaremos El Rubicón. Dios se apiade de las almas que sean arrolladas por la crecida.
lunes, 9 de marzo de 2015
El verde de Facebook me trae un Hada de Cristal
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu
Especial para un Hada de Cristal.
Mi día sin el verde no es
normal. No es “La casa verde” de Mario Vargas Llosa, no, es el de Facebook, ese
que toca mis mañanas y me lleva a
conversaciones universales desde este punto de la geografía, que muy pocas personas conocen, a no ser mis
cercanos.
Su magia es inquietante, ver a tantos amigos y amigas ahí, conversando en tiempo real de lo humano, lo divino y las cosas de la insularidad amada y a veces díficil que habitamos, hace del verde un soplo de esperanza en el suceder cotidiano.
Pero esa esperanza se vuelve más real cuando sabes de un Hada de Cristal, que día por día acude a visitarte, escucha preocupaciones, dudas, una especie de Oráculo de Delfos, necesario en tiempos donde las nuevas tecnologías parecen dominarlo todo.
Es imposible no sentirse celebridad, aunque sea para una sola persona; ella siempre está ahí, espera, nos arropa en su palabra, incluso despierta sublimes sentimientos con cada gesto on line.
Los días son imposibles sin compartir audios, videos, fotos y textos, en pocas palabras, postear nuestro mundo. El verde es la señal incendiaria.
El árbol no es posible sin ese agujero con una calefacción dulce, que nos contagia hasta desbordarnos en la noche insular.
Mi día sin el verde y el Hada de cristal no es normal, nunca mis días serán normales, si ellos no están.
Su magia es inquietante, ver a tantos amigos y amigas ahí, conversando en tiempo real de lo humano, lo divino y las cosas de la insularidad amada y a veces díficil que habitamos, hace del verde un soplo de esperanza en el suceder cotidiano.
Pero esa esperanza se vuelve más real cuando sabes de un Hada de Cristal, que día por día acude a visitarte, escucha preocupaciones, dudas, una especie de Oráculo de Delfos, necesario en tiempos donde las nuevas tecnologías parecen dominarlo todo.
Es imposible no sentirse celebridad, aunque sea para una sola persona; ella siempre está ahí, espera, nos arropa en su palabra, incluso despierta sublimes sentimientos con cada gesto on line.
Los días son imposibles sin compartir audios, videos, fotos y textos, en pocas palabras, postear nuestro mundo. El verde es la señal incendiaria.
El árbol no es posible sin ese agujero con una calefacción dulce, que nos contagia hasta desbordarnos en la noche insular.
Mi día sin el verde y el Hada de cristal no es normal, nunca mis días serán normales, si ellos no están.
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