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jueves, 16 de septiembre de 2021

MIS PALABRAS EL DÍA QUE DESPEDIMOS AL PADRE VIEJO

 


“Agradezco a familiares, amigos y vecinos por acompañarnos en este momento de dolor. 

Hoy le decimos adiós a un cuerpo, pero nos queda el espíritu de un hombre al que todos amamos por su honestidad. Nunca olvido la anécdota que muchas veces me contó: el día que murió su padre, había cobrado 15 mil pesos de una venta de ganado que había hecho su progenitor; podía haberse quedado con aquel dinero, pero al regresar del cementerio, entregó todo a su madre. Así de inmenso era el padre viejo. 

Nuestro querido viejo no acumuló fortuna alguna. No lo movió ningún egoísmo. Vivió siempre del resultado de sus siembras, de su ganado, de la cría de sus aves de corral.

La familia fue para él lo más importante. A ella consagró lo mejor de sí. 

Reconocer el esfuerzo enorme de mis tíos Fidel e Israel, que lo dieron todo por nuestro querido viejo en sus últimos veinte meses de vida. 

En lo personal, tengo la tranquilidad de haberlo complacido en sus deseos, darle las comidas que soñó, verlo sonreír satisfecho y estar junto a él cuando me necesitó. Le di mucho amor que él complementó con expresiones tan generosas, como la de regalarme su mejor camisa para que lo recordara siempre cuando no estuviera por estos lares. 

Ojalá y  su espíritu nos siga acompañando y no nos suceda como a muchas familias, que al faltarle uno de sus horcones, se fractura para siempre y nunca más recupera el camino de la unidad.

Descansa en la eternidad, querido padre viejo. Te amaremos siempre.

Domingo 12 de septiembre de 2021 / a las 10:30 de la mañana en el cementerio de Maffo.

martes, 31 de agosto de 2021

Mi caballero

 


Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

Siempre me sorprende tu vitalidad, esa energía que nace en lo profundo de tu ser y te  convierte en gladiador  desafiando el tiempo, al que vences una y otra vez y te acercas a los 107 años de vida, como muy pocos mortales en su paso por lo terrenal. 

Te abrazo fuerte, beso tu cabello y doy gracias a Dios por permitirte seguir siendo

un caballero lúcido,  un Quijote camino a la eternidad. 

Te quiero viejo.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

VIÑETAS ISLA ADENTRO (La suerte está echada)


Abordo un taxi después de una breve mañana con mi padre de 106 años. Alguien de voz gruesa dice al fondo: - Después de viejos no vamos a dejarnos morir de hambre. Nadie más  habla. El silencio apoya lo dicho.  El auto rueda sobre la carretera de Machado y los campos pasan veloces ante la muchedumbre de ojos que añora el verde, una invasión de verdes que salven la casa, los días, la cena de Año Nuevo; pero el verde no escucha y nuevamente al fondo la misma voz: -Viejos, pero daremos la batalla por la vida. Como Julio César, una frase vino a mi mente, pero no en el latín de entonces: "La suerte está echada". En 2021 cruzaremos El Rubicón. Dios se apiade de las almas que sean arrolladas por la crecida.   

domingo, 21 de abril de 2013

Celebrando los 98 años de vida del Abuelo

Junto a mi Abuelo-padre en su  cumpleaños 98 celebrado este 20 de abril.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Abuelo nació el 20 de abril de 1915, por tanto cumplió 98 años este sábado y muchas son las razones para unirnos a él y hacerlo feliz en lo que le resta de vida, entre ellas, sobresale una: buen padre. Nos enseñó también una máxima: “Pobres, pero limpios y honrados”. 

Con esas lecciones a cuestas, llegamos bien temprano a la casa que nos dio refugio desde niños, allí estaba él, instalado, con Cuba en la cabeza y un conjunto de recuerdos  vinculados a su esposa, la  madre buena que nos arropó a todos  y contribuyó con su ejemplo a hacernos hombres y mujeres de bien. Nos abandonó  el 28 de noviembre de 2011, la muerte cargó con  ella. Abuelo la recuerda entre triste y alegre. De sus 98, 78 estuvieron ligados a la vieja.

Nada de bebidas alcohólicas para abuelo. Refrescos naturales, dulces y  garbanzos con carne de puerco cubrieron el ritual de los 97 a los 98; no se admitieron otras fórmulas. Quiso un trago de Bacardí, igual que lo hacía de joven, pero a falta de éste, servimos Caney.

El Abuelo se mantiene como árbol recio que crece en el monte. Espera los cien, aunque para ello debe cuidar  su hipertensión, único padecimiento que tiene a sus 98. Todavía lee el Sierra Maestra sin espejuelos y conserva todos sus molares. Increíble dicen algunos, aunque mi viejo dice que quizás en ello tuvo mucho que ver el consumo de carne de res todos los meses en sus primeras décadas de vida. Si llega a los cien, el barrio en masa le hará una fiesta grande, él confía lograrlo, aunque recuerda que su abuelo Juan de Dios llegó a 99, y su padre Herminio quedó en los 95. Dios tendrá la última palabra, me dice emocionado. Nos abrazamos largo. Sus ojos estaban húmedos de felicidad. 


INVITACIÓN AL CUMPLEAÑOS DEL ABUELO (+FOTOS)
Junto a su bisnieto Alejandro.

Junto a su bisnieto Alejandro.
Junto a algunos miembros de la familia.
Junto a varios sobrinos.
Junto a uno de sus hijos y su mujer.
Junto a uno de sus sobrinos.
Junto a una de sus sobrinas.
Junto a su hija mayor de 71 años.
Junto a un viejo amigo del barrio.
Junto a hijo e hijas.
Junto a su bisnieto Alejandro y este servidor del blog Caracol de agua.
Junto a parte de la familia.
Todos desean larga vida al abuelo.
El Abuelo juega cubilete.
Abuelo cena su plato preferido: garbanzos con carne de cerdo.
Junto a una de sus nietas luego de cenar.

lunes, 29 de octubre de 2012

Mascota de 27 años sobrevivió a Sandy en Contramaestre


Toqui tiene cerca de tres décadas, 27 años, y logró sobrevivir vientos de Sandy.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Toqui es una mascota que tiene cerca de tres décadas, 27 años, según su dueño Orlando Suárez Morín. Al paso de Sandy por Contramaestre, olvidó protegerlo, y el anciano can, con desgastados ojos, observó  vientos de más de 127 kilómetros por hora,  árboles derribados, postes eléctricos en el suelo, e incluso, fue arrastrado unos diez metros lejos de casa.

Cuenta Suárez Morín, a este reportero, que lo llamó varias veces. Al arreciar el viento, olvidó a Toqui. Al amanecer, un vecino avisó  sobre la presencia del  can, bañado por las aguas de Sandy y temblando de frío. Fue a buscarlo enseguida. Lo cubrió con varias mantas, y precisó  que era difícil asegurarle la vida.

Preocupado por la salud del animal me  acerqué al lugar; aconsejé ponerle nuevas frazadas y darle alimentos. Toqui abrió sus ojillos cansados y se desmayó. “Ahora si se muere”, dijeron algunos vecinos.

En la tarde acudimos nuevamente al sitio. Al abrir la puerta donde lo tenían restableciéndose, se incorporó pesadamente y caminó. Propuse darle comida caliente. Enseguida apareció una cacharra con espaguetis. La devoró con ansiedad. “Ahora si se salva”, dijo un veterinario, que no podía creer el milagro. Honor a este viejo can por vivir en carne propia sacudidas de Sandy, y seguir en la casa de su amo, como si el tiempo no pasara por su cuerpo.


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