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martes, 4 de octubre de 2022

"NO ES POSIBLE DESTRUIR LAS OPINIONES A PALOS..." (Réplica abierta a Mirely Elias)


Por Arnoldo Fernández Verdecia 

Mirely Elias un revolucionario lo primero que tiene que ser es sumamente crítico consigo mismo; si ve un problema, o varios problemas y los ignora, o se va por otro lado para no enfrentarlos, lleva en sí gérmenes  muy peligrosos:  el acomodamiento, la cobardía, quedar bien con los jefes y no con la ética, con el pueblo. 

Decir consignas, cuestionar aquí en Facebook a personas que se expresan desde perfiles personales con absoluta honestidad, no te hace más revolucionaria que nadie. 

Dialogar con respeto y argumentos eso sí, pero creo te falta eso que Fidel llamó "mística de un revolucionario". 

Si eres dogmática y cuestionas la decencia de una persona por expresarse desde lo que cree correcto, entonces con personas como tú no hay nada que hablar, porque sencillamente no piensan, están enfermos de un nacionalismo que no sabe distinguir y convierte en enemigo a todo aquel que no piense como ellos. 

El país no podrá avanzar mientras no sacuda la mata para que caigan los mangos que sólo piensan en ellos y en sus intereses personales, en robarle al Estado, en mentirle al pueblo, en aplastar las opiniones contrarias, en difamar del que piensa diferente...  

Reitero, cuando un revolucionario cierra los ojos y los oídos y se niega a enfrentar la verdad con dignidad, entonces puede pasar lo que sabiamente Fidel advirtió en 2005 en el Aula Magna: 

“¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? (…) Esta Revolución puede destruirse… nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”(...)".

Con personas como usted no hay diálogo, es imposible imaginarlo, porque lo que llaman "combatir en las redes", "estar al pie del cañón", lo confunden con manuales de verdades absolutas y caen en un pecado ominoso: atacan a cualquiera que tenga una opinión contraria a la suya. A personas como usted les recuerdo aquella valoración del Che Guevara: 

“Opinión que haya que destruirla a palos  es opinión  que nos lleva ventaja a nosotros…No es posible destruir las opiniones a palos y precisamente  es lo que mata todo el desarrollo, el desarrollo libre de la inteligencia”.1

“…el socialismo es para satisfacer las necesidades y necesidades siempre crecientes de la gente, si no, no vale la pena ser socialista”. 2

Referencias:

1. Citado en Fernando Martínez Heredia: Las ideas y la batalla del Che, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2012, p.178.

2. Ernesto Guevara: Apuntes críticos  a la economía política, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2012, p. 322.

lunes, 16 de julio de 2018

Revolución es un estado espiritual

Una mañana abriré los ojos y seré Pedro Páramo, quizás no tendré la certeza de si estoy vivo o muerto.
A mi hermano Antonio Isaac 

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

Al hombre le cuesta salir de la cama, puede ser cualquiera, no tiene identidad. Donde vivo todos son el hombre que intenta levantarse día por día. Yo soy el hombre. Siempre el círculo. Potajes de frijoles negros, chícharos, arroz blanco; un trozo de cualquier vianda; ausencia de “plato fuerte”;  al menos tiene la imaginación para soñarlos, o aquellos 80 que nunca volverán.

Lee por media hora encerrado en el baño. Es su mejor momento del día. Después, interminables jornadas siendo testigo de quejas, lamentos, maldiciones, babalaos y sus maleficios en las esquinas. El odio alcanza el cielo.

En la calle, alguien buscando vender cualquier cosa a precios elevados. La viejita pregona culantro de castilla; el discapacitado cucuruchos de maní, el viejo soldado limpia zapatos bajo un framboyán, el guerrero de Angola limpia calderos por veinte pesos,  el Testigo de Jehová, sus panes, el hijo de Juan el Misionero, sus ensartas de mojarras, la vieja de Bungo 5, turrones de maní, el profe, las botellas El Cauto,  la vieja Esmerida, sus cigarritos; parece un circo donde cada uno tiene varios personajes.

Desde la ventana, el mundo pasa muy lento; uno quiere andar, pero es tanto el peso del cuerpo.  Una amiga pregunta, ¿si es algo propio del año?, otra dice, que es el calor, lo cierto es que la gente lleva una carga aplastante e intenta salvarse con licores, excursiones al Mogote, Vega Limones, o lo que pueda darse según sus menguados bolsillos.

Yo también soy muchas veces ese hombre que no consigue levantarse cada día, todos somos ese hombre, luchamos por ser otros, pero al final nos aplasta el trillo, el zombi metido en el alma y uno quiere elevarse, creer en París, Cuzco, Petén. ¿Dónde están los sanos de corazón? ¿Dónde los que no odian? ¿Dónde los que no envidian? ¿Dónde los agradecidos? ¿Dónde los que dicen la verdad? ¿Dónde la familia? ¿Dónde los revolucionarios de espíritu?

El día me aplasta y así sucede durante la semana. Una mañana abriré los ojos, quizás no tendré la certeza de si estoy vivo o muerto. Un amigo me dice “Revolución somos todos” y le respondo: “Revolución es un estado espiritual que un día conseguiremos si somos hombres”.  

Calzo los zapatos y salgo a la calle. Todos lo hacen y buscan una felicidad que no consiguen traer en sus bolsos cuando termina el día. No queda otra que irse a la cama, cerrar los ojos. Hasta los sueños pesan. Al levantarme, la carga ahí, mirándome en tono desafiante; pero mientras tenga vida hay que seguir; la “resistencia es el único camino”. Así lo creemos todos.

domingo, 6 de agosto de 2017

El retrato de la impunidad




La palabra queja es un derecho ciudadano como lo son otros que proclama nuestra carta magna.
Por René Fidel González García (Ensayista y Profesor Titular)
¿quién podría ser libre en un lugar en el que el capricho de cada hombre pudiera dominar sobre el vecino?
                                                                        Locke. 

Hace ya unos meses atrás visité una dependencia del Consejo de Estado de la República de Cuba y vi con asombro cientos de cartas allí depositadas, también el interminable goteo de personas que llegaba a entregarlas personalmente. Algunas de las misivas estaban con los matasellos aún húmedos, otras denotaban en los sobres las evidencias de travesías postales acaso más escabrosas.

Me conmovió de inmediato que el contenido de la mayoría de cartas que estaban allí abiertas, en lo que parecía ser un ríspido intento de pre clasificación realizado por silentes y diligentes funcionarias, estaba manuscrito en una impresionante multitud de caligrafías y colores, y no en los negros tipos de las impresoras que hoy pululan en centros de trabajo y no pocos hogares cubanos, pensé: el país se queja, pero la evidencia de aquella huella escritural de la antropológica política de nuestros tiempos me llevó a responderme: es tan solo la letra del pueblo, y casi de inmediato, por esos tirones que da la conciencia de la existencia del otro, me vino a la mente un vecino de cualquier parte del país escribiéndole sudoroso y dispuesto a su Presidente, como si su carta y cada rasgo trazado sin el pudor de la mala ortografía, fuere adarga suficiente para poner de rodillas a algún poderoso gigante.

En casa de mis padres alguna vez noté que a Hugo Chávez, en los lugares y oportunidades más insólitas, muchas personas – en ocasiones hasta infantes que por su edad no podían escribir – se le acercaban y le entregaban misivas que éste recogía y guardaba, o entregaba a algunos de sus ayudantes, también que eran gente, por su apariencia, casi siempre muy humilde. Recuerdo que mi padre me respondió en esa oportunidad, mientras le comentaba el problema de seguridad que aquello podía significar para un hombre que atrajo suficiente odio de sus enemigos, que al principio de la Revolución, cuando nuestras instituciones no se habían desarrollado lo suficiente, así pasaba con Fidel y con muchos de los dirigentes que en aquel entonces caminaban por nuestras calles.

La palabra queja no tiene, por lo menos en la Constitución cubana, por lo menos para los constitucionalistas cubanos, una connotación peyorativa, no puede tenerla: es un derecho ciudadano, como lo son otros que proclama, reconoce y pretende garantizar el texto de nuestra carta magna.

Recibirlas, así como a las peticiones que hagan los ciudadanos, es para cualquier organismo del Estado cubano y los funcionarios que en ellos trabajan para el bien común de la población una obligación, tanto como tramitarlas, investigarlas, darle atención y respuestas pertinentes y en un plazo adecuado, pero no pocas veces son también la última esperanza de quienes reivindican la razón y la justicia.

Muy pocas veces reparamos en ello, pero cuando nuestro pueblo envía sus quejas y peticiones a las instituciones públicas, ya sean gubernamentales o políticas, no es solicitando favores y prebendas, beneficios y privilegios personales, es casi siempre, por el contrario, apelando a encontrar la justicia que le han negado la arbitrariedad y la insensibilidad, el oportunismo, la abulia y la indiferencia de quienes deberían servirle. Esa apelación es también una denuncia.

En esa actitud insatisfecha e irreductible, en esa cultura de la inconformidad y de la búsqueda y consecución de la justicia que todavía integra el patrimonio ético de los ciudadanos cubanos, más allá del duro peaje que no pocas veces ha pagado – y paga – en su vida cotidiana a quienes han hecho del ejercicio de funciones públicas un zoológico de sus dogmas, caprichos e ineptitudes, descansa parte del espíritu que levantó y sostuvo a la Revolución en Cuba hasta hoy como una lógica extraordinaria nacida del pensamiento popular para hacer, por lo menos desde esa perspectiva, del Estado y de la política, por primera vez, los instrumentos esenciales de la transformación de su realidad.

El lado oscuro de todo esto puede ser, sin embargo, un correlato de la impunidad. No es éste un tema escabroso y difícil de abordar, como no lo es ninguno. La impunidad es sobre todo un enorme fracaso a costa de nosotros mismos, que muchas veces confundimos como una consecuencia.

Nacida de prácticas antisociales y marginales aprendidas o validadas por el éxito obtenido en algún momento de la historia de vida de sus actores, cuando encuentra acomodo y ocasión en cualquier estructura social alcanza entonces su máxima expresión, ésta vez como una deformación del poder político público, opuesta, por su propia naturaleza a la cultura ciudadana, a la eficacia del Derecho y de las leyes y a la sociedad en su conjunto, a la que, por eso mismo, intentará defraudar siempre en su zona más sensible: los valores.

No disponemos de datos suyos en nuestras estadísticas públicas, y muy probablemente no sea un problema y un área de investigación de nuestras ciencias sociales, puede que porque identificarla como tal, e investigarla, acaso parezca una contradicción demasiado grande, demasiada amarga, con nuestras aspiraciones y concreciones como proyecto político. En cambio, desde cualquier punto de vista, su importancia como fenómeno es inobjetable, su existencia innegable.

Bastaría recordar los casos presentes en nuestra memoria histórica en que sus actores disfrutaron de ella por demasiado tiempo para por lo menos intentar meditar en sus peligros y las condiciones que la propician, y su enorme capacidad para viciar insidiosamente el funcionamiento de cualquier diseño de institucionalidad previsto a través de las relaciones endogámicas y las invisibles alianzas y redes de solidaridad que se producen entre funcionarios al interior de la ecología de las instituciones. Es sencillo: la impunidad conduce a la corrupción política.

Esa es una memoria colectiva que se inicia en la saga de crímenes, atropellos y violaciones cometidos a lo largo de tres siglos coloniales y se extiende íntegramente a la experiencia de nuestro primer ensayo republicano como un poderoso recordatorio de hasta qué punto la impunidad puede volverse un patrón de éxito y la coartada para hacer de la vileza y la ruindad, lo abyecto y abominable el método confiable para alcanzarlo; también de los nichos que le proporciona el irrespeto al otro, la ambición y el individualismo cuando la ausencia de transparencia, la acumulación de facultades discrecionales y el monopolio de la toma de decisiones públicas caracterizan el funcionamiento de las instituciones.

La impunidad necesita, se vale, del silencio tanto como del poder, aunque siempre tenga hambre de más poder. Si lo primero es su medio de acción, un recurso por excelencia para flanquear el civismo, la decencia, el sentido y el bien común, lo segundo lo necesita para distorsionar y oscurecer la realidad, para violar, atenuar, interpretar, o crear excepciones y pretextos a las normas sociales y jurídicas que burla, o que usa y crea selectivamente, también para conseguir el manto de la complicidad colectiva que le urge siempre, para abrumar, anonadar, aislar y perseguir a quienes le identifiquen y resistan.

Conspira igualmente para desterrar la noción de empatía y la tolerancia de la política, desprecia la igualdad y la demoniza, intenta desactivarla para legitimar la noción de la diferencia – y de la naturalidad e inevitabilidad de la diferenciación social, política y económica – mediante la creación de los estatus y – discretos – privilegios asociados a las funciones públicas.

La impunidad es una suerte de santo grial del abuso de autoridad, y por eso intenta pervertir los principios y la ética, para hacerlo los condiciona y favorece su aplicación circunstancial y casuística. Creará y entronizará de antemano zonas de justificación, discursos sociales de desmovilización y desidia en los que el control popular y la rendición de cuentas, la crítica y la posibilidad de la auténtica interpelación pública se vuelva una mascarada, un ritual dentro de estrategias comunicativas tan inertes y huecas como complacientes cajas de resonancia, o algo irreverente, inconveniente y contrario al orden, e incluso al ideal de ¨cordura¨ y ¨madurez¨ que postula como currículo de sus más aventajados alumnos.

Busca el agotamiento y el desistimiento para encubrir su ocurrencia, para acallar y descalificar su denuncia endilga generosamente calificativos de ¨resentidos¨ o ¨criteriosos¨, pero cuando se siente amenazada suele mostrar su rostro más vulgar y soberbio, grotesco, o intentar confundir sus intereses y necesidades con los de todos, con los tuyo y el mío, o con los de la sociedad y la política, o con la ideología, es su forma de crear el control social que le evita exponerse. Su escudería tiene tallada una divisa absurda y surrealista – como apuntaran hace poco tiempo dos compañeros – pero muy eficiente: ¨mientras más pública y evidente sea la impunidad en más impunidad resultará¨.

El retrato de la impunidad es de seguro incompleto sin el de los que la practican y buscan desesperadamente. Uno sencillo, típicamente minimalista, los podría describir así: ¨personas pequeñas, cobardes, oscuras y tristes, que tienen plena conciencia de lo anterior porque perciben la dignidad, la integridad y la decencia que les es ajena e incomprensible¨. Aún así, en nuestro caso, ese retrato tendría una nota al pie descomunal y precisa para un estudio más ambicioso: ¨no son revolucionarios¨, porque para serlo hay que ser primero y ante todo, como decían nuestros abuelos, buenas personas.

Deberíamos tomar nota de ello en Cuba, ahora que nuevas generaciones de funcionarios en todos los niveles de lo gubernamental y lo político, electos o no, adquieren, o se aprestan a adquirir una responsabilidad – cada vez más enorme con nosotros – que siempre estuvo limitada por la presencia de una generación anterior de revolucionarios cubanos; ahora que tenemos el reto de construir con urgencia el Estado y la cultura de Derecho que nos hace falta para completar y preservar los esfuerzos y sacrificios de nuestros abuelos, padres y hermanos, no sea que mañana, esos mismos que ahora sueñan inconfesablemente con convertir un Estado poderoso y desarrollado como el nuestro en un parque de diversiones de sus intereses y caprichos, crean que puedan quitarnos la sonrisa, esa misma alegría que les asusta e insulta y que aborrecen porque no saben entenderla, o quizás tan solo, porque le falta amor, y lo saben.

viernes, 31 de marzo de 2017

Mi amigo tiene problemas ideológicos


Por Giordan Rodríguez Milanés (Realizador de cine y televisión) 

"Soy militante de los de verdad, revolucionario que no hace concesiones" se enorgullece el Girovagante delante de su consejo de dirección. "Mis convicciones no me permiten eso de andar criticando las decisiones de EL PAÍS, ni de la REVOLUCIÓN. La crítica y la religión sólo les hacen el juego a los enemigos de Cuba"...

Mientras, los trabajadores bajo su "preclara" guía ideológica no tienen ni agua para beber en el centro. Deben aceptar que más de la mitad de la gasolina del auto estatal se use para resolver los problemas personales del "Jefe", tan personales, como ir a media mañana en busca de su hijo al politécnico donde estudiaba, y llevarlo a casita a defecar porque  "a él no le gusta el baño de la escuela".

Tengo un amigo. Nunca se ha jactado de ser revolucionario, ni militante comunista, aunque ciertamente lo es desde que tenía 16 años y ya pasa los cincuenta. Nunca ha dicho "soy militante de los de verdad", pero cuando ha tenido que embarrarse las manos para pintar el centro de trabajo, lo ha hecho; cuando había que picar marabú, lo hizo; tiene la más alta calificación técnica en su profesión y lo demuestra cada día con la calidad de lo que crea, algunas veces, voluntariamente aunque tenga que hacer malabares para vivir con el salario que le pagan, ni pueda usar camisetas Adidas -como el Girovagante-, ni le alcance para comprarse un móvil, ni el gobierno le haya regalado un apartamento en pleno centro de la ciudad.

Los hijos de "Mi Amigo" no tienen un auto estatal a su disposición para ir a casa a... ya saben. Se han hecho a pulmón: uno es bodeguero, otra es oficinista, una tercera se casó con un extranjero y más o menos cambia la precariedad por la nostalgia.

En casa de "Mi Amigo" escuchan música de la trova tradicional y a Silvio, Pablo, Sara González, Omara Portuondo, Liuba María Hevia, Ray Fernández, Frank Delgado, y se habla de Félix Varela, José Martí, Rubén Martínez Villena, Cintio Vitier y Leonardo Padura. En los consejillos de dirección del Girovagante, se habla de La Belleza Latina, los Grammy latinos, los restaurantes privados y la entrada de los cruceros a La Habana.

Para el Girovagante, "Mi Amigo" tiene problemas ideológicos;  porque "Mi Amigo" se atreve, en primer lugar, a ser mi amigo y a decirlo, y a recibirme en su casa, y a compartir un pan con croqueta conmigo... Y porque expresa en las asambleas sus desacuerdos, tiene dudas, se hace preguntas y las hace públicamente... "Y un revolucionario de verdad no anda cuestionando las cosas, sólo defiende la revolución sea lo que sea", dice el Girovagante cuando se refiere a Mi Amigo...

domingo, 10 de julio de 2016

Cuba, mi amigo y el Período Especial



Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

Yo tenía un amigo que gustaba hablar largo de Darcy Ribeiro y su obra cumbre “El proceso civilizatorio”. Nos conocimos en los años crudos del Período Especial, cuando yo andaba con el sueño a cuestas de hacerme científico. Recuerdo estábamos en Beca y comíamos mal; muy mal, porque todo era racionado y hasta el té era inalcanzable. Mi amigo salió de la oscuridad del apagón y  su Ribeiro nos acompañó la noche entera. Pensamos Cuba, el mundo y creímos posible una vida distinta, donde los hombres no se lanzaran sobre los otros hombres y se pudiera ser Humano, demasiados Humanos sobre todas las cosas.

Yo seguí tras mi sueño y  llegué a máster en ciencias sociales y pensamiento martiano;  publiqué varios libros; mi amigo quedó allá en el silencio del Período Especial, aprendió de todo. Se unió a una  mujer, tuvo dos hijas, pero ella se fue con otro, más real, sin el anhelo de ser científico social y con mucha platica para llevar el absurdo Período Especial. Yo conseguí hacer el mapa de una vida  consagrada a varios propósitos, aunque sin hijos: nunca robé, no fui guataca, no chivateé, mantuve una ética ante las precariedades. 

Muchas tentaciones surgieron en mi azaroso camino, pero todas las evadí y no me monté al carrito de los arribistas, porque tenía un José Martí en el alma y veía con sus ojos el cáncer que todo lo podría a su paso, o mejor, casi todo, pues todavía desandan por ahí personas dignas, capaces de la revolución del decoro, como mi amigo, aunque no conquisten el espacio y los medios para conseguirla.

Mi amigo apareció después del Período Especial crítico, me narró su pasado; lo abracé, pero sin yo preguntarle se puso a hablar de extraños personajes que nos acompañaron en aquellos tiempos y se veía que los admiraba y quería ser como ellos.  Si  mi amigo volviera a nacer, el hombre que le gustaría ser no sería como yo, sin dudas no sería como yo, eso lo tenía muy claro y lo vi perderse en el nuevo Período Especial que ya teníamos en casa.   

Acaricié El proceso civilizatorio y lo regresé al librero. No volveré más sobre estas páginas de Darcy Ribeiro. Hay que seguir adelante. 

martes, 28 de julio de 2015

Para una lectura atenta de “Raúl Castro. Un hombre en Revolución”



Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu 

Hoy Contramaestre se honra con la presentación del libro “Raúl Castro. Un hombre en Revolución”, del ruso  Nicolai S. Leonov, publicado por la editorial Capitán San Luis, Cuba, 2015.  ¿Cómo presentar una obra que ha tenido la suerte de tener a Eusebio Leal, historiador de La Habana, como principal responsable de la comunicación de los valores del texto? ¿Cómo hacer una lectura contextualizada en este municipio del oriente cubano llamado Contramaestre?

Parto de un supuesto esencial: no estamos en presencia de una biografía novelada donde están los valores propios del género; tenemos ante nosotros un texto que adquiere perfil biográfico, sujeto a una numeración cronológica del hombre en su tiempo, desde la entrañable amistad de un amigo del general presidente Raúl Castro, la misma fue posible entre el 5 de mayo y el 6 de junio de 1953. Raúl tenía apenas 22 años.  

Leonov iba hacia México para dedicarse a funciones diplomáticas. Era también muy joven. Muchas barreras de la llamada “Cortina de Hierro” limitaban su manera de relacionarse con el mundo exterior al de la Unión Soviética. No podía intercambiar con extranjero alguno en el trayecto. Sin embargo, no pudo soportar el aislamiento y conoció a tres jóvenes latinoamericanos que darían un giro diferente a sus días en alta mar: los guatemaltecos  Bernardo Lemus Mendoza y Ricardo Ramírez de León y el cubano Raúl Castro. La intensa amistad que dura hasta hoy surgió en el navío Andrea Gritti de bandera italiana. El único que tiene cámara fotográfica para registrar ese periplo es Raúl. Nunca el joven de Birán imaginó el valor de esas imágenes en el futuro. Tocaron varios puertos en  Italia, España, Curacao, Venezuela y La Habana. Disfrutaron de la piscina, bebieron, visitaron todos los lugares donde atracó el barco; incluso celebraron el cumpleaños 22 de Raúl el 3 de junio en Curacao; en fin, construyeron una amistad que solo la muerte de uno de ellos pudo terminar.

El “Poema Pedagógico” de  Anton Makarenko fue el texto que marcó el acercamiento entre Raúl y Leonov. Luego el amigo ruso siguió hasta su destino en México y no se encontró más con Raúl hasta  el exilio de este último, luego de los sucesos del Moncada, en el pueblo azteca. Allí sucede una anécdota que habla mucho del valor de los amigos para Raúl, pero prefiero que ustedes problables lectores del libro la encuentren al leer atentamente sus páginas;  sucede incluso un hecho que acaba con la carrera diplomática del autor y determina su regreso a la URSS y su dedicación a la historia latinoamericana como una de sus grandes pasiones.

Desde el gigante rojo Leonov seguía las noticias sobre su amigo;  las del enemigo y las confidenciales, proceso que le permitía realmente saber la verdad de lo que estaba sucediendo. A finales de 1958 la URSS se interesa por el proceso revolucionario cubano y recuerda al joven que estudiaba una carrera diplomática y se había relacionado con uno de los líderes de aquella gesta. Anastas Mikoyan lo manda a buscar, pide pruebas documentales  de sus contactos con Raúl: “Entonces llevé a su despacho en el Kremlin los negativos que Raúl  me había entregado a bordo del Andrea Gritti y que durante siete años había conservado”. Mikoyan preparó un álbum con ellas y Leonov fue nombrado traductor de la delegación soviética que visitaría Cuba entre el 4 y el 14 de febrero de 1960. Durante la misma se firmó el primer convenio comercial y se concedió a la isla un crédito por 100 millones de dólares. La amistad de los jóvenes Leonov y Raúl es la principal base del surgimiento de las relaciones diplomáticas soviético-cubanas durante treinta años.

La Unión Soviética veía en Raúl Castro un líder natural que podía servirle de puente para seguir estrechando lazos de amistad con el gobierno revolucionario, por eso Nikita Jruschov a mediado del 60, llama a Leonov y le encarga un misión secreta, invitar a Raúl, que se encontraba en las Espartaquiadas de Checoslovaquia, a visitar la URSS para sostener conversaciones allí. Gracias a la gestión del autor de este libro, Raúl fue el primer dirigente de la Revolución  en visitar oficialmente la Unión Soviética y ser recibido con honores de presidente;  pero también ayudó directamente a forjar relaciones entre el Kremlin y La Habana, que pronto pudieron apreciarse en la llamada “Guerra de los Misiles”. Puede afirmarse, al leer este libro, que Raúl Castro es el principal artífice de las relaciones entre Cuba y la URSS entre 1960-1990. Los principales eventos de las mismas los cubrió Raúl en calidad de máximo encargado y hay tres sobre los que quiero llamar la atención de los lectores: la separación de Jruschov del cargo  y perdida de influencia de Mikoyan (era el más apasionado de la Revolución y sus líderes); el poco interés por Cuba de Brezhniev en sus años al frente del PCUS;  y la dramática desición de Andropov  en 1982 de informarle que la Unión Soviética no participaría junto a Cuba en caso de una agresión de Estados Unidos. Los eventos mencionados deben leerse con atención para entender la inteligencia de Raúl y las condiciones de estadista que desarrolló en esos años.

¿Cuál es el otro mérito de “Raúl Castro. Un hombre en Revolución”? Aquí llamo la atención sobre un aspecto, el protagonista favoreció el acceso a todo tipo de información sobre su niñez, adolescencia y maduración revolucionaria. No es una loa de amigo a amigo, es un acercamiento a la personalidad del estadista que no huye señalar lunares allí donde hace falta, por eso quiero invitar al lector de cualquier parte del mundo a detenerse atentamente en la lectura de los siguientes momentos del perfil biográfico de Raúl construido por Leonov: 

EN SU NATAL BIRÁN

. Influencia de la madre  en su carácter.

. Relación con los jamaiquinos y haitianos que trabajaban para su padre.

. Ingreso en la escuela cívico militar Uno.

. Ingreso en el Colegio Belén.

. Dependiente de tienda y trabajador de oficina en la finca del padre.

. Encargo del padre a Fidel de hacer de Raúl un hombre. 

EN LA HABANA

.  Relación con el hermano Fidel en el apartamento de este último.

.  Educación política de Raúl a través de Fidel.

.  Congreso Nacional Martiano en Defensa de los Derechos de los Jóvenes Cubanos. (26 enero 1953)

.  Conferencia Internacional sobre los Derechos de la Juventud en Viena, Austria (febrero de 1953)

. IV Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. (Preparación en Bucarest del mismo).

. Travesía en el Andrea Grittin entre el 5 de mayo y el 6 de junio de 1953.

. Labor conspirativa. 

EN SANTIAGO DE CUBA

.   Asalto al Moncada.

. Toma del Palacio de Justicia. (No era el jefe, pero terminó siéndolo, ¿por qué?)

.  El juicio de Raúl Castro. 

PRISIÓN Y EXILIO

. Isla de Pinos.

. Viaje a México.

. Amigo de Ernesto Guevara.

. La expedición del Granma. 

LA SIERRA

. Desembarco y encuentro en Cinco Palmas.

. Atención del periodista del The New York Times Herbert Matthews. 

SEGUNDO FRENTE

. Organización de la Comandancia del Segundo Frente.

. Juicios públicos contra bandidos de la zona.

. Organización de nuevas columnas.

. Captura del aeródromo de Moa.

. Creación de la Fuerza Aérea Rebelde.

. Operación Antiaérea.

. Congreso Campesino en Armas.

. Congreso Obrero en Armas. 

ORIENTE

. Cuartel Moncada se rinde  sin disparar un tiro.

. Jefe superior de Santiago. 

LA HABANA (Revolución en el poder)

. Segundo jefe militar del país.

. Juicios públicos a los esbirros asesinos.

. Surgimiento de las FAR (Ministro por 49 años)

. Principal protagonista junto a Fidel de la Guerra de los Misiles.

. Responsable del derribo de un avión de exploración estadounidense U.2

. Creación del Ejército Juvenil del Trabajo.

. Causa UNO. 

PERIODO ESPECIAL

. Alternativas para enfrentarlo.

. Fundador de la Agricultura Urbana.

. Reunión con los cuadros partidistas y estatales en oriente, centro y occidente del país (sacudir el aparato del Estado y el Partido para que pudieran superarse las dificultades) (1994).

. Héroe de la República de Cuba (1998). 

MOMENTOS DECISIVOS

. Presidente en funciones de los Consejos de Estado y Ministros.

. Entre las 100 personalidades más influyentes del mundo (2007).

. Presidente de los Consejos de Estado y Ministros.

. Las mieles del poder: Carlos Lage y Felipe Pérez Roque.

. Cambios necesarios. (Tierra, reforma migratoria, venta de vivienda y autos).

. Ambiente internacional favorable a la isla.

. Retrato económico de la Cuba contemporánea. 

MOMENTOS DE LA PRESENTACIÓN EN CONTRAMAESTRE
 


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