sábado, 27 de abril de 2013

Escribir en provincias

 
Siempre que por la tele presentan a un escritor que vive en la capital dicen el escritor fulano, pero cuando entrevistan a uno que no vive allá le endilgan el lugar de nacimiento.
Por Guillermo Vidal*

A nadie le importa desde dónde uno escribe.
Sólo el resultado, sin interesar demasiado los trabajos, las humillaciones, el rencor.
Un lector cualquiera se lee el libro y ahí debe quedar todo.
Ultimamente he leído algunos trabajos sobre el escritor de provincias.
Se supone que debo ser un escritor menor, un tipo sin lustre.
La culpa la tienen en realidad los escritores menores y sin lustre que se quejan o hablan con menosprecio de los que no estamos en la capital.
Uno puede vivir al lado de la Seix Barral y ser un verdadero idiota.
Ahora que lo pienso, también debo ser un idiota por no vivir al lado de la Seix Barral.
Siempre que por la tele presentan a un escritor que vive en la capital dicen el escritor fulano, pero cuando entrevistan a uno que no vive allá le endilgan el lugar de nacimiento.
Al gran José Soler Puig le decían el escritor santiaguero, mientras ese tal por cual adquiría la condición de escritor cubano.
Hace unos meses fui a un encuentro de narradores cubanos a Matanzas y como vivo muy lejos llegué demasiado temprano. Un tipo que llega sucio de tren por la mañana no suele caer bien. Allí estaba otro escritor de los que la gente dice de provincias, muerto de cansancio, sucio y con hambre.
Los escritores que venían de la capital llegaron muy frescos y felices muchísimas horas después y sólo entonces parecimos adquirir la misma condición que el resto.
El encuentro fue excelente, pero no pude olvidarme de esas horas de perro que me hicieron pasar gentes que también viven en provincia.
Muchos colegas de acá me dicen: si nos vamos para la capital le estuviéramos dando la vuelta al mundo, tendríamos dinero, conoceríamos a medio mundo, habríamos firmado contratos jugosos, estaríamos siempre en la tele, en las recepciones, tendríamos acceso a internet, etc.
A veces me indigno.
Me pregunto que coño hago aquí.
Pero lo mío es escribir las novelas.
Hay quienes escriben desde lugares desérticos, haciendas, estudios confortables, pero cada uno a lo suyo.
Acaso hubiera deseado un mínimo de condiciones y un máximo de información.
No tengo el menor deseo de ser los otros, si no fuera yo, estaría deseando serlo a pesar de todo.
Escribo siempre lo que se me antoja, no tengo el menor interés de complacer a nadie, mucho menos a los que tienen el poder.
Es por ello que pago mi precio sin quejarme, siempre será menor al de aquellos que se pliegan para dormir en paja caliente.
Mis libros desaparecen demasiado pronto de las librerías y hasta se los roban de bibliotecas. Es mucho el placer que siento cuando estas cosas suceden. Acaso también alguien haga una fogata con una parte de mis libros y a nadie suele ocurrírsele una reedición. Sé muy bien que es parte del precio.
Me digo que voy a esforzarme aun más por escribir una novela mejor.
Mis colegas que duermen en paja caliente, suelen demostrarme que no soy como ellos y me alegro, me saludan y siguen su camino.
Cada día escasean los amigos verdaderos.
Un amigo verdadero es mejor que toda esa farándula que se forma en los corrillos literarios.
No logro comprender el sentido de emulación de algunos de mis colegas y la manera de colarse para que los tomen en cuenta en antologías o periodizaciones literarias.
Ahora todo el mundo habla de Dulce María Loynaz, pero durante muchísimo tiempo la ocultaron. Y también a Lezama. Y a Soler.
Con Soler Puig porque amaba mucho a su Santiago.
Y nunca se dejó de nadie.
A uno se le muere la gente y eso va dejando un vacío.
Ya no tenemos un Soler Puig al que le roncaban los cojones.
No hay que lamentarse demasiado por ser de provincias si a uno también le roncan.
En Las Tunas, marzo del 2001.
 
*Guillermo Vidal Ortiz (Las Tunas, 1952) es uno de los más destacados exponentes del grupo de narradores cubanos que hace eclosión en los años 80. Su obra ha merecido algunos de los más importantes premios literarios cubanos: Confabulación de la araña (cuentos) fue Premio UNEAC en 1990; Se permuta esta casa (cuentos) obtuvo el David en 1986; El quinto sol el Hermanos Loynaz en 1996 y Las manzanas del paraíso el premio internacional de novela Casa de Teatro en República Dominicana. Su novela Matarile (Letras Cubanas, 1993) fue finalista del Premio de la Crítica Literaria.

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