jueves, 29 de marzo de 2018

Aquel “Viernes Santo” que Cuba olvidó




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

“No barras la casa mijo, porque se llena de hormigas”, decía Mamá cuando era Viernes Santo. Si lo hacíamos, en verdad el hogar se llenaba de colonias de aquellos insectos. No era superstición de la gente del campo, era una verdad transmitida de generación en generación, a partir de la observación  de los procesos que acontecían cuando se violaba el ritual.

Durante toda la semana las campanas de la Iglesia “La Sagrada Familia de Contramaestre” las escuchábamos y hacíamos la señal de la cruz. A las 12 del día, cerraban todos los comercios. Las escuelas cesaban sus actividades. En la radio, música sacra todo el tiempo. Las familias en masa acudían al Sermón de la siete y a la Celebración de la cruz.

Decía la vieja, con esa sabiduría tan contagiosa: “En esos días se produjo el calvario y resurrección de Cristo, luego de ser crucificado.  No debemos comer ninguna carne”. “Abstinencia de carne roja”, precisa uno de los católicos más importantes de estos lares, José Emilio Ropero, cuando le pregunté, -vía teléfono-, por esta práctica. “Sólo pescado era lo normal en toda esta zona del oriente de Cuba”, argumenta el  destacado creyente, oriundo de Baracoa.

Mamá se enfocó siempre en el frijol con dulces. Era una delicia el olor que esparcía aquel manjar, sobre una espaciosa fuente de vidrio azul, con detalles moriscos. Dice Ropero que este plato “donde único se come es en Contramaestre”, pues en el resto de la isla no sucede así.

Las ensartas de peces de agua dulce: truchas, mojarras, biajacas;  las vendían discípulos de “Juan el misionero”, que venían a las casas a cumplir los encargos, previamente hechos por los cabezas de familia. Lo mismo se comía pescado en salsa, frito, en sopa, o mezclado con arroz.

En esos días se hacían procesiones al río para atraer la lluvia, orar para que los campos tuvieran buena cosecha, por la salud de los hijos y  la armonía de los miembros del hogar.

La noche del “Viernes Santo” todos compartíamos la mesa y el “frijol con dulce” era el rey de los alimentos. Otras golosinas como roscones en almíbar, turrones de maní, coco, arroz con leche y vino de pasas, completaban la cena. No faltaban las frutas tropicales, sobre todo para los niños, que nos volvíamos locos con las guayabas, los caimitos, los nísperos, los zapotes... Toda la noche, los elegidos de la familia, los que tenían los dones de Dios, se la pasaban haciendo oraciones, mientras los más chicos, jugábamos al Zunzún de la carabela, a los Escondidos, o al Cogío.

En un momento determinado, los mayores se concentraban  en torno a Radio Vaticano para escuchar “El vía crucis de Roma”;  después se abrazaban, hacían la señal de la cruz y decían “Amen”. Los pequeños debíamos pedir la bendición y hacer silencio. Con la evolución de la noche, las familias regresaban a sus hogares y nosotros a soñar el “Viernes santo” del próximo año; el pesebre donde nació el niño Jesús; la torpeza de los que lo crucificaron.  No comprendíamos como después de muerto, había podido resucitar.

2 comentarios:

  1. Tengo Fe en que un día no lejano Contramaestre recupere sus tradiciones y vuelva al Viernes Santo que han olvidado....

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  2. Todo exelente mi querido amigo . Solo un detalle que no mencionas . Se comia pescado toda la semana pero el viernes Santo se comia Bacalao con Name o boniato , ensalada de lechuga y tomate . Una delicia que yo continuo aca donde vivo hace 48 largos anos . Manana es un dia que no trabajo, nunca lo he hecho, me dedico como lo hacia con mi madre a hacer el frijol con dulce y el bacalao a la vizcaina con boniato o name . Te invito . Gracias por mantener viva para las nuevas generaciones esta costumbre que es unica de nuestra zona . Un abrazo .

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