jueves, 11 de octubre de 2018

Carlos Manuel de Céspedes defiende a Chopin en París*



Céspedes en sus años de vida en París. Foto tomada del libro "Contramaestre".

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaonline@gmail.com

El 1 de diciembre de 1841 llega un matrimonio de cubanos a París, vienen de Bayamo, una de esas ciudades  donde se disfruta de una vida cultural intensa, solamente superada por La Habana y Matanzas.  El hombre tiene fama  como poeta, orador, amante de la buena música y un conocedor profundo de la historia y la literatura universal, su nombre, Carlos Manuel de Céspedes.

El matrimonio se establece en una residencia frente al río Sena, del otro lado del Louvre. Sus primeros amigos  fueron el poeta Charles Baudelaire y el músico Richar Wagner. Gracias al primero de ellos, ganan la amistad del escritor francés más importante del momento: Honoré de Balzac.

Luego de unos meses en aquella vivienda, se trasladan a la Rue Jacob donde fijan residencia definitiva. Hasta allí llegaría el que se convertiría en el mejor de los amigos de Carlos Manuel de Céspedes,  Federico Chopin, un virtuoso del piano, autor de las mazurcas, las famosas polonesas y su serie Nocturnos.

Muy pocas personas saben, que Carlos Manuel de Céspedes, representó como abogado a Chopin, en un pleito contra la revista The musical World, que acusa al polaco de plagio. Céspedes ganó el pleito y con los honorarios recibidos, ayudó a la renovación de una de las iglesias más famosas de París, “Saint Eustache”.

El sueño de Céspedes era traer al Teatro Tacón, en La Habana, a Federico Chopin;  este último accedió, pues estaba convencido que el clima de Cuba sería bueno para sus maltrechos pulmones, sin embargo, su deteriorada salud se lo impidió, falleció a las  2 de la madrugada del 17 de octubre de 1849 a la edad de 39 años.  El piano  Pleyel destinado para la visita de Chopin, si llegó a tocarse en el Teatro Tacón, por el principal ejecutor  de sus obras, el cubano residente en París, Julián Fontana. Tener la música de Chopin en Cuba, fue uno de los grandes aciertos de Carlos Manuel de Céspedes.

*Con información del libro Contramaestre, de Raúl Eduardo Chao.

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