Por Arnoldo Fernández Verdecia.
Cuando ves el tronco, imaginas los años que tiene, lo que ha visto en más de un siglo. Llegó con el surgimiento del pueblo. Merece respeto por esa dignidad que aún conserva; merecen respeto todas las familias que lo han cuidado. Merece vivir el tiempo que su resistencia consiga. Ojalá y ningún funcionario de corta vista decida tumbarlo, porque fue un acuerdo aprobado en una de las últimas reuniones. Un pueblo que vira la cara para no ver el árbol que es talado por una decisión errónea, es un pueblo sin alma. Bajo las raíces de estos árboles viven los ancestros que abonaron la Patria.

