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| Acaba de concluir la III Conferencia Internacional por el equilibrio del mundo y muchas son las razones que nos asisten para afirmar que José Martí se ha instalado en el futuro. |
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
Acaba de concluir aquí en Cuba la III Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo y muchas son las razones que nos asisten para afirmar que José Martí se ha instalado en el futuro, y desde allí, guía los pasos del universo, y en particular, de Latinoamérica.
Martí no es un paradigma decimónico como han pretendido fundamentar desde la academia singulares doctos, cómodamente instalados en tribunas europeas o estadounidenses. Martí es un paradigma humanista colocado en el futuro de los pueblos marginados del planeta.
Con razón se ha dicho que Martí pertenece al terreno de la utopía, y en verdad es así, porque sirve de brújula para guiar el camino hacia la conquista de ideales emancipadores, más allá de la retórica y los extravíos tan normales en los hombres, porque al fin, hombres son.
El hecho de que intelectuales orgánicos a esa utopía como Adolfo Pérez Esquivel, Pablo González Casanova, Atilio Borón y Frei Betto, tengan sobradas razones para ubicar a José Martí en el camino de la resurrección del hombre auténtico Latinoamericano no es palabra vacía, no, la realidad es que los problemas del indio, del negro, del mestizaje que nos define, el Apóstol de las libertades de Cuba los identificó certeramente, y hoy mantienen plena vigencia.
Dignidad, conocimiento, libertad y equilibrar el mundo, son cuatro ejes de la obra martiana para conquistar la ascensión humana y la emancipación de los pueblos, y que desde ellos, nuestra gente pueda comprender los desafíos de la relación norte-sur, y en la misma, los peligros que entraña la cercanía atenta de Estados Unidos a nuestros problemas. Como nunca antes en la historia, José Martí está vivo. La academia occidental ignora estos fundamentos e incluso los deslegitima, pero los pueblos no hacen caso de la misma y sienten los latidos del Apóstol en cada uno de sus países. Es la hora de la marcha unida ante un norte que se lanza sobre nosotros desesperadamente para salvar sus economías maltrechas.
