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martes, 21 de junio de 2022

ESTÁN DE MODA LOS LEOPOLDO ÁVILA (Opinión)


Por Arnoldo Fernández Verdecia
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Parecen naturalizarse en las redes sociales. Si alguna vez ocultaron sus nombres en cierta revista para atacar a intelectuales y artistas, hoy repiten el mismo guion, pero en Facebook, Twitter, YouTube... 

Recuerdo como criticaron a Adalberto Álvarez, luego del 11 de julio; un artista que llevó a Cuba en su esencia más genuina y la defendió con una obra, considerada referente de nuestra Cultura popular.   

Lo mismo hacen una y otra vez con Silvio Rodríguez, al extremo de considerarlo un virtuoso de la Trova, pero equivocado en algunos temas de política. Esta gente llegan a enfrentar dos Silvio: el artista y el ser humano.  

Igual con Carlos Varela, denigrado al extremo con sendas etiquetas infamantes y considerado un desagradecido, cuando toda mi generación sabe que el Nomo siempre cantó así, con esa inconformidad ante lo malo que es necesario criticar desde el arte.   

Ahora lo hacen con Pablo Milanés, ya lo han hecho otras veces. Siempre que ha ejercido su opinión y la ha expresado públicamente sobre determinados asuntos, los Leopoldo Ávila salen a combatirlo, vierten cubos de heces sobre un artista que merece respeto por su obra.

En los municipios de Cuba es mucho peor, algunos funcionarios, no todos, se han convertido en fiscales de lo políticamente correcto y en nombre de sus dogmas apelan a la descalificación y al efecto infamante, para restarle credibilidad a artistas y escritores que se atreven a compartir públicamente sus opiniones de la realidad. 

Los funcionarios vestidos a lo Leopoldo Ávila, de seguir con su lenguaje de odio, falsas acusaciones, de fabricar enemigos donde no los hay, llevarán al proyecto revolucionario a un abismo del que nunca podrá regresar, sino se pone de moda la ética y el respeto al que piensa diferente y tiene la dignidad de expresarlo.  

Cuando se pretende imponer el pensamiento único, estamos en presencia de formas de fascismo encubiertas, igual cuando se exaltan los nacionalismos estrechos, al reducir conceptos culturales a intereses políticos y esgrimirlos demagógicamente en el espacio público, sea el digital o el analógico.   

¿Hacia dónde irá el proyecto sino tolera la diferencia, la crítica edificadora? ¿Qué pueden esperar artistas e intelectuales sino pueden expresarse públicamente en las redes sociales, en la vida cotidiana, en el trabajo, en el barrio, porque los Leopoldo Ávila están ahí para cuestionarlos, difamarlos? ¿Podrá haber sanación futura en el cuerpo vivo de la nación, sino se hace algo urgente por restañar el inmenso daño antropológico que ya sufrimos en términos culturales?

Artistas e intelectuales son líderes de opinión. Hay mucha gente menor queriéndolos ningunear, a costa de imponer en el imaginario de las redes sociales, en la vida cotidiana, que no merecen credibilidad porque le hacen el juego al enemigo, o sencillamente porque alguien les paga y es preciso desmoralizarlos para que nadie crea en ellos. 

Urge dialogar, funcionarios, artistas, escritores, pueblo, sentarnos a la mesa y sabernos escuchar, sin ninguneos, sin difamaciones, con respeto al otro. Hagamos un país donde quepamos todos, donde Pablo Milanés cante y regresemos ese día a casa con ganas de hacer, crecer, apreciar lo bello, sin esos Leopoldo Ávila tan enconados e incómodos que nos oscurecen la alegría.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Una oscura “comisión de lectores” en Editorial Oriente



Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu

Ensayar es aventurarse por los escabrosos caminos de la subjetividad, enjuiciar allí donde hace falta, pero también deleitar con el idioma, saberlo emplear para decir lo necesario, lo trascendente. No imagino a alguien autotitulado ensayista que asuma poses doctorales e identifique el género con largas y aburridas peroraciones filológicas, filosóficas, económicas  o históricas, generalmente las más visitadas. Eso lo dejamos a expertos que lo saben todo, o creen saberlo. Hoy comparto un resumen que vía correo electrónico me hizo llegar Editorial Oriente, para comunicarme que mi libro “Límites y circunstancias”, no era publicable por su sello. Al indagar con su directora sobre la comisión evaluadora, sus razonamientos no me convencieron; según ella, ese dato no podía dármelo, porque no era necesario; al refutarle, sobre la subjetividad de los señalamientos esgrimidos, ella con mucho respeto me dijo que no podía hacer otra cosa. Comprendo su posición. Debe ser muy difícil comunicar “resúmenes torcidos” en sus fundamentaciones, sin poder decir, fueron fulano y mengano, personas reconocidas como autoridades en el género. A un amigo le sucedió algo parecido, y con el mismo libro recibió un importante premio literario en Cuba. Cosas así, parece mentira que sucedan todavía, pero de buenas intenciones está lleno el camino del infierno.  Lean ustedes el resumen y a continuación aprecien “Límites y circunstancias”. Tal vez coincidan con esta “oscura comisión de lectores”, tal vez no.

RESUMEN DE EVALUACIONES
Título: Límites y circunstancias
Autor: Arnoldo Fernández Verdecia
Género: Ensayo

“Límites y circunstancias” se caracteriza por un tono, que por momentos resulta pedante, visible en la intención del autor de erigirse como autoridad en los temas literarios poco tratados por la crítica, como lo expresa el siguiente fragmento: “me queda la resaca de haber comprendido vacíos que el discurso historiográfico no ha sido capaz de saldar para las generaciones futuras de cubanos”.

Otro rasgo que se encuentra a lo largo del libro, pero particularmente en “Herejías ante la funda vacía”, es el carácter hipercrítico de muchas de sus valoraciones. En los diferentes ensayos, se ven varias características que atentan contra la calidad del libro.

 “Leña al fuego” es un ensayo de tema político y social, que rompe la unidad temática y fragmenta el libro, que en sentido general, se dedica a temas literarios. Si bien el asunto es de vital importancia, da la sensación de que el autor está sobredimensionando su impacto.

En “Caliban en la amenazada casa del futuro” se arma un trabajo más o menos retórico. Se ve aquí un intento por reproducir el contenido del ensayo al que hace referencia y por armar una cronología de su proceso de génesis.

“De cómo nos invadió la Guillermomanía” hace pensar que quien escribe se ha tomado más tiempo en lo anecdótico, para engrosar la propia leyenda guillermomaniaca de la que habla, que en reflexionar sobre la vasta obra de la cual hay mucho por decir todavía, más allá de los lugares comunes en los que ha caído la crítica. Este texto funcionaría perfectamente como parte de un dossier dedicado al autor, porque se trata de una semblanza más que un ensayo crítico sobre su obra, lo que le resta fuerza como texto independiente.

“Hallazgo e iluminación en la resistencia”, sobre un cuaderno de Eduard Encina, molesta sobre todo por la forma esquemática en que se habla de la poesía. La enunciación de las características de su obra en plecas atenta contra la fluidez de la lectura, y sobre todo contra el espíritu ensayístico.

“Herejías ante la funda vacía” trata sobre Oscar Cruz y las resonancias de la obra de Virgilio Piñera en su poesía. El fragmento sobre los jóvenes seguidores de Cruz, pero que no se le equiparan, es hipercrítico; no se sustenta en una base sólida y le resta seriedad al ensayo, en tanto parece un ensañamiento con los autores santiagueros más jóvenes; de esa forma se demoniza a todo un movimiento, lo que hace pensar que el ensayista prefiere justificar la calidad superior del autor al que defiende condenando al resto a la mediocridad.

“Más allá del cultismo” más bien parece que el autor se está dedicando a reseñar, a contar lo que ha leído para darlo a conocer, más que a dar una opinión propia.

“Orwell reescribe 1984” presenta contradicciones entre varios planteamientos que no permiten saber por cuál opinión se decanta el autor. El ensayista expresa en relación con la repercusión de la obra en los especialistas, “un criterio que no merece ser tenido en cuenta”: idea poco profesional, pues los criterios se tienen en cuenta desde el mismo momento en que se consultan y se citan, solo que se está de acuerdo o no con ellos. Este ensayo pasa revista a la producción crítica que hay alrededor de El hombre que amaba a los perros, y se limita a tomar partido por una opinión u otra.

Límites y circunstancias carece de homogeneidad en su estructura y en su forma, es decir, en la selección de los temas y el orden de los diferentes ensayos.


LÍMITES Y CIRCUNSTANCIAS: UNA LECTURA MUY CUBANA SOBRE EL SOCIALISMO

Al terminar  este libro me queda la resaca de haber comprendido vacíos que el discurso historiográfico no ha sido capaz de saldar para las generaciones futuras de cubanos. El llevado y traído dilema del compromiso siempre ha estado sobre la mesa. ¿O estás conmigo? ¿O en el otro bando?, son interrogantes necesarias en la vida de todo escritor, sea cubano o de cualquier parte del mundo. No puede pensarse la Cuba actual, si no se expresa con nitidez una ideología política afín al proceso vivido en los últimos 50 años.  Para comprenderla nada mejor entonces que seguir  el derrotero de una de las tesis en la que siempre he creído: literaturizar es un modo de salvar memorias, derrumbes y poner cada cosa en su justo lugar.

El socialismo ha sido una hermosa utopía conformada con retazos de pasado y sueños, pero las formas de concretarlo no han dejado de ser pesadillas donde reinan las bajezas humanas. La historia escrita por “abogados de oficio”, comprometidos con una visión parcializada del fenómeno, ha estado plagada de triunfalismos y un eslogan tremendo: “EL SOCIALISMO ES IRREVERSIBLE”. Así creció cada persona de la Europa Oriental, así creció cada cubano después de 1960, así crecí yo. Los rusos aparecían siempre como nuestros salvadores.

¿Acaso lo fueron?  Al colapsar el Campo Socialista y la Unión Soviética muchos salimos de aquel letargo en el que permanecimos por años, aunque a ciencia cierta, nos resultaba difícil aceptar el fin de una utopía donde el hombre, supuestamente, había alcanzado sus sueños y creaba las bases para una sociedad nueva. Importante resulta conocer que desde Cuba, intelectuales honestos, ansiosos de una obra duradera, acudieron a la literatura para canalizar reflexiones sobre el devenir de la utopía y señalar  lunares.  LEER TODO EL LIBRO PARA POLEMIZAR CON EL AUTOR  EN EL SIGUIENTE ENLACE:

martes, 30 de septiembre de 2014

El periodismo tiene empoderar al pueblo cubano en las actuales circunstancias




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu 

Los intelectuales cubanos en foros recientes han cuestionado el papel de la prensa, unos la ven  desfasada, otros  sin perspectivas de posicionarse en la hora actual y comunicar un proyecto de país a tono con los cambios que se vienen dando. Lo cierto es que el periodismo tiene varios reclamos que debe solucionar, si quiere estar a tono con los tiempos que vive la nación.

Lo primero es parecerse a lo que realmente ocurre en la sociedad y no dejar agujeros donde otros puedan alimentar tergiversaciones que muchas veces lesionan la imagen de la Revolución. Se trata de construir mediaciones entre los actores sociales y las instituciones públicas en función de transformar un país.

Por lo anteriormente dicho es que  algunos intelectuales como Julio César Guanche señalan limitaciones de necesaria solución. Dice Guanche que: “(…) El poder popular no funciona; no se ejercen los derechos de los colectivos de trabajadores en el conocimiento y en la influencia sobre las decisiones empresariales; es decir, hay un conjunto de factores que tienen que ver no solo con la actualización del modelo y que […] tendrán que entrar en el debate y en el horizonte de reflexiones”. El propio Guanche es categórico cuando afirma: “Es necesario continuar esos debates, más allá de una discusión acotada sobre medios, que permitan ampliar intensivamente los contenidos del «pacto social», mediante un ejercicio genuinamente democrático”.

En la socialización de la información entra al juego, como gran protagonista, el periodismo. Si no juega su papel, el pueblo no puede participar calificadamente de los debates y hacer propuestas concretas, más allá de la superficialidad de añadir, suprimir o modificar partes de un documento, en  una especie de filologismo retórico que no empodera a la gente en el pacto social, todo parece que viene predeterminado desde arriba y las personas se acostumbraron a que otros pensaran y decidieran por ellos.

El periodismo tiene que darle ojos a los seres humanos para que puedan caminar esos trillos hacia la institucionalidad. No puede llegarse a ella, sin haber formado antes una cultura crítica que interactué con los poderes de igual a igual y todo no se quede en la definición de términos y corregir gramaticalmente una frase; es necesario que la sociedad pueda conocerse, escucharse y sentirse, en aras de funcionar como organismo social vivo, para lo cual no basta que “cada quien sepa únicamente lo dicho en la reunión en que participó, sino que conozca lo aportado por el resto de los cubanos a lo largo y ancho de la isla”; y quién puede ayudar a eso: el PERIODISMO, si se hace con dignidad, más allá de triunfalismos, datos fríos y lugares comunes.

jueves, 28 de agosto de 2014

Intelectuales contra mecánicos en Cuba

Son tiempos de tener el pensamiento humanista despierto, dispuesto a la crítica
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cutlstgo.cult.cu

He seguido con interés la polémica desatada por el artículo “Gramsci y las «cosas de intelectuales», de Mayra García Cardentey,  publicado el 9 de agosto de 2014 en Juventud Rebelde. Que un artículo así suscitara réplicas fundamentadas en la comunidad intelectual cubana dice mucho. Que un medio como el diario de los jóvenes cubanos lo publicara, también dice mucho. ¿Qué se mueve detrás de esta supuesta ingenuidad?

Tal vez hacía falta, en un momento así, un artículo puntilloso, donde las funciones del intelectual en Cuba se reactualizaran al calor de un debate intenso. El mismo permitió conocer algo que creíamos superado. El anti-intelectualismo reinante en una gran parte de nuestro pueblo. Algunos comentarios corroboran nuestro planteamiento: “De esos pseudo-intelectuales hay por miles en este país. No son más que intelectuales de sobaco”. (Roly Hernández) “Tiene usted razón, estamos rodeados de muchos filósofos, de culturosos, y da la impresión que ellos nacieron con la estrella de gerentes, o directores, de líderes, que le tienen fobia a la producción de cosas que han cambiado la sociedad”. (Luis Rojas)

Creo que Cardentey, sin saberlo, ha destapado una caja de Pandora, donde se guardan contradicciones no superadas, momentos de oscuridad,  subterráneos invisibles que siempre estuvieron ahí y nos hicimos la ilusión de haberlos dejado atrás. Lo cierto es que estamos en presencia de una construcción enaltecedora de lo tecnológico, en detrimento de las humanidades, una jerga pasada de moda, pero que empodera al otro diferente al humanista y pasa por alto  sus saberes.

En una sociedad cubana futura, los letrados no tienen lugar, parece ser el mensaje compartido por la autora y una cifra considerable de lectores que se hicieron eco y felicitaron el estilo y alcance de su escrito. Cerrar un artículo con un jaque mate como este levanta muchas sospechas: “Mi primo, que no tiene verborrea enjundiosa, que no sabe de arte clásico, rococó, o renacentista, que no tiene hipersensibilidad estética ni estudió filosofía, también puede expresar «cosas de intelectuales» como esas”.  En la Cuba nueva, en proceso de actualización, sugiere a  los lectores cotidianos, que no hacen falta los tipos de verborrea enjundiosa, los sensibles a lo bello, y mucho menos, los pensadores; en otras palabras, “cosas de intelectuales”; quiere decir, en la vida futura, la palabra y su alcance se reduce a “cosas” de un grupito de gente ocupadas en problemas del intelecto, nada beneficiosas en el proyecto de  nación hacia el cual vamos.

Cardentey peca de ligera, al ignorar que, siguiendo  a Gramsci, desde una recepción, bien cubana “...podríamos conceptuar al intelectual como a un forjador consciente de la conciencia social en cualquiera de su manifestaciones: ética, estética, filosófica, política, etc. Y siguiendo también al pensador italiano, es posible establecer como las principales categorías intelectuales de abajo a arriba, a clérigos, políticos, profesionales (médicos, abogados, técnicos, científicos, artistas, escritores, filósofos)”. “…en el más alto grado se colocarán los creadores de las ciencias, de la filosofía, del arte, etc, en el nivel más bajo, los más humildes administradores y divulgadores de la riqueza intelectual ya existente, tradicional, acumulada. En este punto se impone la distinción entre el intelectual “orgánico”, expresión de cada clase social, y el tradicional, depositario trasmisor de la herencia cultural”.

Apreciado el asunto, desde los presupuestos del autor de Cuadernos de la cárcel, obliga, sobre todas las cosas, a tener claro que en una sociedad digna, donde hombres y mujeres participan en igualdad de posibilidades en su construcción, no caben los etiquetajes que anulan la “herencia cultural” compartida. Son tiempos de tener el pensamiento humanista despierto; empoderar una cultura tecnológica alternativa, donde lo económico prevalece vulgarmente, nos hace sentir el mismo miedo de Padura, quizás el mismo de Virgilio Piñera: "Que haya personas en Cuba que piensen así me da mucho miedo”.

viernes, 8 de febrero de 2013

Equilibrar al mundo desde las razones de José Martí

Acaba de concluir la III Conferencia Internacional por el equilibrio del mundo y muchas son las razones que nos asisten para afirmar que José Martí se ha instalado en el futuro.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Acaba de concluir aquí en Cuba la III Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo y muchas son las razones que nos asisten para afirmar que José Martí se ha instalado en el futuro, y desde allí, guía los pasos del universo, y en particular, de Latinoamérica.

Martí no es un paradigma decimónico como han pretendido fundamentar desde la academia singulares doctos, cómodamente instalados en tribunas europeas o estadounidenses. Martí es un paradigma humanista colocado en el futuro de los pueblos marginados del planeta.

Con razón se ha dicho que Martí pertenece al terreno de la utopía, y en verdad es así, porque sirve de brújula para guiar el camino hacia la conquista de ideales emancipadores, más allá de la retórica y los extravíos tan normales en los hombres, porque al fin, hombres son.

El hecho de que intelectuales orgánicos a esa utopía como Adolfo Pérez Esquivel, Pablo González Casanova, Atilio Borón y Frei Betto, tengan sobradas razones para ubicar a José Martí en el camino de la resurrección del hombre auténtico Latinoamericano no es palabra vacía, no, la realidad es que los problemas del indio, del negro, del mestizaje que nos define, el Apóstol de las libertades de Cuba los identificó certeramente, y hoy mantienen plena vigencia.

Dignidad, conocimiento, libertad y equilibrar el mundo, son cuatro ejes de la obra martiana para conquistar la ascensión humana y la emancipación de los pueblos,  y que desde ellos, nuestra gente pueda comprender los desafíos de la relación norte-sur, y en la misma, los peligros que entraña la cercanía atenta de Estados Unidos a nuestros problemas. Como nunca antes en la historia, José Martí está vivo. La academia occidental ignora estos fundamentos e incluso los deslegitima, pero los pueblos no hacen caso de la misma y sienten los latidos del Apóstol en cada uno de sus países. Es la hora de la marcha unida ante un norte que se lanza sobre nosotros desesperadamente para salvar sus economías maltrechas.


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