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viernes, 17 de agosto de 2018

OFICIO DE BUENA PERSONA: libros que debe leer para aprenderlo (2)




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

Seguimos el ciclo de  diez libros que debe leer para ser una buena persona y esta vez propongo la revista “La edad de oro”, dirigida, escrita y con traducciones de José Martí. ¿Por qué la recomiendo?

Es ante todo un libro espiritual, de profunda connotación educativa. Enseña la honradez como máxima en el trato entre los seres humanos. Dice que un hombre honrado que oculta lo que piensa nunca llegará a serlo.

Señala a las niñas como centro del universo, en torno a ellas gira el mismo; por eso deben aprender a  ser cultas para tener cada vez más derechos. Una mujer sin cultura es dominada siempre por  el hombre, los prejuicios.

Su concepto de la libertad en esta revista es elevado: “derecho que todo hombre tiene a ser honrado  y a pensar y hablar sin hipocresía”. Cuánta lucidez en estas breves palabras del primero de los artículos del número inicial de la revista. ¿Por qué empieza así? Sobre todas las cosas, porque la ética es la ciencia de la virtud y la virtud no puede cultivarse si no hay hombres honrados formados. “Mal va un pueblo de rufianes”, diría el propio Martí en otro texto, no precisamente de La Edad de Oro.

Como aspiración, no se puede llegar a ser totalmente honrado, si la inteligencia no se cultiva; la misma hace posible orientarse ante la vida y tomar las decisiones correctas. En la traducción al español que hace de Meñique, lo demuestra con una lucidez impresionante. Nada se consigue por la fuerza, la presión, el chantaje o la mentira…La verdad, si la inteligencia acompaña, termina volviéndose invencible.

Y quiero cerrar esta nota de hoy, alertando algo que va en el propósito martiano de la honradez posible: Hay personas que “tienen hermosura de cara y de cuerpo las cree uno de alma hermosa, sin ver que eso es como los jarrones finos, que no tienen nada  dentro, y una vez  pueden tener olores preciosos, y otras peste, y otras polvo”. Se es honrado por naturaleza, pero también por el ejercicio de la cultura, como modo de liberación de los hombres.

No dejen de leer "La edad de oro", vale la pena para crecer sanos de alma y virtuosos de corazón. Esperen nuestro tercer libro la próxima semana…


viernes, 30 de mayo de 2014

Inusitado premio en París para una aventura radial cubana

Reynier Rodríguez irá a París en junio casi por azar, por un vistazo a lo evidente. Inusitado premio para su aventura martiana en Radio Mambí.
Por Reynier Rodríguez Pérez* (Escritor e Investigador)

La experiencia de leer a Martí para luego proyectar su mensaje hacia públicos desconocidos, como son los de la radio, impone un reto extraordinario: la obra martiana fue escrita para ser leída con calma y la radio, necesariamente, trabaja con otros esquemas.
 

Sin embargo, leerlo con mesura, para traducirlo después al lenguaje radial, fue durante más de tres años una gran aventura en la cual me vi envuelto, prácticamente por azar y un buen consejo de Jorge Betancourt González, especialista de propaganda de la emisora Radio Mambí de Santiago de Cuba.

Esto me permitió apreciar que hay en los estudios cubanos una insuficiente atención a la influencia de la cultura francesa en la obra martiana. Quería participar en el concurso de la Casa Víctor Hugo de La Habana y me arriesgué con ese tema. Escogí un texto como muestra: La Edad de Oro, que acababa de ser editada en francés con un prólogo del doctor Alejandro Herrera, presidente de la Fundación Enrique Loynaz.Creo que ese fue el detonante: mi lectura del texto de Herrera.

En realidad, más que respuestas, creo haber hallado en los textos de La Edad de Oro, indicios de un elaborado pensamiento sistémico: 1. Era Francia heredera de la ambición colonial de otro tiempo (por la cual tenía extendido su dominio sobre Anam) y, al mismo tiempo, abanderada del progreso, en virtud del cual hizo reunir a los pueblos del mundo en la Exposición de París, como una muestra de su solidaridad. 2. En América, sectores de las clases media y alta creían que estar a la francesa era sinónimo de lujo, de poder. De ahí que Bebé fuera a París todos los años y hubiese un cuadro, de un francés, entre las cosas de Piedad. 3. Cualquier apoyatura a un nuevo contenido o a un aspecto relativo al desarrollo cultural, científico o económico-social de nuestros pueblos, podía calzarse con ejemplos de Francia, sobre todo de su historia.

Ese fue mi descubrimiento. Pero no se trata de un paso extraordinario, sino de algo que se puede leer, que se puede entender con claridad por cualquiera que fije sus ojos en La Edad de Oro. Así pues, iré a París en junio casi por azar, por un vistazo a lo evidente. Inusitado premio para una aventura radial.

*Reynier Rodríguez Pérez (Santiago de Cuba, 1982). Poeta y editor. Licenciado en Letras por la Universidad de Oriente, Profesor Asistente de la Facultad de Humanidades de esa Casa de Altos Estudios. Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz y de la Sociedad Cultural José Martí. Está inscrito en el Registro Nacional del Creador Literario. Es uno de los autores y compiladores del libro Nombrar a Martí (Ediciones Santiago, 2008).
Actualmente, es corrector de la revista literaria La Noria y editor de la Oficina de Comunicación de la Universidad de Oriente. Ha colaborado con SIC, Del Caribe,La Jiribilla de papel, Caserón y el Anuario del Centro de Estudios Martianos. Tiene publicado el poemario Sobre piedras (Ediciones Santiago, 2009). 


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