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viernes, 25 de enero de 2019

José Martí y el gran escritor francés Víctor Hugo



Víctor Hugo.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Con 21 años llegó José Martí a París en diciembre de 1874.  Vivió en la rúe de Rivoli, no. 28. Permaneció allí casi un mes.  La Ciudad Luz tenía un ambiente cultural extraordinario. Muy pocos saben que en esa breve estancia trabó amistad con uno de los escritores más importantes de Francia: Víctor Hugo. ¿Cómo se produjo el acercamiento?

Martí recorría día por día los café, los teatros, las tertulias; disfrutaba ese ambiente intelectual donde la bohemia se vivía al máximo, participaba haciendo uso de un francés cubanizado que era muy valorado; incluso cuando alguien era buen orador o tenía maneras elegantes de hablar, lo calificaban como “un Martí”.

Muy pronto era noticia en el mundo parisino por sus conocimientos enciclopédicos, sobre todo, por su amplio dominio de varios idiomas.

En la inauguración de un busto de Alejandro Dumas hijo, en el Teatro L Odeon, se encontró con Víctor Hugo; enseguida conversaron, porque tenían muchas afinidades. ¿Qué tenían en común?

Habían conocido el destierro; escribían poesía, abrazaban como suyas las causas de libertad y justicia. A partir de ese momento se acercaron profundamente, al extremo de confiarle Víctor Hugo a Martí la traducción al español de su obra Me fils (Mis hijos), dedicada a sus hijos muertos Charles y Francois.  De aquel encuentro dijo el ilustre cubano: “—Él lo quiso, y yo traduje, y anduve ciertamente honrado en tener que traducir aquella vez”. La traducción de Mis hijos, fue publicada en la Revista Universal el 19 de marzo de 1875.

Luego de aquellos días intensos, José Martí no se encontró nunca más con Víctor Hugo. Sobre él escribió en su diario de viajes: “Cuando se mire atrás…, se verá en la cúspide de este siglo grandioso un caballero cano, de frente acumulada, mirada encendida (…), vestido de vulgares paños negros: Víctor Hugo”.

viernes, 30 de mayo de 2014

Inusitado premio en París para una aventura radial cubana

Reynier Rodríguez irá a París en junio casi por azar, por un vistazo a lo evidente. Inusitado premio para su aventura martiana en Radio Mambí.
Por Reynier Rodríguez Pérez* (Escritor e Investigador)

La experiencia de leer a Martí para luego proyectar su mensaje hacia públicos desconocidos, como son los de la radio, impone un reto extraordinario: la obra martiana fue escrita para ser leída con calma y la radio, necesariamente, trabaja con otros esquemas.
 

Sin embargo, leerlo con mesura, para traducirlo después al lenguaje radial, fue durante más de tres años una gran aventura en la cual me vi envuelto, prácticamente por azar y un buen consejo de Jorge Betancourt González, especialista de propaganda de la emisora Radio Mambí de Santiago de Cuba.

Esto me permitió apreciar que hay en los estudios cubanos una insuficiente atención a la influencia de la cultura francesa en la obra martiana. Quería participar en el concurso de la Casa Víctor Hugo de La Habana y me arriesgué con ese tema. Escogí un texto como muestra: La Edad de Oro, que acababa de ser editada en francés con un prólogo del doctor Alejandro Herrera, presidente de la Fundación Enrique Loynaz.Creo que ese fue el detonante: mi lectura del texto de Herrera.

En realidad, más que respuestas, creo haber hallado en los textos de La Edad de Oro, indicios de un elaborado pensamiento sistémico: 1. Era Francia heredera de la ambición colonial de otro tiempo (por la cual tenía extendido su dominio sobre Anam) y, al mismo tiempo, abanderada del progreso, en virtud del cual hizo reunir a los pueblos del mundo en la Exposición de París, como una muestra de su solidaridad. 2. En América, sectores de las clases media y alta creían que estar a la francesa era sinónimo de lujo, de poder. De ahí que Bebé fuera a París todos los años y hubiese un cuadro, de un francés, entre las cosas de Piedad. 3. Cualquier apoyatura a un nuevo contenido o a un aspecto relativo al desarrollo cultural, científico o económico-social de nuestros pueblos, podía calzarse con ejemplos de Francia, sobre todo de su historia.

Ese fue mi descubrimiento. Pero no se trata de un paso extraordinario, sino de algo que se puede leer, que se puede entender con claridad por cualquiera que fije sus ojos en La Edad de Oro. Así pues, iré a París en junio casi por azar, por un vistazo a lo evidente. Inusitado premio para una aventura radial.

*Reynier Rodríguez Pérez (Santiago de Cuba, 1982). Poeta y editor. Licenciado en Letras por la Universidad de Oriente, Profesor Asistente de la Facultad de Humanidades de esa Casa de Altos Estudios. Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz y de la Sociedad Cultural José Martí. Está inscrito en el Registro Nacional del Creador Literario. Es uno de los autores y compiladores del libro Nombrar a Martí (Ediciones Santiago, 2008).
Actualmente, es corrector de la revista literaria La Noria y editor de la Oficina de Comunicación de la Universidad de Oriente. Ha colaborado con SIC, Del Caribe,La Jiribilla de papel, Caserón y el Anuario del Centro de Estudios Martianos. Tiene publicado el poemario Sobre piedras (Ediciones Santiago, 2009). 


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