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martes, 25 de marzo de 2025

¡Florida sí, sí Florida! / OPINIÓN


Por Javier Montes Miclín

No es extraño que la oposición usurera esté impregnada de una idea contraproducente de democracia desde el punto de vista de la libertad parlamentaria; ahí están los que aseveran que la isla debería ser independiente, soberana, inquebrantable, incluso intentan imponer un chovinismo nacionalista. Yo no escapo de la imputación de opositor, independientemente de que sea agradable o no, esa tendencialización; pero si mis contrarios asumen el anexionismo como postura a las antípodas del zurdaje abominable y de la usura política, el halago genera beatitud en mi rostro. ¡La anexión de Cuba a los Estados Unidos, es el mejor resultado de los mejores resultados! El pensar Miami, Cayo Hueso, Boca de Camarioca, definiéndose e interpretándose mutuamente, genera excitación, no sólo a nivel cognitivo, sino también la esperanza restauradora de un archipiélago que ha sido arrebatado de su naturaleza predeterminada. Nuestros conciudadanos contemporáneos ya derrumbaron la utopía, ahora se avizora en el horizonte ese libre fluir de personas, mercancías, bienes y servicios; de lo bilingüe y sobre todo el orgullo de ser norteamericano. Quizás José Martí me hubiese zarandeado con otros argumentos esta inclinación vehemente mía, quizás hubiese dicho que vivió quince años en New York y con eso bastaría para entender la complejidad de esa cultura, yo lo convidaría hoy  a replantearse esa contradicción desde una condicional histórica: ¡Florida sí, sí Florida!



lunes, 9 de septiembre de 2024

MURIÓ SILVIA, LA ÚLTIMA MARTIANA DE LA ADUANA


Por Arnoldo Fernández V. 

La conocí en 2018. 

Muchas veces llegué a su casa a tomar agua, café, descansar un poco y seguir. 

Siempre  me mandaba a pasar a la cocina  y allí nuestras palabras fluían intensas, profundas. 

Su memoria era rica en historia, escucharla era saber de los mambises de la Aduana, del cadáver de Martí allí, bajo la palma real, bajo la guásima. 

Verla era quererla. 

Por sus ojos virtuosos salía Cuba a raudales. Vi muchas veces en ellos el tañir del pilón, el olor a café de su molino, el olor a tierra adentro. 

Vivió siempre orgullosa de su linaje mambí. 

Quiso ver la Ruta Martiana dignificada, con una carretera, un obelisco al Héroe Nacional a la altura de su mérito patrio, pero no pudo verlo. 

Muere hoy en su Aduana querida. 

Ha muerto Silvia y siento un infinito dolor por no haber vuelto a su casa, al descanso de Martí. 

Ha muerto Silvia y con su partida ese pueblo de Palma Soriano pierde una celosa guardiana de la historia de Cuba, de Martí. 

Me queda su imagen y su voz, en la serie audiovisual donde fue una de la protagonistas fundamentales. 

Me quedan sus palabras de  hace unos días que gracias a una amiga pude escuchar. 

Adiós querida Silvia, algún día volveremos a encontrarnos para hablar de la Aduana, de Martí, de Cuba. 

FOTO

1. De marzo de 2018.

jueves, 5 de septiembre de 2024

QUERIDO ARNOLDO


Por Ruber Osoria

Quiero expresar mi profundo agradecimiento por la oportunidad de colaborar contigo en “Rastro de la diáspora cubana en Chile”. 

Eres uno de los más grandes escritores y periodistas del oriente de Cuba, y tu amor por la naturaleza y la cubanidad nos ha enseñado a afrontar la realidad con un pensamiento martiano, que siempre ha sido tu evangelio.

Trabajar juntos en este proyecto, con tus relatos y entrevistas, ha sido un honor. Disfruté cada momento compartido, desde una taza de café hasta un buen ron, hablando y reflexionando sobre Cuba y nuestro querido Contramaestre.

Tu blog, Caracol de Agua, es un refugio para todos los contramaestrenses dispersos en el mundo. 

Siempre disfruto de leer sus pautas, que recorren la rica historia cultural de nuestro pueblo, donde descansaron por primera vez los restos de nuestro apóstol, José Martí.

Les invito a conocer más sobre @arnoldo.fernandez.94 . Es periodista, profesor, historiador y ensayista, con un Máster en Ciencias Sociales y Pensamiento Martiano. Ha publicado obras como “Leer La Edad de Oro con ojos de mujeres” y “Cuba en el alma”, entre otras. Su blog llega a más de 200 países, y su trabajo es un verdadero tesoro para nuestra cultura.Gracias, Arnoldo, por tu amistad y por todos estos años de inspiración.

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La clave está fuera de fondo.

En el Contramaestre

el agua se parte por sus extremos

y corre por las dos vertientes

que hincan la historia.

Volverás entre el vacío y el fuego

envuelto en un caracol de agua

para ser enterrado varias veces

en el mismo suelo

donde la finalidad destruya la grandreza

y la luz no hiera tus ojos.

(Autor: Ernesto Andrés de la Fe.)

lunes, 19 de junio de 2023

MIS VIEJOS Y EL COMUNISMO

Mis viejos y el comunismo

Por Arnoldo Fernández Verdecia 

Nací cuando  se impuso  en  las escuelas  la aspiración  del hombre nuevo, inspirado en el mito de Che Guevara. Así lo expresó el Líder, Fidel Castro, cuatro años antes de yo venir al mundo, el 18 de octubre de 1967: 

"Si queremos decir cómo queremos que sean los hombres de las futuras generaciones, debemos decir: ¡Que sean como el Che! Si queremos decir cómo deseamos que se eduquen  nuestros niños, debemos decir sin vacilación: ¡Queremos que se eduquen en el espíritu del Che! Si queremos un modelo de hombre, un modelo de hombre que no pertenece a este tiempo, un modelo de hombre que pertenece al futuro, ¡de corazón digo que ese modelo sin una sola mancha en su conducta, sin una sola mancha en su actitud, sin una sola mancha en su actuación, ese modelo es el Che! Si queremos expresar  cómo deseamos  que sean nuestros hijos, debemos decir con todo el corazón de vehementes revolucionarios: ¡Queremos que sean como el Che!"

Nací cuando la gente conversaba  muy bajito en sus casas, sobre los efectos de la Ofensiva Revolucionaria de 1968; sobre el hambre, el terror y la miseria que parecían venir;  sobre la Iglesia Católica y su posición antagónica ante los cambios revolucionarios.  

Nací cuando Educación y Cultura se unieron en un Congreso que cerró filas  contra todo tipo de colonialismo  y propuso el objetivo de educar a las personas sobre la base de un relato espartano de Patria o muerte,  Socialismo o muerte, como esencias de la Revolución. A partir de ahí, Patria, Revolución y Partido Comunista, fueron una misma entidad en el discurso ideológico de la Nación. 

Nací cuando  nadie podía escapar al mito de culpar a Estados Unidos de los fracasos del Estado, cuando se alimentó el relato ideológico de llamarlo enemigo histórico contra el que había que luchar hasta las últimas energías. 

Nací cuando se llamó oscurantismo, ignorancia, atrazo, a las viejas costumbres y creencias de las familias. 

Nací en un tiempo de grandes movilizaciones a la zafra azucarera, el café, los planes citricolas... Cuando se construyeron más escuelas que nunca en toda la historia. 

Según el Calendario Chino, 1971, era el Año del cerdo; para nosotros,  el ascenso de una mediocracia al poder, responsable de dictaminar lo políticamente correcto, la pureza del ideal comunista, la batalla contra el diversionismo ideológico, la consigna de ser el país más culto del planeta.  

A partir de ese año, escuelas, universidades y calles, serían para los revolucionarios. Lemas, consignas, planes quinquenales de tipo estalinista, ganaron espacio en el vocabulario del pueblo. Era el lenguaje de la Revolución.  

Tuve la suerte de vivir en la propiedad de mi abuelo, una pequeño feudo donde crecí en plena libertad, hasta que cumplí los cinco años. Gracias a mis viejos,  aprendí el pasado que ellos me contaron y enseñaron; crecí con esa cultura que se resistió a llamar atrazo, ignorancia, oscurantismo, al mundo sobre el cual se construía el nuevo. 

Tuve un profesor que me educó en el espíritu de José Martí. Me enseñó que el socialismo se hacía con la gente de a pie, que la burocracia era enemiga del pueblo, que los funcionarios del Estado,  por sus privilegios de casta, se volvían contra ese pueblo que debían defender. 

Supe que Martí no quería un Estado que concentrara todas las funciones, porque se convertiría en un tipo de esclavitud de la que sería muy complejo liberarse. 

Martí me enseñó que la riqueza pública  debía equilibrarse, para que los hombres pudieran acceder a ella y construirla, desde el libre albedrío de sus talentos y oportunidades. Me enseñó que el hombre debía  asociarse con sus afines para crear un auténtico espíritu de prosperidad, el único que haría posible una libertad robusta e indestructible. Las instituciones que saldrían de ese espíritu, serían la cultura de libertad del hombre futuro. 

La cultura que recibí de mis viejos, de mi profesor, entró en conflicto con la de la escuela, el ejército, la universidad, el trabajo, la sociedad... Cincuenta años después, soy el niño que nació en 1971 en un pequeño feudo, campo adentro.  El espíritu de mis viejos y de aquel profesor, aún me acompañan.

jueves, 18 de mayo de 2023

MARTÍ EN UN JOVEN ARTISTA


Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

Daniel Faxas es un joven artista del pueblo de Baire. Me ha sorprendido gratamente su invención de José Martí. Es apenas un muchacho que roza los 20 años, pero cuánta sensibilidad, cuánto contenido en este Martí suyo que apenas nos ve, comienza a decirnos de la Patria, de sus desgarramientos, de la necesidad de reencontrarnos en la virtud, la decencia... El Martí de Faxas se eleva y nos mira, nos pide el alma, lo que nos ponga en el camino y nos devuelva la esperanza. Celebro con la obra de Daniel Faxas, el Martí semilla, hoy árbol centenario que nos exige la Patria entera donde estemos todos.

viernes, 12 de mayo de 2023

EL CAMINO DEL CORAZÓN (Memorias)


Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

Nunca nadie en Cuba lo había hecho. Yo lo conocía porque, para escribir mi libro José Martí, el Apóstol de Remanganaguas, tuve que caminarlo, interactuar con las familias; también me atreví a hacer una modesta serie audiovisual como youtubert, así que tenía los conocimientos y las vivencias para arrastrar a un mar de personas tras 12 kilómetros y medio, comenzando en el cementerio de Remanganaguas, siguiendo por Los Pasos, El Descanso, la Aduana y Arroyo Blanco. Todo ese recorrido lo hizo el cadáver de José Martí un 25 de mayo de 1895, tuvo varios descansos en el camino, la mayoría, ignorados por el pueblo cubano. Así que finalmente logré el sueño. Un día como hoy, 11 de mayo de 2019, hace cuatro años,  descubrimos una parte esencial de Cuba para los que aún creen en la utilidad de la virtud.

viernes, 1 de octubre de 2021

SER MARTIANO ES UNA ACTITUD ANTE LA VIDA

 


Por Arnoldo Fernández Verdecia.

Leer a Martí no es un ejercicio de goce solamente, es un hecho emancipador que nos permite comprender la realidad, interpretarla e incluso transformarla. 

Asumir el modo martiano de vivir es incorporar con sentidos cívicos las ideas de su obra y dotarla de connotaciones simbólicas en los nuevos contextos. 

Si las preguntas que como cubanos nos hacemos tienen respuestas aún, en el pensamiento de José Martí, es porque conserva total vigencia. 

Leer la obra de Martí despojados de su posible futuridad es cabildear en las ruinas de un monasterio y dejarla morir, porque no tiene nada que decir a la sociedad y sus dilemas actuales. 

Quedarse en el Martí del siglo XIX y encerrarlo en el contexto histórico que hizo posible la trascendencia de sus escritos, es condenarlo a vivir en el pasado y no acudir a él para inspirarnos, cuestionarnos, incluso para potenciar alumbramientos, pactos, esencias. 

El individuo que reclama para sí una visión de Martí acomodada a sus creencias religiosas, a su trabajo como asalariado de alguna hegemonía,  es un antimartiano en potencia que argumentará siempre en contra de todos aquellos que crean en nuevos nacimientos del ser ético. 

Martí siempre ha estado en todos los alumbramientos del siglo XX y el XXI. Los cubanos han leído su obra y seleccionan lo que ayuda a construir caminos, saltar obstáculos y tender puentes. 

Es muy cómodo satanizar al otro que hace del contenido martiano una ascensión a las cumbres de sus mejores ideas, aunque sea desde lo profano, porque allí, en el magma de la nación, en lo subterráneo, hay un pueblo que no lo ha leído en toda su dimensión, pero que conoce de su profundo cauce libertario y ha aprendido a utilizar su poder de convocatoria para liberarse cuando ha sido necesario.

Siempre he respetado el conocimiento y sus formas de apropiación, pero cuando alguien desde una referencialidad dogmática, descalifica y cuestiona, entonces salto como un león a defender la libertad del ser martiano y sus modos de asumirla en cualquier tiempo. 

Moriré paladeando la libertad martiana en la que creo, esa que dio sentido a mi vida y a la cual me debo, la que me enseñó que ningún hombre, por muchos privilegios y títulos que tenga, puede echarse sobre otro, azuzando odios de clase, apetitos de poder y  componendas ideológicas mezquinas, para disfrutar las mieles de algún poder. 

Para mí, la opción de Dos Ríos es la más sana, porque es más digno luchar y morir por la libertad y sus modos de alcanzarla, que vivir a los pies de una oscuridad que te niega cuando pretendes encender un poco de luz. Prefiero la mano del amigo que me cuestiona con sinceridad, a la del funcionario público repartiendo elogios desde una tribuna. 

Ser martiano no es una consigna, es una actitud ante la vida. 


domingo, 26 de enero de 2020

Eduar Encina viene del monte


Por Reinaldo García Blanco

Eduar Encina viene del monte. No del seco y pardo. Viene del terrestre y embravecido. Allí donde tal vez Cristo no ha llegado para poner la cruz, pero ha puesto los ojos. Eduar y el Maestro tal vez lo sospechan.

En medio del potrero hay un caballo. Sobre el caballo un niño. Encima del niño, como un sombrero, el sol.

En su casa de adobe y sementera cava un pozo donde saca agua y palabras.

Ahora está al borde de la carretera central. Viene a la ciudad grande pues de gorja son y rapidez los tiempos. Se va con Lola y jolongo donde se lleva a Martí y a Rilke. A los minerales Vallejo y Neruda.

Eduar Encina viene de la espesura. Está bajo el árbol más alto y frondoso. Está a punto de nacer.

miércoles, 28 de agosto de 2019

Caracol de Agua es nuestro inconsciente colectivo


Por Joann Vega (Amiga).

Mientras el avión volaba desde Varadero hacia Florida, un 17 de septiembre de cualquier año, yo, adolescente aún, miraba por la ventanilla. El mar mecía sus olas en total desinterés por lo que a su alrededor ocurría; como un dios limando unas de sus manos. Las lágrimas corrían por mis mejillas en un doloroso adiós a la isla de palmeras gigantes que ahora me observa desde la distancia. El Atlántico brillaba y se erguía bajo los rayos del sol que parecían descubrir un secreto. El Caribe con todos sus sueños, luchas y esperanzas descansaba allá abajo... También un hermoso caracol de agua descansaba plácidamente, luciendo tintileantes tonos de Azul rojo y verde. Mis tristes ojos se fijaron en su corpulenta forma. Nuestras formas se unieron, y ante mis ojos, llenos de nostalgia, surgieron galeones llevando dolor y lágrimas; la figura de Mackandal, luego, volviéndose mariposa. Martí, mi viejo amigo de años, con su pluma que parecía escribirme la palabra: "Recuérdame". Lloré, lloré mucho frente a la imagen de aquel caracol ancestral, que me decía: “Hasta luego Amiga”, mientras iluminaba mi alma, aún niña, con brillante luz, llena de energía, e inmensos trazos futuros que se fueron revelando lentamente a través de los años. Caracol de Agua ha vivido siempre entre nuestras islas caribeñas. Nos observa, a veces con alegría, otras, con tristeza. Guarda consigo nuestras historias y luchas, nuestros conflictos cotidianos.  Es nuestro amigo, que por diez años nos ha envuelto en otro abrazo de nuestra historia. Siempre que crucemos por nuestros mares caribeños, busquémoslo. El ha de estar ahí con nuevas historias, nuevas luchas, nuevos sueños. Caracol de Agua es nuestro inconsciente colectivo.

lunes, 11 de junio de 2018

Penélope no me espera




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Quisiera ser cursi para nombrarte, pero Martí me atosiga, no me deja evocar estrellas, joyas,  frasecitas manidas. No me deja mostrarme en las palabras hueras, las que otros han usado y  no sirven de nada.

Afuera la vida y yo adentro, queriendo ser un Heredia que nunca he sido,  aspirando el verso más elevado, cuando el mundo anda metido en joviales reguetones.

Ella ha sido la culpable, me ha dejado sin amor  en medio de los tormentosos días de una isla, donde el púrpura manda y la gente come potajes, habla alto y cree en el futuro, aunque  puerta adentro, saben que el mundo está a punto de irse por un botón que alguien puede apretar.

La calle abre su boca ancha, me traga. Atrás veo el amor que pudo ser y no fue, los cuadernos que escribí y nunca llegaron a sus labios. Me estoy muriendo de tanto vivir. La vida es un coñazo de locura, tal vez una odisea sin esos arcángeles que una vez nos hicieron imitarlos. Ya no hay Itaca, ni una Penélope que nos espere la vida entera.

El asteroide se desinfla. Mis palabras no alcanzan a nombrarte, porque no quiero ponerme cursi, ni atolondrarme con flautitas, ni trompos, creyendo que puedo volver a ser feliz,  si las palabras huyeron este lunes de mi alma.  

Vuelvo a mi tierra, a mi oxígeno

jueves, 12 de abril de 2018

EDUARD ENCINA NO DEJÓ DE BOXEAR*

Eduard Encina junto a una de sus pinturas.
Rafael J. Rodríguez Pérez. 

Yo le decía el boxeador. Lo había sido, con éxito, pues era muy fuerte, y en cierto sentido siguió siéndolo hasta el final, solo que sus golpes, fortísimos, no iban ya dirigidos a mentones de oponentes físicos, sino a procesos, a actitudes, a poses que agreden cada día a la cultura cubana, que es decir a la patria profunda, a la que el boxeador amó con una intensidad digna de encomio.

Era un fanático de Cuba, de su Baire natal, de su gente campechana y sencilla. Había hurgado, hasta el dolor, en nuestra historia, y la citaba y manejaba con la soltura de los apasionados. La historia para él no era nunca pasado o peso muerto, sino levadura y fervor, índice luminoso señalando el futuro. Rabí, Lora o Quintín eran sus socios. Martí, su padre; y a veces, como yo mismo, de tanta devoción y cariño, solía llamarlo simplemente Pepito.

Durante muchos años disfruté el privilegio de su verbo cuando arrancaba a hablar de estas cosas del alma, o cuando nos las daba convertidas en poemas, como elixires vivos, y jamás me cansé ni dejó de asombrarme su talento creciente, su hambre de mundo, su prisa contagiosa de vivir, de soñar, de leerlo todo, de amar hasta las heces. En ocasiones parecía un perseguido, ¡A tal velocidad se movía por la vida!; en especial su pensamiento, siempre diez pasos por delante de él mismo, y de una honestidad tan belicosa y tan compleja como sus propios poemas.

Ya no recuerdo exactamente cuándo nos conocimos, pero debió de ser en una de las reuniones del grupo Hacedor, en casa de Enilsa Lemes y Delis Gamboa. Convocados por la literatura, nos reuníamos allí al menos una vez por semana. Eduard era de Baire, a unos 7 kilómetros de Jiguaní, y lideraba ya su notable grupo literario del Café Bonaparte, pero no se perdía ni una sola de nuestras tertulias, en las cuales llevaba, es preciso decirlo, la voz cantante, pues de todos nosotros era el más enterado de la realidad literaria del país, de las nuevas tendencias y voces. Sus poemas eran también brillantes, cargados de sentido y a veces de una irónica cólera que mostraba, implacable, los dolores profundos de una región y una isla a la cual defendió siempre con la entereza de un mambí. Sin dudas transitaba por esa época hacia su conversión definitiva en un formidable líder de opinión a nivel nacional. Su valentía, talento, visión artística e inteligencia práctica lo situaron en una posición prominente en el panorama cultural cubano. Y todo ello desde el oriente del país, desde las “áreas verdes”, las “no zonas”, alejado de casi todos los centros de poder. No suena a cosa fácil ¿verdad? No lo es. Es más bien una hazaña tremenda, y no exagero un ápice ni doy tintes heroicos por gusto. Es la mera verdad.

A golpe de premios, de trabajo, de periplos insomnes, simpatía y franqueza total, el boxeador macheteó la manigua y no solo abrió brechas para él y otros muchos, sino que finalmente se elevó sobre ella, en una mano el arma afiladísima, su poesía, y en la otra, un haz de bejucos nutricios que mantenían su alma en comunión perenne con su tierra. Esa sería una manera justa de pintarlo: emergiendo del monte, con un largo machete de letras, y una explosión de lianas germinando de él, conectadas al suelo, al corazón, al cielo…

El boxeador libró luchas difíciles. Pero no se cansó. No una vez, sino muchas, dijo lo que había que decir en el lugar y el momento adecuados: ante las cámaras, ante los decisores, frente al mundo. Su arsenal de argumentos no se agotaba nunca, y solía desplegarlo con la maestría de un tribuno moderno. Era pura pasión, lógica y fe. Estoy seguro que encarnó, innumerables veces, lo mejor y más sano de una patria que adoró como pocos.

Recuerdo una ocasión, en mi casa jiguanicera, siempre abierta a todos mis amigos, en la cual nos reunimos a hablar de literatura. El boxeador había “descubierto” a los grandes filósofos y estaba como en trance, conectando su experiencia de vida con aquellos universos intensos que han explicado al mundo desde sus perspectivas. Un tema apasionante, sobre el que me lancé, pues la filosofía es uno de mis grandes amores. En un momento dado —tengo ese problemita— ya la “conversación” había derivado hacia un monólogo. Me di cuenta de pronto por la cara de Eduard, henchida de un asombro hilarante. Entonces, sonriendo, me callé. Iba a pedir disculpas, pero me lo impidió su abrazo. “Coño, muchacho”, dijo, “Mira que yo he perdido tiempo. Cuando tenía tu edad, yo estaba todavía comiendo mierda por ahí.” Y hablando para todos, exclamó: “¡Señores, hay que apurarse!” Eduard nos llenó de momentos así. Tampoco olvidaré su cara, pegadita a la tierra, escuchando el “corazón de Martí” en el sitio donde El Apóstol fue sepultado por primera vez. Era un ritual hermoso, que él se encargó de alimentar con todo su pasión de martiano en un evento que ostentaba, y ostenta, el mejor de los nombres: Orígenes.

Tampoco creía en quejas, ni andaba tolerándolas. Podía “cantarle las cuarenta” a cualquiera, especialmente a los amigos. Y luego te abrazaba y si había que llorar, lloraba, y si reír, era su carcajada la más alta, y si beber, era la más perfecta compañía.

Al volver de su entierro, con el alma en los huesos, algunos de sus íntimos no supimos “estallar” de otra forma que reunirnos a beber en su nombre algunos rones. “Él habría hecho lo mismo”, dije. “Vamos a homenajearlo como es”. Terminamos borrachos, hablando de poesía, de Martí y sus discursos, de Cubita la Bella, cantando a voz de cuello las trovas inmortales que el boxeador amaba y defendía. No hubo botella descorchada de la cual no bebiera primero, ni poema que no le dedicáramos, ni lágrimas que no cayeran prontamente en su alma. El boxeador estuvo entre nosotros esa tarde, y era el único alegre de verdad.

Fue un ser humano realmente excepcional, por demás, un gran poeta; condiciones muy raras y más raras aún conjugadas en un único ser. A veces, para no decir siempre, quisiera tener la fuerza de su poético brazo para dar un nocaut a tanto farsante y sus compinches, encarnar la valentía que tuvo, su forma de confrontar la vida y de encausarla, su gran capacidad de trabajo, pero sobre todo, su fe sin cansancio posible en todo cuanto amó y soñó.

Mi boxeador, mi hermano, si puedes escucharme, ayúdame por Dios a parecerme a ti todo el tiempo que me quede de vida. Sé que el listón es alto, pero debo intentarlo. Cuba nos necesita. Tú lo sabes.

12 de abril de 2018, Santo Domingo, República Dominicana.

*Tomado de su página en Facebook

viernes, 23 de marzo de 2018

Mi toque a degüello por José Martí




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Hoy, por algunas cosas  que ocurren en la vida, puse mis ideas de José Martí en mi cuerpo, cuando todavía no aparecía el sol por el Este. Era el Martí que me enseñó a ser honrado, a pensar y hablar sin hipocresía, el que me hizo creer en la justicia, en la levadura moral de los pueblos jóvenes de Nuestra América;  el que me hizo maestro, educador, periodista, historiador, escritor de versos, apegado a los humildes, a sus verdades, a sus tristezas, el que padece por todos los que no pueden vivir con honradez y comercian su alma por migajas.

Salí a la calle y el día gris preconizaba tempestades;  un viejo combatiente de la Guerra de Angola me dijo “-Compa, saque el abrigo que hoy hará frío”-;  pero Martí me vestía, no sentía la temperatura gélida que asomaba en la mañana. En mi cabeza las ideas de José Martí parecían ballestas, listas para ser disparadas por el arco de los hombres humildes, esos que hacen Patria y no mendigan favores, influencias, posiciones de poder.

Antes de llegar al trabajo, fui a la justicia, allí donde sus trinos elevan y fortifican el alma; alguien me dijo que con la verdad de José Martí se iba al mundo y nadie podía detenerme. Entonces llegaron  unos diálogos magros, a propósito de la 17 Muestra Joven del ICAIC, sentí mucha vergüenza al leerlos, al extremo que me sentí ofendido.

“Quiero hacer una película” (filme que vulgariza a Martí en una de sus escenas) estaba allí, desnuda, poco inteligente quizás; nunca antes había apreciado algo tan insólito, pero tan germinal a la vez, pues el filme adversa  la vida y obra de Martí, su fuerza expansiva, la teluricidad de su obra.  Aprecien ustedes lo que llega a decir uno de sus personajes: “No lo conocimos. Estuvo en otra época. Es como Borges. El poema ese. Todo está confundido y la gente dice que eso lo dijo Martí. “Hay que sembrar árboles”, eso lo dice mi tía… Yo no creo en Martí. Yo no soy martiano…” Tal vez la ignorancia de este ser, revela un costado clave de la construcción del imaginario sobre el Apóstol: el desconocimiento que muchos cubanos tienen de su obra; quizás desde esa aprehensión elemental se expresa así, como si fuera una cosa más de las tantas que están ahí y no sirven, no funcionan. Pero qué cubano honrado pudiera hablar así, si hasta Willy Chirino, en una de sus canciones lleva un libro de Martí, si todos los presidentes de Estados Unidos reconocen el apostolado del Maestro;  cómo entonces tolerar una  vulgaridad como la que sigue, para crear sed de ir a ver la reconstrucción de un mito, un símbolo y hacer de eso, un espectáculo, una mercancía vacía, para vender el alma al mismísimo Diablo si fuera preciso. “Si nos remitimos al perfil de Facebook de Marta María Ramírez, comunicadora cubana y administradora del muro de la película, encontramos información más precisa al respecto:

“No les cuento la peli  relata Marta María, y en este post, como siempre le pasa al pobre Apóstol y como le gusta a la censura, dejo este diálogo descontextualizado e inconcluso. (Pido esperen a verla para entenderlo en su contexto.)

Esta es la escena de marras:

Tony Alonso Ramírez: José Martí es un mojón, Neysi. José Martí es un mojón, de verdad.

Neisy Alpizar: Verdad, Papi?

Tony Alonso Ramírez: José Martí es un mojón. José Martí no se reía, mija.

Neisy Alpizar: Qué tú sabes?

Tony Alonso Ramírez: José Martí es… era maricón.”

Ver la premier de la película, según esta comunicadora, es asistir a la decapitación moral del “Héroe Nacional” de los cubanos, es tolerar tranquilamente y arrancar sonrisas cómplices, cuando el personaje de Tony llama mojón y maricón a Martí, además de negar el valor emancipador y seminal de su vida y obra al decir incluso, que “no cree en él”.

¿Qué le quedaría al cubano de a pie al regresar a casa, luego de ver algo así? Sencillamente, muchas confusiones, porque los héroes sagrados de la Patria se pueden humanizar, pero no profanar, no despojarlos de sus teluricidades, porque el zombí estaría asechando y entonces no nos serviría de nada aquel aserto martiano, cuando escribió: “Hasta hermosos de cuerpo se vuelven los hombres que pelean por ver libre a su patria” (Martí, José: Los tres  héroes: La Edad de Oro: 1995: 4) 

José Martí en el cine de la República 
El más universal de los cubanos tuvo su recepción en el cine de la República que se estrena en Cuba entre 1902-1958, un hecho curioso, pero a la vez interesante.

Hasta la década de 1950, la imagen de José Martí, se había trabajado de múltiples formas, entre las que se encontraban, en un primer momento, la sacralización del héroe hasta convertirlo en santo, semidiós, Mesías, el símbolo de la identidad de los cubanos ante la frustración del ideal nacional, como consecuencia del dominio de Estados Unidos sobre la Isla.

Otra de las formas que se trabajó fue su excesiva humanización, al convertirlo en un hombre cotidiano, de carne y hueso, alcanzable para cualquier cubano simple, pero desgraciadamente se recurrieron a imágenes que exaltaban su condición de hombre enamorado, gustador de bebidas espirituosas, una humanización que tuvo en la obra de Jorge Mañach, "Martí el Apóstol", su expresión cimera.

Con el gobierno de Fulgencio Batista, a partir de 1952, se intenta llevar una imagen de la vida y obra de José Martí a través del cine; pues se creó una Comisión Nacional Organizadora, que tendría a su cargo la filmación de la vida del más universal de los cubanos.

La cinta seleccionada fue “La rosa blanca”, estrenada en 1953 y que hirió sensiblemente el sentimiento nacional de los cubanos, la misma tenía un argumento excesivamente romanticista, se desvirtuaba el alcance del pensamiento político de Martí, la imagen que trasmitía era la de un santo apolítico, sacrificado y extático.

Hollywood no escaparía tampoco a la tentación de llevar a Martí a la gran pantalla, en 1956 Warner Brothers produjo una película sobre la guerra Hispano-cubano-americana, con el título “Santiago”, en la cual Martí, caído el 19 de mayo de 1895, aparecía en 1898 planeando la rebelión de los cubanos desde una lujosa e imaginaria residencia en Haití, lo que generó airadas protestas, pues se desvirtuaba su significación política. 

No obstante a las objeciones la película se proyectó en Cuba en 1957 y no tuvo la acogida que esperaban sus productores, el hecho de presentar a un Martí rico, alejado de la lucha sacrificada, puede haber sido el motivo principal del rechazo, pues hasta ese momento había predominado la imagen del hombre mártir, el santo, el semidiós. 

Luego de estos intentos de llevar una imagen tendenciosa de José Martí al cine, hubo que esperar por una evaluación rigurosa desde el séptimo arte, que llegaría con el triunfo de la Revolución el 1ro de enero de 1959. 

José Martí en el cine de la Revolución 
Ya en la Revolución cubana, hubo intentos por llevar al Apóstol al cine, entre los filmes sobresalen: «Páginas del diario de José Martí»  (1971), de José Massip, construido sobre la base de textos de Martí y discursos de Fidel Castro y formó parte del ciclo conmemorativo del centenario. Fue altamente elogiado por el intelectual Alejo Carpentier.

El otro gran filme es “José Martí: el ojo del canario (2011)”, de Fernando Pérez, donde se vuelve, una vez más, sobre su humanización, esta vez enmarcada en la niñez, donde lo presenta en un contexto vital, asediado por lo que normalmente ocurre en un proceso vital de la formación de la personalidad: los maltratos del padre, las relaciones en el universo afectivo del aula, la madre protectora;  la libre expresión en un régimen despótico, el mundo fuera del aula, la casa, un Martí tan cercano al niño normal, que uno termina sintiéndolo alcanzable, real.

Después de “José Martí: el ojo del canario”, muchos quedamos a la espera de las otras partes de la película, uno siente que hacen falta, por lo bien lograda que está la primera entrega. Ese es el Martí que necesitamos en el séptimo arte, uno que sea tratado con inteligencia, sin eludir aquellos aspectos claves que lo hacen compañero del presente y el porvenir. Por eso duele tanto saber de un filme como “Quiero hacer una película”, donde se ignora la devoción martiana de esta isla y de los cubanos de todo el mundo; y  se excluye al Héroe del presente y futuro de Cuba, al reducirlo a dos magras palabras: “mojón y maricón”.  

Mi Martí a degüello 
Al terminar estas páginas me tiembla el pulso, quizás la soberbia de saber que suceden cosas así me nubla la inteligencia.  Siempre he intentado un Martí del decoro, uno que me acompañe ante lo terrible  de vivir en un desierto de almas humanas, tomadas por el zombi; uno que me auxilie y aconseje ante el peligro de esos seres menores, que olvidan que para ser un buen cubano, lo primero es ser digno de la tierra que pisan nuestras plantas; de la historia que nos acompaña, de los sagrados valores que congregan a los virtuosos y arrebañan a los “sin decoro”.    

Quizás sin saberlo, o tal vez intencionadamente, “Quiero hacer una película”, busca ese diálogo entre cubanos, para darle la actualidad necesaria al hombre que muchos llamamos “Santo”, “Milagroso”, “Mesías”, “Apóstol”, “Maestro”, “Poeta”, “Hombre ardilla”, “Doctor Torrente”, “Capitán Araña”, o los otros calificativos que lo convierten en enamorado y gustador de bebidas espirituosas. Lo cierto es  que cada cubano tiene su Martí, y la verdad de la verdad, para ninguno es ni “mojón, ni maricón”.

El Martí del Turquino viste mi cuerpo, uno de sus pensamientos más luminosos puede leerse sobre mí: “Escasos, como los  montes, son los hombres que saben mirar desde ellos, y sienten  con entrañas de nación, o de humanidad”. Es 23 de marzo de 2018.

jueves, 22 de marzo de 2018

Remanganaguas: La verdadera “Ruta Funeraria de Martí Apóstol” (Serie en 10 capítulos)

EL PAÑUELO ROJO DE JOSÉ MARTÍ
Clic en la imagen para ver el capítulo 4.

Presentamos su capítulo 4: “El pañuelo rojo de Martí”. 

Sabía usted la historia de las versiones del pañuelo que llevaba José Martí en campos de Cuba libre. Qué pasó con ese pañuelo cuando su cadáver llegó a Remanganaguas el 20 de mayo de 1895. El periódico “La Discusión”, en sus páginas, publicó que era blanco con las iniciales del Apóstol grabadas en tinta china;  años después, el oficial español Sandoval, responsable de la muerte de Martí en el comabate de Dos Ríos, respondería en carta a  Enrique Ubieta, que era blanco con las iniciales  bordadas en verde;  sin embargo, las familias de Remanganaguas, vinculadas a los días del cadáver allí, tienen una versión que la historia de Cuba no ha recogido.

Presentamos su capítulo 5  “La maestra de la Escuela no. 39”. 

LA MAESTRA DE LA ESCUELA NO.39
Clic en la imagen para ver el capítulo 5
Sabía usted la historia de la maestra de la Escuela Pública No. 39, la del Barrio Remanganaguas, la responsable principal de las paradas y desfiles martianos durante la República;  la mujer que tenía el pañuelo rojo de José Martí, la que decía a todos, en momentos de homenaje, que la prenda la llevaba consigo el Apóstol ella la tenía como un objeto sagrado, que siempre mostraba los 10 de octubre, los 24 de febrero, los 28 de enero y el 19 de mayo. Lo invitamos aquí a ver cómo recuerdan sus alumnos a Emilia García, la maestra de Remanganaguas hasta 1955.

Los demás capítulos puede verlos en los siguiente enlaces: 

* Capítulo 1: Primer descanso (Del Fuerte al Cementerio)
* Capítulo 2:
Segundo descanso (Fosa común)
* Capítulo 3: Tercer descanso (Retorno al Fuerte-Salida hacia Palma Soriano)

jueves, 15 de febrero de 2018

“Mi mundo es una jaula”


Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

“Me gusta cazar azulejos. La escuela es una carga muy pesada”. Tiene diez años, cursa el quinto grado. Me habla con dolor de niño que vive en la periferia de una ciudad adormecida por los alcoholes del tiempo.  La madre  vive con un hombre que no es su viejo. El padrastro se va en las mañanas, bien lejos de casa;  lleva unas jaulas con  avecillas exóticas dentro. Casi al anochecer; regresa; pero las jaulas vienen cargadas de  prisioneros. Sabe identificar hembras y machos. Un extraño hombre viene en un auto amarillo a recogerlos, luego que el padrastro desde el celular avisa. Tienen un código. Ya los ha visto y sabe cómo funciona. Los  cuc pasan de unas manos a otras, ve montones y sus ojos brillan como soles.  “A veces mi padrastro me lleva. Los pájaros Mariposa cuestan 25 cuc cada uno, así que dos parejas, me dan un celular de 80 cuc y me queda algo para una pitusa. Pero prefiero el Azulejo, una pareja cuesta 80 cuc;  imagina ese dinero en mis bolsillos, cuántos sueños puedo cumplir. Los Tomeguines del pinar salen  en 20 cuc la pareja. La Candelita en 15 cuc. Las palomas de monte puedes pedir entre 5 y 10 cuc”. Ante mis ojos el mundo vital de un niño del interior de Cuba;  me reservo su nombre por ética, intento ponerme en su lugar, entender las posibilidades adquisitivas de sus padres y con dolor aprecio que su lógica es adecuada; si se va  ocho horas a la escuela, no tiene muchas veces para la merienda, calza unos zapatos gastados,  un uniforme casi sin color, no puede comprar nada en la merienda y mucho menos soñar con un celular inteligente o una tablet,  que revolotean una y otra  vez en su cabeza, como el mejor de los sueños. Si usted fuera un niño con unos padres divorciados y un mundo tan caro a su alrededor, donde los juguetes son inalcanzables y el salario apenas dura una semana: ¿qué haría? ¿Lo mandaría a la escuela a  estudiar materias extrañas a su mundo inmediato? Pienso yo, que es hora de crear un cuerpo de misioneros, al estilo martiano, que vaya conversando por las ciudades, los campos, aclarando dudas, restaurando la fe, devolviendo la virtud a los hogares manchados por la prostitución, el alcoholismo, la violencia, el pillaje, la corrupción, la separación de las familias por la migración económica. Podrían ser maestros elegidos,  bien virtuosos, escogidos por la escuela laica y la iglesia católica, u otras que quieran sumarse, los responsables de llevar a cabo en nuestros días, una “campaña de ternura y ciencia”,  que traiga una religión nueva  al hogar, según mi  Martí, no con el desarrollo de “Cursos dilatados, claro es que no se podrían hacer;  pero sí, bien estudiadas  por los propagadores, podrían esparcirse  e impregnarse las ideas gérmenes. Podría abrirse el apetito del saber. Se daría el ímpetu (…) Y esta sería una invasión dulce, hecha de acuerdo con lo que tiene de bajo  e interesado el alma humana;  porque como el maestro les enseñaría  con modo suave  cosas prácticas y provechosas, se les iría por gusto propio  sin esfuerzo infiltrando una ciencia  que comienza por halagar y servir su interés; - que quien intente mejorar al hombre no ha de prescindir de sus malas pasiones, sino contarlas como factor importantísimo, y ver de no obrar contra ellas, sino con ellas”. 
Cuba esta necesitada hoy de una nueva campaña de alfabetización, pero en valores; tal vez estudiando la forma de aquella que se hizo a principios de la Revolución, organizada por un martiano como Armando Hart;  pero con la certeza  de que  los multiplicadores,  en vez de la cartilla, el lápiz y  la lámpara china; deberán hacerlo con una laptop, un celular, un kindle y una Biblia. La invasión dulce tendrá que valerse de las nuevas tecnologías, para llegar a los hogares y comenzar esa cura silenciosa de almas y devolver a Cuba el “gran espíritu” que tanta falta nos hace, en medio de tiempos de agitación y cambio, esa ola que puede traer la religión nueva, si somos capaces de crearle los causes necesarios.  ¿Acaso es malo el niño por cazar azulejos, mariposas, candelitas, tomeguines del pinar, palomas de monte? Con toda honestidad, la escuela cubana está muy lejos de los intereses vitales de niños como el de mi historia. El piensa incluso, que para su casa es mucho mejor pescar una ensarta de mojarras que cuesta  un cuc,  o una de truchas, un poco más cara, que estar metido en un aula, ajena completamente a sus necesidades básicas. Pienso en Martí maestro, ¿qué haría? y no me queda otra opción que reiterar uno de sus pensamientos más nobles: “quien intente mejorar al hombre no ha de prescindir de sus malas pasiones…”
Tomeguín del pinar.

Candelita.
 
Mariposa.


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