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sábado, 3 de marzo de 2018

UNA VICTROLA VICTOR TALKING MACHINE DE 114 AÑOS ACTIVA*


Imagen de la Victrola de 114 años de Leonel Fernández
Así conserva los discos originales que usa la Victrola, el señor Leonel.
Por Olbert Gutiérrez Fernández (Editor del blog El Cubo Oriental) 

´´The Victor Talking Machine Company´´ fue una empresa estadounidense existente, al menos con ese nombre, entre los años 1901 y 1930. Su objetivo: construir máquinas parlantes que se dedicaran a reproducir música en sus primeros formatos de grabación. Algo así como las tatarabuelas de las memorias digitales de reproducción de hoy día.

Según la tradición del nombre Víctor, usado para denominar la empresa, se derivan las palabras victrola y vitrola en el argot popular. De aquellos artefactos construidos hace más de una centuria deben ser pocos los que quedan funcionando aún y tal es el caso del ejemplar de nuestra foto, una victrola de cuerdas que su dueño Leonel (Leo) Fernández asegura data de 1904.

Fernández conserva también una colección de más de setenta discos originales de la época. En esta fonoteca se encuentran archivos de un valor histórico como ´´Rigoletto´´ de Verdi en la voz de la soprano María Barrientos, autografiados por ella misma o una llamada ´´Star spangled banner´´ interpretada por la banda ´´Pryor´´, fechado este último en 1903 o 1909, por citar dos ejemplos. Como dato complementario, el primero fue editado por la ´´Societa´ Italiana de Fonotopía´´, casa que se dedicara a grabar clásicos. Todos estos discos fueron manufacturados en fechas anteriores a 1920.

No recuerdo cómo llegue a conocer la historia en palabras del mismo Leo, apodo con el que se le conoce en Aserradero, municipio Guamá, al dueño. Después de tanto insistirle y explicarle para qué, pude lograr ver con mis propios ojos aquella maravilla todavía presente en una era donde el audio digital impera si de cuestiones musicales se trata.

Aquel lunes en medio de un sol caliente que derretía sienes, salí hacia mi casa pensando no tanto cómo ordenar un producto comunicativo, sino en las preguntas adecuadas para lograr una buena entrevista de excelente provecho a los lectores del Cubo oriental. 

¿Cómo entra la victrola a formar parte de la familia? 

Ésta victrola perteneció originalmente a mi bisabuelo que la compró a inicios del siglo XX. Se llamaba Antonio Fernández. Había venido de España como combatiente por el colonialismo y  luego se volvió mambí. Él vivía en San Luis. Quizás la compró en este poblado o en Santiago cuando contrajo nupcias con mi bisabuela, que, nacida aquí también, sus padres eran peninsulares. Estos tenían un trapiche entre San Luis y Palma Soriano, específicamente en El Corojal. Cuando era niño logré ver las pailas de hierro donde se cocinaba el guarapo. 

¿Qué tiempo la tuvieron? 

Hasta la década del 60 en la que ambos murieron. Yo tenía alrededor de unos 7 u 8 años. Pasó entonces a mi casa, a manos de mi madre, una de sus tantos nietos. Todavía vivíamos en San Luis con toda la familia. Nunca dejó de ser de mi madre o mejor dicho de toda la casa. Era yo quien siempre la cuidaba dándole mantenimiento, la engrasaba, limpiaba los discos y los ponía para que no se chivara. 

 ¿Le tienes mucha estima, pues  más que un objeto es una reliquia familiar? 

La quiero como a mi hija. A través de sus discos empecé a familiarizarme con compositores de música cubana e internacional. Ritmos como el son, la guaracha, el punto cubano que acaba de ser nombrado patrimonio inmaterial de la humanidad, trabajos de Puccini, Verdi, famosas por aquel entonces y ahora. En casa teníamos otros equipos: tocadiscos, radios, pero puedo asegurarte, ninguna de estas cosas han sobrevivido al deterioro impecable del tiempo. 

¿Cuál es el primer recuerdo que conservas  de ella? 

La primera imagen que guardo de ella se remonta a mi niñez. Mi madre la ponía y yo sentadito en el balance me preguntaba dónde estaban las gentes que cantaban y hasta me las imaginaba. Es un objeto que llama la atención por su talle y estructura. Además es curiosa por ser un equipo sin ninguna instalación eléctrica a la que estamos acostumbrados, sino que se activa dándole cuerda con su manigueta y se oye igual que una eléctrica preservando su toque mágico. 

Entonces, ¿sientes orgullo de que se conserve en buen estado, casi nueva pudiera decirse? 

Es lógico sentir orgullo en tener algo así porque a sus 114 años (o tal vez más) de fabricación, aún se mantiene en pleno funcionamiento. Los discos están grabados en 78 rpm que en la actualidad no existe. El material con el que están hechos es excelente. -Leo toma uno y me lo muestra -.  ¿Ves? 

¿Es agradable escuchar música en esta reliquia histórica? 

No podemos obviar la calidad de la música que se graba ahora con instrumentos tan sofisticados, pero no deja de ser agradable y único cuando nos reunimos, ya sea en familia o con las amistades a escuchar discos casi olvidados. Me siento alagado con esto de muchas formas. Nadie por los alrededores, al menos que yo conozca, posee una en uso. 

¿Piensas  legársela a tus descendientes? 

Bueno…, ya mi nieto que tiene cinco años,  le gusta oír la música de la victrola. Hasta a veces me pregunta que si esa es su herencia -Leo sonríe- , pero te digo la verdad,  desearía obtener de ella, ingresos que me ayuden a solucionar las dificultades económicas que atravesamos casi todos los cubanos. La pondría en venta aunque me quedasen sus recuerdos en fotos y videos. 

martes, 20 de febrero de 2018

Desde Guamá, oriente de Cuba, la odisea de un navegante digital

USB 3.0 de marca Kingston que utilizo para los trabajos en El Cubo Oriental.
Por Olbert Gutiérrez Fernández (Editor del blog El cubo oriental)  

En Guamá, oriente de Cuba, municipio montañoso de Santiago, las nuevas tecnologías no producen un impacto profundo en los públicos. Sólo algunos espacios tienen alguna que otra PC en buenas condiciones y conozco sitios en los que la única existente, es prestada. Para poder “colgar” o  “publicar” en Internet tengo la opción del Nauta en ETECSA, pero la odisea de digitalizar los borradores es titánica. ¿Qué hacer en un mundo así, para tener una vida digital activa? Leer más aquí, en un blog llamado  EL CUBO ORIENTAL

viernes, 19 de enero de 2018

Desde Guamá: un grito desesperado por la cultura*



http://elcubooriental.blogspot.com/

Por Olbert Fernández  (Blog El cubo oriental)

Mi papá es una de las tantas personas que vive en esta sociedad cubana de hoy. Es cuentapropista y mantiene una familia, lucha para que a su mujer e hija de nueve años no les falte nada. Es su meta desde la mañana hasta bien entrada la noche. No le preocupan otras cosas, no se afeita con sistematicidad, las ropas, como si anda en taparrabos. La jama tiene el número uno, ¿entiendes?, me dice llevándose los dedos callosos a la cien. Nació en el mismo año en que mataron al Che, dato que ha marcado mi vida de manera significativa. Me quiere a su manera. Es todo lo contrario a lo que pienso del mundo cultural. Mi papá dice que la cultura es una porquería, que trabajando en ese mundo no encontraré desarrollo económico para mis bolsillos. Que lo que debo hacer es dejar de comer tanta m… y buscarme un trabajo donde me gane unos cuantos pesitos extras y pueda comer bien. Desde su concepción, es verdad, hay que buscar los guanikikis y aunque sea comer un pan con huevo frito y un vaso de leche, no acostarse con la barriga vacía. Poetas, escritores, pintores y soñadores pasamos trabajo, es cierto,  pero me jode que nadie se de cuenta de qué me valdría la vida si fuese un personaje con una buena casa, carro, buena percha y nada en la cabeza como los hay por ahí. El puro mío llegó hasta doce grado. Tuvo de compañero al gordo que los domingos sale haciendo al personaje de Papo, en el humorístico A otro con ese cuento que transmite la Televisión cubana. A veces pienso cómo sería su existencia si hubiese triunfado en la actuación, si no se hubiese quedado en este monte, el que afirman muchos no tiene nada digno de mostrar. Siento que ha perdido la fe y eso me fastidia. Siempre me restriega en la cara que yo no le hago caso en las cosas que me dice, que él tiene la razón. Esto tiende a confundirme y no sé qué responder. A pesar de todo amo la cultura y amo sentirme con el duende que nadie ve, que nadie advierte pero que llevo en el corazón aunque no tenga ni un quilo en el bolsillo para venir a trabajar. A veces también siento que se me llena el alma con todas las cosas que le pasan a mi papá; pero no dejar sin respiración lo que llevo conmigo es una lucha diaria. Esos martillazos que me sacan astillas, me recuerdan día a día el eterno dilema entre economía versus espiritualidad, materia versus idealismo, no dejan de estar, de vivir esperando para atacarme sin compasión. En lo personal yo no nací con una herencia ni con sangre azul que corra por mis venas. Nací con lo que aprendí y con lo que elegí y elegí no decirle a nadie ni al mundo a través de este espacio que soy pobre, porque, mis riquezas son, tener el don de agradecerle cada día al despertar las gracias Dios por darme todavía respiración y los modestos conocimientos que en mi disco duro de materia gris guardo. Mi papá tal vez nunca lea esto, y si lo lee algún día quizás no entienda mis motivos por el cual, aunque me digan jodiendo que debo conseguirme aunque sea quince pesos para el bolsillo (argumento que no es menos cierto), yo seguiré apostando porque en Guamá, o donde quiera que esté, hasta que muera, alimentaré este amor que late por  “aquella cultura que no sirve” pero que me da los elementos pa´ construir mi pedacito de historia minuto a minuto.



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