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viernes, 19 de enero de 2018

Desde Guamá: un grito desesperado por la cultura*



http://elcubooriental.blogspot.com/

Por Olbert Fernández  (Blog El cubo oriental)

Mi papá es una de las tantas personas que vive en esta sociedad cubana de hoy. Es cuentapropista y mantiene una familia, lucha para que a su mujer e hija de nueve años no les falte nada. Es su meta desde la mañana hasta bien entrada la noche. No le preocupan otras cosas, no se afeita con sistematicidad, las ropas, como si anda en taparrabos. La jama tiene el número uno, ¿entiendes?, me dice llevándose los dedos callosos a la cien. Nació en el mismo año en que mataron al Che, dato que ha marcado mi vida de manera significativa. Me quiere a su manera. Es todo lo contrario a lo que pienso del mundo cultural. Mi papá dice que la cultura es una porquería, que trabajando en ese mundo no encontraré desarrollo económico para mis bolsillos. Que lo que debo hacer es dejar de comer tanta m… y buscarme un trabajo donde me gane unos cuantos pesitos extras y pueda comer bien. Desde su concepción, es verdad, hay que buscar los guanikikis y aunque sea comer un pan con huevo frito y un vaso de leche, no acostarse con la barriga vacía. Poetas, escritores, pintores y soñadores pasamos trabajo, es cierto,  pero me jode que nadie se de cuenta de qué me valdría la vida si fuese un personaje con una buena casa, carro, buena percha y nada en la cabeza como los hay por ahí. El puro mío llegó hasta doce grado. Tuvo de compañero al gordo que los domingos sale haciendo al personaje de Papo, en el humorístico A otro con ese cuento que transmite la Televisión cubana. A veces pienso cómo sería su existencia si hubiese triunfado en la actuación, si no se hubiese quedado en este monte, el que afirman muchos no tiene nada digno de mostrar. Siento que ha perdido la fe y eso me fastidia. Siempre me restriega en la cara que yo no le hago caso en las cosas que me dice, que él tiene la razón. Esto tiende a confundirme y no sé qué responder. A pesar de todo amo la cultura y amo sentirme con el duende que nadie ve, que nadie advierte pero que llevo en el corazón aunque no tenga ni un quilo en el bolsillo para venir a trabajar. A veces también siento que se me llena el alma con todas las cosas que le pasan a mi papá; pero no dejar sin respiración lo que llevo conmigo es una lucha diaria. Esos martillazos que me sacan astillas, me recuerdan día a día el eterno dilema entre economía versus espiritualidad, materia versus idealismo, no dejan de estar, de vivir esperando para atacarme sin compasión. En lo personal yo no nací con una herencia ni con sangre azul que corra por mis venas. Nací con lo que aprendí y con lo que elegí y elegí no decirle a nadie ni al mundo a través de este espacio que soy pobre, porque, mis riquezas son, tener el don de agradecerle cada día al despertar las gracias Dios por darme todavía respiración y los modestos conocimientos que en mi disco duro de materia gris guardo. Mi papá tal vez nunca lea esto, y si lo lee algún día quizás no entienda mis motivos por el cual, aunque me digan jodiendo que debo conseguirme aunque sea quince pesos para el bolsillo (argumento que no es menos cierto), yo seguiré apostando porque en Guamá, o donde quiera que esté, hasta que muera, alimentaré este amor que late por  “aquella cultura que no sirve” pero que me da los elementos pa´ construir mi pedacito de historia minuto a minuto.

domingo, 12 de octubre de 2014

Oda a la mandarria: respuesta de Miguel Fernández a mi post SER POETAS EN CUBA



Miguel Fernández Martínez.
Por Miguel Fernández Martínez (Periodista cubano)

La mejor opción para que los poetas de tu pueblo tengan dinerito en el bolsillo y saquen a pasear a la familia el fin de semana es que TRABAJEN, y se lo ganen con el sudor de su frente. En ningún lugar del mundo los poetas son mantenidos por ningún Estado. Plácido hacía peinetas para subsistir, por solo mencionar un ejemplo. ¿Por qué crearle plazas? Si están profesionalmente preparados, que trabajen, que escriban sus versos en el tiempo libre. Si no, que le empiecen a hacer una Oda a la mandarria, al pico, al azadón.

NOTA: En el siguiente enlace puede leerse el post que generó este mensaje: Ser poetas en Cuba

martes, 19 de agosto de 2014

Ser poetas en Cuba


Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu

Los escritores de mi pueblo, aquí en Cuba, quieren dinerito en el bolsillo para comer bien y sacar a la familia a pasear en el verano. Es triste verlos así, desaliñados, montados en unas chancletas de cuero, volando el diario vivir de la gente y reuniéndose en el café a provocar un mano a mano entre varias maneras de captar lo inmediato. Es una especie de periodismo poético, me atrevería a decir, desde mi condición de argonauta de la vida cotidiana. Son poetas de los extravíos y desajustes de una sociedad que no acaba de despegar hacia un aeropuerto seguro y ellos lo saben, por eso rastrillan una y otra vez  sus versos, apuntan sobre lo oscuro del momento y no temen a la saga de los traidores, tan normales en tiempos donde delatar al amigo o al hermano suele ser la comidilla. La vida deja su huella en ellos, no perdona la cosa lúdica en la que algunos entretienen la lira, en vez de proyectarse al destino y SER, mejor dicho SER POETAS, para nombrar lo inmediato y crearles plazas de periodistas, en esa casa imaginada donde un buen día tendrán comida, dinerito, vino  y podrán sacar a pasear a sus seres amados. 

jueves, 26 de septiembre de 2013

Los poetas se retractan, digo, se retratan

Yunier Riquenes, Carlos Esquivel, Luis Felipe Rojas, Eduard Encina.

Por Eduard Encina (Escritor)

De vez en cuando suelo volver a mi álbum de fotos. Y así, como quien no se lo propone, encuentro esta instantánea donde Yunier Riquenes, Carlos Esquivel, Luis Felipe Rojas y yo posamos orondos bajo una pequeña carpa durante una de las Ferias del Libro en Santiago de Cuba.

No sé cómo el azar o las palabras nos habían reunido allí, y quizás sin darnos cuenta nos profundizamos entre libros, tragos, y un diálogo que pocas veces pudimos tener así, de manera coral, pues corren días en que se hace difícil el reencuentro por cuestiones de geografías y coincidencias.

Lo cierto es que mi manía de volver a las fotos me hizo pensar en que más allá de la amistad y la angustia de dedicarnos a la literatura, existe entre nosotros un tono y una atmósfera común que se expresa en lo que escribimos, más bien podría decir «una actitud», que no viene de una procedencia o un linaje, sino de la temperatura de vivir en la orientalidad, bien adentro de la isla.

Es muy fácil percibir en Esquivel la inconformidad y el deseo de resemantizar la historia y la memoria, en Yunier Riquenes el ímpetu por “narrar” desde el poema la pérdida, el desarraigo, y por otro lado Luis Felipe Rojas con el negro al hombro, repartiendo codazos por todo el país, mostrando las crenchas en moneda nacional. Y por supuesto yo, montado en la palabra BAIRE, como si fuera un machete de dos filos, de dos gritos.

Vuelvo a las fotos que es como volver a los amigos. Una foto no es sólo un recuerdo, sino una permanencia. Mañana, quizás, vuelva abrir el álbum y aparezcan cocheros, boxeadores, listeros o el rostro de  mi madre mirándome con hondura desde la eternidad.
Hoy,  quisiera compartir esta imagen y estos versos que son la otra mitad de nosotros, que no se ve, pero les juro que está ahí, alerta,  como un perro de pelea.


formación de valores

La maestra pinchaba a mi hijo
con un compás
él no la entendía pero aguantó
sin decirme nada.
Así es la patria, le dijo
una resistencia
que sólo comprenderás
cuando seas grande.
Mi hijo creció con ese silencio
con ese deseo de romper compases
y matar maestros.

(Eduard Encina, de Lupus)

Santiago vs. industriales:
finalísima. play off


yo no tengo sangre turbamulta que me aplasta y sigo la escritura es un don fortuito una manzana puente sobre mano temblorosa la vida se convierte en el acto de cerrar los ojos o de gritar más fuerte que abandonen el terreno el miedo te ronda en el camino de santiago o las veredas oscuras para llegar al cerro y pedir vayan a otro lado el egoísmo es levar el puente brazos fusiles palas picos defensa nacional
levar los brazos tirar
sin miedo a la cabeza
al corazón sin miedo

paisanos
matanza colectiva

(Luis Felipe Rojas, de Animal de alcantarilla)

Hijo de Mariana

NO ME MANDES  MADRE A LA GUERRA QUE NO QUIERO
partir el espíritu yo quiero el conocimiento, la ruta
a los cíclopes, no me mandes a morir
contra Unamuno.
Que no escape la piel, si elige un bosque adentro,
Una cadena al dominio superior.
La patria es adolescencia, la Alejandría
de La Habana, el ejército de obreros
con los años monacales que quieren perfume
de Aliatar, novelas rusas.
No me mandes a la manigua, madre,
que, a veces, morir por la patria
es morir.

(Carlos Esquivel, de Bala de Cañón)

CUCHILLOS
Mi hermano tenía seis años y yo tres cuando supimos del peligro del cuchillo. Habíamos perdido al padre, rechazábamos las ofertas de un padrastro postizo. Mi hermano y yo conocimos el filo de los cuchillos una tarde desandando por las guardarrayas. Al picar una naranja y ver correr la sangre yo no pude mirar, pero mi hermano jugaba con ella en los hollejos, pintaba los troncos de las matas. A partir de entonces las peleas por decidir quién era el hombre de la casa terminaban sacando el cuchillo. Mi hermano decía te pico, y yo le decía te pico. Afincábamos el filo en la piel, en cualquier parte de los cuerpos. Yo soy el más grande, me decía; y yo el más pequeño. Cada uno quería mostrar el valor, la fuerza de carácter. Mi hermano pinchaba con la punta, yo cedía. Podía afincar con presión o voltear el filo, pero él era mi hermano. Él supo agradecer cuando grande por no equivocarme, aprendimos a jugar con los cuchillos desde niños, a perderle el miedo a los filos.

(Yunier Riquenes, de Claustrofobias)

Fuente: Cimarronzuelo oriental


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