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sábado, 6 de noviembre de 2010

La cara oculta de "Aquí estamos"

Por Arnoldo Fernández Verdecia . arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Terminó la novela cubana “Aquí estamos” y me atrevo a arriesgar algunos criterios, para compartirlos con todas las personas interesadas en dialogar sobre sus ganancias y desaciertos.

Entre sus méritos fundamentales sobresale el hecho de presentar un cuadro sociológico de la Cuba actual con todos sus matices, sin los paños tibios habituales en otros dramatizados de la Televisión Nacional. Problemáticas como la homofobia, la adicción a las drogas, la prostitución, la violencia, la migración, la delincuencia, familias disfuncionales, las enfermedades, conflicto de elecciones, en fin, un intento de abarcar todo el tejido social que marca y a veces anula al sujeto.

Otra de sus ganancias es la música, con una adecuada selección y utilización en cada uno de los capítulos. Sobre todo, elogiar los temas escritos e interpretados por Arnaldo Rodríguez. Algunos de sus composiciones se han convertido en himnos para los habitantes de esta isla, repleta de problemas, pero todavía con un río de sueños a sus espaldas.

En cuanto a la fotografía, tuvo algunos destellos en su tratamiento, aunque pudiera haber sido mejor en el manejo de las luces, los planos, tal vez requería una mayor rigurosidad estética a la hora de presentarnos los diferentes conflictos de la novela, no desde lo muy formal, sino con atisbos de experimentación, como lo ha hecho el realizador Rudy Mora o el propio Cheito en “La cara oculta de la luna”.

En cuanto al guión, producto de la vivencia real de uno de sus creadores, Hugo Reyes, tiene una trama muy bien centrada en la sociedad cubana de hoy, y un conjunto de subtramas, que enfrentan de forma valiente los problemas más acuciantes en este III Milenio. No obstante, la mayoría de esas historias no son resueltas felizmente como el caso de la joven prostituta, creo que insuficientemente investigado, desde el punto de vista social, para presentarlo con mayores matices y más creíble para los teleespectadores. Su evolución cae en el melodrama y la sensiblería, y al final, cambia gracias a que un adicto a las drogas la enseñó a leer, a tener una visión positiva de la vida, más centrada en el hecho de lograr las cosas a partir del esfuerzo personal y las capacidades del individuo.

Otro de los personajes con una solución dramática pobre es el de Paula, en los inicios muy bien caracterizado como el prototipo de la persona arribista, sin escrúpulos para lograr privilegios, dinero, sin embargo, en el desenlace, cae también en la sensiblería y queda abandonado como en una suerte de inercia de la que no logrará apartarse.

Un desacierto total, al menos yo lo veo así, es la historia de la actriz de teatro retirada y sus permanentes diálogos con los muertos, proceso que genera una especie de ruptura con el argumento central de Aquí estamos y que de manera forzosa resuelve el escritor convirtiéndola en el personaje que escribe la pieza de teatro. Su nieta Estrella no tiene desenlace y todo parece indicar que permanecerá gravitando con los mismos fantasmas de esa enorme casa donde vivió su niñez y juventud.

La bisexual rompe su historia con la mujer de sus sueños para vivir con Adonis, lo interesante en esta subtrama, es que éste último, procedente de un medio marginal y machista por excelencia, enfrenta los prejuicios y decide su futuro al lado de una mujer que no es normal desde el ojo sexista de la sexualidad. Creo que lo más acertado, para el personaje de la bisexual, hubiera sido que llevara vidas paralelas y su historia ganaría en matices y credibilidad dramática.

Una solución dramática que me sorprendió completamente fue la de Pedro, un guajiro del interior, empeñado en hacer y defender un arte serio, apartado de los dilemas del mercado, muy cuestionada su caracterización en los inicios de la novela, pero que tiene un desenlace sorprendente, pues realiza una evaluación de lo que ha sido su vida, y lo que será, de seguir intentando las cosas por esos caminos, por eso resuelve irse del país tras la mujer que ama. Ya en una nación europea, logra crear un grupo de teatro con verdaderos profesionales, pero no se libera de la nostalgia de Cuba, de aquel proyecto de aficionados abandonados a la suerte de un amigo, Denis, amante del dinero, los privilegios, la bohemia, y que al final resuelve regresar al teatro y continuar los empeños utópicos de Pedro.

Otras valoraciones pudieran hacerse de la novela, sin embargo, para mí, al menos lo creo así, es válido el intento de hacer un producto cercano a la realidad que nos marca y define, sin falsos sentimentalismos, ni didactismos programados para otros espacios. Felicidades a su colectivo de realización por tan noble empeño, a pesar de la cara oculta de "Aquí estamos".

martes, 28 de septiembre de 2010

“TV cubana: Aquí... SÍ estamos”: una polarización necesaria

(La experimentada Alina Rodríguez y la joven Camila Arteche como Cecilia. Madre e hija en un conflicto que pone a la muchacha entre la conveniencia del dinero y el descubrimiento del amor)

Por Arnoldo Fernández Verdecia.

He leído un excelente artículo del colega Reinaldo Cedeño en su blog La Isla y la Espina con el título, más que sugerente, “TV cubana: Aquí... SÍ estamos”, en respuesta a un texto publicado en el periódico Granma, que sataniza la novela que se trasmite actualmente por el canal Cubavisión. Cedeño Pineda es contundente en su réplica, primero describe momentos de su vida cotidiana para mostrar la cara sucia de la sociedad, para luego adentrarse en las escenas de la novela y presentar sus logros temáticos, los aciertos de las actuaciones, los lunares que tiene como obra artística.

Con el desenfado que es habitual, en este polemista infatigable, aprovecha para dejar caer sutilmente valoraciones sobre otros espacios de la televisión cubana que no funcionan, sin embargo, merecen elogios de la crítica y son ampliamente promocionados.

Cedeño Pineda señala: “Aquí estamos, la novela, va dejando algunos personajes que en su humanidad, nos tocan, como Adonis (Armando Gómez) y Shidarta (Denis Ramos). La superficial Paula (Claudia Álvarez), también, aunque de diferente manera. Están bien actuados. Aquello de que estamos viendo en pantalla “una sociedad grosera porque sí, de paso mal actuada, sin matices”; resulta un frase generalizadora y reduccionista”.

Coincido plenamente con el criterio citado, pues muchas “personas”, yo diría que una amplia representación, tienen la costumbre de construir falsos didactismos para programar la vida de los demás seres humanos y hasta decretan lo artísticamente correcto y lo que no es así.

Es natural que reaccionen de esa forma, pues se le vienen abajo sus máscaras y lejos de favorecer las posibles enseñanzas de una sociedad altruista, la novela muestra una visión agresiva de la misma, al montar el ómnibus, al ir al mercado, en cualquier lugar te la encuentras y casi te ahoga si no tienes los instrumentos para sobrevivirla y tomar distancia.

El artículo Aquí no estamos de Leticia Martínez Hernández, del periódico Granma fechado el 21 de septiembre de 2010, sencillamente lo que hace es reproducir un criterio de algunos sectores épicos de la sociedad, agotados en presentar una realidad idílica y se arraciman temerosos ante obras artísticas como la que tenemos el gusto de apreciar en Cubavisión. Muy temerosos la cuestionan, la maldicen e incluso algunos plantean que se está validando lo malo de la realidad cubana.

Ante visiones edulcoradas como las señaladas, Cedeño Pineda señala: “En el 7. Congreso de la UNEAC (2008), más de una intervención insistió en la necesidad del abordaje en los medios y el arte cubanos de la marginalidad, la discriminación racial y la diversidad sexual, temas necesitados de visibilidad y debate, como parte de una mirada integral a nuestra sociedad”.

El autor del blog La Isla y la Espina cita palabras del compositor y músico Roberto Valera para evidenciar que los artistas e intelectuales cubanos tienen claridad sobre estos problemas y la necesidad de reflejarlos en una obra artística a través de los medios: "(…) nos duele que después de tanto trabajo en la educación de nuestro pueblo, aún haya jóvenes así, huecos, vacíos, absolutamente idiotas. ¿Por qué junto a tanto joven valioso, producimos aún tanta escoria? (…) No podemos alardear de ser una potencia educativa porque educación no es sólo instrucción. No se trata de falta de educación formal, pues no hablamos de formalidades, sino de esencias: se trata sencillamente de mala educación. (..) ¿Qué podemos hacer específicamente escritores y artistas para ayudar a cambiar esa situación? Pienso que si tenemos los medios de difusión masiva en nuestro poder (…) debemos aprovechar todas las técnicas modernas (…) para usarlas inteligentemente (…)"

Honestamente creo que Leticia Martínez equivocó su análisis al anclar sus criterios en el señalamiento de la visibilidad que toma la cara sucia de la sociedad cubana en pantalla. Llamar a la novela Aquí estamos “vulgaridad crónica, extendida y hasta televisada con tres dosis a la semana y sin "agua para destrabarla" es un didactismo trasnochado que el colega Reinaldo Cedeño Pineda cuestiona con una lucidez impresionante.

Todas las razones apuntadas hasta aquí, me obligan a remitirlos al artículo TV cubana: Aquí... SÍ estamos”; sus opiniones ayudarán a polarizar este debate y tal vez permitan a muchos sectores de la sociedad mirarse por dentro sin complejos de culpa.


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