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| Josué Claro, director de Reflejos teatro y Arnaldo Sariol, uno de sus fundadores. (Fot. Lázaro Quero) |
Por Arnoldo Fernández Verdecia. afdez@enet.cu
Este miércoles, en la noche,
la ciudad de Contramaestre vivió un momento especial en el cine Bélic, cuando
se produjo la presentación del corto metraje “Refugio”, producido totalmente con recursos propios por
Reflejos Teatro desde este territorio del oriente cubano, ubicado a 890
kilómetros de La Habana.
El guión estuvo cargo de Arnaldo Sariol. En el mismo se perciben influencias muy marcadas del dramaturgo Virgilio Piñera, sobre todo el tratamiento de situaciones límites que llevan al sujeto a construir variantes de escapismo desde las cuales dialoga con los micromundos donde está contextualizada sus historia de vida.
El dilema presionados, presionadores, vivir o anularse, resistir o convertirse en zombi, en fin, dualidades que de una manera u otra están ahí, permiten a Sariol condimentarlas con lo social y criticar lúcidamente el mundo cercano que duele hondo a los hombres y mujeres de a pie.
Las actuaciones fueron dignas, y en honor a la verdad, nos hacen creer en momentos futuros de mucho éxito para el reparto que subió a escena, donde sobresalió también Arnaldo Sariol en el rol protagónico. Algunos invitados al elenco, como Guille Martínez y René Emonides, lo hicieron bien.
Desde el punto de vista técnico, reconocer la fotografía, la banda sonora, la edición y la dirección, todas realizadas con limitados recursos, pero fueron empleados tan eficientemente, que se pudo filmar en diferentes locaciones, y para un ojo poco entrenado, los lunares pasan desapercibidos.
“Refugio” ya forma parte de la historia del cine en Contramaestre, tendrá que hablarse de un antes y después del mismo, porque a decir verdad, su factura es digna y vale la pena reconocer con creces la validez de su propuesta, hecha artesanalmente desde condiciones de “absoluta pobreza”. Tal vez uno de los escenarios donde pudiera exhibirse “Refugio”, en el futuro, es el Festival Internacional de Cine Pobre de Gíbara; de aquí a allá, Reflejos teatro tiene tiempo para limar detalles y lograr un producto audiovisual más logrado en su factura estética.
El guión estuvo cargo de Arnaldo Sariol. En el mismo se perciben influencias muy marcadas del dramaturgo Virgilio Piñera, sobre todo el tratamiento de situaciones límites que llevan al sujeto a construir variantes de escapismo desde las cuales dialoga con los micromundos donde está contextualizada sus historia de vida.
El dilema presionados, presionadores, vivir o anularse, resistir o convertirse en zombi, en fin, dualidades que de una manera u otra están ahí, permiten a Sariol condimentarlas con lo social y criticar lúcidamente el mundo cercano que duele hondo a los hombres y mujeres de a pie.
Las actuaciones fueron dignas, y en honor a la verdad, nos hacen creer en momentos futuros de mucho éxito para el reparto que subió a escena, donde sobresalió también Arnaldo Sariol en el rol protagónico. Algunos invitados al elenco, como Guille Martínez y René Emonides, lo hicieron bien.
Desde el punto de vista técnico, reconocer la fotografía, la banda sonora, la edición y la dirección, todas realizadas con limitados recursos, pero fueron empleados tan eficientemente, que se pudo filmar en diferentes locaciones, y para un ojo poco entrenado, los lunares pasan desapercibidos.
“Refugio” ya forma parte de la historia del cine en Contramaestre, tendrá que hablarse de un antes y después del mismo, porque a decir verdad, su factura es digna y vale la pena reconocer con creces la validez de su propuesta, hecha artesanalmente desde condiciones de “absoluta pobreza”. Tal vez uno de los escenarios donde pudiera exhibirse “Refugio”, en el futuro, es el Festival Internacional de Cine Pobre de Gíbara; de aquí a allá, Reflejos teatro tiene tiempo para limar detalles y lograr un producto audiovisual más logrado en su factura estética.
