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miércoles, 30 de agosto de 2023

GUSANO (Contramaestre, 29 de agosto de 2023)


Por Arnoldo Fernández Verdecia.

Cuando el gusano se convierte en mariposa y echa a volar, la naturaleza regala al hombre el espectáculo de lo bello; algunos pasan de largo y no se detienen a verlo, otros prefieren apreciarlo en toda su grandeza. 
Esa mariposa vuela sobre las flores, escoge la de su agrado, nadie se atreve a negarle ese derecho, porque nadie como ella para apasionarse ante lo hermoso y hacerlo suyo. 
Hay hombres que sienten placer cazando mariposas, otros prefieren verlas libres, danzando en los jardines. 
Los que van en contra de lo bello, se quedan en el gusano, en la caza indiscriminada; nunca tendrán capacidad para entender que de un madero podrido, un día saldrán miles de mariposas a volar. 
Llamar gusano a una persona por creer en el vuelo de la mariposa, siempre tendrá de su lado a una banda de fanáticos, de esos que no les temblará la razón para cortarle las alas y negarle el derecho a ser libre.  
Teresa de Ávila me anima a decirle a los que llaman gusano a otros hombres: 
"Gusanos de seda somos, gusanillos que hilamos la seda de nuestras vidas y en el capullito de la seda nos encerramos para que el gusano muera y del capullo salga volando la mariposa."
Gusanos somos todos, lo que muy pocos llegamos a ser mariposas.

jueves, 15 de febrero de 2018

“Mi mundo es una jaula”


Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

“Me gusta cazar azulejos. La escuela es una carga muy pesada”. Tiene diez años, cursa el quinto grado. Me habla con dolor de niño que vive en la periferia de una ciudad adormecida por los alcoholes del tiempo.  La madre  vive con un hombre que no es su viejo. El padrastro se va en las mañanas, bien lejos de casa;  lleva unas jaulas con  avecillas exóticas dentro. Casi al anochecer; regresa; pero las jaulas vienen cargadas de  prisioneros. Sabe identificar hembras y machos. Un extraño hombre viene en un auto amarillo a recogerlos, luego que el padrastro desde el celular avisa. Tienen un código. Ya los ha visto y sabe cómo funciona. Los  cuc pasan de unas manos a otras, ve montones y sus ojos brillan como soles.  “A veces mi padrastro me lleva. Los pájaros Mariposa cuestan 25 cuc cada uno, así que dos parejas, me dan un celular de 80 cuc y me queda algo para una pitusa. Pero prefiero el Azulejo, una pareja cuesta 80 cuc;  imagina ese dinero en mis bolsillos, cuántos sueños puedo cumplir. Los Tomeguines del pinar salen  en 20 cuc la pareja. La Candelita en 15 cuc. Las palomas de monte puedes pedir entre 5 y 10 cuc”. Ante mis ojos el mundo vital de un niño del interior de Cuba;  me reservo su nombre por ética, intento ponerme en su lugar, entender las posibilidades adquisitivas de sus padres y con dolor aprecio que su lógica es adecuada; si se va  ocho horas a la escuela, no tiene muchas veces para la merienda, calza unos zapatos gastados,  un uniforme casi sin color, no puede comprar nada en la merienda y mucho menos soñar con un celular inteligente o una tablet,  que revolotean una y otra  vez en su cabeza, como el mejor de los sueños. Si usted fuera un niño con unos padres divorciados y un mundo tan caro a su alrededor, donde los juguetes son inalcanzables y el salario apenas dura una semana: ¿qué haría? ¿Lo mandaría a la escuela a  estudiar materias extrañas a su mundo inmediato? Pienso yo, que es hora de crear un cuerpo de misioneros, al estilo martiano, que vaya conversando por las ciudades, los campos, aclarando dudas, restaurando la fe, devolviendo la virtud a los hogares manchados por la prostitución, el alcoholismo, la violencia, el pillaje, la corrupción, la separación de las familias por la migración económica. Podrían ser maestros elegidos,  bien virtuosos, escogidos por la escuela laica y la iglesia católica, u otras que quieran sumarse, los responsables de llevar a cabo en nuestros días, una “campaña de ternura y ciencia”,  que traiga una religión nueva  al hogar, según mi  Martí, no con el desarrollo de “Cursos dilatados, claro es que no se podrían hacer;  pero sí, bien estudiadas  por los propagadores, podrían esparcirse  e impregnarse las ideas gérmenes. Podría abrirse el apetito del saber. Se daría el ímpetu (…) Y esta sería una invasión dulce, hecha de acuerdo con lo que tiene de bajo  e interesado el alma humana;  porque como el maestro les enseñaría  con modo suave  cosas prácticas y provechosas, se les iría por gusto propio  sin esfuerzo infiltrando una ciencia  que comienza por halagar y servir su interés; - que quien intente mejorar al hombre no ha de prescindir de sus malas pasiones, sino contarlas como factor importantísimo, y ver de no obrar contra ellas, sino con ellas”. 
Cuba esta necesitada hoy de una nueva campaña de alfabetización, pero en valores; tal vez estudiando la forma de aquella que se hizo a principios de la Revolución, organizada por un martiano como Armando Hart;  pero con la certeza  de que  los multiplicadores,  en vez de la cartilla, el lápiz y  la lámpara china; deberán hacerlo con una laptop, un celular, un kindle y una Biblia. La invasión dulce tendrá que valerse de las nuevas tecnologías, para llegar a los hogares y comenzar esa cura silenciosa de almas y devolver a Cuba el “gran espíritu” que tanta falta nos hace, en medio de tiempos de agitación y cambio, esa ola que puede traer la religión nueva, si somos capaces de crearle los causes necesarios.  ¿Acaso es malo el niño por cazar azulejos, mariposas, candelitas, tomeguines del pinar, palomas de monte? Con toda honestidad, la escuela cubana está muy lejos de los intereses vitales de niños como el de mi historia. El piensa incluso, que para su casa es mucho mejor pescar una ensarta de mojarras que cuesta  un cuc,  o una de truchas, un poco más cara, que estar metido en un aula, ajena completamente a sus necesidades básicas. Pienso en Martí maestro, ¿qué haría? y no me queda otra opción que reiterar uno de sus pensamientos más nobles: “quien intente mejorar al hombre no ha de prescindir de sus malas pasiones…”
Tomeguín del pinar.

Candelita.
 
Mariposa.

domingo, 27 de marzo de 2016

Versos escritos bajo un plátano sonante


Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Ha visto chocolate sobre asfalto, chas, y sólo quedan unos ojillos en la memoria de la tarde, una niña llamando al arco iris, una noche sin sombras, un trillo de mariposas  en un estanque de cera, quizás unos versos del Moro  escritos bajo un plátano sonante. Ha visto chocolate sobre asfalto y solo quedan unas siglas  más allá del pozo y un cachorro que no volverá a la casa, porque las ruedas de una  camioneta robaron su vida.


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