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sábado, 15 de diciembre de 2012

El nuevo deporte nacional de los cubanos

Luchar significa andar con una jaba o bolso, como también se dice por acá, a mano,  para conseguir lo indispensable para la semana en términos culinarios.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Un pariente llegó hasta mí en su motocicleta. Luego del apretón de manos, tan normal en los nativos, preguntó: ¿Qué haces? Respondí: “Luchando”. En un giro inesperado reflexionó: “hemos aprendido todos los deportes, somos muy buenos; pero el que más resultado está logrando es la lucha. Inventar el día a día requiere de ese deporte como nunca antes en la historia de la nación”. Muy sorprendido por su ingenio, aprecié sus razones.

Volvió a la carga y precisó: “son muchos los premios que el cubano ha ganado en esa lucha donde la resistencia ha primado”. Nueva sorpresa. Intenté algunos argumentos.

Luchar significa andar con una jaba o bolso, como también se dice por acá, a mano,  para conseguir lo indispensable para la semana en términos culinarios. Significa ahorrar lo poco y conseguir estirarlo todo el mes.

Luchar es un eufemismo, nada tiene que ver con ese deporte, pero el cubano lo asume como una especie de amateurismo, en el que le va lo diario y emergente, lo desconocido y conocido, la felicidad y la pesadilla.

Luchar es sobrevivir las contingencias económicas y no ahogarse; o sencillamente, no esperar el paso del tiempo sentado en una butaca.

Luchar es no dejarse vencer ante los imposibles que coloca la vida; implica ser un buen pez, tanto en lo dulce, como en lo salado. Nunca salmón. Siempre calibrando el aire e inclinando las decisiones según las fuerzas.

Mi pariente se despidió. Su hijo, en un arranque afortunado, dijo: “Lucha tu yuca primo. El que no lucha, muere”. La risa acudió. Jorge Mañach, desde una luneta universitaria, aplaudía aquella conversación, de la que había sido testigo, a través de sus espejuelos inteligentes para captar lo cubano.

martes, 30 de marzo de 2010

Si es de Cuba, es nacional

La protagonista femenina expresó: “…La Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)…”. El protagonista masculino la aleccionó: “Si es de Cuba, es nacional. Hay que combatir las redundancias”.
Por Orlando Concepción. (Escritor-historiador.)

Se ha extendido como mala hierba. Todo lo que surge en la capital de Cuba se convierte por obra de magia en nacional. Nacional es un adjetivo: “Que pertenece a la nación”. Lo NACIONAL puede brotar en cualquier rincón del país, pero….

El profesor Ricardo Repilado le salió al paso -hace ya varios años- al virus localista (con mucho de evidencia de “oportunismo geográfico”). Puso algunos puntos sobre las íes. Creo llegado el momento de colocar nuevas íes debajo de los puntos.

El guionista de la telenovela “El Balcón de los Helechos”, quiso ponerle fin a la ignorancia o al afán exhibicionista. La protagonista femenina expresó: “…La Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)…”. El protagonista masculino la aleccionó: “Si es de Cuba, es nacional. Hay que combatir las redundancias”. Oídos sordos. Periodistas de todo el país insisten en el vicio. 

La solución para combatir la ignorancia es fácil. Sólo se tiene que acudir al Registro de Instituciones. Esa es la oficina del Carné de Identidad de organizaciones, instituciones, etc. No caben inventos ni aportes a las buenas intenciones que empiedran el camino del infierno. Si cualquier persona desea darle a la UNEAC una función que no tiene, antes debe solicitar la confirmación de cuál es el nombre real de la organización.

En Cuba existe una erupción de siglas. A veces, el lector debe volver a los inicios de lo que aspira a ser noticia (un viaje a la semilla sin el talento de Carpentier) para descubrir que tales siglas no han sido citadas antes. A esa anarquía lexical quizás se le dé el nombre de periodismo moderno. No es ni una cosa ni la otra. Puro cantinflismo. El virus es contagioso.

En fecha reciente la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) fue transformada por la prensa habanera en UNPEC, al injertarle el adjetivo NACIONAL. Ante la celebración del Día del Jurista, tanto a directivos como a periodistas se les ocurrió la idea de “nacionalizarle” el nombre. De la habitual Unión de Juristas de Cuba (algo así como UNJUC para que no se pueda confundir con la UJC –Unión de Jóvenes Comunistas-), brotó sin Ave Fénix la Unión Nacional de Juristas de Cuba, que sería la UNAJUC. El día menos pensado le endilgan el adjetivo respetable a los ministerios. De esa manera el MINCUL pasaría a ser el Ministerio Nacional de Cultura (MINACUL).

¿Cómo poner freno a la avalancha y desenredar el enredo?. Atáquense las causas y desaparecerán los efectos. Empecemos por las causas. Mediante textos legales, eliminar la palabra NACIONAL en organizaciones e instituciones que terminen con “DE CUBA” -sin excepciones que tanto lastran a las reglas-. Que la legislación exija que para dar calificativo de NACIONAL, tienen que existir integrantes de todas las provincias del país. Sólo sería facultad del gobierno, en casos excepcionales, permitir la denominación de NACIONAL, y en ningún caso se le podría (mal) agregar las palabras DE CUBA. Ni Coro NACIONAL, ni Ballet NACIONAL, ni Teatro NACIONAL, ni Circo NACIONAL, ni Jardín NACIONAL, ni Museo NACIONAL, etc, etc, etc.

Tengo la impresión de que si el TERRORISMO INTELECTUAL acuñado por la Operación Cóndor, esgrime su pezuña en Cuba (cosa impensable) y se lanza contra este escritor y terrorista malo, el profesor Repilado nos hará un guiño picaresco y con los dedos índice y pulgar en alto, nos legará el símbolo de la victoria, en esta enyerbada guerra en defensa del idioma.

Que una institución radicada en cualquier punto geográfico del país se atribuya el título de NACIONAL, y peor aún, el DE CUBA, constituye una pedantería ética, además de asumir una falsa identidad, lo que pudiera clasificar como delito penal. Si a lo NACIONAL se agrega lo DE CUBA, evidencia un grado de ignorancia que no caracteriza a un pueblo que aspira ser uno de los más cultos del mundo. Queda consignado como una cuestión de principios, con el permiso de Eduardo Heras León.


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