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martes, 8 de julio de 2014

¿Por qué no se puede salvar en Cuba mi deteriorado pueblo?

Es triste apreciar la destrucción de los principales símbolos arquitectónicos de la ciudad –el HOTEL PÉREZ lo es-.
Por Ernesto Andrés de la Fe
 
Esta es la fachada de un antiguo complejo, antes llamado Hotel Pérez. En la actualidad comprende un hotel, un restaurant y un comercio, en el centro de Contramaestre, -mi pueblo-, aquí en Cuba. Sus usos cambiaron en diferentes momentos hasta convertir la tienda en local principal de un transmisor de televisión y el huracán Sandy se encargó del resto. Sólo funciona el restaurante, lo demás está en desuso. No hay  presupuesto para recuperarlos y darle el antiguo esplendor que un día tuvieron. 

 
El hotel, luego de años sin una reparación capital, sufrió los embates del ciclón y las autoridades dedicaron esfuerzos y recursos a la recuperación de otros renglones de la economía. Su planta alta está destechada; en la  baja se ubica un “restaurant” que no tiene imagen y servicios adecuados para recibir tal calificativo. Es triste apreciar la destrucción de los principales símbolos arquitectónicos de la ciudad –el HOTEL PÉREZ lo es-,  y que las autoridades no tengan recursos para variar su situación y conferirles el carácter de obras emblemáticas de nuestro pasado republicano.  

 
Los nuevos mecanismos de gestión económica, -las cooperativas no agropecuarias-, han demostrado la capacidad que tienen para hacerse cargo de establecimientos que no pueden sostenerse, ni recuperarse. Creo que lo más saludable sería arrendarlos en función de ofertar los mismos servicios de antes, e incluso convertirlos en espacios emblemáticos de algún proyecto cultural comunitario, liderado por la Asociación Hermanos Saíz, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba o la Sociedad Cultural José Martí. 

 
Ahora tienen la palabra los gobernantes locales,  pues mientras la situación económica no cambie, se seguirán recortando los presupuestos  y florecerán cada vez más establecimientos similares al destruido Hotel Pérez, Colonial o como prefieran llamarlo los nativos. Sugiero entonces, a los dirigentes de mi pueblo, que creen facilidades para escuchar propuestas. De ese diálogo fecundo, saldrá mejor entendida la ciudad y sus usos. Tal vez en breve tiempo, tendremos de regreso un hotel más confortable, un comercio floreciente y un restaurante que sea orgullo de nuestra culinaria local.

martes, 30 de marzo de 2010

Si es de Cuba, es nacional

La protagonista femenina expresó: “…La Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)…”. El protagonista masculino la aleccionó: “Si es de Cuba, es nacional. Hay que combatir las redundancias”.
Por Orlando Concepción. (Escritor-historiador.)

Se ha extendido como mala hierba. Todo lo que surge en la capital de Cuba se convierte por obra de magia en nacional. Nacional es un adjetivo: “Que pertenece a la nación”. Lo NACIONAL puede brotar en cualquier rincón del país, pero….

El profesor Ricardo Repilado le salió al paso -hace ya varios años- al virus localista (con mucho de evidencia de “oportunismo geográfico”). Puso algunos puntos sobre las íes. Creo llegado el momento de colocar nuevas íes debajo de los puntos.

El guionista de la telenovela “El Balcón de los Helechos”, quiso ponerle fin a la ignorancia o al afán exhibicionista. La protagonista femenina expresó: “…La Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)…”. El protagonista masculino la aleccionó: “Si es de Cuba, es nacional. Hay que combatir las redundancias”. Oídos sordos. Periodistas de todo el país insisten en el vicio. 

La solución para combatir la ignorancia es fácil. Sólo se tiene que acudir al Registro de Instituciones. Esa es la oficina del Carné de Identidad de organizaciones, instituciones, etc. No caben inventos ni aportes a las buenas intenciones que empiedran el camino del infierno. Si cualquier persona desea darle a la UNEAC una función que no tiene, antes debe solicitar la confirmación de cuál es el nombre real de la organización.

En Cuba existe una erupción de siglas. A veces, el lector debe volver a los inicios de lo que aspira a ser noticia (un viaje a la semilla sin el talento de Carpentier) para descubrir que tales siglas no han sido citadas antes. A esa anarquía lexical quizás se le dé el nombre de periodismo moderno. No es ni una cosa ni la otra. Puro cantinflismo. El virus es contagioso.

En fecha reciente la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) fue transformada por la prensa habanera en UNPEC, al injertarle el adjetivo NACIONAL. Ante la celebración del Día del Jurista, tanto a directivos como a periodistas se les ocurrió la idea de “nacionalizarle” el nombre. De la habitual Unión de Juristas de Cuba (algo así como UNJUC para que no se pueda confundir con la UJC –Unión de Jóvenes Comunistas-), brotó sin Ave Fénix la Unión Nacional de Juristas de Cuba, que sería la UNAJUC. El día menos pensado le endilgan el adjetivo respetable a los ministerios. De esa manera el MINCUL pasaría a ser el Ministerio Nacional de Cultura (MINACUL).

¿Cómo poner freno a la avalancha y desenredar el enredo?. Atáquense las causas y desaparecerán los efectos. Empecemos por las causas. Mediante textos legales, eliminar la palabra NACIONAL en organizaciones e instituciones que terminen con “DE CUBA” -sin excepciones que tanto lastran a las reglas-. Que la legislación exija que para dar calificativo de NACIONAL, tienen que existir integrantes de todas las provincias del país. Sólo sería facultad del gobierno, en casos excepcionales, permitir la denominación de NACIONAL, y en ningún caso se le podría (mal) agregar las palabras DE CUBA. Ni Coro NACIONAL, ni Ballet NACIONAL, ni Teatro NACIONAL, ni Circo NACIONAL, ni Jardín NACIONAL, ni Museo NACIONAL, etc, etc, etc.

Tengo la impresión de que si el TERRORISMO INTELECTUAL acuñado por la Operación Cóndor, esgrime su pezuña en Cuba (cosa impensable) y se lanza contra este escritor y terrorista malo, el profesor Repilado nos hará un guiño picaresco y con los dedos índice y pulgar en alto, nos legará el símbolo de la victoria, en esta enyerbada guerra en defensa del idioma.

Que una institución radicada en cualquier punto geográfico del país se atribuya el título de NACIONAL, y peor aún, el DE CUBA, constituye una pedantería ética, además de asumir una falsa identidad, lo que pudiera clasificar como delito penal. Si a lo NACIONAL se agrega lo DE CUBA, evidencia un grado de ignorancia que no caracteriza a un pueblo que aspira ser uno de los más cultos del mundo. Queda consignado como una cuestión de principios, con el permiso de Eduardo Heras León.


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