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| Es triste apreciar la destrucción de los principales símbolos arquitectónicos de la ciudad –el HOTEL PÉREZ lo es-. |
Por Ernesto Andrés de la Fe
Esta es la fachada de un antiguo complejo, antes llamado Hotel Pérez. En la actualidad comprende un hotel, un restaurant y un comercio, en el centro de Contramaestre, -mi pueblo-, aquí en Cuba. Sus usos cambiaron en diferentes momentos hasta convertir la tienda en local principal de un transmisor de televisión y el huracán Sandy se encargó del resto. Sólo funciona el restaurante, lo demás está en desuso. No hay presupuesto para recuperarlos y darle el antiguo esplendor que un día tuvieron.
El hotel, luego de años sin una reparación capital, sufrió los embates del ciclón y las autoridades dedicaron esfuerzos y recursos a la recuperación de otros renglones de la economía. Su planta alta está destechada; en la baja se ubica un “restaurant” que no tiene imagen y servicios adecuados para recibir tal calificativo. Es triste apreciar la destrucción de los principales símbolos arquitectónicos de la ciudad –el HOTEL PÉREZ lo es-, y que las autoridades no tengan recursos para variar su situación y conferirles el carácter de obras emblemáticas de nuestro pasado republicano.
Los nuevos mecanismos de gestión económica, -las cooperativas no agropecuarias-, han demostrado la capacidad que tienen para hacerse cargo de establecimientos que no pueden sostenerse, ni recuperarse. Creo que lo más saludable sería arrendarlos en función de ofertar los mismos servicios de antes, e incluso convertirlos en espacios emblemáticos de algún proyecto cultural comunitario, liderado por la Asociación Hermanos Saíz, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba o la Sociedad Cultural José Martí.
Ahora tienen la palabra los gobernantes locales, pues mientras la situación económica no cambie, se seguirán recortando los presupuestos y florecerán cada vez más establecimientos similares al destruido Hotel Pérez, Colonial o como prefieran llamarlo los nativos. Sugiero entonces, a los dirigentes de mi pueblo, que creen facilidades para escuchar propuestas. De ese diálogo fecundo, saldrá mejor entendida la ciudad y sus usos. Tal vez en breve tiempo, tendremos de regreso un hotel más confortable, un comercio floreciente y un restaurante que sea orgullo de nuestra culinaria local.

