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jueves, 15 de junio de 2017

¿Por qué Contramaestre ostenta la categoría de ciudad de Cuba?



Contramaestre adquiere categoría de ciudad en 1988, así que solo tiene 29 años.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com  

Un asentamiento urbano adquiere la categoría de ciudad  cuando reúne en sí un grupo de indicadores  demográficos, ambientales, económicos, culturales y sociales. Muy pocas personas saben si Contramaestre es una ciudad o sencillamente un poblado;  hoy aclararemos definitivamente esa duda.

El término ciudad suele utilizarse para designar una determinada entidad político-administrativa urbanizada. Las ciudades son las áreas más densamente pobladas del mundo. La Conferencia Europea de Estadística de Praga, celebrada en 1966, propuso considerar como ciudades las aglomeraciones de más de 10 000 habitantes y las de entre 2000 y 10 000 habitantes siempre que la población dedicada a la agricultura no excediera del 25 % sobre el total.

La definición de lo que se entiende bajo el concepto de «ciudad» no sólo varía según las específicas leyes o reglamentos de cada país, sino también conforme a las distintas apreciaciones de los especialistas.  Para el caso cubano las "pequeñas ciudades" son las agrupaciones densas de viviendas en el interior de las cuales todos los desplazamientos funcionales se realizarían a pie; esto lleva a individualizar núcleos cuya población oscila entre menos de 10 000 y más de 50 000 habitantes, según las regiones.

Contramaestre como asentamiento urbano tiene su nacimiento en 1912, a partir del momento en que se proyectó el Plano Urbanizacional por la Cuba Railroad. Decir que las calles se concibieron anchas porque se veía llegar el automóvil y otros adelantos de la modernidad. Los proyectistas pensaron un tipo de desarrollo que pudo visualizarse, fundamentalmente, a partir del paso de la Carretera  Central entre 1928-1931, con ella surgieron  entidades económicas, culturales y políticas, que condicionaron una manera de hacer gestión a favor del territorio; ya en 1952 Contramaestre tenía cerca de ocho mil habitantes.

Sin embargo, fue un poblado de Maffo hasta 1976, cuando se decide por la primera división política administrativa convertirlo en municipio. A partir de esa fecha y con la bonanza de los años 80 del siglo XX, la población creció intensamente sobre la base de la migración excesiva de personas del campo, al extremo de pasar las 10 mil en 1988, por esa razón demográfica y dada las ventajas económicas que tenía: tierras fértiles, buena agua, alto productor de granos, cultivos varios, cítricos, una cultura propia, es decir una infraestructura concreta, es declarado Ciudad en 1988. A partir de ahí el crecimiento demográfico se ha mantenido en ascenso y hoy se estima que existe en la Ciudad una población de aproximadamente 60 mil personas.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Eso que muchos en Cuba llaman bla, bla, bla



Cuando el patriotismo deviene slogan, frase fuera de contexto, consigna, eso que muchos llaman bla bla bla; va a dar a la cloaca de los sin sentidos.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

El valor patriotismo parece algo logrado en Cuba; uno lo da por hecho, sin embargo, cuando se viaja a los fundamentos que tienen las personas del mismo, uno se percata que hay cuestiones que necesitan una revisión a fondo para corregir las desviaciones y ponerlo en el lugar adecuado.

Cuando el patriotismo deviene slogan, frase fuera de contexto, consigna, eso que muchos llaman bla bla bla; va a dar a la cloaca de los sin sentidos. La gente se escuda en ese bla bla bla, para decirle a todos algo que no sienten, pero que los otros quieren oír.

Hacer lo que me toca, dicen algunos, es mi mejor manera de expresar el patriotismo en una conducta; si es así, entonces tenemos un individuo probeta,  que actúa según los intereses de los que construyen sentidos desde el poder de las instituciones; cuando en verdad hacen falta gente que amen con pasión las tradiciones y las defiendan a capa y espada si son amenazadas por los llamados funcionarios de oídos; en fin, se necesitan personas con sentimientos de amor patrio, por encima de compromisos estériles.

La Patria no es palabrería vana, es sustancia vital, ella nos mueve a defender lo justo, lo que no puede olvidarse, lo necesario según los tiempos;  no es un discurso en un acto político, no es un poema épico, NO; es  algo que si nos falta no tenemos razón de SER, porque no sabemos quiénes somos, ni adónde vamos.

Eso que muchos llaman bla, bla, bla, nos está vaciando los sentidos del patriotismo; es urgente tener conciencia de ello y hacer que la gente tenga su Martí, su Compay Segundo, su Celina González, sus Van Van, pero también su verdadero "Fidel Castro", el civismo de aquella Generación del Centenario, pero no para el bla, bla, bla, sino para luchar porque las cosas tenga sentidos y destinos dignos de eso que llamamos con orgullo: “CUBANO”.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Cubano "salva" de Matthew su más preciado tesoro: su colección de más de 5000 libros




Por Roberto Lamelo (Cibercuba)

Algunos dirán que después de poner a resguardo la vida ante una contingencia meteorológica, lo más importante es salvar la mascota de la casa, el refrigerador, el televisor, un play station... un viejo cuadro. 

Otros prefieren salvar valiosos muebles, colchones. 

Pero los hay que prefieren salvar libros. Sus libros. Ese es el caso de Arnoldo Fernández Verdecia, ciudadano de Contramaestre en la provincia de Santiago de Cuba; un hombre que se define en su blog, Caracol de Agua, como "Profesor, Escritor y Periodista. Máster en Ciencias Sociales y Pensamiento Martiano," pero quienes le conocen aseguran que es "algo más que eso."

Arnoldo es de los "primeros blogueros cubanos" que se enfrentó como Quijote a quienes vieron en su labor de "bloguero" un mal que había que extirpar de raíz.

Hombre valiente, un individuo preparado ante la vida y los golpes que esta propina, humildemente agradece a quienes han puesto su más sagrado tesoro - su colección de libros- a buen resguardo.

Sin apenas tiempo, dedica unas palabras en su blog, Caracol de Agua, que valiera solo el exergo, para agradecerle el gesto de salvar tan preciados tesoros.

Tomado de Cibercuba

sábado, 6 de febrero de 2016

Lo que muchos cubanos hablan en la calle




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

Al cubano le importa saber  del licor fermentado más allá de los mares del norte revuelto y brutal.  No está para catecismos. No tiene reyes en el pecho. Ya no le arrancan lágrimas los melodramas. Cierra los ojos. Busca algo que no llega y siente; alguien dijo: “el camino de Dios”. En la confusión unos tambores le asustan. Alguien dice a su oído que Julio César cortó la cabeza a los traidores; entonces recuerda a los que aprendieron a volar,  a no envenenarse con el rastro de los bisontes y  ve pasar las bijiritas del Caney, el fino encaje del Contramaestre. A ese mismo cubano le importa saber cómo son los estrechos; nunca ha visto ninguno. Habla en el parque Jesús Rabí de un glaciar que unirá los mares, quizás un terremoto, un tsunami. Tal vez vuelva a los continentes, dice otro cubano, quizás olvide el trauma de Carpentier y su malograda novela de la revolución, riposta un escritor.  Tal vez cace osos en Siberia, -piensa el primero-, hasta probablemente coma ternera valenciana; pero de seguro tendrá un arbolillo de navidad, comerá manzanas;  y sobre todas las cosas, escribirá libros de cocina que recuerden la harina de maíz con leche, tan valorada por  el paladar de su madre vieja.  Cada día, asegura el escritor, se irá a la cama temprano y olvidará aquellas canciones antológicas, donde todos decían lágrimas negras a coro y terminaban hablando de abundancia en la mesa, mujeres amadas y rones baratos en los mercados del pueblo.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Hijo de comandante guerrillero en la Sierra Maestra se presentó este domingo en Contramaestre, Cuba



"Es la segunda vez que me presento en Contramaestre".

Por Alfredo Rafael Ballesteros (Editor de Caminante)  

Contramaestre, municipio ubicado en el oriente cubano, acogió por segunda vez a Juan Guillermo Almeida (JG). Grito de Baire y Radio Rebelde lo anunciaron para la noche del domingo 8 de noviembre en la Plaza del ferrocarril. Al llegar este bloguero había comenzado el concierto. Eran casi las 9:30 de la noche, la gente bailaba y coreaba sus canciones. Luego de dos horas terminó la presentación. Me acerqué a través de una multitud que le pedía autógrafos, fotos, un beso. Conversamos. 

Alfredo Ballesteros Alfonso (ABA): ¿Cuántas veces te has presentado en Contramaestre?

Juan Guillermo Almeida (JG): Es la segunda vez que me presento en Contramaestre. Hace cuatro años estuve en la plaza principal. En aquel momento no tenía nada que ver con la música que estoy haciendo hoy, eran los comienzos de mi carrera. Ya hoy, un poco más consolidado, tengo la oportunidad de presentarme aquí con una total aceptación del público. Se saben mis canciones, las cantan; creo no hay mejor premio para un artista que los aplausos y que el público cante sus canciones. 

ABA: ¿Cómo surge tu éxito “Santiago suena como se ve”?

JG: Es un tema de la autoría de Nolberto Rodríguez, Andy y mía. Relata cómo es Santiago de Cuba. La ciudad ha cambiado totalmente, los santiagueros se sienten contentos, la cuidan, la limpian, la mantienen hermosa como le hubiera gustado a mi padre Juan Almeida Bosque, por eso digo: “Santiago tiene su swin, Santiago tiene su aché, que linda se ve Santiago, suena como se ve”. 

ABA: ¿Un mensaje para tus seguidores?

JG: Gracias por seguirme, por gustarle mi trabajo, apoyarme y nada que hay JG para rato. 

ABA: ¿Volverás a Contramaestre?

JG: Por supuesto, siempre que me llamen, aquí estaré.

ABA: JG es hoy uno de los cantantes cubanos más escuchados en la radio, es un cubano que le canta al pueblo, lo hace bailar y luego baja del escenario para compartir la alegría del momento.

viernes, 30 de octubre de 2015

"Cubano por los 64 costados" (Palabras de Leonardo Padura al recibir el Príncipe de Asturias de las letras9



Por Leonardo Padura
Majestades, Premiados, señoras y señores:
Aquí estoy, y vengo de Cuba. Aunque, más que de Cuba, debo precisar que vengo de un barrio de la periferia habanera llamado Mantilla. Allí vivo y escribo, en la misma casa donde nací. En ese barrio plebeyo y bullicioso que brotó a la vera del camino real, también nacieron mi padre, mi abuelo, quizás incluso hasta mi tatarabuelo Padura. Allí mi padre conoció a mi madre, una bella cienfueguera llegada a La Habana empujada por la pobreza y se enamoró de ella hasta el último aliento de su vida. Mis abuelos maternos habían nacido en aquella zona del centro de la isla y, si no hubo alguna excepción, parece que también mis bisabuelos Fuentes y Castellanos nacieron por aquellos lares. Si digo todo esto es para fijar la profundidad de una pertenencia y para establecer, también genealógicamente, una evidencia: soy cubano por mis 64 costados.
A Cuba, a su cultura y su historia debo casi todo lo que soy, profesional y humanamente. Porque pertenezco profundamente a la identidad de mi isla, a su espíritu forjado con tantas mezclas de etnias y credos, a su vigorosa tradición literaria, a su a veces insoportable vocación gregaria, al amor insondable que le profesamos al beisbol, y, como soy escritor, pertenezco a lengua que aprendí en la cuna, con la que me comunico y escribo, la maravillosa lengua española en la que ahora leo estas palabras. Y, por ello, parafraseando a José Martí, el apóstol de la nación cubana, puedo decir que dos patrias tengo yo: Cuba y mi lengua. Cuba, con todo lo que tiene dentro y también fuera de su geografía; la lengua española, porque soy lo que soy a través de ella, gracias a ella.
Con Cuba y con mi lengua a cuestas he recorrido un camino que se va haciendo largo y que me ha traído hasta este momento de epifanía, hasta este asombro y satisfacción superlativos que no me abandonan porque estoy donde nunca soñé estar, aunque sé por qué estoy: sencillamente porque soy un empecinado.

Una bendición recibida
Pero, con empecinamiento incluido, llegar hasta aquí no ha sido fácil. En realidad, ser escritor nunca ha sido fácil y, para mí, ha sido más esforzado de lo que tal vez podría parecer. Muchas, muchas horas he dedicado a mi oficio, en una lucha terrible por vencer miedos e incertidumbres que lo abarcan todo: desde la elección sobre los aspectos de mi realidad que he querido reflejar hasta el encuentro de la palabra más adecuada para conseguir expresar del mejor y más bello modo posible esa realidad reflejada. Ser escritor ha sido una bendición que he asumido como una responsabilidad artística y civil, que ha sido y será ardua: muchas incomprensiones me han acompañado, incluso marginaciones cuando era considerado apenas un autor de novelas policiacas y algún que otro ramalazo por ser como soy y escribir como escribo. Pero hace cuarenta años aprendí que para lograr algo, al menos en mi caso, solo había una fórmula y la adopté y la practico a destajo: el trabajo diario. Y por eso puedo decir ahora que, más que dos, en realidad tengo tres patrias: Cuba, mi lengua y el trabajo.
Pero, debo y quiero reconocerlo aquí: para que mis tres patrias tutelares pudieran traerme hasta este momento, muchas coyunturas y personas han debido reunirse y concretar lo real maravilloso. Porque no solo de pertenencia, idioma y trabajo se vive en las patrias posibles del escritor y porque ejercitar la gratitud es algo que me complementa.
A los creadores de mi casa de Mantilla debo la vida, pero también una formación humana y una ética en la que se combinaron con amable armonía la filosofía masónica de mi padre y la fe católica de mi madre. Y aunque no me inicié como masón y soy ateo, de ellos aprendí la práctica de la fraternidad, la solidaridad y el humanismo entre las personas, unos valores que he tratado de aplicar en todos los actos de mi vida. Lamento que ellos no estén físicamente hoy aquí conmigo, aunque sé que me acompañan: mi padre desde el sitio que le haya asignado el Gran Arquitecto del Universo; mi madre, desde nuestra casa mantillera.

Los muchachos del barrio
A muchos de mis compañeros de estudio y de profesión debo agradecer la compañía a través de los años y la fidelidad militante con que nos hemos tratado en un tránsito hermoso y difícil, como todos los transcursos vitales. Aunque solo unos pocos de ellos estén hoy aquí, sé que festejan conmigo, y puedo decir como Gardel, el día de su debut parisino en el Olimpia: “¡Si estuvieran aquí los muchachos del barrio!”
Con España tengo una impagable deuda de gratitud. Desde aquel verano de 1988 en que, como simple periodista, llegué precisamente a esta tierra de Asturias, para participar en la Primera Semana Negra de Gijón, este país me abrió puertas cuya trasposición me ha permitido avanzar y estar donde estoy. A la literatura española que conocía por mis estudios y preferencias, se sumó la que encontré desde entonces y que mucho cambió mis percepciones. Luego, a un concurso literario español, el Premio Café Gijón de 1995, debo la posibilidad de haber podido crear el puente que condujo una de mis novelas hasta las manos de la directora de la prestigiosa editorial Tusquets, para iniciar una relación de amor y trabajo que hemos sostenido durante 20 años y ha permitido que mis libros hayan podido ser leídos en todo el ámbito de la lengua y, a partir de ahí, en otros más de veinte idiomas.
A España debo también el honor de que el consejo de ministros del país me concediera la ciudadanía española por el procedimiento de Carta de Naturaleza, reconocimiento honorífico que ha consolidado aun más, si eso es posible, mi relación con la segunda de mis patrias, esta lengua en la que me expreso y escribo.
A los veintiún miembros del jurado que me ha concedido el reconocimiento que hoy recibo, mi gratitud infinita. Merecer este premio, todos lo saben, no es cualquier cosa. La lista de nombres que me preceden avalan la magnitud de esta gratificación. Y el hecho de que ustedes me hayan elegido, es un honor que recibo con el orgullo de ser el primer escritor cubano que lo alcanza. Y como tal lo recibo: como escritor cubano y como un premio a la literatura y a la cultura de mi primera patria.

Mantilla en el corazón
Y a mi esposa, Lucía Lopez Coll, que por supuesto está aquí conmigo, solo puedo decirle: Lucía, gracias por soportarme durante casi cuarenta años, por ayudarme tanto a conseguir lo que ha sido y está siendo la novela de mi vida.
Pero mi acto de gratitud no estaría completo sin recordar a alguien de cuya mano he llegado a este estrado. Hace veinte años, cuando apareció en España mi novela Máscaras, los periodistas me preguntaban por qué había escogido aquel nombre para mi protagonista. Hoy, gracias a la persistencia de ese compañero de luchas, creo que mi personaje y yo hemos vencido en un tremendo combate: Mario Conde, el cubano, con su nombre resonante se ha ganado un espacio en el imaginario colectivo de este país, donde acumula amores, reconocimientos y lectores… Gracias, Conde, por haberme acompañado todos estos años en el empeño de explorar y revelar conmigo la vida y la sociedad cubanas y a comprender los desafíos de la cuarta edad cuyo tránsito estamos iniciando.
Hoy es uno de los días importantes de mi vida, quizás el más mediático de que haya disfrutado, y por eso, al tener la oportunidad de dirigirme a tanta gente y tan poco tiempo para hacerlo, he debido pensar mucho qué decir: y he decidido hablar solo de asuntos realmente trascendentes, unos pocos, todos relacionadas con el amor, la persistencia, la gratitud y la pertenencia. Hoy es un día de vino y rosas y así quiero guardarlo en mi memoria. Porque a pesar de los pesares, de las luchas, las dudas, los silencios y los resquemores, la verdad es que las recompensas que debo a mis patrias y a todos los que me han ayudado a obtenerlas, son un pretexto de lujo para disfrutar y compartir esta felicidad, y quiero hacerlo con el mismo espíritu impoluto con que compartía hace más de cincuenta años mi bate, mi guante y mi pelota de beisbol con aquellos amigos del barrio con los que aprendí a gozar la satisfacción del éxito, en un simple juego de pelota, en una calle de un barrio habanero llamado Mantilla, donde palpita el corazón de mis patrias.

lunes, 4 de mayo de 2015

El futuro pertenece al trabajo no a los que hacen de la Patria una oficina




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@culstgo.cult.cu 

Vivir en Cuba  es un acto de heroísmo, si se piensa desde el costado de los hombres y mujeres humildes que hacen su vida apelando al trabajo como condición indispensable del desarrollo humano. Por eso cada primero de mayo, el desfile de los trabajadores tiene en esta isla del Caribe una connotación muy especial, la gente sabe en verdad porque desfila y no se tira a las calles a reclamar cambios para llevar la vida con más dignidad. 

Mirar el primero de mayo con los ojos del mundo, puede llevar a absolutizaciones pueriles, entre las que menciono el hecho de considerar a los cubanos esclavos del socialismo, pues según algunos medios de prensa, acuden a celebrar el acontecimiento obligados por el sistema, entre otros dislates, como decir que los niños son llevados al desfile para hacer grupo, porque la gente no quiere salir de sus casas. 

Mirar el primero de mayo con los ojos del cubano residente en la isla, es un acto de libertad, ese día nadie queda en casa, es ante todo un día de fiesta, alegría, el pueblo trabajador se siente empoderado por una revolución tan verde como las palmas reales;  conquistó toda la justicia para los más humildes y los puso a soñar.

En Cuba el primero de mayo es una fiesta innombrable, hay que vivirla para poder evocarla en todo su esplendor, y captar los colores vivos del socialismo en cada cuerpo que agradece a la Patria por darle un día así.

Es cierto, Cuba se actualiza, pero para más socialismo, y eso los trabajadores lo tienen muy claro, por eso este primero de mayo de 2015 desfilaron, sabiendo que el futuro pertenece al trabajo y no a los que hacen de la Patria una mercancía o sencillamente una oficina.
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