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sábado, 29 de enero de 2022

DUELE SER CUBANO

Por Arnoldo Fernández Verdecia 

Hago el mismo recorrido de todos los días. Busco a los amigos que no están, necesito hablarles de la vida, las cosas… pero mis amigos habitan en otra parte, o se han ido a algún país, o están muertos, o se han alcoholizado, o ya no son mis amigos.

Hay una fiebre enorme de huir a cualquier lado, a algún sitio donde se pueda estar tranquilo, reunir unos quilos y regresar a reunirse con aquellos que una vez estuvieron, con los que permanecen leales, o con la familia dispersa. Lo ideal es una playa, un río, el asado de un puerco en medio de la calle, una finca o, simplemente, un lugar donde estar unidos; al menos en esos instantes fugitivos, memoriosos, que nos hacen tan felices.

Un padre ha traído su niño desde Estados Unidos, lo he visto descalzo, metido entre la gente, lleno de tizne, tomando un café en el lugar de todos; —tiene al cubano en los genes, dicen sus cercanos. Así las cosas, la gente está viniendo de cualquier lugar a buscar a los suyos, a darse una dosis enorme de espiritualidad compartiendo una cerveza, un plato de comida, caramelos, chicles; lo que ayude a unir, dar alegría, repartir sueños.

Casi nunca se habla de política porque están agotados de lo mismo. La gente tiene sed de muchas cosas y esos amigos que llegan traen un espíritu que vale la pena compartir. Son cubanos hasta los genes, como el niño tiznado, cubanos que no traicionaron nunca, que se fueron por mejorar económicamente; deportistas, artistas, personas que hoy tienen mucho que darle a sus hermanos de la Isla.

Merecen volver, ser llamados ciudadanos, porque Martí fue puntual cuando escribió: «La patria no es juguete de unos cuantos tercos, sino cosa divina».  Solo con esos amigos puede montarse una bicicleta de agua en Varadero, o contemplar el azul del mar, las arenas blancas; los placeres de un capitalismo que una vez llamamos brutal y nos acompaña hoy disfrazado de pañuelos rojos.

Ahora hace falta esa gente que está afuera para darnos venturosos días de felicidad. «¡Mi familia, carajo! —dice un viejo octogenario al que saludo cada mañana. Hasta campos de golf para ricos están floreciendo, eso tampoco es para los cubanos de adentro como yo, porque con qué bolsillo entrar allí».

Las grandes ciudades embellecen. Los pueblos pequeños, como el mío, siguen con el mismo maquillaje de sus inicios. Las ciudades grandes viven de los pueblos pequeños. No hay manera de cambiarlo. ¿Con qué poder?

Vivo en un pueblo al que sus creadores llamaron «Mesopotamia oriental», tierra entre los ríos Cautillo, Jiguaní y Contramaestre, donde cualquier semilla era fruto de la noche a la mañana y el ganado se esparcía silvestre. De aquella Mesopotamia solo queda el recuerdo.

La gente que viene busca el pueblo bello, el de las viejas fotos; algunos quieren fundar, invertir, pero no hay manera de hacerlo. Lo que una vez José Martí llamó «crucero del mundo» es una metáfora inalcanzable. Pensar que aquí hubo libaneses, como Isaías y Erasme Tarabay, que crearon hoteles identificados con sus apellidos; emigrantes asturianos como Carnero, que también lo hicieron; gente de Galicia, Murcia, Canarias, Andalucía…Todo lo que habla del Contramaestre que somos, tiene un fuerte componente de riquezas traídas o creadas por inmigrantes…

El regreso a casa, día por día, me pone sentimental. Pienso en los viejos amigos: ¿dónde estarán?, ¿en qué mares del mundo?, ¿en qué pueblos?, ¿qué familias fundaron?, ¿qué huellas dejaron en la vida?

Mis dudas lastiman profundamente, como mismo laceran a muchos que una vez fueron amigos y hoy no lo son. Pablo Milanés me acompaña y cantamos, como hacen todos los que vuelven y encuentran a su gente:

¿Dónde estarán los amigos de ayer? (…) ¿Dónde andarán mi casa y su lugar, mi carro de jugar, mi calle de correr? ¿Dónde andarán la prima que me amó, el rincón que escondió mis secretos de ayer? Cuánto gané, cuánto perdí, cuánto de niño pedí, cuánto de grande logré. ¿Qué es lo que me ha hecho feliz? ¿Qué cosa me ha de doler?

miércoles, 29 de septiembre de 2021

COMO DIOS HIZO A LOS CUBANOS*


Mi amada Carolina: 

Hoy mi mejor amigo me narró un cuento de lo más interesante. Te lo hago llegar, así valoras por ti misma su calidad. Te adelanto que su contenido dice mucho del cubano como pueblo; me hizo recordar a nuestro José Martí cuando escribió:

 Por lo noble se ha de juzgar una aspiración: y no por esta o aquella verruga que le ponga la pasión humana. Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: - el de las lecturas extranjerizas e incompletas,- y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados.(1) 

Aquí el cuento, me parece sobra cualquier comentario, porque retrata el peligro socialista avizorado por Martí, con una lucidez impresionante: 

“Cuando Dios hizo el mundo, para que los hombres prosperaran, decidió dar dos virtudes. A los americanos los hizo ordenados y pragmáticos; a los alemanes, tenaces y estudiosos; a los japoneses, trabajadores y pacientes. Al llegar a los cubanos, dijo al ángel que anotaba:

―Estos van a ser inteligentes, honestos, y socialistas.

Cuando terminó de hacer el mundo, el ángel le llamó la atención y dijo: 

―Padre, tú has dado a los pueblos del mundo dos virtudes, pero a los cubanos has dado tres. Eso hará que ellos prevalezcan por encima de todos los pueblos.

―Caramba ―señaló Dios―, es cierto, pero como los dones no deben quitarse, debemos redimir eso. De ahora en adelante, conservarán las tres virtudes; pero, para no prevalecer sobre los demás, ninguno ejercerá más de dos simultáneamente.

Citas bibliográficas

José Martí: Carta a Fermín Valdés Domínguez [Nueva York], mayo de 1894, Epistolario, tomo 4, pp 128-129

*Publicado en mi libro Cuba con los mismos bueyes, Entre Líneas, Miami, Estados Unidos 2016. 

viernes, 8 de noviembre de 2019

Psicología de un cubano asesino de gatos


Mi gato Mitton.
Mi gato Guaidó.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Siente júbilo asesinando gatos inocentes. Es muy feliz haciendo esas cosas.

Vive junto a una mujer con problemas nerviosos. Su única pasión, las plantas ornamentales de su patio, que, por desgracia, tiene frontera con el mío.

Allí van mis felinos, abonan la tierra, pero él no lo cree así y pone trozos de carne o pescado hervido con canela, nuez moscada, pimienta molida o abundante bicarbonato.
Mis dos gatos Guaidó y Mitton ya no me acompañarán en las tardes.
Primero mi gato Mitton, luego Guaidó, -así todos, si no haces nada para detenerlo-, me dice un amigo.

Agachado lo observo andar. Sus ojos tienen odio acumulado de años; parece un demonio, de esos que habitan cuevas y tienen la esvástica de los que se creen con derecho a exterminarlo todo, porque no aceptan la diferencia, otro tipo de vida que no sea la elegida por ellos. ¡Cuántos como él a nuestro lado y no lo sabemos!

Tumba de Mitton.
Tumba de Guaidó.
En la madrugada cavo dos fosos de  80 centímetros, luego envuelvo en viejas telas a Mitton primero, Casio después;  merecen un entierro con honores, porque en mi patio nunca reinaron hurones,  ratas malolientes  o guayabitas desagradables.

Mis gatos dormían sobre el librero, parecían de yeso. En lo personal, sabía seguro cada ejemplar conservado. Eran centinelas de la luz que mi malvado  vecino apagó para siempre.

Escucho el canto de su canario encerrado en una jaula e imagino qué sentiría si alguien lo asesinara; pero no soy como él. Mi vecino es un tipo raro; no conversa con nadie y en sus ojos habita un odio de viejos tiempos estalinistas; allá, cuando hizo de las ideas una trampa para cazar a inocentes.

sábado, 28 de julio de 2018

Cuba une, no importa la distancia



A mi hermano Reinaldo Cedeño.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com   

Hago el mismo recorrido de todos los días. Busco a los amigos que no están, necesito hablarles de la vida, las cosas, pero mis amigos están en otra parte, o se han ido a algún país del mundo, o están muertos, o sencillamente se han alcoholizado, o ya no son mis amigos.

Hay una fiebre enorme de huir a cualquier lado, a algún sitio donde se pueda estar tranquilo, reunir unos kilos y regresar a reunirse con aquellos que una vez estuvieron, o los que permanecen leales, o con la familia dispersa. Lo ideal es una playa, un río, o el asado de un puerco en medio de la calle, una finca o sencillamente donde estar unidos, al menos, en esos instantes fugitivos, memoriosos, que nos hacen tan felices.

Un padre ha traído a su niño a Cuba, lo he visto descalzo, metido entre la gente, lleno de tizne, tomando un café en el lugar de todos, “tiene al cubano en los genes”, dicen sus cercanos. Así las cosas; la gente está viniendo de cualquier lugar a buscar a los suyos, a darse una dosis enorme de espiritualidad compartiendo una cerveza, un plato de comida, caramelos, chicles, lo que ayude a unir, a dar alegría, a repartir sueños. Casi nunca se habla de política, porque están muy agotados de lo diario.

La gente tiene sed de muchas cosas y esos amigos que llegan, traen un espíritu que vale la pena compartir; son cubanos hasta los genes como el niño tiznado, cubanos que no traicionaron nunca, que se fueron por mejorar económicamente, deportistas, artistas, gente que hoy tiene mucho que darle a sus hermanos de la isla. Merecen volver, ser  llamados también ciudadanos en la nueva Constitución.     

Sólo con esos amigos puede uno creer posible montar una bicicleta de agua en Varadero, o contemplar el azul del mar, las arenas blancas, los placeres de un capitalismo que una vez llamamos brutal y nos acompaña hoy disfrazado de oveja. Ahora hacen falta esa gente que está afuera, para darnos esos días de asueto, “mi familia carajo”, dice un viejo octogenario, “hasta campos de golf para ricos están floreciendo, imagino, dice-, que eso tampoco es para  los cubanos de adentro como yo, porque con qué bolsillo entrar allí".

Las grandes ciudades embellecen, los pueblos pequeños siguen con el mismo maquillaje de sus inicios. Las ciudades grandes viven de los pueblos pequeños. No hay manera de cambiarlo. ¿Con qué poder?

Vivo en un pueblo que sus creadores llamaron “Mesopotamia oriental”,  tierra entre los ríos Cautillo, Jiguaní y Contramaestre, donde cualquier semilla era fruto de la noche a la mañana y el ganado se esparcía silvestre. De aquella Mesopotamia solo queda el recuerdo, quizás el espíritu.

La gente que viene busca el pueblo bello, el de sus recuerdos, algunos quieren fundar, invertir, pero no hay manera de hacerlo. Lo que una vez José Martí llamó “crucero del mundo”, es una metáfora inalcanzable. Pensar que en mi pueblo hubo libaneses como Isaías y Erasme Tarabay que crearon hoteles identificados con sus apellidos; emigrantes asturianos como Carnero, que también lo hicieron, gente de Murcia, Canarias, Andalucía…Todo lo que habla del Contramaestre que somos, tiene un fuerte componente de riquezas venidas o creadas por emigrantes…

El regreso a casa, día por día, me pone muy sentimental, pienso en los viejos amigos, ¿dónde estarán ahora?, ¿en qué mares del mundo?, ¿en cuáles pueblos?, ¿qué familias fundaron?, ¿qué huella dejaron en la vida? Mis dudas me lastiman, como mismo lastiman a muchos que una vez fueron amigos y hoy no lo son; pero Pablo me asiste y cantamos, como lo hacen todos los que vuelven y encuentran a su gente: “¿Dónde estarán los amigos de ayer? (…) ¿Dónde andarán mi casa y su lugar, mi carro de jugar, mi calle de correr? ¿Dónde andarán la prima que me amó, el rincón que escondió mis secretos de ayer? Cuánto gané, cuánto perdí, cuánto de niño pedí, cuánto de grande logré. ¿Qué es lo que me ha hecho feliz? ¿Qué cosa me ha de doler?”.

martes, 3 de abril de 2018

¿Huevo en polvo? Uhhhhhhh

Los huevos de mi humilde granja personal.


Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Todos los días recojo cinco o seis huevos de mi patio, me cuesta mucho sostener a mis aves con dos comidas diarias, una en la mañana y otra en la tarde, pues la lata de pienso (así le decimos en oriente), cuesta 80 pesos, unos tres dólares. Imaginen ustedes cómo poder con eso. Pero si no lo hago, estoy a merced del huevo en polvo, o del que llega a la tienda. Algunos personas me han dicho que es una carga tremenda, a ellos les respondo, como huevos de verdad, los míos,  cada día los recojo frescos y eso me hace feliz; de vez en cuando, vendo algunos, pues a veces se juntan veinte, treinta y a las familias les gusta más el huevo criollo que el de granja. Al mes debo comprar cuatro latas, 320 pesos cubanos (unos trece dólares), es verdad que si no invento con otros suplementarios para alargar las comidas, el bolsillo estalla como una cafetera y me quema los días de forma arrolladora. Por eso tengo que vender algunos, porque recupero algo y puedo comprar dos latas y media; así respiro; floto. Diría un sabio cubano al referirse a la insularidad económica y política de la isla en el pasado republicano, “los cubanos siempre flotan, aunque se estén hundiendo”. Pero una cosa si tengo clara, no como huevo en polvo, no va con mi naturaleza guajira, mi madre vieja me enseñó que para alimentarse bien, había que comerlos criollos y recogidos en el patio de casa; nada como lo de uno. Respeto al que no piensa así, pero eso de comer huevo inventado, no va conmigo. Yo soy del campo caballero y con esa filosofía me iré a la tumba, aunque viva en la ciudad más cosmopolita del mundo.

martes, 16 de enero de 2018

DESCONEXIÓN


Al Caracol de agua; abril 3 de 2014.

Por Osmar Barrios

Vivo conectado al mundo
ajeno estoy al reloj
voy publicando en mi blog
la realidad en un segundo
no crean que me confundo
ni que escribo quimeras
he pasado horas enteras
palpándolo con certeza
este país es cabeza
para zonas extranjeras.

Mi escritura no desplaza
la integridad del cubano
pero aparece un profano
que cualquier escrito  emplaza
diciendo que esta amenaza
un proceso de alto alcance
crea entonces un percance
buscando gloria infinita
y al actuar así me quita
de expresarme todo chance.

Basta de tanto tin tin
de hacer algo ya es la hora
emprendamos sin demora
una batalla hasta el fin
hagamos que en el confín
del planeta nos escuchen
logremos que todos luchen
por la verdad que se esconde
pues solo  será allí donde
los cobardes desembuchen. 

miércoles, 10 de enero de 2018

Ser muy imaginativos y reinventar el periodismo que necesita Cuba



Fot. Juan Carlos Roque.

Así comencé mis palabras: 

HOY NO IBA A DECIR NADA EN LA ASAMBLEA X CONGRESO DE LA UPEC EN SANTIAGO DE CUBA, PERO PENSAMIENTOS INQUIETOS ME OBLIGARON A HACERLO: Muy preocupado por algo que se llama "herencia cultural", "mentalidad dogmática", "viejos esquemas"...

Todo eso en mis razonamientos compartidos públicamente. Habló un colega. Mucho ruido. Entonces trepé al caballo del pensamiento y hablé de generar un periodismo endógeno, nacido de las circunstancias locales; "territorializar el desarrollo del periodismo", desde un nuevo modelo descentralizado, más autonómico, capaz de generar un modelo de gestión económica sostenible, a partir del cobro de la publicidad, la creación de cooperativas no agropecuarias. Las utilidades generadas con eso, ponerlas en función del desarrollo del periodismo local en la esfera tecnológica, la  creación innovadora.

Basé mi intervención en una tetralogía clave: nuevas formas jurídicas, sociológicas, económicas e innovadoras. El periodismo que se hace en lo local necesita crearse modelos de gestión editorial y económica propia, capaces de funcionar sin ser excesivamente protegidos por el Estado de cara a los próximos años, si tenemos en cuenta que  cada vez más la red de emisoras de radio, canales de televisión y corresponsalías, es excesivamente cara sostenerla. Tenemos que crear las condiciones para cuando llegue ese momento, sobrevivir, poder nadar a contracorriente.

También fui claro cuando dije que tenemos la posibilidad ahora de crear nuevos perfiles profesionales, estructurarlos con sus funciones bien descritas; sus formas de pago, el acompañamiento jurídico que debe sostener eso.

Es un momento crucial del periodismo cubano donde  hace falta la mentalidad científica,  para luego dar paso a las formas de implementar resultados en término de políticas. Un error de interpretación(cuestiones hermenéuticas, filológicas), la herencia cultural simbólica, la mentalidad inmóvil; pueden ser factores  que aborten un momento donde la comunicación vertical abre camino a la horizontal y el desarrollo del periodismo cubano se plantea de abajo a arriba. Ojalá y el X Congreso de la Upec pueda profundizar ese cauce; dejarlo hacerse.

Mucha gente, todavía sin conciencia de lo que debe ser cambiado, se alarmó; pero la mayoría estuvo totalmente de acuerdo con la actualidad de mis ideas en los nuevos escenarios, si en verdad nuestro periodismo quiere adaptarse a los tiempos y sobrevivir  la  Revolución digital que con enorme fuerza nos inunda culturalmente. Necesitamos ser muy imaginativos; reinventar el periodismo que necesita Cuba, sin olvidar el cauce libertario y emancipador  que tenemos por raíz.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

¿Por qué no puedo hacer un ajiaco cubano?



¡Qué caro nos cuesta llevar la cubanía a la mesa!

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 


Mi estómago pedía a gritos un ajiaquito con  ñame, maíz verde, calabaza, bollitos, plátano y mucha malanga, además de las carnes, como mismo lo hacía mi madre vieja cuando vivíamos allá en el rancho, Cuba adentro, donde el aire ventilaba las neuronas y uno sentía que el tiempo era un verso elevado. El poeta José María Heredia había reencarnado en mí, eso creía, pues la noche pasada una y otra vez se me aparecía su imagen y el deseo ferviente del ajiaco, condimentado por ese picor que solo su madre sabía darle. Incluso llegó a pedir clemencia al gobierno de mano acerada en la isla, para volver y morirse con aquel sabor memorable en sus labios. Yo amanecí hoy como Heredia, con el deseo del ajiaquito, tan identificativo del hombre de estos lares. Salí a la calle a buscar lo necesario para prender el fogón y empezar esa metáfora de la cubanía, ante los precios, el bolsillo asustado se mandó a correr de regreso, quise reprenderlo, pedirle paciencia, pero eran de alarma: una mazorca de maíz 80 centavos (cup), una libra de ñame 30 cup, una libra de malanga 10 cup, un plátano 2. 50 cup…Las especias, ayyyyyyyyy las especias, una lata con ajíes  (de las de leche condensada) a 6 cup, un macito de cebolla 6 cup;  una cabeza de ajo 2 cup, un  mazo de culantro 2 cup, un litro de puré de tomate 20 cup, un sobre de comino 1 cup. ¡Las carnes!, ¡las carnes!, ¡ahhhhhhhh las carnes!, la de pollo 20 cup, la de puerco 25 cup, la de pato 20 cup. Eran las que había disponibles. Recordé que el buen ajiaco es una mezcla de varias, pero si compraba una de cada oferta, más el precio de las viandas, las especias, ni imaginarlo era bueno; así que llegué a una conclusión terrorífica, mejor olvidarme de Heredia y seguir arrastrando el potaje de chícharos, al menos cuesta 3 cup y merece una estatua enorme en la mesa de los cubanos. Mi estómago habló nuevamente de Heredia, de las carnes al jugo, incluso recordó a mi padre, su necesidad de un ajiaco de verdad, bien cubano, con grasa y carnes, muchas carnes, pero mi pobre estómago olvidaba que vivo de un salario y ese plato tan identificativo de nuestra mesa criolla, es algo en extinción. Mejor no pensar en él. ¡Qué caro cuesta llevar la cubanía a la mesa!

domingo, 22 de octubre de 2017

Ser cubano de Contramaestre (+audio)

Referentes de identidad del cubano de Contramaestre comenzando por su mítico San Juan Bautista
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Todo pueblo del mundo tiene una cultura propia. Desde ella se relaciona con los demás, se identifica. Manifiesta orgullo sano de esas raíces en su modo de actuación, sea en Miami, Maffo, Nueva York o Baire. ¿Cuál es la visión que tiene el cubano de Contramaestre de la cultura? ¿Realmente existe una cultura que identifique y caracterice a la gente de aquí en el concierto de pueblos que forman la nación cubana? ¿Cuáles son los retos de esa cultura? Propongo escuchar la visión de lo cubano que tiene el pueblo de Contramaestre; luego varios especialistas en ciencias sociales y humanísticas de aquí, aportan una serie de consideraciones valiosas para entender la cultura y los procesos asociadas a la misma desde lo nacional hasta lo local. Escuchar audio en el siguiente Podcast del blog CARACOL DE AGUA:

jueves, 3 de agosto de 2017

TRABAJO POR CUENTA PROPIA: abramos la nevera*

Acostumbrados como estamos a no pedir explicaciones y a aceptar que tampoco las merecemos, todos quedamos sin comprender esta nueva brida.
Por Nelson Simón (Escritor) 

Cuando el cubano, valiéndose más de su ingenio que de un capital inexistente, comenzaba a darle a la economía de la isla otro movimiento, otro aire menos enrarecido que el que se respira en el sector estatal en el que por todas partes saltan desvíos de recursos, desfalcos, corrupción, oportunismos...y otros etc. parasitarios, el gobierno cubano anuncia la "congelación" de licencias para el "trabajo por cuenta propia" en vistas a "reordenamiento" de este sector en que se supone están ocurriendo deformaciones. 

Muchos, para evadir análisis y compromisos dicen: no entiendo nada. 

Acostumbrados como estamos a no pedir explicaciones y a aceptar que tampoco las merecemos, todos quedamos sin comprender esta nueva brida que según dicen "de manera temporal" se le pone a un sector que ha emprendido, como ha podido porque ni siquiera dispone de un marco económico y legal propicio, la aventura de diversificar, hacer más creativa y eficiente la pequeña "empresa" de economía doméstica. 

Muchos han sido los beneficios de este "trabajo por cuenta propia". El primero devolver al cubano (la mayoría jóvenes) la posibilidad de un sueño de emprendimiento dentro de su país( entiéndase por devolverle ilusión, capacidad creativa, posibilidad de futuro... 

Otros beneficios pudieran ser que los ciudadanos que hemos decidido vivir en la isla o aquellos que no tienen más remedio que quedarse viviendo en ella, puedan disfrutar lo mismo de un pan con croqueta, que comprar un tornillo o viajar, hacer turismo y alojarse en un una casa de renta. Se han reparado locales, puedes comer viandas o ensalada, puedes arreglar una ventana, pintarte las uñas, poner una reja, tomar un granizado que alivie el calor, pelarte, imprimir un documento, conseguir un tornillo, una llave de agua, un cubo o un trapeador, gracias "al trabajo por cuenta propia".  

Y ahora qué...

(Nunca vinieron mejor los puntos suspensivos) 

Una vez más se da información a medias y se da pie a todo tipo de comentarios, especulaciones, conversaciones a media voz. 

Una vez más el cubo de agua congelada (como se acaba de congelar esta modalidad de la economía) cayendo sobre la esperanzada sociedad cubana que reuniendo, centavo a centavo, pidiendo créditos o ayuda a un amigo o familiar esperaba el momento de poder entrar con un pequeñito "negocio" en el floreciente sector del "cuentapropismo cubano". 

No entender nada se ha vuelto un ejercicio común ante tanto monumento al absurdo. 

No explicar nada y creer que es obligación del cubano creer y confiar en que todo lo que se hace se hace para su bienestar, un modus operandi del sistema. 

¿Será que en ese reordenamiento se estará pensando en solucionar de una vez el establecimiento de un mercado mayorista donde los cuentapropistas puedan adquirir productos y materias primas? 

¿Será que se otorgarán licencias y se pensará en una política que permita a este sector realizar importaciones de materias primas y productos necesarios para realizar su actividad?  

¿Será que se establecerá su derecho a coger vacaciones, cerrar su negocio cuando lo estime y necesite, cuando como a cualquiera se le presenté un viaje, una urgencia, o tenga que estudiar para un examen? 

¿Será que de una vez los que deben pensar en estas cosas, se sentarán a pensar? 

¿Será que al fin se han dado cuenta que forrador de botones no es oficio de nadie desde hace más de 50 años? 

¿Será que después de esta "congelación" y "reordenamiento" tendremos la suerte de asistir a la descongelación y reordenamiento de una empresa estatal que por su ineficiencia y estatismo pide a gritos una mayor revisión que el sector cuentapropista. 

Para nadie es un secreto que entre comerse una ración de croquetas en una cafetería estatal y una particular, casi todos, si contamos con los 5 pesos, preferimos la particular aunque nos cueste el doble. Razón simple: sabe mejor, el plato es hermoso y está limpio y además, te la sirven con una sonrisa. 

Esperemos respuestas. Y esperemos que podamos seguir disfrutando de las croquetas y la sonrisa del camarero.

*Tomado de su página en Facebook


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